Los Beatles
  Las generaciones tienden a ser grupos de edades próximas que desarrollan una conciencia similar frente a experiencias relativamente comunes al interpretarlas a la luz de ideas parecidas. Eso hace que la novedad que a veces viene con los grupos de edad se acople con la novedad que a veces existe en las situaciones históricas y con la novedad que a veces se produce en las ideas y sensibilidades.
  Que no se me contradiga, pues si es peligroso generalizar a la hora de emitir juicios de valor, más arriesgado es para la objetividad particularizar. El solipsismo (subjetividad radical) es una actitud mental que sólo vale para uno mismo, para su intimidad o su diario, no para elucubrar mirando al público. Pero en tanto que observador, contamos las cosas según las vemos y sentimos desde nuestra peripecia “única”. Nadie puede pasar de ahí, de meras impresiones personales. No existe, ni de lejos, lo absoluto. Tampoco la estadística puede hacer absoluto lo particular…
  Dicho lo anterior y a pesar de que seguro es que muchos no están de acuerdo porque, al recordar “sólo” los años 40, hubieron de pasarlo mal, hoy hablo positivamente de “mi generación”.
  Mi generación es del 38. Mi generación, la de sus comienzos, es una generación privilegiada. Nacimos con la guerra civil prácticamente terminada y nos libramos de la segunda mundial. Algunos pudieron pasar hambre y tribulaciones, pero no había quien no encontrase refugio en algún pueblo.
  Hablo en términos generales, pues si hubiera que particularizar nos encontraríamos con muchos que no siguieron la misma y afortunada trayectoria vital... Quizá yo no sea un arquetipo porque, siendo mis padres republicanos, no sufrieron especial martirio aunque mi padre tuvo que partir de cero como abogado y jurisconsulto y volver a hacer la carrera cuyo título no le valió. Nada republicano valía… Pero si hubiera de ser prototipo, puedo decir que en general nos educamos de una manera uniforme aunque luego y como es natural, andando el tiempo, cada cual hiciese su personal juicio crítico sobre la política que primero no existía y luego apareció, o sobre la religión, la sociedad, la economía, el derecho o la antropología estudiados u observados.
  Nos empleamos más tarde sin dificultad. Constituimos una familia que se desenvolvía con estabilidad. La vida social podría parecer a más de uno gris, pero era suficientemente gratificante y luminosa como para añorarla. No hemos vuelto a padecer otra guerra. Setenta años son muchos para la historia europea sin guerras o sin tensiones gravísimas que la preparasen. Nosotros no la conocemos y, con casi absoluta seguridad, nos moriremos sin conocer alguna. Nuestro origen, en el aspecto laboral, nos ha permitido lograr un pasar y una seguridad económica envidiable gracias a la pensión que fuimos sufragando de por vida. La inmensa mayoría seguimos disfrutando de una estabilidad psicológica y moral (cada cual a su manera) gracias a la continuidad de la vida en pareja que ha permitido y favorecido una salud integral muy apreciable.
  Hemos ido descubriendo con asombro cuantos avances notables el “progreso” material ha ido aportando. Desde el teléfono fijo hasta el móvil, el automóvil, el avión, pasando por el cine y la televisión en blanco y negro, hasta el color y el plasma.  Toda una suerte de artilugios al servicio doméstico han ido sosteniendo el placer de la comodidad y del entretenimiento permanentemente novedoso. La informática culmina el proceso de un interés creciente que sólo ahora empieza a decaer y que nos hace pensar más en la conveniencia de un ralentizar, si no mejor un retroceder. Pero en cualquier caso una cosa es la excitación que encontramos en cada hallazgo y otra vivir sumidos de lleno en lo mucho hallado y lo mucho dado. Aspirar hoy día sólo a un nuevo modelo de coche que harta al mes siguiente, o estar pendiente de descubrir las delicias del procesador, del móvil o del iPod de última generación, me parece una pálida sombra al lado del destello de nuestra inagotada perplejidad. Pero, oh paradoja, yo, hoy día, atado al volante como todo adicto, si empezase a vivir como quien ahora luce 30 años, jamás conduciría un coche...
  Por último, habida cuenta la deriva del clima y el futuro tenebroso asociado a ella, a la escasez de productos básicos y a una demografía que amenaza la hecatombe, abrigo la impresión de que ésta se producirá coincidendo más o menos con la desaparición de los últimos de mi generación que aún queden.
  ¿Se puede pedir más a la vida? Lo siento mucho por la generación de nuestros nietos a la que sólo dejaremos los despojos, neurosis y estados depresivos... El único lunar es precisamente éste, nuestro egoísmo por "piedad". Es, morir con la sensación de que la culpa de lo que hay hoy en el mundo y de los abusos cometidos sobre la Naturaleza en la que al final todo se apoya es, "necesariamente" nuestra; es irse al otro mundo con el complejo de que yo y mi generación, preocupados más de no incurrir en la severidad con la que fuimos educados, fuimos incapaces de calcular que la extrema relajación de nuestros hijos traería a este mundo mucha más infelicidad continuada por vía de toda clase de excesos y necesidades artificiales nunca suficientemente satisfechas, que de solaz.
  En efecto. Lo orgiástico, la desmesura de Nietzsche, por oposición al metrón griego, a la medida, a la mesura, a lo "apolíneo", aventura para las generaciones de la modernidad un pronto tedio al alcanzar más o menos los 40. De ese tedio ellas darán cuenta y luego dirán si esa oxidación prematura en relación a la nuestra, les compensó al llegar, con la misma suerte, a los 70.