Homenaje a Melchor Rodríguez en el aniversario de su muerte
UN PRESUNTO GRUPO DE FALANGISTAS AUTÉNTICOS REBAUTIZA LA CALLE 'FOMENTO' CON EL NOMBRE DEL DIRIGENTE ANARCOSINDICALISTA
Melchor Rodriguez nació en el sevillano barrio de Triana en 1893. Tempranamente se quedó huérfano de padre al fallecer éste en un accidente labora. El hogar, quedaba reducido a la miseria y al trabajo de su madre, cigarrera y costurera en diversas casas sevillanas. Había de educar a tres hijos.
Melchor cursó estudios primarios en la escuela del asilo. A los trece años trabaja como calderero. Envuelto en la pobreza, ve en los ruedos un camino para sacudirse la miseria, y movido por ese afán abandona su casa y empieza una gira de capea en capea. En la enciclopedia taurina Cossio, se cita a Melchor como el único que alternó la lidia de reses bravas con las actividades políticas.
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Pronto abandonará esta experiencia y roto por una cornada, acabará en Madrid trabajando como chapista. Allí entra en contacto con los círculos libertarios, teniendo el carné nº 3 de la Agrupación Anarquista de la Región Centro, y llegando a ser el presidente del sindicato de carroceros. En las filas de la CNT comienza una lucha en favor de los derechos de los presos, incluso de los presos de ideologías contrarias, lo cual le hace acabar tras las rejas en multitud de ocasiones a lo largo de la monarquía y la República.
Tras el estallido de la guerra, los anarquistas colaboran con el gobierno frente a los sublevados y Melchor Rodríguez fue nombrado en otoño responsable de prisiones. Melchor intenta entonces detener las sacas de los centros penitenciarios madrileños, esto es, los traslados y asesinatos masivos de presos que se producían estando el comunista Santiago Carrillo al frente del Consejo de Orden Público y el socialista Ángel Galarza en el Ministerio de la Gobernación. Melchor prohibió terminantemente en lo sucesivo los traslados nocturnos de reclusos, exigiendo su firma y sello para cualquier movimiento de presos, impuso normas a las milicias que operaban en las cárceles y dio pasos para tomar el control efectivo de las mismas. Esta postura firme frente a los asesinatos le valió el choque con los dirigentes y las milicias comunistas y acusaciones de quintacolumnismo.
El primer enfrentamiento se saldó con su dimisión a cuatro días de su nombramiento. Pero, tras presiones internacionales y del Tribunal Supremo, el Ministro de Justicia del Gobierno republicano, el anarquista García Oliver, le pidió que retomase el cargo con plenos poderes, por lo que en ese momento volvió reforzado. Carillo fue cesado y Melchor Rodríguez consigue así acabar con el terror en las cárceles e imponer garantías en el trato a los prisioneros de guerra. En este pulso, Melchor había llegado a parar en el puente de Ventas a punta de pistola la última de estas negras expediciones que acababan en las fosas comunes de Paracuellos del Jarama.
Apenas había durado tres meses en el cargo, pero ese tiempo había bastado para salvar miles de vidas, que desde entonces lo conocerían con el apelativo cariñoso del "ángel rojo". Muchos de sus correligionarios, sin embargo, le acusaban de ser el ángel traidor, pues incluso en esos terribles años de ceguera sectaria, para Melchor toda vida humana era sagrada. En 1938 se jugó el cuello por permitir que en el funeral de Serafín Álvarez Quintero se exhibiera un crucifijo, cumpliendo la última voluntad del finado. Fue el único crucifijo que se exhibió en público en el Madrid rojo.
Pero el episodio, por el cual la Asamblea de las Naciones Unidas le ha distinguido, sucedió el 8 de diciembre de 1936 en la cárcel de Alcalá de Henares: dos días antes se habían asesinado a los 319 presos de la cárcel de Guadalajara. Tras un bombardeo del ejército nacional en Alcalá, de nuevo la consigna se apoderó de las masas enfervorecidas: A la prisión, a no dejar un preso con vida. El alcalde y el director de la prisión se consideraron impotentes para frenar a la milicia de obreros. Cuando ya estaban a punto de abrir las celdas, se presentó Melchor dispuesto a parar esa locura. Se interpuso con su cuerpo, y gritando que si alguien quisiera matar a un solo preso, primero tenía que acabar con él. Tras horas de discusión, amenazas de muerte contra él, y apuntándole todos los fusiles consiguió disolver a los violentos. Ese día salvó la vida de 1.532 personas. Recibió por ello el reconocimiento de multitud de embajadas de países europeos e iberoamericanos.
