Martín Amis
          Hace ya cierto tiempo, la fotografía del ministro de Exteriores germano, el "verde" Joschka Fischer, golpeando a un policía en una refriega callejera como militante de extrema izquierda, a principios de los setenta, daba hace un tiempo la medida de qué iba el debate. El día en que aparecieron algunos que compartimos las inquietudes del Fischer de entonces, no pudimos por menos que restregarnos los ojos. En nuestra dilatada memoria este tipo de foto siempre eran al revés, es más, lo sigue siendo. Los disidentes se manifiestan, la policía golpea, detiene y no pocas veces, tortura e incluso mata, incluso en el "civilizado" Occidente. Lo han hecho hace unos días "preventivamente" en Washington, como lo hicieron sin contemplaciones en Génova, aquí tenemos álbumes para todos los gustos, pero la foto del escándalo era la de Fischer más los comentarios del policía dolido, y finalmente, el ministro “verde” pidiendo disculpas. El paso siguiente de Fischer fue justificar la ocupación norteamericana de Irak como mal menor…
            Por aquellos mismos días, al menos otro par de “arrepentidos” como José Mª Mendiluce y Pantxo Unzueta aprovecharon para escribir que ellos también fueron radicales, y que, bueno, en la época eso pudo estar justificado. En realidad, no dejaron de serlo porque se arrepintieran, lo hicieron porque como radiales no podrían haber llegado a donde llegaron, o a sea a salir en la foto.
            Este enfoque se está reproduciendo ahora en los medias con la publicación en Gran Bretaña del último libro de Martín Amis que en castellano sería editada por Anagrama con el título de Koba el Terrible: las risas y los 20 millones de muertos (1).  Si nos atenemos a las informaciones que nos ofrecen, después de ofrecer en los capítulos centrales un retrato de Stalin y su era,  la primera y la última parte quieren ser una aproximación personal al debate sobre la condescendencia intelectual de Europa con el comunismo, o sea Stalin es igual al comunismo, ergo, todos los comunistas…Se trata de un viejo debate histórico cuyos antecedentes acompañaron la propia revolución de Octubre, y seguiría luego sin interrupción, abordando cada paso por el curso tomado por la Rusia Soviética, sin embargo, después de la descomposición del llamado "socialismo real", ahora más que de un debate se trata de un juicio sumarísimo.
            Vale la pena recordar que en dicho debate, históricamente la derecha inequívocamente se alineó con Stalin --una revolución institucionalizada-- contra la Oposición de izquierdas, lo mismo que la socialdemocracia que lo vio siempre más "realista" el estalinismo, aunque aquí conviene ajustar no pocos matices y giros, así por el desastre del partido comunista alemán enfrentado "principalmente" contra la socialdemocracia, auspiciando el ascenso de Hitler sobre la división obrera, dio lugar una auténtica conmoción en las filas socialistas de la que entre nosotros se hizo amplio eco la corriente "caballerista" (de Largo Caballero). La "caza de brujas" que siguió al oscuro asesinato de Kirov (un estalinista que buscaba una amplia coalición contra Stalin, sobre todo por las tremendas consecuencias de la aceleración industrial) dio lugar a un recrudecimiento del cuestionamiento de la burocracia, sin embargo, cuando Orwell trata de publicar su "inocente" Rebelión en la granja se encuentra con un frente de rechazo que va desde el conservador T.S. Eliot hasta el laborismo de derecha y de izquierdas. El ascenso del nazi-fascismo, las derrotas del movimiento obrero en España y Francia, la IIª Guerra Mundial, y la consiguiente victoria aliada en la IIª Guerra Mundial serán factores que contribuirían a  reafirmar el poder del estalinismo, no se cuestiona a los vencedores, no obstante, el debate prosigue…Los años sesenta-setenta significan en este terreno el impulso de un historiografía de signo marxista y democrático que pondrá toda la historia oficial de la URSS contra las cuerdas (2). La ola de los mayor del 68 será básicamente antiestalinista aunque seguirá siendo la parte más oscura de la oleada maoísta.
