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Moriré de cara al sol

Hoy se cumplen 113 años de la muerte de José Martí
Tyllahpiuz Dellmar | Para Kaos en la Red | 19-5-2008 | 553 lecturas
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  El lugar era conocido por Dos Ríos,  ya que cerca de ese paraje del centro de la llamada Provincia de Oriente,  el río Contramaestre une sus aguas al Cauto, el mayor   de la isla de Cuba  Por aquellas tierras los hombres ya hacía días  se enfrentaban armas en mano;  los representantes del poder español,  trataban de sofocar la rebelión de los hijos de aquella tierra, que rehusaba seguir siendo colonia.

  Aquel 19 de mayo de 1895,  fuerzas cubanas y españolas habían trabado un confuso combate; dos hombres a caballo,  avanzaron  desapercibidos de que entre los arbustos, la infantería española había tomado posiciones; tras una descarga de fusilería, uno de los hombres cayó mortalmente herido. Ese hombre se llamaba José Julián Martí y Pérez.

  Había desembarcado, en frágil esquife, el 11 de abril de aquel año, por un lugar conocido como Playitas de Cajobabo, a escasos kilómetros de la Punta de Maísi,  extremo mas oriental de la isla, y el mas cercano a la isla de Quisqueya ó la Española, de donde provenían él y los cinco restantes tripulantes del bote,  tres de los cuales eran dominicanos: el General Máximo Gómez, César Salas y Marcos del Rosario. Fueron después hacia una casa cercana,  donde vivía un campesino llamado Salustiano Leyva, que  aunque no sabía a quienes había recibido, los trató con la típica hospitalidad del campesino cubano. Sólo 39 días viviría Martí en esa su postrera estancia en Cuba.

  Sin la increíble labor de Martí, la Guerra de Independencia de 1895 es muy probable que no hubiese comenzado de esa forma, ni que se hubiera logrado la simultaneidad de los alzamientos, ni la unidad que mostraron los independentistas cubanos durante la mayor parte de la guerra. Todo aquello fue fruto de la paciente, serena y detallada labor de organización, persuasión y discreción de aquel hombre de mediana estatura, delicada salud y extraordinarias aptitudes para la literatura, el periodismo y la crítica artística: cualidades ó aptitudes inadecuadas, pudiera pensarse,   para conducir a curtidos veteranos hacia una conflagración militar.

  Y fue Martí quien, con su palabra vibrante y su ardoroso tesón; con su dulce persuasión, su cuidadosa y discreta organización, logró lo que otros, con más historia y don de mando, no pudieron lograr en largos años: organizar a los cubanos, logrando la unidad alrededor del Partido Revolucionario Cubano.

  Y fueron las callosas y humildes manos de los tabaqueros de Ibor City y Cayo Hueso; de las laboriosas emigraciones en EE.UU., Santo Domingo, Costa Rica, Jamaica y otros lugares en el extranjero; de la arriesgada y valerosa acción de los independentistas en Cuba, los que prepararon el alzamiento. La mayor parte de los que ayudaron, dieron sus fondos, y se lanzaron a la lucha, fueron hombres de condición humilde: ¡De los tabaqueros, suelen hablar con desdén los que no tienen el valor del trabajo, ni el de ganar con sus manos, sea cual sea la labor, una vida libre y honrada!”;(…) “se viene encima, amasado por los trabajadores, un mundo nuevo”; (…)”Con los pobres de la tierra, quiero yo mi suerte echar”

  La Guerra siguió su curso inexorable tras la muerte de Martí, y tras múltiples azares, Cuba fue  independiente. Para algunos, la figura de Martí era tan solo una mas entre los muchos hijos de esta bella tierra que vertieron su sangre por hacerla libre. Otros, sin embargo, lo recordaban: cuentan que cuando  Carmen Zayas-Bazán, la viuda del Maestro,  se encontró con el Generalísimo Gómez una vez terminada la contienda,  notó que el egregio hijo de Baní llevaba una medalla con una foto de Martí: a una pregunta de ella, él le contestó que la había llevado durante toda la guerra.

