MODO DE PRODUCCION Y CLASES SOCIALES
EN LA VIDA COLONIAL DEL ISTMO DE PANAMA
Por Olmedo Beluche
En el libro Formas ideológicas de la nación panameña, establece Ricaurte Soler una distinción de la formación social panameña del período colonial con respecto al resto de la colonia hispanoamericana: "Tales particularidades dicen relación directa con un hecho que importa sobremanera destacar: las relaciones económicas y sociales típicamente feudales, tan características del resto de los países hispanoamericanos, no arraigaron con intensidad en el Istmo" (1).
Evidentemente, en este trabajo Soler no ha madurado todavía su concepción de "ni panfeudalismo, ni pancapitalismo". Importa destacar aquí lo que era evidente para el Soler joven, y con lo que coincidimos plenamente, las relaciones económicas y sociales del período colonial istmeño no pueden ser calificadas de feudales.
Respecto al tipo de régimen social de la colonia, analizaremos más adelante las tesis de Sergio Bagú, que habla de un "capitalismo colonial" (2),o de Nahuel Moreno, que utiliza el término "capitalismo comercial, feudal o bárbaro". Volviendo al caso panameño consideramos que, analizar nuestra historia, intentar explicar el surgimiento de nuestra nación, y de nuestro sentido de "lo nacional", no puede realizarse en el marco de una teorización abstracta o meramente conceptual. Es preciso confrontar los intentos de interpretación histórica con los hechos pasados, pues la realidad misma es la que puede arrojar luz sobre el debate. Por esa razón, nos parece que ese análisis no puede hacerse al margen de la obra de nuestro más fecundo historiador del período colonial istmeño, el Dr. Alfredo Castillero Calvo.
En múltiples trabajos, de los cuales destaca Conquista, evangelización y resistencia, Castillero Calvo retrata vivamente la sociedad colonial istmeña, sus gentes, clases sociales, costumbres, gustos, actividades productivas, luchas y conspiraciones políticas.Pretendemos apoyar nuestra reflexión sobre este tema en el análisis histórico realizado por Castillero.
I. Relaciones sociales de producción en la colonia:
Del largo debate sobre el carácter social de la colonia, feudal o capitalista, uno de los elementos que, a primera vista, parece absolutamente irrebatible es que las relaciones productivas en la que se sustentaba esta sociedad eran principalmente de tipo precapitalista: esclavitud y formas serviles, como la encomienda y la mita. No existía una de las precondiciones de la sociedad capitalista, un mercado libre de fuerza de trabajo que explotar bajo formas completamente asalariadas.
Sin embargo, de la realidad colonial hispana, tan vivamente retratada por los trabajos de Alfredo Castillero Calvo, se desprenden algunos hechos que hay que tomar en consideración:
1. Las formas de explotación laboral precapitalistas parecen estar en función de un objetivo capitalista, la ganancia (la acumulación por la vía del mercado), ya que las entidades para las que trabajan el esclavo negro o el indio encomendado o mitero trabajan como empresas capitalistas. Todo está en función del mercado, no en función de una economía de subsistencia o de escaso intercambio comercial como la feudal.
La extracción de metales preciosos se hace pensando en un mercado europeo, al otro lado del océano. La producción de ganado y otros productos de consumo, tienen como objetivo los mercados urbanos, de donde son extraídos, o a donde convergen los minerales extraídos camino de Europa (Panamá-Portobelo). Esta intensa actividad económica salta rápidamente a la vista en los trabajos de Castillero Calvo.
"Para la explotación metalífera, por otra parte, era preciso organizar, previamente, otros aspectos de la economía sin los cuales aquella habría sido muy difícil, sino imposible. Antes, era necesario organizar la mano de obra disponible, asegurar la producción alimentaria y sentar las bases para una economía de mercado.Para lo primero se implantó un doble sistema laboral basado en la esclavitud y la encomienda indígena-, para hacer trabajar a los indios en los "conucos", con arreglo a una nueva disciplina productiva (para ellos antes desconocida e inimaginable) cuyos excedentes se destinarían a la demanda de las futuras expediciones marítimas hacia otros puntos del Caribe o hacia nuevos núcleos de colonización... Al mismo tiempo que esto ocurría, y como venimos señalando, el Conquistador trata de complementar esa producción con los cultivos y crianzas importados del Viejo Mundo; una y otra actividad inspiradas no sólo en una nueva concepción de la economía y de aprovechamiento de los espacios, sino también en nuevas racionalizaciones sobre el trabajo humano y sobre la propiedad y uso de la tierra, también antes desconocidas en el Caribe..." (3).