            Desde los años sesenta, se desarrolla una perspectiva crítica que se fundamenta en las aportaciones de la disidencia, en la  ampliación de las fuentes documentales con los archivos de Smolenks --saqueado por los nazis--, y en la propia apertura jruscheviana (Jruschev viene a reconocer el horror estalinismo, aunque lo reduce a un pecado personalista). Gradualmente se imponen los trabajos de una nueva generación de historiadores del comunismo que tienen que separar entre la paja y el trigo, de hecho lo mismo que se había hecho con la historia del catolicismo pasado o con la historia de la democracia: nadie confunde Jefferson con el esclavismo aunque los padres de 1776 tuvieron esclavos…Entonces era el capitalismo el que estaba sentado en el banquillo de los acusados, no en vano se le hacía responsable de la miseria de los trabajadores, del abismo de los países coloniales, de auspiciar dictaduras --vean sino la historia española--, de dos guerras mundiales, de financiar y beneficiares del nazi-fascismo, y también de hacer la vida imposible a todas las revoluciones, comenzando por la soviética. Hasta 1929 el Foreigh Office tuvo su mesa planea para intervenir en la URSS.
            Pero todo esto ha desaparecido del escenario en el que ahora se impone un Tribunal de la Historia que únicamente juzga al "comunismo", y para ello, únicamente utiliza un acusado: José Stalin. Y cuando se habla de "debate" sobre la "gran cuestión" se cita las repercusiones del "Libro Negro" en Francia e Italia (3), se olvida también de otros "debates" como el  orquestado por un tal Joseph MacCarthy al principios de los años cincuenta que movió toneladas de tintas, por no hablar de los habidos en la España de la postguerra. También entonces existía ya un único veredicto, el que ya estableció Pío XI, a saber que el comunismo era "intrínsecamente perverso" o por decirlo con las palabras de "nuestro" Serrano Súñer: "Rusia era culpable". Esta lógica maniqueísta ya había funcionado en otros ámbitos, y Tribunales semejantes habían dictado sentencia contra la herejía religiosa, contra el liberalismo, contra los "bárbaros" que se opusieron a la colonización, o contra el socialismo desde 1830. En el caso del "comunismo" o de "Rusia", evidentemente no se trataba de denunciar sus ignominias --que existían--, sino que se instrumentalizaban estas para magnificarlas hasta el punto de hacerle responsable de todos los males, y de paso, lo cual no era menos importante, lavar la cara de todos los Gulags del sistema. Se establecía una normativa según la cual el estalinismo (el "comunismo") era ante todo el resultado de una opción ideológica, y no el producto de unas circunstancias concretas en las que, tanto el paso zarista como el cerco internacional, tenían mucho más que ver. Stalin comenzó simplemente haciendo de la necesidad virtud, y decir que gracias a su gente ya había acabado (la revolución), lo que en realidad no había tenido oportunidad de comenzar…
          Es evidente que a Amis le ha funcionado el ardid, buscaba la controversia y la ha encontrado, el libro pues no pasará desapercibido. No es necesario que su ajuste de cuentas cumpla minímamente lo que promete en sus solapas: "Amis nos entrega quizá las 100 mejores páginas que se han escrito sobre Stalin", como el "Libro Negro" no necesita la aprobación de los historiadores (4). Seguramente le sobra con el eco logrado, ahora se convertirá en un instrumento de consumo para la legión de conservadores que necesitan más munición en su interesada amalgama que puede reproducirse a placer  (Stalin=comunismo=Lenin=Trotsky=Castro= disidencia anticapitalista=¿nazismo?). El objetivo era enterrar la revolución, y el estalinismo ha facilitado (enormemente) la faena. En contra cualquier comunista o excomunista, y sí hasta los tribunalistas mejor considerados. Fuera del orden solo estará…el comunismo.
        Porque se trata de toda una amalgama, empezando por el "fantasma de mi padre", el también novelista Kingsley Amis, que entre 1941 y 1956 militó en el Partido Comunista Británico para acabar convertido en un reaccionario militante del partido conservador. Se nos dice que Kingsley abandonó el PC británico cuando la revolución húngara, pero no se explica porque en 1941 se "convirtió" en comunista, algo que pudo hacer por ejemplo como otros, viendo la complicidad de los liberales con el fascismo (Spender, Auden),  contemplando la actitud de Wiston Churchill y los conservadores en las colonias (Foster, el propio Orwell), ante la guerra civil española o por la timoratería laborista en un caso u otro. También el hijo es un arrepentido. Los arrepentidos hacen su nombre contra el sistema, y luego son recibidos como hijos pródigos, así el caso resulta una variación manida de aquello de quién no ha sido anarquista de joven es que no tiene corazón, pero quién no es conservador luego es que no tiene cerebro, una variación del arrepentimiento final que al que según la Iglesia tramontana estaban condenado todos los descreídos... Esta expiación se convertiría casi en una moda en los ochenta-noventa. Pero a diferencia de otras épocas, ahora se añade una negrura más, saber, por la amalgama ideológica  el comunismo y el nazismo se presentan como hermanos gemelos.
