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Narcotráfico, enemigo de la democracia

"Las policías están infiltradas por el crimen organizado.Hasta que no lo solucionemos, ni podremos garantizar la seguridad, ni gozar de la confianza de los ciudadanos".
Arturo Alejandro Muñoz | Para Kaos en la Red | 5-10-2008 | 430 lecturas | 1 comentario
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La voz de alerta proviene de hechos deleznables y peligrosos. El sistema  capitalista  ha traído adosados a su cola varios elementos que forman parte de su estructura, como la cesantía, el clasismo, la profunda brecha económica que ahoga a los sectores populares,  y la corrupción. Pero, también transporta el que hoy es ya el mayor flagelo de nuestros tiempos: el narcotráfico. 

Sin lugar a dudas, este es el principal enemigo de los sistemas pseudo democráticos que gobiernan en muchas naciones latinoamericanas, los cuales hasta el momento han sido incapaces de eliminarlo. Por el contrario, precisamente los ‘cárteles’ son quienes logran poner en severo riesgo la posibilidad de alcanzar un desarrollo armonioso y socialmente justo, ya que nuestras 'democracias' actuales, al mostrar ineficacia en el combate contra ese flagelo, dejan  puertas abiertas para la incursión de fuerzas que son lesivas para la paz y la armonía social, como grupos paramilitares dispuestos a “arrasar con papas y caldos”  en barrios, campos y poblaciones, amparándose en una supuesta lucha contra la narcodelincuencia.

Por cierto, hay  países donde la presencia del ‘narco’ se ha solidificado tan brutalmente que cuenta con armamento,  maquinaria y ‘soldados’ suficientes para derrotar a las policías y jaquear a los gobiernos. Es así que, por ejemplo, en México hay ciudades y regiones que  están bajo la jurisdicción de los narcotraficantes, como es el caso de Culiacán, Morelia, Ciudad Juárez, Distrito Federal y otras, lugares donde las pandillas extendieron sus asesinatos hacia la población, pues ya no luchan entre ellas por apoderarse de la zona sino, también, aterrorizan a los ciudadanos con sus asaltos, bombazos, balaceras y asesinatos masivos cuyo propósito no es otro que demostrar “quién manda” en el lugar.

Un periodista mexicano, Pablo Ordaz, escribió en un medio de ese país la columna que desnuda el problema que viven hoy los habitantes del territorio de Villa y Zapata.

“”Las principales organizaciones (de narcotraficantes) se han fragmentado en otras más pequeñas y ya no miran tanto hacia fuera como hacia el mercado interior. Más que mantener abiertas las tradicionales rutas de paso, lo que les interesa ahora es hacerse con el control de los Estados y de las ciudades. Pueblo a pueblo. Plaza a plaza. Del narcotráfico al narcomenudeo. Para ello necesitan controlar a los políticos locales y mantener a raya a las bandas rivales. Para lo primero necesitan mucha plata. Para lo segundo, mucho plomo.””

“”En el país, mientras, los miembros del Gobierno relacionados con la seguridad han sido vapuleados por la oposición, que -a su manera- también les pide plata o plomo. Solución o dimisiones. Ante el acoso, uno de los hombres fuertes del Gobierno, el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, llegó a reconocer desde la tribuna de la Cámara de Diputados: "No podemos garantizar la seguridad. Las policías están infiltradas por el crimen organizado. Y por eso, hasta que no lo solucionemos, ni podremos garantizar la seguridad, ni gozar de la confianza de los ciudadanos".

A futuro, el problema mayor radicará en que la gente mostrará sospechas respecto de la efectividad que la democracia (esta democracia feble y cooptada) pueda poner  en juego a favor de la tranquilidad social, puesto que es superada por la delincuencia del narcotráfico, y muchos dirigentes del gobierno y del legislativo han sido atados o asociados a los actos ilícitos. Entonces,  a no extrañarse (pero sí alarmarse) ante el surgimiento de grupos ultramontanos ofreciendo una ‘solución final’ al problema, lo que en buena lectura debería entenderse como la ascensión del fascismo al gobierno, con el apoyo de una población hastiada de vivir bajo cinco llaves, encerrada en sus casas, temerosa de caminar más allá de  dos o tres cuadras de su domicilio. 

Hacia el sur, en Brasil, la cosa no es muy distinta. El principal referente delictual del gigante sudamericano se llama Marcola, verdadero ‘don’ que, aún estando detenido en una cárcel, entrega instrucciones a sus ‘soldados’ para efectuar  transacciones ilícitas e incluso asesinatos a plena luz diurna en calles céntricas de algunas ciudades.   No es exclusivamente Marcola el narcopeligro que enfrenta la democracia brasileña; hay decenas de ‘dones’ acompañados por centenares de  sujetos armados hasta los dientes que horrorizan a los habitantes de las principales ciudades con sus acciones sangrientas.

