Sin dejar de lado los aspectos ideológicos, culturales, jurídicos y políticos, y todavía menos, la lucha de clases, elemento fundamental que hace que hombres y mujeres a lo largo del proceso histórico tomen conciencia de su situación y inicien un serie de acciones o creen un conjunto de organizaciones para luchar y así mejorar sus condiciones de vida y trabajo.
Terrassa: una fábrica de Catalunya (1868-1888)
En Terrassa, el Sexenio, se inició con la alianza entre los republicanos y los liberales –alianza que surgió de la fracasada revuelta liberal-republicana del 15 de agosto de 1867–, se tradujo en un ambiente de acuerdo social entre los obreros y la burguesía liberal (recuperación del convenio colectivo entre fabricantes y tejedores), y con un candidatura unitaria liberal-republicana que llevaría a la alcaldía a Jaume Vallhonrat i Rovira, el 1 de enero de 1869.
El descontento popular producido por las quintas y los impuestos que de ellas se derivaban llevó a los republicanos tarrasenses (totalmente distanciados de los liberales monárquicos locales) a sublevarse conjuntamente con otros grupos federales de los pueblos del entorno. La revuelta, iniciada en el mes de octubre de 1869, fue sofocada por el cuerpo de Voluntarios de la Libertad de la ciudad, creados, el mes de abril, por el alcalde Vallhonrat. La revuelta de los republicanos y la lucha contra los carlistas convirtieron Terrassa en una ciudad militarizada[1].
El grupo liberal monárquico dirigido por Vallhonrat se convirtió en el grupo político dominante durante todo el Sexenio revolucionario, proclamándose primero Amadeistas (Partidarios de Amadeo de Saboya), aceptando después el gobierno republicano y sin ningún escrúpulo, proclamándose, el 1875, partidario de la Restauración borbónica.
El ciclo de estabilidad política la alcaldía de Terrassa iniciada el 1877, se agotó el 1883, al ser proclamado alcalde el republicano federal, Joaquim Marinel·lo Bosch. Durante estos años de estabilidad la clase dominante local estuvo más interesada en sus asuntos económicos privados y de clase, que no en la participación en los asuntos públicos, ya que su dominio sobre la formación económica y social estaba garantizado por el control del ayuntamiento (poder local) y del diputado de turno que defendía sus intereses en los niveles superiores del estado (poder provincial o nacional).
El 29 de marzo de 1877, Terrassa recibió el título de Ciudad (Real decreto publicado el 9 de abril de 1877). La solicitud del alcalde Jaume Vallhonrat y Rovira, que llegó durante el mandato del alcalde Jaume Colomer y Cerrojo, representó el reconocimiento del fuerte desarrollo económico que la clase liberal burguesa industrial local había llevado a término. De hecho la presencia de los prohombres locales en el ayuntamiento [2] y en todos y cada uno de los actos de apoyo y celebración del título de ciudad, ponen de manifiesto quien mandaba a la ciudad y que objetivos tenían.
La creación de las diversas entidades económicas –y evidentemente con un profundo cariz político– tenía como objetivo buscar, alrededor del poder de decisión central, las leyes que favorecieran sus intereses (aranceles). No seria desacertado situar esta necesidad como uno de los elementos que favorecieron su creación, ni considerar, el papel del cacique tarrasense por excelencia, Alfons Sala, como el del representante de los intereses burgueses locales en Madrid y el símbolo de esta alianza entre poder económico y político.
Así, la creación del Instituto Industrial (1873) [3] y de la Caixa de Terrassa (1877) fueron los hitos fundamentales del proceso de creación de los organismos económicos necesarios por unificar y defender los intereses de la clase dominante local: la burguesía industrial textil.[4] El control económico y político de la clase dominante, favorecida por el sistema de la alternancia de la Restauración, se tradujeron en veinte años (1868-88) de dominio absoluto sobre el proletariado tarrasense. La burguesía en este años de la fiebre “del oro” mecanizó y diversificar la industria textil, [5] apoyó la creación de un importante mercado financiero y de inversiones. En definitiva pudo desarrollar libremente sus potencialidades y obtener y controlar los beneficios que toda la sociedad creaba. Además de continuar el proceso de creación de nuevas instituciones económicas como fueron: el Banco de Terrassa (1881) y la Cámara de comercio (1886).
