Apenas han pasado unas horas desde que la izquierda abertzale haya hecho públicas las conclusiones de su debate y nadie quiere perderse la foto.
Los agentes de corte españolista están nerviosos. El planteamiento de confrontación democrática vacía el argumentario caciquil de la utilización de la violencia. El presidente del Gobierno de Navarra en funciones Javier Caballero (el histriónico Miguel Sanz sigue de viaje por los EEUU), ni corto ni perezoso, postula a su partido como histórico defensor de las libertades y la democracia pasada, presente y futura: “hay un olvido de las conquistas de los derechos individuales de las personas, de los ciudadanos, una seña de identidad de los dos últimos siglos, pues quedan sacrificados en aras de un ente abstracto denominado Euskal Herria o Pueblo Vasco”. ¡Tendrá morro el tío!
Los progresistas españoles como IUN (en contra de la opinión de sus tocayos de vascongadas), ponen el grito en el cielo sobre el antagonismo nacionalismo-izquierda: “la agenda soberanista y la construcción nacional son una cosa y la izquierda y la agenda social otra”. Alguno/a se preguntará cuál es la agenda social de IUN. Que nosotros sepamos, ir de la mano de CCOO en la aceptación de los expedientes de regulación de empleo y mantenerse al margen de jornadas de huelga como la del 21 de mayo de 2009.
En esta situación, el espacio abertzale y progresista de Navarra debiera actuar con altura de miras. Se abren momentos de especial relevancia para la consecución del cambio político y social en el país. El que anteponga intereses partidistas y/o defensa de proyectos frente a la acumulación de fuerzas soberanistas de izquierda, quedará al margen del cambio.
Es la hora del compromiso. Es la hora de dar pasos. Y en este momento, la Izquierda Abertzale es plenamente consciente de que la clave no está en esperar a conocer lo que el resto de agentes están dispuestos a hacer. La presión popular y la acumulación de fuerzas pueblo a pueblo son el mejor activo para que el nerviosismo españolista en Navarra no pare de crecer.
EZKER ABERTZALEA



