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Por obra y gracia del presidente George W. Bush, Estados Unidos prefiere mantenerse al margen de las voces que en el mundo se inclinan por un diálogo con Cuba y rechazan la imposición a la isla de un bloqueo obsesivo, causante de pérdidas materiales por valor de más de 89 mil millones de dólares.
El inquilino de la Casa Blanca refutó tajantemente en Washington la posibilidad de establecer cualquier tipo de plática con La Habana, al responder interrogantes periodísticas a propósito de la asunción en la isla de un nuevo Consejo de Estado, encabezado por el presidente, Raúl Castro.
En un lenguaje rústico, que apeló a frases gastadas del más raído arsenal anticomunista, el gobernante que se enfila hacia la cosecha récord de niveles de impopularidad por sus aventuras exteriores y el deterioro de la economía doméstica, reiteró su voluntad de mantener el bloqueo contra Cuba.
Los observadores hicieron notar el contraste entre las rígidas y poco perspicaces declaraciones de Bush y las más realistas de un grupo de personalidades mundiales y legisladores estadounidenses.
El Secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, subrayó tanto en La Habana como en Roma, a su regreso de un fructífero viaje a la isla, su rechazo al bloqueo estadounidense y remarcó que había deseado éxitos en su gestión al nuevo presidente cubano, Raúl Castro.
Su eminencia destacó que le confirmó a Raúl Castro el compromiso de la Santa Sede de promover el acercamiento del mundo a Cuba y compartir convergencias sobre temas internacionales.
Coincidentemente, un segmento nada irrisorio de estadounidenses no coincide con su presidente acerca de la negativa a dialogar con La Habana.
Veinticuatro senadores de Estados Unidos pidieron al gobierno aflojar su política hacia Cuba y buscar una estrategia que calificaron de "cooperación".
Encabezados por el demócrata Max Baucus, senadores de ese partido así como un grupo de republicanos enviaron una carta a la secretaria norteamericana de Estado, Condoleeza Rice, argumentando que ha fallado la política de Washington hacia Cuba, basada en lo que los firmantes llamaron "embargo".
"El sistema político de Cuba se ha mantenido estable después de cinco décadas de intentos estadounidenses de forzar un cambio en la isla", recordaron los senadores en su misiva a la secretaria Rice, y a continuación instaron a dar lo que evaluaron como "una mirada fresca" a la política hacia Cuba.
El documento de los senadores siguió a uno similar enviado recientemente por 104 miembros de la Cámara estadounidense de Representantes.
Más lejano en el tiempo, pero no menos significativo, es la evidencia de que el apoyo al bloqueo contra Cuba de la comunidad de ese origen residente en Estados Unidos se encuentra en su punto histórico más bajo, de acuerdo con una encuesta publicada por la Universidad Internacional de la Florida.
Dada la poca claridad de luces del presidente Bush, es posible que no se haya percatado de la soledad a la que lo condenan sus dogmáticas posiciones.