«…Si el movimiento obrero y socialista debe recuperar su espíritu, su dinamismo y su iniciativa histórica, nosotros, como marxistas, debemos hacer lo que sin duda Marx habría hecho: reconocer la nueva situación en la que nos encontramos […]. No podemos permitirnos no hacerlo, ahora la crisis ya está aquí»
Eric J. HOBSBAWM, La marcha del movimiento obrero.
Abordar la situación del movimiento obrero hoy en España exige dos cautelas. Primero, la complejidad del asunto a tratar debe llevarnos a superar las habituales referencias sobre la precariedad, la degradación de las condiciones laborales… Segundo, tampoco parece que sea oportuno plantear una radiografía a partir –y exclusivamente– de datos estadísticos. Resulta más plausible abordar ésta desde otros parámetros.
Desde una perspectiva histórica, lo primero que se nos aparece como hecho incontestable es una lectura en términos de derrota del movimiento obrero, desde, al menos, la firma de los Pactos de la Moncloa. Desdibujada la capacidad de atracción y fuerza real de la clase obrera, lo acontecido en estos años tampoco debería llevarnos a un análisis en términos fatalistas. El capital acumulado durante la dictadura y los primeros años de la transición se ha perdido. No obstante, las amplias y rápidas transformaciones en el marco de la reestructuración del capitalismo español han consolidado –con todas las insuficiencias que queramos añadir– unas relaciones capital-trabajo y una ciudadanía laboral, que han supuesto la construcción de un inédito modelo de relaciones laborales en nuestra historia. A lo que cabe sumar lo que es sin duda la mayor herencia del movimiento obrero: la consolidación e institucionalización de un modelo sindical.
Sin embargo, creemos, que el debate es otro: ¿el movimiento obrero puede seguir considerándose el sujeto histórico central del proyecto socialista? Por el momento, y como principio de realidad, cabría apuntar, más aún en unos tiempos de zozobras ideológicas, como sin tener presente la centralidad del “mundo del trabajo”, y las contradicciones de clase, no hay posibilidad de análisis crítico con el objeto de transformar esa misma realidad.
En esta labor de lo que se trata es de interrogarnos por la capacidad de reacción –y margen de maniobra– del movimiento obrero y del sindicalismo de clase. En una coyuntura marcada por los “cantos de sirena” de una crisis económica anunciada, y que en los últimos seis meses se está configurando también en “principio de realidad”, el panorama, en todo caso, no ha variado sustancialmente. Ahora bien, en este nuevo y previsible “ajuste” económico, el “sindicalismo de clase” sigue apostando por un desdibujado y vacío “diálogo social”. Y en esta no-respuesta encontramos otro hecho irrefutable: la “eliminación” de las capacidades defensivas de los intereses de clase por parte del sindicalismo. Llegados aquí la otra pregunta, también obvia, es ¿cuál será la situación límite para provocar una escalada de una conflictividad socio-laboral ya creciente?
En estas lecturas de las realidades, como avanzábamos, han intervenido no sólo las habituales consignas sino la elaboración de unos discursos más centrados en fenómenos culturales o coyunturales, que han desdibujado notablemente la proyección conflictiva de las relaciones capital-trabajo. Probablemente hemos empleado demasiado tiempo en analizar de forma concienzuda que es la precariedad–y todas sus ramificaciones–, así como las sucesivas reformas laborales, obviando, una vez más, lo que habría tenido que ser el núcleo duro del que parten estas mismas transformaciones.
Detengamos, aunque sea por un instante, en esta cuestión, ya que por esta senda podríamos encontrar algunas respuestas sobre los porqués de la falta de proyección del movimiento obrero en nuestros análisis y en la propia realidad, así como las causas de su permanente “crisis”. ¿Qué hay detrás de la «cultura de la precariedad»? ha sido la otra cara de la moneda sobre la que en pocas ocasiones hemos reflexionado. En esta inversión del análisis de la realidad encontraríamos no sólo la reestructuración de las relaciones capital-trabajo, sino la reconfiguración del modelo de producción, que nos esboza a su vez dos cuestiones centrales: por un lado, la completa “metamorfosis” de la cuestión social –como anunciará Robert Castel–; y por otro la formación de todo un nuevo grupo social o subclase que más allá de estar constituido por trabajadores precarios/as, convive con una clase obrera y/o trabajadora socializada durante la dictadura, que a la postre ha fracturado su cohesión interna y cortocircuitado la transmisión de una memoria de lucha y experiencia militante.
Esta reorganización interna de la clase trabajadora –con unas fronteras borrosas entre la nueva y la vieja clase obrera– nos presenta otro hecho histórico indudable: la permanencia en lo fundamental de una estructura de clases, que a pesar de sus sobresalientes cambios cualitativos en su interior, se mantiene inalterada en lo numérico, aunque el incremento exponencial de la explotación del trabajo ha tenido como resultado su creciente empobrecimiento global. Con dos consecuencias paralelas: primero, la desaparición progresiva de la legitimidad social del Estado como garante del equilibrio de las relaciones capital-trabajo, y segundo, la imposición, prácticamente, incontestable de una lógica empresarial que domina todos los espacios de decisión económica, política, social y cultural.
