Ho Chi Minh, prócer del antimperialismo
  Barak Obama montó su ambición y su destino político sobre la palabra “cambio” que resumió un profundo anhelo de una gran parte del pueblo llano estadounidense, de sus nuevos generaciones, de sus conglomerados empobrecidos, discriminados y abusados, de sus nuevas camadas de emigrantes maltratos(as), de la negritud oprimida.
Representó así un torrente profundamente inconforme contra el dominio y tradicional y la forma desgastada y desacreditada de hacer política.
Y lo representó más allá de sus reales intenciones y posibilidades. Desató así nuevas energías que habrán de gravitar sobre su propio liderazgo y su ejercicio de poder.
Ese factor quizás, mucho más que el análisis de sus importantes atributos personales, es lo nuevo a valorar positivamente: la respuesta de las bases más desposeídas y excluidas de la sociedad, la fuerza socio-telúrica que se ha puesto en movimiento a través del proceso de empoderamiento socio-cultural de la parte la más preterida de la sociedad estadounidense confrontada objetivamente con sus estamentos fundamentalistas, racistas, conservadores y neo-conservadores, pero también diferenciada y enfrentada al   liberalismo camaleónico e inconsecuente.
Ese factor fue el que le permitió derrotar a los Clinton al interior del PD y a los Bush y Mcain en el resto de la sociedad. El sentimiento contra las dos grandes fracciones del “stablishment”, bien explotado electoralmente, resultó mas potente y mas intenso que todo lo que se vaticinaba. Esto, repito, independientemente de que como nuevo presidente Obama lo encarne o no de manera consecuente.
o            Todo esto es verdad, pero…
Todo esto es verdad, pero no debemos pasar por alto que Obama va a presidir un Estado -que dentro de sus peculiares formas democráticas burguesas, dentro de un orden político-jurídico y un sistema constitucional inspirado fundamentalmente en las tradiciones burguesas anglosajonas y enmarcado por un poder al servicio de las clases y sectores dominantes de una   sociedad capitalista altamente desarrollada- representa un imperialismo decadente, carente de recursos naturales imprescindibles para su existencia, impregnado de las ideas neoliberales también en crisis, militarizado (pentagonizado) en altísimo grado y afectado por una grave crisis estructural-sistémica, la más profunda de todas las crisis del capitalismo estadounidense y mundial.
Obama va a presidir un gobierno dentro de un orden económico social, un sistema político y un Estado dominados por las grandes corporaciones y, entre ellas, ocupan un lugar destacado las corporaciones del devastador y parasitario complejo industrial militar.
Obama ejercerá las funciones de jefe de un Estado imperialista comprometido en el diseño y ejecución de la “guerra global” desde el llamado “cerebro del mundo” (el poderoso Consejo o Comisión de Relaciones Exteriores), plan militar destinado a conquistar importantes áreas estratégicas y recursos naturales carenciales (petróleo, gas, agua, titanio, uranio, plutonio, biodiversidad conservada, materia prima para el gran negocio de drogas…)
Obama tendría siempre sobre si los intereses de la industria de guerra, de los grandes bancos, de las corporaciones petroleras y mineras, de la gama de empresas trasnacionales productoras de maquinarias, automóviles, productos de consumo y servicios…que no entienden nada de abandonar o menguar su saqueo, expoliación y extorsión de los pueblos y naciones del resto del mundo; las cuales, por demás, están siendo impugnadas en muchos países de nuestra América que tiende a conquistar   su nueva independencia.
¿Qué va a hacer Obama con ese complejo militar industrial y sus planes expansivos basados en el militarismo, las intervenciones y el guerrerismo estatal?
¿Qué va a hacer con las guerras presentes y los planes de guerras futuras?
Habla de retirarse de Irak y de concentrarse en Afganistán, donde al Pentágono le puede ir igualmente mal, peor que lo que le está yendo en ese país.
¿Qué va a hacer con el Plan Colombia-Iniciativa Andina y con el apoyo militar de EEUU al régimen genocida de Uribe? ¿Y con el pueblo palestino masacrado por Israel? ¿Y con la intervención en Haití y el status colonial de Puerto Rico?