          Tampoco en esta cuestión se requiere mayor esfuerzo. Se trata --escribe Garton en El País (29-09-02)-- ante todo de "nuestra memoria colectiva del siglo XX". Pero esta memoria se reduce a "las actitudes occidentales respecto al nazismo y el comunismo", y para demostrar esta reducción se limita a citar "lo que el escritor británico Ferdinand Mount ha llamado acertadamente una "asimetría de indulgencia"; y no hay más. ¿Importa el pequeño detalle que los comunistas en los países ocupados fueron la oposición más irreductible del nazismo?, ¿o que la mayor parte de empresarios fuesen "realistas" durante el mismo tiempo?, ¿dónde estaba la democracia-cristiana bajo Hitler o Mussolini?. Como tanta otra gente de orden, Garton se dirige al centro de su cuadrilátero y enfoca el pequeño rincón en el que, sin mayores requisitos, puede preguntarse como es posible que    cenara "hace unos años cené, en Copenhague, en un restaurante llamado KGB. (…) Es difícil imaginar un local de moda con el nombre de Gestapo. Así que no está mal que recordemos nombres como Kolyma, Vorkuta o Butykri, y no los usemos nunca a la ligera"; es lo que él hace. En estos campos las víctimas más perseguidas, eran gente que se reclamaba del "comunismo", no en vano el "Gran Terror" se hizo contra la generación de la revolución, alguien que en una ocasión hubiera tenido conexión con Zinóviev o Bujarín, era carne de campo de exterminio (5). La mayor y más irreductible oposición al estalinismo fue por parte…de los comunistas.
          Semejante simetría --consagrada por la cita de un particular, para que más--, no es desde luego nueva, aunque se podrían establecer desde otros ángulos con la Gran Bretaña de la época, por ejemplo por el ángulo de la expansión colonial, o por el ángulo de la complicidad con los fascismos. Por otro lado, las simetrías son bastante parciales. El nazismo quería lo que realizó, lo justificaba y lo justifica, sus argumentos Alemania necesitaba su espacio vital, y como "raza de señores" se tenía que imponer, ideas que no fueron originales, y que estaban en el ambiente de la derecha británica. Parte de estos rasgos fueron reproducidos por el apartheid sudafricano que también fue sostenido por Churchill y tutti quanti (el mariscal Montgomery fue un admirador del sistema), pero no teman que los Garton se hagan alguna pregunta al respecto. Mientras que el nazismo fue monolítico, el estalinismo empero, tiene tiempos diferentes, caras muy diferentes en el poder y en la resistencia, amén de una contradicción radical entre lo que decía y lo que hacía, el última instancia se trató de mantener en un vacío social tremendo los privilegios de una minoría burocrática que tenía que esconder su ilegitimidad por la mistificación ideológica
          Esto no puede ocultar que, a pesar de su aislamiento y de la guerra, Octubre bullió hasta finales de los años veinte, sin esta realidad la tentación comunista que atraviesa el siglo  XX no tendría explicación posible. La maquinaria de muerte del estalinismo no empezó a funcionar hasta la mitad de los años treinta. Se trató de un fenómeno que se desarrollaba en el imaginario popular como una difícil apuesta en contra de los horrores del capitalismo; igual que muchos obreros polacos se refugiaron en la Iglesia en contra de los desafueros del  "comunismo". Parece obvio que muy pocos comunistas de la tropa pudieron ser conscientes de que dicha máquina no era una mera proyección de la propaganda anticomunista, una propaganda que comenzó a describir a los bolcheviques como asesinos escondidos debajo de la cama desde antes de Octubre, ¿no llamaron a Rosa Luxemburgo la "sanguinaria"?, ¿no han tratado de presentar al Che como un ”asesino”?. 