  El propio Gómez inauguraría la estatua del Apóstol en el Parque Central de la Habana, el 28 de enero de 1904. Pero no era la República que había nacido en 1902 la que anhelaba Martí (amordazada por la Enmienda Platt), y su prédica un poco se había perdido; había muchos a los cuales no convenían sus ideas; por eso lo quisieron ignorar primero, y encerrar en inaccesible urna, después. Ya lo decía la célebre clave,  escrita a principios del siglo XX: “Martí, no debió de morir, ¡ay, de morir!,   Si fuera, el maestro del día, otro gallo cantaría, la patria se salvaría y Cuba sería Feliz”

  Sería mas tarde, cuando la guía de aquellos que lo conocieron, y con el empuje de la sangre nueva, el pensamiento martiano es retomado, y fue sorprendiendo por su amplitud, su entereza y su permanente actualidad, pues no fue un hombre que escribió solo para sus contemporáneos: Martí escribió para la eternidad.

  José Martí no dejó, como dejan algunos hombres, una herencia material importante: dicen que apenas había dejado su leontina para que se le entregara a su hijo si moría; sin embargo, pocos hombres han legado a su pueblo y todos los hombres del mundo (Patria es Humanidad) una herencia tan duradera.

  Porque, además del recuerdo que había dejado entre muchos hombres que lo conocieron y compartieron sus luchas, quedó su pensamiento. Quedó una obra política y literaria tan amplia y tan profunda, que ese “misterio que nos acompaña” (como escribió en su momento José Lezama Lima), sigue siendo inspiración para los cubanos, y los demás hijos de lo que el llamó “Nuestra América”.

  Hay quienes han hablado de mística, otros de santidad. Toda la obra de Martí rebosa de un claro humanismo y de un altísimo contenido ético; no hay en él un solo llamado a fomentar odios entre hombres por creencias ó idearios políticos de ningún signo; rompió lanzas contra el racismo en una sociedad lastrada por las divisiones raciales (“Hombre es mucho mas que blanco, mas que mulato, mas que negro. Cubano es mas que blanco, mas que mulato, mas que negro”…”El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos) ;  enalteció a la mujer en una sociedad donde ésta era enajenada y marginada ( No es que falte a la mujer capacidad alguna de las que posee el hombre, sino que su naturaleza fina y sensible le señala quehaceres mas difíciles y superiores” … “Las campañas de los pueblos sólo son débiles, cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer).

  Martí fue latinoamericanista sin ser xenófobo; anticolonialista sin ser antiespañol; antiimperialista sin ser antinorteamericano; procuró organizar una guerra para hacer independiente a Cuba y reforzar la independencia de Nuestra América, sin odios y en donde todos los cubanos  y los hombres de bien pudieran buscar la felicidad: ¡Con todos y para el bien de todos! Pocos  escritores políticos  han sido tan antidogmáticos como Martí. Pocos  tan profundos, como en su memorable escrito Nuestra América (1891): “No hay proa que taje una nube de ideas”, “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”; ó en la Lectura en Steck Hall (1880);  y la vez, capaces de hablar a los niños con tanto encanto y sabiduría como se lee en “La Edad de Oro”.

  Cuando reclamaba que no lo pusieran a morir en lo oscuro, como un traidor, sino como bueno, de cara al sol, tal vez pensaba  en que no se le relegara y se le permitiera  ocupar un puesto en la lucha; sabía Martí que en un momento  tan trascendental para el pueblo de Cuba como el de la Guerra de Independencia, quien no combatiese armas en mano, difícilmente sería respetado. Por ello partió hacia Cuba, para demostrar que su hombría no era sólo palabras bien hilvanadas.

  Con esa riqueza puesta ante nuestros ojos se nos presenta: con sus ideas, plasmadas en sus libros, en sus poemas, en sus artículos de prensa (especialmente en el periódico Patria, fundado por el 14 de marzo de 1892), en su extensa correspondencia.  Los cubanos y todos los latinoamericanos, sus legítimos herederos, podemos y debemos acceder a ese tesoro, que es el verso y la palabra martiana, “arroyo de la sierra y   “monte de espuma ; y por sobre todo, por su acento latinoamericano: “(…)Nuestra patria es una, empieza en el Río Grande, y va a parar en los montes fangosos de la Patagonia

  Y lo leeremos con el   placer y el orgullo de lo nuestro, pues toda su obra nos llena porque:

  Mi verso al valiente agrada:

Mi verso, breve y sincero,

Es del vigor del acero

Con que se funde la espada

  Nota: Las  notas en negrita son tomadas de  textos escritos por el propio  Martí.

 
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