Las entidades económicas creadas por la burguesía, como dice, Josep Puy [6]: “aparecieron por la lógica necesidad del momento, pero bajo las maniobras de un colectivo minoritario […]”. Este colectivo minoritario de industriales y propietarios (de origen agrario) tiene una reiterada presencia en todas y cada una de estas instituciones económicas y políticas, como dice Puy: “Las Juntas Directivas y los Consejos de Administración están integrados por los mismos personajes pero con diferente reparto de cargos.” Esto pone en evidencia la fuerte cohesión interna de la clase dominante local y su dominio sobre la vida económica, social y política. El control que ejerce sobre el poder local (Ayuntamiento) será el instrumento imprescindible que permitirá la consolidación de un modelo de dominación capitalista a nuestra ciudad y al conjunto del país. [7]
En resumen y en palabras Josep Puy: “La ciudad estaba en manso de un número muy reducido de familias que practicaban una especie de endogamia en el control de la fábrica y en la sucesión y dominio de los cargos directivos” y, nosotros añadiríamos: a la vez que ejercía un fuerte control y represión sobre el conjunto de la población, que nada tenía, sólo su fuerza o inteligencia para alquilar.
El movimiento obrero tarrasense, 1840-88.
Las organizaciones obreras tarrasenses plantearon el primer conflicto laboral, entre el mes de diciembre de 1840 y el de enero de 1841, el conflicto estalla por no respetar la patronal la medida de los urdidores, el resultado fue el mantenimiento de la medida tradicional acordada por obreros y fabricantes, actuando en este conflicto el ayuntamiento como intermediario, papel que no abandonará ya nunca y que será la forma típica de garantizar el desarrollo de las fuerzas productivas a favor de la clase dominante sin el recurso a la violencia, el que tampoco dudará en utilizar si es necesario. Pero normalmente de la mano de los aparatos represores del estado nacional, actuando este solo como elemento de apoyo logístico, evidentemente apoyo imprescindible, pues es él y sus empleados (fuerzas coercitivas como los municipales e informantes) quienes conocen a los dirigentes obreros y sus organizaciones.[8]
El segundo conflicto importante se produje el 1842, fue el típico conflicto de la transición al mundo de la fábrica: los trabajadores, propietarios de los telares, se negaron a cumplir los horarios marcados por los propietarios de las fábricas donde trabajaban. La solidaridad de los tejedores tarrasenses obligó a los fabricantes a mantener la libertad de horario, mediante la intervención del gobernador civil.[9] Para nuestros lectores no familiarizados con esta institución diremos que es un órgano estatal de coordinación e intermediación entre el municipio y el gobierno nacional e intermunicipal. El gobernador civil era el representante del gobierno en la provincia y lo elegía el consejo de ministros. [10]
Los conflictos entre el 1842-54 se resolvieron con el acuerdo entre obreros y patronal y con el reconocimiento de la Sociedad de Tejedores de Terrassa (1854). El 1855 se inició con la contratación colectiva, que fue aprobada por sendas comisiones de tejedores y fabricantes, los cuales firmaron el convenio de tejedores con la mediación del gobernador civil. El gobernador civil, el 30 de mayo de 1855, decretó (mediante un bando) limitaciones para los convenios colectivos y para el asociacionismo obrero, generalizando el recurso a las comisiones mixtas. Los obreros tarrasenses como respuesta firmaran la exposición de los obreros de la provincia de Barcelona pidiendo respeto a la legalidad y defendiéndose de las acusaciones de subversivos.
El bando significó el aparición de comisiones mixtas en oficios dónde existían (albañiles, tejedores y hiladores de algodón), pero la patronal se negó a aplicar los convenios (hilatura). Los hiladores y tejedores de lana firmaron en el mes de octubre de 1855 la exposición de la clase obrera española (octubre) en defensa del derecho de asociación. La conciencia de clase de los trabajadores de Terrassa iba creciendo y conformándose al calor de los conflictos laborales.
El 1856 los afiliados a la sociedad de hiladores de lana eran 40, la de tejedores 250 y la de hiladores de algodón 15. Al finalizar del bienio progresista sólo estaban permitidos los “montepíos” de oficio (con carácter mutualista), solamente el de tejedores de lana llegó a funcionar. ...
#1.- Un regalo
AGI|08-02-2008 09:58
El artículo es muy interesante y riguroso. Todo un regalo.
¡Para cuando su continuación de 1902 a 1936-1939!
Avisadme para no perdérmelo.
Valoración: 3
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#2.- administracion
maria guillermina lopez trujillo|16-02-2008 18:32
queremos saber algo acerca de la administracion
bbbbbbbbbbbbbbbbaaaaaaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyyy
derl siglo 19 y del 20
Valoración: -1
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#3
18-02-2008 15:13
es buenisimo.
la verdad es que el autor me parece una de las figuras intelectuales contemporáneas más completas. Debería ser un icono de la izquierda.  
Valoración: -1
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