Tras su destitución por los comunistas fue nombrado Delegado de cementerios, trabajo que como todos los suyos, se tomó muy en serio. Él mismo revisaba los nichos y sepulturas. Con la entrada de las tropas de Franco, y a pesar de disponer de coche por su cargo oficial, se quedó en Madrid. En noviembre de 1939 fue juzgado por un Consejo de guerra. Incluso el fiscal resaltó sus grandes virtudes cristianas. Pero la injusticia franquista fue implacable. Seis años de cárcel. Después vivió modestamente como empleado de seguros, rechazando toda ayuda económica. Hay testimonios que señalan que nunca renegó de sus ideas y que durante la posguerra trabajó a favor de varios comités clandestinos.
Un día, al volver a casa, encontraron a Melchor desmayado y caído en el suelo, con una herida en la cabeza. Lo trasladaron al Hospital Francisco , y allí fue a verle su íntimo amigo Martín Artajo (Ministro de Asuntos Exteriores). Cuando Melchor recobró la lucidez charlaron largo rato. Martín Artajo llevaba una corbata con los colores anarquistas, y también un crucifijo. Al final de la conversación, Melchor Rodriguez besó la imagen.
Murió el 14 de febrero de 1972. Gentes procedentes de uno y de otro bando, sus compañeros de militancia y aquellos enemigos a los que había salvado la vida, coincidieron aquel día en su entierro, porque no en vano Melchor es un símbolo de reconciliacion. Fue enterrado con un crucifijo y con la bandera rojinegra de la CNT. Se rezó un multitudinario Padrenuestro y cuentan algunos testimonios de la época que al final, algunos falangistas auténticos -es decir, los fieles al pensamiento joseantoniano y opuestos al franquismo- y algunos anarcosindicalistas unieron sus voces cantando en recuerdo de Melchor la vieja canción anarquista Negras Tormentas. Así, con la bella música de la Varsoviana, en plena dictadura, sonaron aquel día en Madrid para Melchor Rodríguez aquellas estrofas: "El bien más preciado es la libertad, hay que defenderla con fe y valor..."
Más de treinta años después de esa muerte, en la capital de España no hay ni un triste monumento, ni una triste placa, ni un triste hueco en el callejero para quien fue su concejal, que vivió y trabajó toda su vida en la ciudad y que aquí llevó a cabo algunos de sus comportamientos más ejemplares.
Casi coincidiendo con el aniversario de su fallecimiento, hace unos días, en la noche madrileña, un pequeño grupo de ciudadanos anónimos, presuntamente vinculados al falangismo auténtico, protagonizaron una modesta acción que tenía el sabor dulce de la clandestinidad y de la libertad. Quisieron que -hasta que alguien se dé cuenta y el SELUR actúe- en una calle de Madrid estuviera algunas horas o algunos días el nombre de Melchor. Por eso, la calle de Fomento, donde se ubicó una de las más sanguinarias checas durante la guerra, pasó a llamarse esa noche calle de Melchor Rodríguez.
video en: http://jarabeautentico.blogspot.com/2008/02/homenaje-melchor-rodrguez.
#1
16-02-2008 14:26
Melchor Rodríguez. El matador sevillano que salvaba vidas.
El 13 de abril de 1938, se enterró en el Madrid republicano, sitiado por las tropas de Franco desde noviembre de 1936, a Serafín Álvarez Quintero. Era Semana Santa, miércoles, y el entierro llevaba cruz alzada y crucifijo, pero no por ser santa la semana, sino porque el anarquista sevillano Melchor Rodríguez así lo había prometido a Joaquín, cuando éste le transmitió el ruego de su hermano moribundo. Melchor fue muy amigo de los comediógrafos de Utrera; ahora tengo delante una foto en la que está entre ellos dos y les echa los brazos por encima del hombro. Es un gesto a la vez amistoso y protector. Nadie como Melchor podía hacerlo.
Sigo con el testimonio de Marías, que pasó toda la guerra en aquel Madrid y allí la acabó, al lado de Besteiro: «Madrid estaba en poder de la violencia. Empezaron los registros, las detenciones, los ’paseos’, es decir, los asesinatos de personas a quienes se llevaba a un lugar apartado y se mataba sin más. La inseguridad fue total». Esa inseguridad aumentaba cuando la aviación franquista bombardeaba las ciudades y mataba a civiles, mujeres y niños. Había entonces gente que intentaba, y en ocasiones conseguía, asaltar las cárceles para asesinar a los detenidos, sospechosos ellos de pertenecer a la llamada quinta columna de la que alardeaba el general Mola... Y seguimos con el recuerdo: «Después las cosas mejoraron mucho; no terminaron las persecuciones, detenciones, en ocasiones muertes, con juicio o sin él, pero en una escala mucho menor y de manera menos irracional y arbitraria».
