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El movimiento de cara a Copenhague
Existe enorme diferencia entre las protestas alrededor de cumbres señaladas como ilegítimas –G-8, FMI, BM, OMC,.. y la movilización alrededor de una conferencia que tiene mucha más legitimidad.
Matteo Dean | La Jornada | 8-12-2009 a las 23:11 | 409 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/movimiento-de-cara-copenhague

La conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático, la llamada COP15, además de representar un horizonte inevitable si la humanidad quiere rescatar lo que aún se puede salvar de la devastación ambiental producida en los últimos 200 años, se perfila como una óptima oportunidad para medir y recomponer el movimiento social global. Ya lo hemos dicho anteriormente: mucho se centra en la calidad de los razonamientos y en la capacidad tanto de desarrollarlos como de imponerlos a los (ex) poderosos del planeta.

Antes de adentrarnos en el ámbito de las ideas, conviene describir algunas novedades importantes con respecto de la movilización que se está organizando alrededor de COP15.

Ante todo es importante subrayar la enorme diferencia entre las protestas organizadas alrededor de cumbres generalmente señaladas como ilegítimas –G-8, FMI, BM, OMC, etcétera– y la movilización alrededor de una conferencia que tiene mucha más legitimidad de existir o, por lo menos, es mucho más legitimada por distintos sectores del movimiento. Esto es un hecho fundamental, pues éste es el enfoque que el movimiento manifestará en Copenhague: será la combinación de protesta/contestación y diálogo con las partes reunidas. El objetivo general no será bloquear a los delegados, asediar la cumbre, cancelar el encuentro entre los poderosos, sino, al contrario: determinar la conferencia e imponer puntos de vista y decisiones. Claro, habrá algo de protesta, sobre todo a la luz de la ley, aprobada en tan sólo 72 horas, que asigna un mínimo de 40 días de cárcel para los llamados troublemakers. Las organizaciones ya están preguntando: ¿quiénes son los crea problemas? ¿Nosotros o ustedes, gobiernos que destruyen el planeta?

Con todo, y a pesar de lo anterior, esta conferencia representa para el movimiento la posibilidad concreta de una recomposición alrededor del tema ecológico. Una recomposición que se viene buscando desde hace unos años y que, por única vez, tiene la posibilidad de desarrollarse no tanto alrededor de las oposiciones, sino de las propuestas.

Hasta ahora, el asunto climático y ecológico ha sido enfrentado con dos actitudes. Por un lado, con la visión, casi catastrófica, de que el mundo estaría al borde de una destrucción de magnas proporciones y entonces se lanza la apelación a la salvaguarda de la naturaleza; por el otro, sobre todo en el ámbito de la reflexión crítica, el asunto ecológico siempre ha jugado un papel secundario, pues antes venía lo económico y lo social: la única dialéctica posible o importante era entre trabajo y capital.

La coyuntura actual, pero sobre todo la crisis ecológica actual, quizás nos permita salir de esta dicotomía y meternos de lleno en otros ámbitos de reflexión, es decir, la dialéctica entre el capital y la vida: no hay justicia social sin justicia ecológica. Y viceversa.

El movimiento tendrá que tener mucho cuidado en no caer en la trampa de la propuesta green economy, promovida por el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Sin duda, producir bienes y generar energía de manera limpia ayudará; nos hará bien en cuanto seres humanos. Pero la cuestión central es otra: el control y el manejo de esa producción y esa generación. Es el monopolio de los conocimientos y de las tecnologías lo que hay que vencer primero. Así las cosas, el capitalismo verde no es otra cosa que la propuesta de salida de la crisis por parte del capital, el enésimo revire que el capital realiza cuando descubre sus propios límites estructurales.

Y entonces, si son las ideas y las nuevas reflexiones el potencial valor adjunto de este movimiento, será importante plantear alternativas, viables y eficaces, que sólo podrán serlo si prefiguran la liberación de la humanidad. Del sueño a la realidad, según muchos activistas que ya caminan rumbo a Copenhague, el tema central de esta época es la independencia. Si el problema real no es la producción limpia y ecocompatible, sino la manera capitalista de implementarla, entonces lo que hay que reclamar es la independencia del crecimiento permanente y explotador del capital.

Por ejemplo, soberanía alimentaria, que se traduce en independencia de la esclavitud de las siembras transgénicas, que además de lo dicho provoca dependencia de los productores agrícolas; independencia en la producción de saberes y circulación de los mismos, y, sobre todo, independencia energética. Este último aspecto conlleva una crítica importante al modelo productivo de los agrocombustibles, lo cual a su vez abre el terreno para comenzar a fincar las responsabilidades de las crisis actuales también en otras latitudes del planeta.

Es fácil hablar hoy de decrecimiento como oportunidad de salvación frente al desastre inminente. Y no es posible criticar a quienes justamente creemos en esta posibilidad como salida. Pero tampoco hay que ilusionarse: el decrecimiento individual, personal, aunque fuera comunitario, solamente alarga la vida del actual modelo capitalista, pues hace durar más sus fuentes energéticas. En realidad, decrecimiento es hacer independientes nuestras necesidades del crecimiento devastador del capital. Dicho a la manera de los que están a punto de manifestarse en Copenhague: ¡Haz crecer tu independencia, acorta tu dependencia!

http://www.jornada.unam.mx/2009/12/07/index.php?section=opinion&article=018a1pol
 
Más información:

|08-12-2009

Un vecino del barrio de Exarjia cuenta qué pasó en el aniversario de Alexis Grigorópulos
Crónica desde Atenas



Desde la manifestación del pasado 17 de noviembre, aniversario de la matanza de estudiantes en el Politejnío, algo en la atmósfera estaba enrarecido, y no sólo por el uso indiscriminado de lacrimógenos por parte de los cuerpos policiales griegos.

