Entramos en una exposición de tópicos y contra-tópicos, de historia popular y de cultura académica. Una España que camina, abandono tras abandono a la proclamación democrática de su Primera República. Una España atrasada, con crisis económica, sin infraestructuras, analfabeta, a la que se sumara la tercera guerra carlista y la guerra de los diez años en Cuba. Una época que resume muy bien una conclusión de Pierre Vilar sobre la mentalidad de los españoles a finales del siglo XIX: “contra el lastre de la tradición, el deseo de renovación; contra el deseo de renovación, el orgullo de la originalidad nacional” (*).
En medio, en la calle, en el pueblo esta el flamenco, y no se confunda solo con la “España de pandereta” que también existía (y existe). El flamenco aporta en la disposición y progreso de lo moderno, de lo moderno español, en el terreno del arte y en las cimentaciones de una nueva identidad; y aporta todo lo que conlleva en lo positivo y negativo a la modernidad artística europea. Creando unas complejas relaciones entre el flamenco y la cultura de vanguardia de finales del siglo XIX y principios del XX.  
A España acuden e idealizan muchos artistas buscando el viaje romántico hacia un pasado idílico (el atraso y la miseria juntos de la mano) que mitifican libros de la época. Unos buscando inspiración, otros por la primera Guerra Mundial y otros como proclamación de lo que creen haber descubierto… como dijo Alberti “antes de que lo inventaran los franceses, España ya era surrealista”. Pintores como Manet, Degas, Courbet o Bonnard, escritores como Gautier y fotógrafos como Laurent no se resisten a pintar y retratar España, a escribir sobre ella. En frente están los hermanos Bécquer  que huyen de la imagen pintoresca de España, llevando a cabo sus críticas sociales y políticas mediante las caricaturas, Los Borbones en pelota es un libro de ilustraciones creado por Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano, Valeriano Bécquer, del que se pueden ver en la exposición varias acuarelas originales, desmitificando esa visión tan lírica.
Otros artistas fragmentaran y descompondrán las guitarras, las bailarinas-bailaoras, los tópicos, tendrán otra visión del flamenco, de España, de la pintura, son los cubistas como: Modigliani, Picasso, Severini, Lipchitz, Jawlensky, Picabia, la pareja Delaunay… una mirada distinta, abierta, entre la experiencia estética del arte y la vanguardia moderna. Otros reflejaran una España negra: Regoyos, Solana, Julio Romero, luministas como Camarasa y Sorolla, las inquietantes revisiones del sevillano Helios Gómez. Pero todos girando en torno a una España donde el flamenco es el centro de la fiesta, del drama, de la alegría y la tristeza, de la España que duerme y la que quiere despertar.  
Una exposición para perderse sin tiempo entre el realismo y la experimentación, para releer no solo la pintura pues además cuenta con ediciones de libros, fotografías (Man Ray, Maruja Mallo), carteles publicitarios (Ramón Casas), esculturas (Benlliure, Alberto Sánchez), trajes (de “La Argentina”, diseñado por la artista rusa Goncharova) peinetas, grabaciones sonoras y filmadas; además de un ciclo cinematográfico, con documentos testimoniales, reliquias del cine de los hermanos Lumiére, de Thomas Alva Edisson o de Segundo de Chomón, con el flamenco como protagonista, o creaciones vanguardistas, como los ensayos cinematográficos de Man Ray o la Vibración de Granada de José Valdelomar, en las que el flamenco es la inspiración formal.El planteamiento de la exposición termina en 1936 ¿o antes? (tal vez requiera una interesante y apasionada II parte: 1936- 1975) La que la generación del 27 lanza una mirada crítica a aquella España (la de la “pandereta”), mientras Lorca construye su propia mitología de «lo español» en una clara reivindicación de la música popular española.
  Pero a algunos egoístamente interesados nos deja con la miel en los labios sin conectar con el alcance de la creatividad y la expansión del flamenco en la II República, el flamenco “el arte del pueblo”, que celebro con entusiasmo la llegada de la República, figuras de la talla de la Niña de los Peines, Manuel Vallejo o Pepe Marchena, Carbonerillo, Cepero, se encontraban en un momento de esplendor, aparecen nuevos estilos por parte de estos y otros cantaores…
Una exposición para entender desde el arte y la historia, nuestra propia cultura a pesar de los conceptos que nos impregno en Nacional-flamenquismo de la dictadura.  
LQSomos. G@lileo. Marzo de 2008
Para verla: en el  “Sofidú” MNCARS, Madrid, hasta el 24 de Marzo  
Imágenes:
(1) Picasso entre la Sra. Erraguyen y Olga', de Man Ray
(2) 'La verbena', de Maruja Mallo  
#1.- el flamenco es gitano, no español
cante gitano|02-03-2008 13:37
creo que debemos diferenciar entre rasgos culturales propios de un pueblo (si es que a ejpaña se la puede llamar pueblo) y los rasgos robados a otras culturas. Flamenco significa "cante gitano" y eso es lo que es, una cultura oprimida primero y más tarde abocada a su absorción por los poderes al igual que ocurrió en los estados unidos con el jazz y la absorción por parte de los blancos, el jazz en sus principios no es blanco, es música hecha por negros. El flamenco no es español, es la música del pueblo gitano, si bien se ha convertido en algo universal.
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#2.- España no existe: ja, ja, ja, Que chorrada!!!!!!!
02-03-2008 22:06
no es gitano, es japonés.
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#3.- ejpaña ejiste pajra loj ejpañolistas
ahiba que chorrazo|03-03-2008 12:49
diru espanol zikina
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