KEN LOACH, durante su visita a Madrid para presentar ‘En un mundo libre...’/ Juan Carlos Rojas
YA A LA VENTA DIAGONAL 72 -  www.diagonalperiodico.net
M. Á. DE LUCAS / M. J. CASTRO
Ken Loach llegaba el pasado 8 de febrero a Madrid en el momento más oportuno posible. Dos días antes, con las encuestas en contra y lanzado a la búsqueda del voto xenófobo, Mariano Rajoy presentaba su peculiar “contrato de integración”. La idea: un documento entre el Estado y el inmigrante donde este último se compromete a cumplir las leyes (algo que ya recoge el Código Penal) y respetar las costumbres españolas (lo que más bien se traduce por abandonar las de origen). Y un día antes el secretario de Economía del PP, Miguel Arias Cañete, daba otro paso aún menos disimulado. En un arranque verbal, partiendo del ejemplo de que ya no le ponen el café como desea, el político conservador lamentaba que “ya no hay camareros como los de antes”, que “la mano de obra inmigrante no es cualificada”, y que, encima, los inmigrantes colapsan la Seguridad Social.
Precisamente, justo el mismo día que los periódicos dedican sus portadas a este empozoñado populismo racista, presenta Ken Loach su última película y demuestra que la lucidez sigue siendo una forma de resistencia. Su último trabajo En un mundo libre... pone en primer plano una realidad molesta y a la que no se desea mirar; la de los trabajadores extranjeros que están al final de la cola, a veces sin papeles y siempre sin contrato fijo, condenados a ser la mano de obra barata con la que comercian las agencias de empleo temporal, con jornadas interminables y una permanente indefensión legal. Un mundo donde la posibilidad de ser detenido, deportado o sufrir un accidente de trabajo suele importar algo más que si alguien pide un cortado o café largo de leche. Con este tema de fondo, Loach viaja en esta ocasión hasta los engranajes humanos sobre los que se levanta el llamado ‘milagro anglosajón’, es decir, barrios que, como dice un personaje de la película, son “el tercer mundo en Londres”. Lugares de miseria en el corazón de occidente, donde se concentran campamentos de inmigrantes polacos, ucranianos, iraníes o pakistaníes, y por los que Loach, uno de los mayores representantes del realismo social europeo, pone la cámara en las vísceras más podridas del sistema económico con la sangre fría de un forense. Lo hace no a través de la condescendencia con los explotados, sino desde la piel de quien pasa casi sin darse cuenta del papel de víctima al de verdugo: una joven madre soltera que, tras un sufrido currículum de trabajos breves y mal pagados, decide poner en marcha su propia ETT. Con este punto de partida el director despliega todas las señas que han hecho característico su cine: actores no profesionales, la calle como escenario, situaciones cotidianas, personajes complejos y ambiguos y una creciente tensión narrativa. Todo ello, junto a un guión que obtuvo el premio al mejor guión en la Mostra de cine de Venecia, acaba por crear una historia que, a menos que se tenga extirpado el nervio político, sigue dando vueltas en la cabeza del espectador tras salir del patio de butacas. Hablamos sobre ello con su director, y también con Paul Laverty, guionista de sus últimas películas.
“Si hemos aprendido algo es que la situación es mucho peor de lo que pensábamos”, afirma Ken Loach. “Hemos descubierto que existe un mundo escondido, que vive paralelo al nuestro, invisible, y que sin embargo hace posible que vayamos al supermercado y compremos comida barata”. Por eso se mostró tajante durante la rueda de prensa cuando le preguntaron su opinión sobre el “conculturas trato” de Rajoy. “Es otra forma de intentar disciplinar a una gente ya de por sí vulnerable, de someterla todavía más. Más que una cuestión de integración, me parece algo relacionado con la humillación”, opina Loach, quien recuerda que “cuando los británicos fueron a India o los españoles a América, no hablaban de integración, sino de riquezas y oro”. De la misma opinión es Paul Laverty. El guionista, que vive en Madrid, se pregunta si ahora deberá apuntarse a cursos de flamenco. Pero, tras la ironía, se muestra preocupado. “Es toda una hipocresía. Quieres que trabajen para ti, que cuiden de tus padres, de tus hijos o que trabajen como mano de obra barata, pero no quieres que traten a esas personas en la sanidad si tienen un cáncer de mama o algún problema”. Según Loach, esta visión negativa se fomenta además con la imagen deformada que dan los medios. “La prensa no hace más que mentir y contar mentiras. Una y otra vez vemos cómo los titulares señalan a los inmigrantes como delincuentes, como criminales, cómo se llevan las plazas de nuestros hijos en las escuelas, cómo reciben ayudas y se las quitan a los autóctonos. Me parece que es toda una campaña de la derecha, una campaña que contribuye a incentivar el fascismo”. Algo que, a su juicio, es más indignante si se tiene en cuenta “que estos trabajadores vienen aquí porque los necesitamos, porque representan mano de obra barata y lo que quieren los empresarios es disciplinarlos. Es decir, que vengan aquí y que trabajen por lo menos posible, y aceptas esto o te vas”.