La policía se había propuesto controlar la situación, evitar que sucediera lo mismo que en diciembre del año pasado, y no se ha andado con titubeos a la hora de mostrar su fuerza. En aquella manifestación del 17 de noviembre los cuerpos de antidisturbios, MAT, como aquí los llaman, nos rodearon por completo de manera provocativa hasta llegar a la embajada estadounidense, lanzaron gases y embistieron alguna que otra vez. Los manifestantes corrimos toda la avenida Alexandras abajo, la única salida que los antidisturbios habían dejado libre, mientras se lanzaban piedras y se quemaba algún contenedor de basura. Ese día, al final de la carrera, fueron detenidas 150 personas de manera simultánea, a las que habría que añadir más de cincuenta detenciones en distintos puntos del centro de Atenas.

Fue una auténtica exhibición de fuerza, con más de 10.000 agentes llegados de toda Grecia, que se une a otras medidas tomadas en las últimas semanas por el recién elegido gobierno socialista.

En el barrio de Exarjia, el más combativo, vivimos una auténtica ocupación policial. Casi a diario, por la mañana sobre todo, grupos de antidisturbios preparados para atacar se apostan en las esquinas para dejar claro que controlan la situación y sembrar el miedo entre los habitantes. Pese a que los vecinos llevamos mucho tiempo acostumbrados a esta desproporcionada ostentación de fuerza, en la última semana ha alcanzado límites intolerables, ante la cercanía del primer aniversario del asesinato policial de Aléxandros Grigorópulos, el día 6 de diciembre.

Otra medida preventiva ridícula ha sido la de cerrar las universidades la semana pasada con la excusa de la nueva gripe. Las universidades en Grecia tienen prohibido el acceso policial y temían que, como otras veces, se utilizaran como refugio ante los ataques de los cuerpos de seguridad del Estado. Por fortuna los estudiantes ocuparon algunas facultades, la del Politejnío, en pleno barrio de Exarjia, y la de Económicas, donde la policía lanzó gases lacrimógenos para intentar evitarlo, entre otras. También se ocupó el Rectorado y se pudo contar con él como lugar a salvo de la represión policial durante la multitudinaria manifestación de ayer, día 6.

Otra medida, que sufrí en propia carne, fue la de la detención preventiva e ilegal de personas que acudíamos a dicha manifestación en el centro de Atenas, en la calle Panepistimíu, para conmemorar el aniversario del asesinato del joven Aléxandros. Las calles de Atenas estaban plagadas de policía secreta, bastante identificable, por otra parte, que exigían los papeles a todo aquel que consideraban sospechoso de ir a manifestarse.

Pasaba yo con un amigo por delante de uno de estos grupos y nos pidieron que nos identificáramos. Así lo hicimos y estaba todo en regla.

Quizá por ser yo español, o porque llevan toda la semana diciendo que grupos de anarquistas del extranjero se han desplazado aquí para montar jaleo (que conste que trabajo y vivo en Exarjia), o quizá porque me negué a hablarles en griego para no darles más información de la estrictamente necesaria, el caso es que nos llevaron a comisaría para una supuesta comprobación de datos. Todavía faltaba más de una hora para que empezara la manifestación.

No estábamos detenidos, se nos decía, pero nos llevaron a la Central de Policía (GADA) y nos retuvieron durante más de cuatro horas con el único objetivo de evitar que participáramos en la marcha.

En la planta undécima de la gran comisaría había otras sesenta personas que relataban detenciones similares a la nuestra. Sobre ninguna de ellas pesaba acusación de ningún tipo.

La manifestación, según me han contado los que pudieron asistir, transcurrió con altercados, como era de esperar, lacrimógenos y carreras. Los antidisturbios intentaron aislar a los grupos anarquistas de los demás manifestantes, pero lo que realmente consiguieron fue deshacer la columna y sembrar el caos nada más empezar la marcha. Durante todo el mediodía se produjeron altercados también en otros lugares de la ciudad, y un grupo de personas permaneció buena parte de la tarde protegida en el Rectorado y rodeada por agentes.

A las nueve de la noche de ayer los vecinos estábamos convocados a otra concentración en el lugar en el que asesinaron a Aléxandros. El barrio estaba tomado por completo por las fuerzas del orden. Por la tarde un policía había lanzado una bomba lacrimógena dentro del local de los inmigrantes de Exarjia. Había barricadas y humo de basura quemada por las calles.

La policía no atacó esa noche, pero su presencia y sus gestos provocadores fueron constantes.

Desde la revuelta de diciembre del año pasado, la concienciación y la participación en actos contra el poder ha aumentado de manera notable. Como cabía esperar, la represión también.

A estas horas, madrugada del martes 8 de diciembre, los helicópteros de la policía sobrevolando el barrio nos confirman que la lucha continúa.

Chemi Espinosa


Comentarios (1)

#2

josvalenc|08-12-2009 23:30

MUCHO RUIDO ...
TODO EL TIEMPO HACIENDO ESTAS ASAMBLEAS QUE PAGAMOS LOS POBRES CONTRIBUYENTES PARA NO LLEGAR A NADA.
---------
EL TIEMPO LO VA DICIENDO

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