Qué actitud asumirá frente los patriotas cubanos, puertorriqueños, colombianos, estadounidenses, tercermundistas… injustamente presos en las cárceles del imperio?
¿Y con la cadena de bases militares que los pueblos intervenidos y agredidos reclaman clausurar? ¿Y con el escudo antimisil anti-Rusia y sus planes de guerra en el Caucazo?
¿Qué actitud asumirá respecto a los justos reclamos nacionales frente a los contratos leoninos que favorecen a las transnacionales estadounidenses?
¿Qué actitud habrá de asumir frente a las nacionalizaciones, los reclamos de anulación de la deuda externa y de los programas re-colonizadores, que habrán de seguir creciendo?
Obama asumirá el gobierno en el despegue de la crisis estructural de mayor gravedad en su historia del capitalismo estadounidense y mundial. Una crisis que no habrá de superarse inyectándole sumas fabulosas a bancos quebrados en un contexto de enormes déficit fiscales, de endeudamientos externo e interno colosales, de desequilibrios presupuestarios inmanejables y auge del empobrecimiento. ¿Hasta dónde es sostenible ese tipo de “salvatage”?
Pero además: ¿Qué hacer con la crisis de sobreproducción que está en la base de este desastre? ¿Qué hacer con los daños hechos durante 30 años a la cultura productiva de ese país? ¿Es acaso tan fácil volver al modelo keynesiano después de este desastre neoliberal? Pero además: ¿No hizo crisis el propio modelo keynesiano?
¿Cuál modelo puede salvar al capitalismo de esta crisis?
¿Dónde esta la propuesta de Obama sobre algo tan crucial?
¿Cómo detener la tendencia a la prolongación del caos capitalista si no se opta por un tránsito al socialismo?
Pero en verdad el socialismo no ha pasado ni por la mente ni por los sueños de Obama, quien se define como un hombre del sistema capitalista y un defensor de la predestinación del “rol dirigente mundial” de esa gran potencia capitalista. Y de ninguna manera puede pedírsele “peras al olmo” o “naranjas al captus”.
Es claro que Obama defiende a capa y espada ese poder, solo que lo quiere suavizar en un momento en que su endurecimiento extremo resulta insostenible.
A lo interno el presidente electo no ha presentado un plan estratégico anticrisis, pero como dice Fidel si ha prometido bajar lo impuestos a las capas medias, eliminar los impuestos a los pobres y aumentárselo a los ricos y súper ricos.
¿Podrá hacerlo?
Aquí vale exclamar el “ojala” de Galeano.
De la altísima concentración de la propiedad, que equivale a poder, tampoco dice nada.
Su lenguaje es aparentemente incluyente y su concepción de la sociedad está revestida de un manto humanista y universalista. Así lo dejó definido en su celebre discurso del 2004 ante la Convención Demócrata:
"No hay una América progresista y una América conservadora, hay los Estados Unidos de América. No hay una América negra y una América blanca, una América latina y una América asiática, hay los Estados Unidos de América. (...) Nosotros veneramos a un Dios todopoderoso en los estados azules (de mayoría demócrata), y no nos gusta que los agentes federales husmeen en nuestras bibliotecas en los estados rojos (de mayoría republicana). Nosotros preparamos los campeonatos de baloncesto en los estados azules y tenemos amigos gays en los estados rojos. Hay patriotas que se han opuesto a la guerra de Irak y patriotas que la han apoyado. Somos un único pueblo, todos hemos prestado juramento de fidelidad a la bandera, todos defendemos a los Estados Unidos de América".
”
…todos los estadounidenses, independientemente de su raza, color y sexo, pueden conocer la prosperidad”
 
Pero en esas palabras hay verdades, medias verdades, mentiras y ausencias cruciales.
Es verdad que la sociedad estadounidense es una mezcla de razas, etnias… combinación y abanico de corrientes políticas, preferencias sexuales y posicionamientos ante los problemas que la afectan.
