La monarquía es símbolo de la unidad del reino, y el ejército, con el rey a su cabeza, su garantía.
Si la unidad de los territorios se percibe hoy en día por el bloque burgués dominante como la garantía de la pervivencia del marco de acumulación de capital, es inconcebible un movimiento republicano revolucionario que no tenga en cuenta a los movimientos de liberación nacional del estado, que no tenga en cuenta la realidad plurinacional del estado y la inexistencia por tanto de España como nación.
El movimiento republicano tiene no obstante otra opción, asumir posturas nacionalistas españolas, afirmar la existencia de España como nación por encima de todo, aliarse firmemente con el reformismo español (IU-PCE), y presentar el modelo estatal republicano envuelto en papel de regalo, en recuerdo a los Pactos de la Moncloa, y como mal menor ante el auge independentista, la crisis económica venidera, y por supuesto, nueva garantía de la unidad del marco de acumulación de capital, es decir, de España.
Hoy, como ayer, desde la burguesía se llegaría a preferir antes una España republicana firmemente española, que rota. Otra cosa sería una república como fruto de un proceso de lucha y acumulación de fuerza unitaria entre organizaciones estatalistas y movimientos independentistas de liberación nacional y social. Eso sí que preocuparía, y mucho.
Reflexionemos, pues.
¡Salud, y arriba los y las que luchan! 
¡Abajo la monarquía! ¡Adelante los pueblos obreros del estado!