¿Qué había ocurrido? Acudo ahora al testimonio de Ricardo de la Cierva en su «Historia esencial de la Guerra Civil Española»: «Después de la última matanza de Madrid, que tiene lugar el 3 de diciembre [se refiere a 1936], un anarquista, Melchor Rodríguez García, nombrado delegado especial de prisiones para Madrid y su comarca, se impone con varios actos de valor e impide, de momento la ejecución de los 1.532 presos de la cárcel de Alcalá de Henares»
¿Quién era este Melchor? Un sevillano de 1893, que sale en el Cossío porque fue torero.
De familia pobre, pronto huérfano de padre, obrero muerto en accidente en los muelles del Guadalquivir. La madre, cigarrera y costurera, tenía que sacar adelante a tres hijos. Melchor se hace calderero y luego torero, hasta que una cogida lo retira de los ruedos y vuelve a ser chapista en Madrid. Y anarquista. Tenía el carnet número tres de la Agrupación Anarquista de la Región Centro, y fue presidente del Sindicato de Carroceros. El también anarquista Eduardo de Guzmán recuerda como, en el primer año de la República, Melchor llamó al ministro Miguel Maura «Maura, el de los 108», porque esos habían sido los trabajadores muertos durante su mandato, por cierto, más de la mitad en Andalucía, y la mayoría de estos en Sevilla.
Juan Antonio Pérez Mateos cuenta que cuando el anarcosindicalista Juan García Oliver, ministro de Justicia, nombra a Melchor García para su cargo en Prisiones, éste tenía ya «una larga experiencia en la materia», dice que presumía de «haber estado en las cárceles con todos los gobiernos: había formado parte de los comités pro presos de la CNT». Y, por todo eso, «conocía a los funcionarios de prisiones, y andaba por la galería de presos políticos de la Modelo como por su propia casa». Con la diferencia, que señala Pérez Mateos, de que ahora no era para ayudar a los suyos, sino a los enemigos.
Pero eso no influyó en su actitud. Cuando pedía comida para los presos, le dijo un alto gerifalte de la Junta de Defensa de Madrid: «No sé por qué te preocupas tanto de los presos fascistas». Y el impulsivo sevillano, encolerizado, le replicó: «Me preocupo de ellos porque es mi obligación. Si hay que fusilarlos o no, eso es cosa de los tribunales. Son hombres y hay que darles de comer. En cuanto a las ideologías, yo las respeto todas».
A él no lo respetaron tanto. Y en su defensa de los presos antirrepublicanos expuso su vida más de una vez pistola en mano; y otras con su palabra convincente. Recoge Pérez Mateos una carta a Melchor de Fernández Moreno, director en aquel momento de la prisión alcalaína, que recuerda como, tras la muerte de siete personas y otras cuarenta y cinco heridas por un bombardeo, «el pueblo se levantó en ira; creció la ola de venganza y alguien dio la voz ’A la prisión, a no dejar un solo preso con vida’». Ya no podían contener a la muchedumbre que quería irrumpir en la prisión. hasta que llegó Melchor y -cuenta el director de la cárcel- «hizo uso de la palabra, protestando, recriminando, con una valentía, con una claridad meridiana, poniendo en las palabras un acento de amor hacía el caído, que emocionó a todos de tal forma que los que le escucharon desistieron de sus pretensiones»...De momento...
Luego vinieron más. Melchor llegó a tener muchos fusiles apuntando ha cia él, y a todos consiguió convencerlos. Fue por entonces que se produjo «la llegada inoportuna de una camioneta con veintitantos detenidos, a quienes pretendían linchar a la entrada de la prisión, cosa bárbara que usted impidió en persona parapetando ’ el vehículo con su propio cuerpo y a pecho descubierto desafiando la muerte». En fin, que por algo le llamaron, desde el otro lado de la trinchera, «el Ángel Rojo», pues salvó esas vidas de Alcalá y miles más. Por ejemplo: Muñoz Grandes, Fernández Cuesta, Javier Martín Artajo..