Pero Obama en esas expresiones silencia el dominio de clase, la existencia de los grandes poderes fácticos, la concentración de la propiedad y la riqueza, el poder real en favor de un puñado de corporaciones y no habla del qué hacer con todo esto; oculta la partidocracia privilegiada al servicio de esos intereses dominantes, oculta el enorme peso del patriarcado en el poder real.
Obama silencia la esencia explotadora del capitalismo y el saqueo de la opresión del imperialismo estadounidense a escala planetaria.
Y no es verdad que en tales condiciones “todos los estadounidenses independientemente de raza, color y sexo, pueden conocer la prosperidad”. Mucho menos todos los seres humanos. Solo pocos logran hacerlo, incluido él. La gran mayoría se queda en el intento y la hunden en la precariedad, la pobreza y la exclusión Así ha sido y así será si se prolonga la vida de ese orden económico social y político, sin mencionar como mucho de lo logrado en cuanto a prosperidad se ha apoyado en el saqueo y la expoliación internacional, ocasionando atroces empobrecimientos fuera de sus fronteras
De América Latina y el Caribe, de su ola de cambios, de la revolución bolivariana de Venezuela, Barak ha dicho poco: no ha pasado su discurso  de su disposición a “hablar con los adversarios”, al tiempo de amenazar con no tolerar anti-norteamericanismos bien ganado.
De Cuba igual, aunque parece no estar dispuesto a seguir las pautas súper-hostiles de la mafia cubano-americana de Miami. Asume el caso con moderación, sin comprometerse a levantar el bloqueo y posiblemente inclinándose a favor de negociarlo por concesiones políticas. Su actitud fue mucho más definida en relación con el tema del maltrato a los presos de la Base de Guantánamo.
En el tema palestino y árabe-israelí Obama no ha escondido su injustificado apoyo a Israel, mientras ahora se anuncia su decisión de designar de jefe de gabinete a un senador de origen judío, que también favorece las posiciones de ese Estado comprometido en las peores represiones contra el heroico pueblo palestino.
En cuanto al calentamiento global y el rol depredador de sus corporaciones no hay nada claro todavía.
o            Nueva situación, nuevos desafíos.
 
De todas maneras está claro que el ascenso de Barak Obama a la presidencia de EEUU crea una nueva situación en tanto contrasta significativamente en términos positivos con lo que ha significado la nefasta era de los Bush. Y en tanto expresa sin equívoco alguno un profundo y amplio anhelo de cambio en el seno de la sociedad estadounidense y a escala mundial.
Obama no se proyecta como continuidad, sino más bien como ruptura suave y superación moderada del conservadurismo fundamentalista, del neoliberalismo a ultranza, del guerrerismo sin tregua y ni matices, de la discriminación feroz, de la xenofobia intensa, de la línea dura “perse”…
Tampoco responde exactamente al esquema del Partido Demócrata de los últimos tiempos, aunque esa organización le sirvió de plataforma   e intentará condicionarlo.
Obama es algo nuevo dentro de ese imperio en crisis, decadente, pentagonizado… algo que tiene muchas cosas por verse, muchos hechos pendientes y no pocas ambigüedades e indefiniciones.
Tiene personalidad propia, pero además de tono conciliador en su entorno y con la idea del “poder suave”, pero siempre de esencia imperial, influyen destacados ideólogos del capitalismo imperialista gringo.
En ese orden creo oportuno traer de nuevo a colación lo planteado en ese aspecto por el intelectual cubano Elíades Acosta Matos en su interesante artículo: “Obama, las suaves maneras del contraataque (I Parte)”
En una entrevista realizada por el periodista holandés Daan de Wit al escritor norteamericano Webster Tarpley, autor del libro Obama, the Postmodern Coup, The Making of the Manchurian Candidate, para la revista Deep Journal, este realizó un interesante análisis acerca del entorno del candidato demócrata y su probable supeditación a figuras que podrían estar tras su candidatura, como son Joseph S. Nye, Zbigniew Brzezinski y Goerge Soros, todos vinculados a círculos preocupados por los retrocesos en el liderazgo global norteamericano, y defensores de un replanteamiento radical en los métodos de política interior y exterior de la nación, precisamente, para poder ejercer tal liderazgo en las nuevas condiciones de nuestra época. Las sospechas de Webster Tarpley se basan en los siguientes elementos, según sus declaraciones: (5)
o        Obama es la hechura política de Brzezinki y lleva más de 25 años bajo su adoctrinamiento directo. "Mi criterio es que Obama fue reclutado por Brzezinski entre los años 1981, 1982 o 1983, donde ambos coincidieron como Profesores en la entonces Columbia University… En sus memorias, Obama elude hablar de este período, habla del consumo de drogas, pero no dice nada acerca de la maravillosa Ivy League, de la prestigiosa elite de la Columbia University, de la que formó parte.
