Ellos aceptarán cualquier trabajo |
Dos informaciones aparecidas el 3 de abril. En El Periódico, el dirigente de una patronal catalana declara que faltan candidatos para ciertos puestos de trabajo, "resulta que hay personas formadas, pero que por otro lado no desean trabajar en estos oficios". Y al parecer eso "obliga" a contratar mano de obra extranjera, "Este desajuste entre oferta y demanda es el que nos ha llevado históricamente a buscar trabajadores fuera de Catalunya, en países como Bulgaria, Rumanía y Ucrania", dice el de la patronal.
Según El País,
"Al contrario de lo ocurrido en el último año, el paro desciende con fuerza entre los extranjeros, mientras sube entre los españoles. Este fenómeno se puede atribuir a que los inmigrantes son más proclives a aceptar empleos temporales, ligados a la coyuntura turística o a la agrícola, como son buena parte de los que se ofrecen en marzo."
Repasemos la película según la versión empresarial, que es la única que suele darse en los medios. Tenemos tres protagonistas, los empresarios, los trabajadores españoles y los trabajadores extranjeros. Los primeros  ofrecen empleo, pero como nadie lo quiere aquí, se ven obligados  a "buscar" trabajadores fuera del país. Es decir, son ellos los que salen a buscarlos a la aventura, maleta en mano y pateando las calles de algún país extraño. Unos héroes.
Los trabajadores españoles son unos vagos, unos desagradecidos y unos mimados. No trabajan pudiendo hacerlo, no valoran la generosidad de los empresarios, y prefieren vivir del cuento en nuestro estado del bienestar.
Los trabajadores extranjeros son los principales beneficiados. No sólo no tienen que mover un dedo, porque los empresarios irán a su país a buscarlos, sino que además éstos les sacarán de la miseria y les permitirán progresar en una democracia avanzada como la nuestra.
Ahora dejemos la mitología y pasemos a la realidad. Si los españoles no aceptan ciertos puestos de trabajo, hay dos opciones. La primera, la única que considera la lógica capitalista, es contratar mano de obra barata, es decir, inmigrantes que aceptarán casi cualquier cosa, no porque sean "proclives al trabajo temporal" sino porque viven en condiciones muy precarias y necesitan desesperadamente algún tipo de ingreso.
La  otra opción, que desde el punto de vista empresarial parece un sacrilegio, es  mejorar las condiciones laborales. Con mejores sueldos, horarios, etc., verán cómo automáticamente más españoles se apuntan. Esa sería la opción lógica si no hubiera tantos inmigrantes, pero como están aquí, no hay ni que planteársela. Es más, ni siquiera existe.
Por otra parte, desde luego  que los empresarios, salvo en contadísimos casos, no "salen" a buscar trabajadores extranjeros. Son éstos los que vienen a nuestro país, a menudo jugándose la vida, escapando de unas condiciones de vida miserables. Y esto no es ninguna casualidad.
Si las empresas de los países ricos no se dedicaran a saquear y asfixiar las economías de los países pobres, sus gentes podrían ganarse la vida y no tendrían la necesidad de emigrar. Al mismo tiempo, al faltar aquí esa mano de obra barata y desesperada, las condiciones laborales también mejorarían. Así pues,  los trabajadores saldrían beneficiados, tanto los de aquí como los de fuera, pero  ¡ay! los beneficios empresariales se reducirían, y como eso es lo que manda en nuestra sociedad, sólo tenemos un único camino posible, y una única forma de pensar.