Cabe agregar que el carácter esencial de la economía feudal es la debilidad del intercambio comercial y la autosuficiencia del feudo, característica que no se cumple en la colonización americana, ni siquiera en las entidades que más se acercaron a la autarquía, las encomiendas o las misiones jesuíticas, o el "engenho" brasileño.
Serio Bagú afirma: "Es posible que las primeras encomiendas hayan tendido a ser autosuficientes pero, en todo caso, estuvo ello permanentemente condicionado al hallazgo de metales preciosos en el subsuelo. Descubierto el metal, la unidad autosuficiente se quiebra con estrépito. Los indios comienzan a producir para el mercado europeo y el señor vive con la mente puesta en el intercambio" (4).
Respecto al "engenho" y las misiones agrega Bagú que tenían como aspiración la autosuficiencia, la cual cumplieron en gran medida hasta entrado el siglo XIX, pero no reproducen "en toda su fuerza la unidad económica feudal", ya que uno producía azúcar para la exportación y las otrasproveían ciudades, como Potosí.
André Gunder Frank señala que la hacienda colonial autosubsistente, aislada y estancada, que ha servido de modelo para interpretar el supuesto feudalismo americano, es producto de una evolución posterior, cuando la actividad económica de los mercados a los que estas haciendas abastecían había decaído o desaparecido, por diversos motivos, como el cierre de minas, el dinamismo de regiones nuevas, etc.
Visto de esta manera, estas haciendas no constituirían el núcleo nodal del modo de producción vigente en la colonia, sino un remanente del mismo ya en su momento de decadencia. En un primer momento, utilizaron formas de explotación precapitalista para sostener una acumulación de tipo capitalista, produciendo para el mercado. Luego de desaparecido el mercado y el auge original, estas haciendas se quedaron con las formas de producción feudalizantes.
"Estas consideraciones sugieren otras dos hipótesis relacionadas: una es, el latifundio, sin tener en cuenta si hoy se nos presenta como una finca o hacienda, nació típicamente como empresa comercial que creó sus propias instituciones que le permitieron responder al aumento de la demanda en el mercado nacional y mundial ampliando sus tierras, su capital y su trabajo e incrementando el abastecimiento de sus productos. La quinta hipótesis es que los latifundios que parecían aislados, basados en la subsistencia y semifeudales, realmente vieron declinar la demanda de sus productos y de su capacidad productiva. Estos se encuentran principalmente en las antes mencionadas regiones de exportación minera y agrícola, cuyas actividades económicas decayeron en general. Estas dos hipótesis corren parejas a la noción de mucha gente y a la opinión de algunos historiadores..., de acuerdo con las cuales las raíces históricas y las causas socioeconómicas de los latifundios y de las instituciones de América Latina deben buscarse en la transferencia de las instituciones feudales de Europa..." (5).
2. Los intentos tempranos de la Corona por proteger a los indios, incorporándoles como súbditos y asimilándolos a la religión Católica y las instituciones políticas españolas (reducciones), parecen estar en función del objetivo económico de garantizar la mano de obra, incluso en el marco de ciertas formas mercantiles de venta de fuerza de trabajo, más que de un "piadoso" objetivo religioso de "salvar sus almas". O más bien, éste último escondía aquel otro.
En 1510 Antonio de Montesinos aboga en favor de la protección a los indígenas, ganando para esta causa a Bartolomé de Las Casas (Castillero señala que muchas de sus denuncias son descripciones de hechos ocurridos en Panamá). En 1512 ya han sido promulgadas las Leyes de Burgos, con cuyo mandato llega Pedrarias en 1514, cuyo objeto es proteger a la población indígena que ya ha sido sometida.
Lo que no fue óbice para que Gaspar de Espinosa masacrara decenas de miles de indios istmeños, entre 1515 y 1517, porque dicha legislación le declaraba la "Justa Guerra" a los indios insumisos. Hacia 1549 se prohibió la esclavitud de los indios.Las encomiendas, repartimientos y servicios personales de los mismos se suprimió en 1551 mediante la Real Provisión de Cigales (6).