 
o        Entre los que se mueven detrás de Obama se encuentra Joseph S. Nye, quien representa al Grupo Bilderberg y es Director para América del Norte de la Comisión Trilateral, y Brzezisnki, que forma parte de la misma. El primero ha escrito libros sobre el soft power, que es de lo que habla Obama. Ellos afirman que no se necesitan invasiones militares, sino subversión ideológica, guerras culturales y diplomacia; que lo que se necesita es dividir al enemigo para conquistarlo. Otros que lo apoyan, desde estas mismas posiciones son la Ford Foundation, el Council of Foreign Relations, y la llamada Escuela Económica de Chicago.
 
o        Brzezinski y su mano derecha, Samuel Huntigton, han mirado a los neocons y les han dicho: "Les dimos la teoría del choque de civilizaciones, y lo que debían haber hecho es haber provocado que unos se enfrentaran a los otros en los diferentes continentes. La esencia del imperialismo no es atacar a Irak, sino lanzar a Irán contra Irak, a Etiopía contra Somalia, a Colombia contra Venezuela, y a China contra Rusia…”
Habrá que ver cuando hubo de maniobra estrictamente electoral en sus alianzas y acompañamientos, y cuando de compromisos fuertes.
Obama ha matizado y modificado parte de sus discursos de acuerdo a los propósitos a alcanzar y eso puede volver a pasar con sus palabras y sus acciones de gobierno.
Ahora, cuando sea presidente, habrá que examinar el contenido de sus planes y ejecuciones.
Para eso hay que esperar, no sin entender que los(as) revolucionarios(as) del mundo, y en especial los(as) de nuestra América, estamos ante nuevos desafíos y   nuevas exigencias en cuanto a la manera de abordar la nueva gestión presidencial estadounidense. Pues es obvio que desde la Casa Blanca habrá un nuevo estilo de hacer política y nuevas concepciones en cuanto a ejercicio de poder, lo que dará lugar también al despliegue de nuevas contracciones y a una mayor movilidad social y política al interior de esa nación imperial, como también habrán de producirse ciertos reajustes y variaciones en su política externa.
Debemos estar atentos para asumir las actitudes necesarias en la medida ciertas intenciones se conviertan en hechos. Pero en el devenir nunca deberíamos perder de vista, que más allá del rol de personalidad presidencial, están las estructuras y factores de poder del   imperialismo estadounidense actual.
Obama y su equipo, en el centro de esta gran crisis y de los intentos de reciclaje y renovación imperial, tendrán que enfrentar presiones de diferentes signos (populares y reaccionarias) y asumir nuevos riesgos que oscilaran entre el magnicidio auspiciado por la intolerancia extremista de derecha y la renegación parcial o total de sus postulados, con la consiguiente frustración de los exageradas esperanzas desatadas con sus discurso y sus victorias en esa sociedad y el mundo. Y ambas opciones, con todos sus grises, blancos y negros, generarían nuevas coyunturas y nuevos enfrentamientos a ponderar.
Muchas interrogantes formuladas tendrán más temprano que tarde sus respectivas respuestas. Otras no.
Esperemos actuando. Sin ilusionismos, pero también sin rigidez. Siempre con conceptos de clase y de poder bien claros y precisos. Siempre desde firmes convicciones antiimperialistas y anticapitalistas. Siempre con la voluntad de recrear el sueño socialista. (Fin).
13 de noviembre del 2008, Santo Domingo.