A través de una entrevista que concedió desde la cárcel a un diario de Sao Paulo, Marcola  manifestó que el ‘sistema político brasileño está corrompido hasta la médula de los poderes del estado’, agregando otra frase digna de ser reflexionada: “políticos, jueces y autoridades están moralmente impedidos de luchar contra nosotros, ya que la mayoría de ellos forma parte de nuestras nóminas de pago, demostrando que nada les interesa el bienestar de la gente pobre del Brasil; sólo quieren ‘grana’ (dinero), y eso es lo que les damos. ¿Por qué habrían de combatirnos si somos sus mejores financistas?”

¿Y Colombia? Ya sabemos cómo ha sido la historia del narco en ese hermoso país, así como también circula suficiente información respecto del inefable actuar de sus actuales gobernantes, cuya administración ha estado salpicada de eventos oscuros, colmados de demagogia y mentiras oficiales para privilegiar no ya la asociación comercial con Estados Unidos sino, definitivamente, para concretar una dependencia absoluta que va en beneficio único de los intereses empresariales del país del norte y del enriquecimiento a todo dar de algunos dirigentes locales.         

La profunda brecha económica parida por el capitalismo -como la falta de oportunidades y el clasismo inaceptable que ese sistema ostenta- amarrada a la corrupción política transformada en parte natural del escenario, gatilla indefectiblemente la organización delictiva y bélica de bandas carentes de escrúpulos, formadas por jóvenes y no tan jóvenes que nada tienen que perder, pero sí mucho que ganar en el supuesto de alcanzar éxito en las transacciones de drogas…primer paso para el derrumbe de un débil y minimizado Estado que  tan interesadamente manejan ciertos pseudos demócratas, empecinados en transformar a sus pueblos en lacayos de intereses foráneos. 

El narcotráfico y el narcomenudeo recorren transversalmente las sociedades latinoamericanas, pero resulta liviano y fácil culpar a ciertas drogas naturales como    causantes del problema, ya que ellas no constituyen un fenómeno nuevo, pues desde tiempos precolombinos algunas etnias originarias las han utilizado en sus rituales, o en    calidad de fármaco natural. Las hojas de coca son un claro ejemplo; su mastique continuo extrae el jugo que permite soportar los males de altura, asunto comprobado médicamente e incluso recomendable para viajeros no habituados a la puna o al soroche andino. 

En Chile, antes de la llegada de los conquistadores europeos (y después de ella también) los indígenas que habitaban el valle central –específicamente el sector de San Felipe y Los Andes- acostumbraban aspirar el humo producido por la quema del  cáñamo extraído de la canabbis sativa, la planta de la marihuana. Era para ellos algo tan normal como para los miembros de la nobleza europea aspirar rapé a destajo. O fumar opio, tal cual siguen haciéndolo muchos orientales.

Definitivamente, el problema mayor no es la droga natural sino el narcotráfico que , químicamente, la ha industrializado hasta convertirla en elemento de riqueza, muerte y dependencia, consiguiendo un poder económico y bélico altamente nefasto para la paz social y para  la posibilidad de alcanzar una democracia real.

Poca duda cabe que el sistema capitalista neoliberal no ha sido capaz (o no ha tenido la voluntad) de derrotar a las sanguinarias bandas que pululan en algunos de nuestros países, ni tampoco muestra eficacia en la limpieza de los cuerpos policiales y políticos. Entonces, la población –ahíta ya de saberse desamparada- podría hacer oídos sordos o cubrirse los ojos ante ofertas de combate ‘con todo’ a la delincuencia del narco, para que después ese ‘combate’ siga copando con sus armas y dictámenes totalitarios el resto del país donde actúa…lo que por cierto no deja de entusiasmar a determinadas y reconocibles cúpulas políticas y empresariales.

Ese es el nuevo y poderoso peligro al que está enfrentado el pueblo latinoamericano. Y, digámoslo francamente, en algunas naciones el tiempo se agota.

 
 
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Comentarios (1)

#1.- El Narco apoya siempre a la derecha

10-10-2008 01:30

Vivo en una villa del lado sur de Santiago de C hile. Conocemos las casas y los nombres de los narcotraficantes del sector. Ellos apoyan a los candidatos derechistas a la alcaldía y al concejo municipal colocando en sus casas las propaganadas de esos candidatos. ¿Raro, verdad?

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