A nuestro juicio, el móvil fundamental de la violencia contra el indio, y posteriormente, el negro, es de profundas razones económicas, y se encuentra en la necesidadde asegurar una mano de obra que, de otro modo, no estaba dispuesta a someterse.
En este sentido, la principal tesis de Castillero es que la evangelización de los indios originales fracasó, ya que éstos tan pronto podían escapaban a las montañas, huyendo de una forma de vida que no comprendían y que rompía sus ancestrales costumbres. Lo que sí dio resultado fue el mestizaje, por el cual los descendientes de indios, mezclados y "aculturizados" acabaron incorporándose al régimen social hispano. El mestizaje permitió una recuperación demográfica y la superación de formas coercitivas de trabajo.
"En Panamá, como en otras partes de América, el resultado evidente y por lo demás inevitable,fue la pérdida de la identidad cultural indígena, ... Gracias también al mestizaje, la campiña volvió a recuperarse demográficamente, de modo que cada vez había más brazos y pudieron abrirse nuevas fronteras económicas" (7).
3. Podemos caracterizar dos momentos de la relación de los españoles con los indios:
a. El primero, el de la Conquista como tal, en que predomina el saqueo y genocidio ("cabalgadas"). Acá el objetivo del conquistador es arrebatar todo el oro que pueda para llevárselo. Si bien, robar oro no se corresponde con la actitud "productiva" típica de un capitalista, tampoco es una actitud típicamente feudal. No hay que olvidar el móvil original del conquistador americano era comercial, esto fue lo que trajo a Cristóbal Colón.
"La documentación fiscal conservada para los años de la administración de Pedrarias, entre 1514 y 1526, es de una elocuencia rotunda. Los impuestos revelan que durante los primeros años, los mayores ingresos proceden de la acción violenta y la rapiña. Estos son los impuestos que se conocen como "cabalgadas" y "venta de indios" como esclavos. Son los años más feroces de la Conquista" (8).
b. El segundo momento, de la colonización como tal, el sometimiento de nuevos súbditosy tierras, tiene en principio el objetivo de explotar "productivamente" las minas de oro y plata del continente americano. En función de ese objetivo principal se organiza la vida colonial, lo que tampoco parece muy feudal y en cambio sí hace a la esencia del capitalismo.
"A medida que avanzan los años, las "cabalgadas" ceden al trueque con los indios, al oro de minas, es decir impuestos que se adquieren mediante el trabajo forzado de la indiada, ya sometida, que es obligada a trabajar en los lavaderos auríferos. De todas formas es una etapa nueva, en la que la relación es menos violenta con los sometidos. Se avanza hacia un cambio cualitativo en el proceso de la Conquista.
 
Lo interesante es que esta transición de la violencia guerrera a la explotación laboral, coincide con las fundaciones de Panamá, Nombre de Dios y Natá entre 1519 y 1522. Y es a partir de 1519 - es decir, con la fundación de Panamá- se inicia un cambio de orientación. De la etapa inestable, experimental, guerrera, se ingresa a una fase de relativa estabilidad y sedentarización" (9).
4. En la fase colonizadora, la persistencia de la explotación de fuerza de trabajo servil y esclavista, he aquí nuestra idea principal, tiene su motivación en la escasez de mano de obra, más que en la existencia de un "feudalismo americano".
Castillero estima en cifras dramáticas el grado que alcanzó el genocidio en el Istmo de Panamá: "Las cifras globales más conservadoras que hasta ahora han manejado los eruditos para la población panameña preecolombina oscila entre 150,000 y 250,000 habitantes. Si esto es correcto, y dado que las zonas de mayor concentración humana a la llegada del español se encontraba, precisamente, entre los cacicazgos de Azuero y Darién, probablemente en esta zona vivía un 70% del total de los pobladores del Istmo, digamos que entre 100,000 y 175,000 habitantes. Como acabamos de ver sólo quedaban unos 13,000 indígenas supervivientes para 1522, lo que significa que, ya para entonces, a penas a una década de iniciarse la Conquista, la población aborigen había quedado reducida a entre un 12% y un 7% de la población original" (10).
Por eso es que, pese a las tempranas leyes protectoras de los indios, que prohibían su esclavización, Castillero encuentra que éstas no se cumplen a cabalidad. Que los españoles siguieran sometiendo por la fuerza los indígenas, se debía fundamentalmente a una necesidad económica de brazos para laborar. Pero así mismo, en la medida en que la población indígena se recupera, hacia mediados del siglo XVI, se producen legislaciones que liberan de la compulsión la mano de obra india (11). ¿Será por casualidad que estos dos hechos coinciden en el tiempo?