Era alcalde de Madrid cuando acabó la guerra, con Besteiro, que también ayudó a tanta gente. Esto cuenta Marías: «Temo que casi nadie movió un solo dedo en su ayuda cuando hubiera sido menester». Y esto cuenta Eduardo de Guzmán de Melchor Rodríguez -«con su abnegada y generosa actuación, no tiene equivalente en la zona contraría»-: «el llamado ’Ángel Rojo’ por la propaganda adversaria, verá recompensados sus desvelos a favor de presos y perseguidos con una larga serie de detenciones, juicios y condenas». Y añade Dolores Ibárruri: «Por los agentes de la Junta, especialmente por Melchor Rodríguez, el director anarquista de Prisiones, fueron entregados a Franco decenas de comunistas hechos prisioneros en los días de la Junta». Eso fue cuando el golpe del coronel Casado; pero señalemos que Melchor ya no estaba a cargo de las cárceles, sino de los cementerios, y en todo trabajó con tesón ejemplar.
Cuando ya en los años cuarenta pudo salir de la cárcel, fue empleado en una compañía de seguros, y vivía con su antiguo compañero de capeas, el banderillero Castillito, y la esposa de éste, en un modesto piso de la madrileña calle de la Libertad. Allí murió, y dicen que nunca pidió ayudas a nadie ni de nadie las admitió y cuando se reunía a comer con alguien nunca dejó que le invitaran.
Murió el 14 de febrero de 1972. Y cuentan que en su entierro alguien rezó -Melchor negó ser cristiano siempre, incluso ante los diversos tribunales que lo condenaron- y también que hubo algunos de los presentes que cantaron A las barricadas... No lo sé, porque yo no estuve. Pero si fue así -el canto, digo- sería en voz baja. No era aquel, precisamente, tiempo de canciones.
Por Victor Marquez Reviriego
El Mundo. Andalucía. 10 Noviembre 2007
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#2
Manuel Grossi|16-02-2008 16:16
Melchor Rodríguez no fue ni un ángel, ni un santo, ni un humanista. Fue un anarquista.
Y los señores de FA, dejad de apropiaros de símbolos ajenos, si quereis hacer un homenaje a Melchor Rodríguez por su comportamiento ejemplar en el trato a los presos falangistas muy bien, pero no modifiqueis la historia para que parezca que tenía algún tipo de afinidad con el falangismo. Igual que haceis con Durruti, que haceis con Cipriano Mera, o que haceis con Ángel Pestaña.
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#3
Huron rojo|16-02-2008 22:59
Que eso de que un grupo de falangistas ha rebautizado una calle en nombre de un anarcosindicalista?? que son esas mezclas esto suena muy raro ehh fascismo y anarcosindicalismo no son nada compatibles aunque estos señores se llamen nacionales sindicalistas
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#4.- Afinidades anarquistas-falangistas
M. A.|17-02-2008 14:06
Hay más afinidades entre Falanfe y CNT de las que parecen. Citaré algunas. Para empezar, la Falange se inspiró en la CNT para crear su bandera, uno de sus fundadores dijo: "cogimos el rojo y el negro, como  los  de la Confederación". Hubo contactos entre sus directivas, de hecho el líder de la FAI, Abad de Santillán, iba a entrevistarse con José ANtonio en la cárcel cuando estalló la guerra (y en su libro defiende su figura). Después, falangistas y anarquistas eran los mayores opuestos a los nacionalismos no de España, sino de regiones, así como de injerencias de fuera, ya sean alemanas, italianas o rusas. Por último diré que la mayoría eran los obreros más pobres, por eso muchos se conocían de la propias fábricas, no como los del PSOE y PCE, que había mucho pequeñoburgués...
Por cierto, no tengo nada que ver con FA
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#5.- Afinidades anarquistas-falangistas
M. A.|17-02-2008 14:15
Hay más afinidades entre Falanfe y CNT de las que parecen. Citaré algunas. Para empezar, la Falange se inspiró en la CNT para crear su bandera, uno de sus fundadores dijo: "cogimos el rojo y el negro, como  los  de la Confederación". Hubo contactos entre sus directivas, de hecho el líder de la FAI, Abad de Santillán, iba a entrevistarse con José ANtonio en la cárcel cuando estalló la guerra (y en su libro defiende su figura). Después, falangistas y anarquistas eran los mayores opuestos a los nacionalismos no de España, sino de regiones, así como de injerencias de fuera, ya sean alemanas, italianas o rusas. Por último diré que la mayoría eran los obreros más pobres, por eso muchos se conocían de la propias fábricas, no como los del PSOE y PCE, que había mucho pequeñoburgués...
Por cierto, no tengo nada que ver con FA
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#6
PEPE|10-04-2008 13:48
Estos de la falange son unos "autenticos"  sinvergüenzas tergiversan y fastidian todo lo que tocan. Dejadnos en paz. Ocupaos de los campamementos de la Oje o de lo que sea que hagais.
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#7
PEPE|10-04-2008 13:51
Por cierto: ¿Alguien sabe quien esta Miriam Ben Ami que esta en todas las salsas y que se atreve con todo?
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