NO más tercerizacion
Empresarios amenazando con botar a la calle a miles de trabajadores por cuanto no quieren asumir la obligación de contratar directamente a quienes son el motor que genera la acumulación de la riqueza, propia del capitalismo salvaje dominante. Algo que ya era previsible para la opinión pública que mira con repudio la codicia de un tal Mauricio Pinto, quien ha decidido romper todo lazo laboral y dejar en la desocupación a más de 100 jefes de hogar.
Es hora de definiciones, la Asamblea Constituyente se apresta a decretar la Carta de Defunción de la oprobiosa Tercerización, pero hay que tener mucho cuidado pues, dentro de la asamblea propios y extraños tratarán de tumbar o modificar el Mandato Constitucional, para no afectar a los empresarios chacales que han hecho de la intermediación laboral, una despreciable forma de explotación del hombre por el hombre.
Con el doble filo e incoherencia habitual del discurso del presidente Rafael Correa, cuando el pasado 1° de mayo, teniendo a su lado a los dirigentes sindicales, en la plaza San Francisco de Quito, aseguró que el estado quebraría si se diese paso a la contratación de todos los trabajadores tercerizados del país. Al respecto, hay razones para ser escéptico, pues no es lo mismo “regular la contratación laboral” que eliminar toda forma de trabajo precario. La oferta de campaña de Correa nunca ofreció eliminar la Tercerización, sino regularla.
En el sector petrolero la mafia de la Intermediación Laboral también ha creado nuevos ricos, gracias al reparto de las ganancias a favor de las tercerizadoras. Por ejemplo, un ayudante de producción gana 350 dólares, a quien se le pasa cada tres meses de una a otra empresa, para evitar la afiliación al Seguro Social o impedir el pago de los fondos de reserva. Entre tanto, Petroecuador o cualquiera de las filiales, paga a la intermediaria entre 1000 y 2000 dólares, por el servicio. La diferencia, al bolsillo del sanguijuela que se alimenta del sudor ajeno.
Este es el común denominador del sector petrolero, la fuerza de trabajo que cuida las instalaciones petroleras de día y de noche, los mecánicos e instrumentistas que ponen a punto las máquinas, son los “parias” de la columna vertebral de una industria que genera millones de dólares diarios. El Ecuador debe saber que el brazo derecho de todas las empresas petroleras es el trabajador tercerizado, sino recuerde Ud. amigo lector, que quienes sostuvieron la producción del Bloque 15, cuando los tecnócratas saboteadores de la OXY, decidieron abandonar las instalaciones en Edén Yuturi, por cuanto se les acabó la teta de las utilidades, fueron los técnicos contratistas de Conducto, vale decir un puñado de longos ecuatorianos, que se sumaron con los estatales, para sostener la operación.
La larga y oscura noche neoliberal no se elimina por decreto, los obreros han de alzar la cabeza, curarse del miedo para no temer por despido alguno, pues el hombre nació para ser libre y luchar por su dignidad. Nada vendrá fácil, los empresarios tienen la capacidad económica de comprar conciencias en la asamblea e impedir que se cristalice la eliminación de la Tercerización. Ellos ya vociferan que no se puede atentar a la libertad de contratación de los obreros, que se perderán miles de puestos de trabajo, que se verán obligados a trasladar sus fábricas al Perú, etc. La repuesta debe ser un tsunami de trabajadores que clamen en Montecristi por la verdadera y única libertad posible, la del derecho al trabajo digno y, a la sindicalización obligatoria, como garantía de estabilidad.
Y si se marchan, qué se vayan, es hora de tomarse las fábricas y, demandar que el gobierno siga los pasos de Chávez en Venezuela, es decir, apoyar a los obreros para montar nuevas empresas, donde reine la producción solidaria y el justo reparto de las ganancias, entre quienes las generan.