Sobre los repartimientos, forma que adquiere la explotación de la mano de obra indígena una vez que se prohiben las encomiendas, dice Castillero: "Tal vez tenía más importancia, sin embargo, la implantación del repartimiento, uno de los sistemas laborales que se prestó a mayores abusos durante el período colonial, y tras el que se ocultaba el principio de que el indio, dada la condición de inferioridad que le asignó el conquistador, debía servirle a éste cada vez que lo necesitara. Esta sería, por otra parte, una solución laboral inevitable, dada la tremenda escasez de brazos..." (12).
5. También encontramos en la vida colonial descrita por Castillero un papel creciente de las formas asalariadas de trabajo, mucho más de lo que algunos historiadores quieren admitir. Pareciera que la esclavitud, la encomienda y la mita hubieran obnubilado a los estudiosos de tal modo que se niegan a ver que éstas también dieron paso a otras formas asalariadas de producción a medida que la población se reponía y desaparecía la escasez de mano de obra.
Desde un principio hubo intentos por incorporar al indio al mercado libre de productos y fuerza de trabajo, mediante los poblados de indios, o reducciones, los que debían estar ubicados en la periferia de los poblados de españoles para proveerlos de trabajadores y otros productos agrícolas.
"A cada pueblo de indios de 1558, en efecto, se le asignaba un circuito jurisdiccional de unas dos leguas a la redonda para sus cultivos y crianzas. La comunidad sería dueña de estas tierras y su cosecha. Con su producción pagarían al doctrinero y al "mayoral" que les enseñaba las técnicas de crianzas y cultivos. Cada indio cabeza de familia estaría obligado a pagar por año un peso de plata como tributo o impuesto personal a la corona. Esto era equivalente al salario de un peón urbano por un día de trabajo, lo que realmente no era mucho...
 
Se esperaba, aparentemente, que la concentración de la mano de obra indígena libre aseguraría una producción de alimentos y bienes que contribuiría a garantizar las subsistencias de Panamá y Natá, es decir que esta producción tendría un mercado seguro. Sin embargo esta producción no se plantea, al menos no de manera explícita, como una actividad compulsiva, ya que el indio -en principio- era libre de rehusarse a participar del mercado" (13).
Respecto de la mita o repartimiento Castillero describe en qué consiste la forma como se implanta en Panamá: "... es un sistema de organización del trabajo compulsorio consistente en una especie de servicio forzoso que obligaba a los indios, a cambio de un salario módico, a ciertas tareas de utilidad pública, como la construcción de caminos, puentes e iglesias, y a servir a las autoridades en campañas militares en calidad de zapadores, cargadores e incluso soldados. Todavía no está claro si, además de esto, el indio, siendo ya libre, podía ser también repartido entre los españoles para servirles en sus actividades privadas, también a cambio de una paga. Esto vendría después. La diferencia fundamental con el trabajo de encomienda, el de los naborías, o los esclavos, era que el indio repartido recibía por su trabajo un sueldo" (14).
La búsqueda de mano de obra llevó a los españoles, no sólo a traer indios a reducciones ubicadas en las inmediaciones de sus poblados, sino también a fundar algunos pueblos blancos junto a pueblos indios ya existentes. Este es el caso de la colonización de Azuero por los habitantes de Natá, que se trasladan hasta las cercanías de los poblados indios de Parita y Cubita, fundando la Villa de Los Santos.
Castillero habla incluso de que la ubicación en ese sitio se debe a la búsqueda de "mano de obra barata", lo que da la idea de formas asalariadas de relación laboral. Es más, aclara que: "En Cubita, la mayoría de los indios acabaron trabajando como peones, aunque asalariados, para los colonos de la futura villa santeña" (15).
Es importante señalar la opinión de Sergio Bagú, para el cual las formas de trabajo asalariado, que denomina "bastardas", como la mita o cuatequil, sólo esconden una variante de la esclavitud, y no un real mercado de trabajo al estilo del moderno capitalismo. Para Bagú, tanto este "salario bastardeado" como la esclavitud abierta se insertan claramente en un régimen capitalista y no feudal, y van a constituir uno de los motores del floreciente capitalismo comercial de los siglos XVII y XVIII y fuente de acumulación que permitirá el surgimiento del capitalismo industrial en el siglo XIX (16).