“Después de innumerables conversaciones con muchos trabajadores, he tenido una sensación casi onírica”, ha escrito a propósito de este asunto Paul Laverty, “es como si 150 años de luchas sindicales se hubieran esfumado de repente, barridos por el viento, como si no hubieran existido nunca”. Es algo que en la película queda reflejado. Para Loach, “el trabajo es como un grifo. Hoy abro el grifo porque necesito diez trabajadores aquí, y mañana lo cierro si no necesito ninguno. Esto quita obligaciones al empresario, a los patronos, que no tienen ya necesidad de dar protección a su trabajador, de darle seguridad social, de darle una ayuda cuando esté enfermo...”. En este sentido, lamenta el vacío político que existe sobre la inmigración. “El problema que tiene ahora Europa es que no hay ningún movimiento político que se preocupe por los intereses de estos trabajadores inmigrantes, por sus derechos”. “Y hay que crear este movimiento”, concluye.
#1
23-02-2008 15:59
El artículo está bien, pero generalizar es malo.
Soy candidato por el PCPE y tanto a mi como a mi partido nos importan y nos interesamos por las personas trabajadoras, con independencia de dónde hayan nacido. Es más, cuanto más precariedad y más opresión deban sufrir, más nos interesan.
Y no son palabras, ved nuestro programa.
¡Salud y Revolución! 
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#2
23-02-2008 16:02
Por cierto, esta tarde (hoy sábado, 23 de febrero de 2008), a las 19:00h hay una manifestación para reclamar derechos para lxs inmigrantes, en la Puerta del Sol.
¡Nadie es menos que nadie!
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#3
23-02-2008 16:16
Ken Loach, hay mas partidos ademas de los que salen por los Mass Media, hijo mio...
Salud, República y Revolución
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#4
23-02-2008 16:33
joer algunos aprovechan para hacer spam partidista en cualquier lado.
Pues eso señor Loach, hay más partidos que los de la tele, cualqueir partido comunista tiene una politica internacionalista consecuente. 
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#5.- Casualidad 1
Pepe Gotera y Otilio|23-02-2008 16:41
Hace años comenté el encuentro fortuito en un avión Londres-Barcelona con Ken Loach.
Tuve la suerte de compartir viaje (yo, ventanilla, el , pasillo), en su venida a Barna a recojer un premio por su película Tierra y Libertad.; creo que fué en 1994 (hace 14 años).
Bebiendo y charlando, hicimos un análisis de Banaña, Sudakamérica, Yankeelandia y el espacio Europedo.
Dije también entonces, que me invitó a Somerseth, en la costa oeste de UK, para comprobar en situ, la experiencia de un modelo laborista avanzado de autogestión :
Después vino Tony Blair, la becaria Nº 1 de Bush; en BANAÑA, la Nº 2 con bigote.
Como catalán, ante la inmigración, tendría que decir :
Banaña vá bien !
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#7.- Emigración bananera
Pepe Gotera y Otilio|23-02-2008 18:35
El 50 % era con contrato y el otro 50 % ILEGAL.
Los años 60 fueron los de huir de la miseria de la dictadura.
La memoria es tan corta como el cerebro de los "desmemoriados".
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#9
08-03-2008 11:15
que pena si ken loach lo que conocio de españa fue al facha este de pepe gotera...
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