En esta tesitura, la mutación frontal de los presupuestos de los que partía la generación de la izquierda anticapitalista protagonista de la transición ha sido de tal calibre, que el “armazón” central del pensamiento crítico se ha resquebrajado. No deja de ser contradictorio como las grandes preguntas que guiaron la acción política y sindical de las fuerzas transformadoras durante la dictadura, han dejado paso –sin contradicciones aparentes– a unos presupuestos minimalistas en donde la defensa de las conquistas alcanzadas se proyectan a medio plazo como los objetivos inmediatos. Diluyéndose a su vez, al menos, tres grandes cuestiones que deberían sustentar cualquier acercamiento mínimamente crítico al tema. En primer lugar, la centralidad de la cuestión obrera; segundo, la devaluación del conflicto laboral, junto con la normalización de la denominada “paz social”, ha tenido la “virtud” de generar un microcosmos justificativo del actual estado de cosas; y tercero, el gran interrogante es sí podemos hablar de una “clase trabajadora”, más allá de los presupuestos teóricos, que nos permitan vislumbrar, si bien no un grupo homogéneo, al menos un bloque que pueda considerarse el “sujeto histórico” del proyecto emancipatorio.
Asumir estos principios de realidad –y evitar proclamas sobre “retornos” gloriosos– se nos presenta como la mejor fórmula para dotarnos de unas herramientas analíticas con el objeto de recuperar y reconstruir la potencialidad transformadora del movimiento obrero como sujeto histórico del cambio social.
#1.- MENOS ROLLO Y MAS MANTECA AL BOLLO
jACINTO MALAGA|03-05-2008 10:24
La crisis no es un elemento nuevo y no estoy de acuerda en que esta acaba de aparecer, la crisis es la constante en el modelo economico del capitalismo si es cierto que hoy aparece con mas virulencia porque es global pero el capitalismo es el mismo, con la renovacion de su aparato ideologico esta mas acomodado que nunca en la historia de sus contracicciones. Los diferentes cambios producidos desde las revoluciones industriales siempre conllevo la respuesta del M. Obrero, respuestas tardias que hacian que en el  tiempo se volviera en contra, pues en este tiempo  el capitalismo se volvia a renobar con lo cual el capitalismo estaba y esta dos capitulos por delante. La incapacidad se da por muchos factores y siempre buscando la escusa que los trabajadores no estaban por la valor de luchas, "se teorizaba que estaban aburguesados" este engaño se da por organizaciones entre otros de caracter marxistas que lejos de teorizar sobre los cambios producidos se acomodaban en instituciones y cargos publicos, La  desconfianfa de los trabajadores en el "sindicalismo de clase" o como se llame esta plenamente justificada, el porque confiar en sindicatos de parlanchines por un lado, movilizando y por otro lado pactando a espalda de los mismos afectados. Por diferentes hechos historicos hoy los marxistas aportan poco a la recontitucion del M. Obrero, porque siguen institucionalizados y se justifican en no hacer nada con lemas de las CONDICIONES OBJETIVAS NO SON LAS ADECUADAS.
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#2
JACINTO DE MALAGA|03-05-2008 10:28
LO CIENTO POR LA FALTA DE ORTOGRAFIA, ESTUVE POCO TIEMPO EN EL COLEGIO.
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#3.- PALAGANEROS
manolo|03-05-2008 11:08
Joe, partes de la desconfianza en los trabjadores, al PCE no le vendria mal que se desprendiera de su alianza extrategica con CCOO estos estan con el  sindicalismo de servicios juntos a otros mariachis del sistema, las clase sociales son reproducidas por el capitalismo es su constante el PCE que se deje de monserjas  y se aclare  donde esta, no se puede estar con dios y el diablo al mismo tiempo  el PCE juega en estos terrenos y  asi les va, como es ?posible¿ que sigais en ccoo si estos mariachis firman todo lo que le hechen. Ser clarito y no justifiqueis la desconfianza que teneis de los trabajadores. Estais institucionalizados y esto acomoda y vivir que son dos dias 
   
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#4.- HISTORIETAS
VALE|03-05-2008 11:18
loS PACTOS DE LA MONCLOA ES EL PASADO Y YO ESTUVE DE ACUERDO , LOS MILITARES ESTABAN AMENAZANDO Y LAS COSAS SON COMO SON
TRAS EL GOLPE DE TEJEROS LOS REVOLUCIONARIOS QUE SE OPUSIERON A LOS PACTOS SE APUNTARON AL PSOE HUYENDO DECIAN DE LA IZQUIERDA PACTISTA jajajaj, estos se cagaron con el golpe de tejerod y cia desapareciero los MCE - BR - ORT - LCR - Y OTROS COMUNISTILLAS NACIONALISTAS, los pactos fueron respaldados por los trabajadores eston saben que son expolotados pero no tontos, los pactos posibilitaron el desmembramiento del golpismo militar adecuandoce la mayoria en la defensa de la constitucion pirrica que hoy tenemos, TEJERO Y CIA FRACAZARON PORQUE CON EL PACTISMO SE CONSIGUIERON AVANCES POLITICOS
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#5.- Apunte para pie de foto
Suso|03-05-2008 12:23
En la foto. Militantes del Sindiato de la Construción de Madrid se concentran en la sede de CCOO para denunciar el convenio firmado a espaldas de los trabajadores.
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#6.- Apunte para pie de foto
Suso|03-05-2008 12:24
Ecçxcusas.... con las prisas.... militantes del sindicato de la construcion de la CNT de Madrid
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