6. El peso del mercado y el dinero es tal que influye hasta en los curas, representantes de la institución más feudal de las persistentes hasta nuestros días. Castillero Calvo dedica un ameno capítulo de su libro al estudio del "camarico o la pitanza del doctrinero", que es el tributo que los poblados indígenas reducidos están obligados a pagar al cura que los adoctrina en materia religiosa.
Según Castilllero, la institución del camarico duró de 1569 a 1610, fecha esta última en que empezaron a reportar el descontento de los indios con esta carga económica, pero sobre todo, la reticencia del obispado de pagar el salario del cura. En principio, se había establecido que el cura doctrinero recibiera un salario anual de 300 pesos procedente del obispado, además de que los indios "le diesen al dicho clérigo el camarico que es darle de comer y beber y cera y vino para decir misas".
Pero el "darle de comer y beber" al cura resultó un eufemismo que escondía la explotación de los poblados indígenas en favor del enriquecimiento de los curas. Castillero hace cálculos que estiman el alto costo que debían pagar los indios a cada cura, tanto en vino, como carne y maíz. Tan sólo en vino, la contribución de los indios al cura (12 botijas anuales a un precio de 9 pesos por botija) resultaba mucho mayor que el impuesto a la corona de un peso por cabeza.
Lo mismo ocurría con el camarico en carne vacuna, que fue establecido en una vaca y una ternera cada mes, con lo que tenía para alimentar hasta 12 personas a la vez, según las estimaciones de Castillero. El equivalente de 12 a 60 fanegas de maíz entregados por año que equivalían a unos 4,000 a 20,000 bollos, de los que un cura sólo podría ingerir dos por día.
¿Qué pasaba con todo este vino, carne o maíz, lo deglutía todo el cura? No, iba a dar al mercado, y servía como medio de acumulación de los clérigos que acababan en ganaderos muchos de ellos. Al respecto dice Castillero: "Probablemente parte (del camerico) la repartía con las demás personas que vivían bajo su mismo techo, tal vez algún pariente cercano, la servidumbre. Pero aún así debía sobrarle bastante maíz. No tengo reparos en sugerir que este sobrante , así como la carne de los novillos, ingresaba al mercado como una mercancía más. Después de todo, el camarico era parte del estipendio que cobraba el doctrinero por sus servicios. ¿Por qué no iba a usarlo como cualquier otro instrumento de cambio?" (17).
Y agrega más adelante, refiriéndose al sueldo de los doctrineros: "Si no tenía en qué gastar, como probablemente era el caso, y le sobraban 300 pesos, podía, por ejemplo, comprar en un solo año hasta 120 reses y formar, en poco tiempo, un hato numeroso, convirtiéndose en ganadero importante de la región... Pero hay muchos documentos que aluden a sacerdotes del Interior con crecidas haciendas ganaderas. ¿Será esa la explicación?" (18).
Como se puede apreciar, la actividad de los representantes de la principal institución parida por la sociedad feudal, la Iglesia Católica, excedía las meras preocupaciones "espirituales" para ocuparse de cosas más "prosaicas" y "crematísticas". ¡Sin duda eran los aires de una nueva época!
Sergio Bagú ubica a la Iglesia como uno de los agentes que estimulan una rápida acumulación de capitales en las colonias, sirviendo muchas veces como capital financiero, ya que las grandes sumas de dinero en manos de ésta era reinvertida en forma de hipotecas y préstamos (19).
II. Los "negocios" de las clases dominantes criollas:
Castillero Calvo nos traza una vívida descripción de las élites locales istmeñas y de sus actividades económicas, de la que se desprende que, pese a los títulos nobiliarios, que pueden producir una engañosa apariencia feudal, estas actividades eran negocios típicamente capitalistas. Para nada se trata de una nobleza feudal que vive de la servidumbre en condiciones autárquicas y de escaso intercambio económico.
Por el contrario, se trata de clases sociales que desarrollan una febril actividad económica, dedicadas al comercio intensivo, cuyos negocios saltan de la producción ganadera, al tráfico de esclavos, extrancción aurífera o de perlas, etc.
"Mientras más se profundiza el estudio de la época más evidente se hace el hecho de que las élites capitalinas (y sobre todo las élites capitalinas, mucho más que las de cualquier otra comunidad local, incluso Portobelo), lejos de limitar su órbita de actividades - como suele creerse -, a los quehaceres terciarios (tránsito, comercio, etc.), mantenían una amplia gama de intereses que virtualmente cubrían todo aquello que pudiera ofrecer algún atractivo material. Eran no solo transportistas, almacenistas, comerciantes en grueso o tenderos, representantes de casas extranjeras y funcionarios de distintos niveles dentro del engranaje gubernamental; también tenían bergantines para la pesquería de perlas en el archipiélago perlífero del Golfo, eran dueños de minas, poseían aserraderos y astilleros, criaban grandes hatos de ganado, tenían estancias agrícolas y tenían casas de alquiler" (20).
Castillero encuentra que, ya para el siglo XVII, las élites dominantes istmeñas llegan a conformar cuatro bloques económicos de influencia política, entre los que se desatan las confrontaciones por el poder político local. Pero señala que, de todos ellos: "En el plano económico uno de los rasgos resaltantes era las diversidad de sus actividades", que ya hemos descrito en la cita anterior.
"Un mismo miembro de las élites podía ser a la vez armador, almacenista, agente de compañías comerciales foráneas o ejercer a gran escala el comercio exterior por cuenta propia, mantener abierta tienda al menudeo, tener aserraderos y casas de alquiler, y ser a la vez ganadero, transportista del Chagres y dueño de mulas para el acarreo transístmico. Otros se dedicaban a los dos transportes transístmicos, mantenían esclavos de alquiler y casas para renta. Y los había quese dedicaban a la vez a la pesquería de perlas, la ganadería y la explotación minera" (21).
Evidentemente el ejercicio de todas estas actividades conexas nada tiene que ver con la actitud "improductiva" y meramente rentística de las castas feudales, ni siquiera del ejercicio de un "comercio feudal". Por todas partes, esta voracidad económica exhala unhálito "capitalista", que tiene efectos no sólo estructurales, sino también culturales y políticos.
Un elemento que suele confundir al observador superficial de la historia colonial americana es el hecho de que estasélites dominantes compraban para sí títulos nobiliarios y cargos públicos ofrecidos en venta por parte de la Corona.
Pero en este caso no se trata del "normal" funcionamiento de la sociedad feudal, sino la manera en que muchos de estos nuevos ricos, buscaban en los títulos y cargos consolidar el status social adquirido ya por la vía económica. Por supuesto, la pervivencia de esta práctica es un indicio de la persistencia de elementos feudales en la sociedad española, sobre todo en el plano de la superestructura social.
Consecuentes con la tesis soleriana de "ni panfeudalismo, ni pancapitalismo", debemos recordar que nos encontramos en una sociedad de transición. Pero también interesa destacar el enorme peso adquirido ya para entonces de las formas sociales y económicas de tipo capitalista frente las interpretaciones históricas que insisten en negarlas.
La venta de títulos nobiliarios y puestos públicos (sobre todo a partir de fines del XVI, según Castillero) obedecía a una necesidad de la propia Corona española, a su falta de dinero para emprender las múltiples guerras europeas en las que se veía envuelta. Lo que a la larga era un indicio de la decadencia histórica en la que había entrado como producto de la competencia que le imponían sociedades capitalistas más modernas como la inglesa, y la supervivencia de su enorme y parasitario aparato burocrático, aristocrático y religioso.
Sergio Bagú dice al resecto: "El señor americano tiene mucho de común con el señor feudal del medioevo; su psicología, sus hábitos, su autonomía, su afán beligerante. Pero, en el orden económico, les separa una distancia: el del medioevo es jefe de una entidad autosuficiente; el de América, de una entidad que produce para el mercado y cuya suerte, que es la suya propia, está regida por leyes y circunstancias que no operan sobre el feudo" (22).
Respecto a la muy difundida actitud de creer que la historia colonial encuentra dos sociedades istmeñas contrapuestas, el comercio transitista (visto como "modernizante", pese a su carácter feudal según Soler) y el interior (atrasado y feudal), Castillero Calvo destaca la íntima relación entre ambas regiones y la coincidencia de los sujetos sociales, al menos entre las clases poseedoras.

#2.- porque estan estupida
laura|11-02-2008 20:37
alanis es una cme mierda,estpida y de todo
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