        Sin embargo, en los hechos, el estalinismo era incompatible con el comunismo, además,  sin la influencia del estalinismo en el PC alemán el nazismo no habría accedido al poder (al menos no sin una resistencia encarnizada). Stalin y Hitler  compartieron a veces la misma represión, ya que, como es sabido, Stalin "devolvió" a Hitler muchos comunistas, también tenía su fobia a los judíos, fue capaz de liquidar en los años treinta partidos comunistas casi enteros como el polaco ("infectado del luxemburguismo"). Sus víctimas fueron muy diversas, pero su furia represiva estuvo dirigida a sus oponentes, en particular contra los "trotskistas", aunque estos no supieran nada del "trotskismo”.
        Mientras que el capitalismo suele parecer algo ajeno a hechos terribles desde los tiempos de la "trata de negros", el "comunismo" es un concepto tan genérico –una finalidad- como el cristianismo, y de hecho nunca ha existido. No hay constancia de ninguna sociedad que funcionara como tal, el nombre fue simplemente un subrayado radical argumentado por Lenin para contraponerlo al de socialdemócrata después de la "Gran Guerra", y se refería a una sociedad futura de la que en Octubre se quería poner las primeras piedras; Rusia nunca conoció siquiera el socialismo sino algo mucho más difícil de definir. Como cualquier otro ismo idealista, el concepto no puede funcionar al margen de lo que se hace, aunque se puede utilizar como una goma, a la manera sublime cómo Craxi definía el socialismo por lo que hacían los socialistas, o sea cuando él conspiraba para enriquecerse de cualquier manera, hacia socialismo. 
            Solamente mediante la mistificación se puede escamotear la diferencia entre predicar y dar trigo, del elemental precepto evangélico "por sus obras le conoceréis". Esta mistificación surge ante todo de la necesidad de creer en algo, así Sartre decía que al denunciar el estalinismo lo que se hacía era desanimar a los obreros de Regie-Billancourt. En los años sesenta un líder del PSUC me comentaba que las críticas a Stalin ya las hacía el diario franquista Arriba aunque lo que hacía era aprovecharlas. Desde la óptica de los hechos, Stalin, Mao o Enver Hoxa eran tan "comunistas" como Franco, Salazar o Pinochet "cristiano". Y sí Franco era "cristiano", ¿el de Asís que era?, ¿anticristiano? Por este juego de mano, Garton puede preguntarse  sobre el hecho de "tener colgado en la pared el famoso retrato del presidente Mao que hizo Andy Warhol. Ya sé que el retrato es irónico; ¿pero alguien tendría expuesto un retrato equivalente de Hitler?". Y más adelante se atreve a citar "por ejemplo, lo que el conservador británico sir Edward Heath, en consonancia con Richard Nixon o Henry Kissinger, decía sobre la China de Mao", aduciendo que estos señores fueron ejemplares frente a los antiguos maoístas. Para Garton no hay problemas, no tiene que dar explicaciones sobre lo que hicieron los dos últimos señores en Laos, Camboya o Chile. Ellos no están citados por el Tribunal. 
          En esta "segunda parte" del "debate", a saber sí fue "tan malo el comunismo como el nazismo", la "mejor respuesta" que encuentra el experto británico se la dio el cronista "por excelencia" del terror soviético, Robert Conquest (6): “A él, el Holocausto le parece peor", un criterio que no comparten por ejemplo Jean-François Revel ni el  tremendo Libro Negro, ambos necesitados de afirmar su sentencia sin paliativos.    Garton tiene los suyos, le resulta difícil situar a los comunistas por debajo del intento de exterminio de los judíos, pero tampoco sale del templo neoliberal para caminar por ejemplo hasta Hiroshima y Nagasaki o por el ecocidio en el Vietnam.  Simplemente, aprecia  que "el comunismo, en principio era una idea noble y emancipadora el ideal de un mundo mejor abierto por igual a todos los seres humanos. El nazismo nunca fue eso". Pero hay un pero: "Claro que el camino al infierno --y, en este caso, fue literal-- está empedrado de buenas intenciones". También aquí cuenta con otro amigo, el antiguo filósofo marxista polaco Lezek Kolakowski, que, después de su conversión al vaticanismo ha roto varias lanzas a favor del Vaticano en relación a temas como el aborto o del sacerdocio femenino (porque no tiene que justificar por ejemplo la Iglesia argentina, nadie se lo pide). El vaticanista Kolakowski afirma que hablar de comunismo democrático es como "hablar de bolas de nieve fritas", aunque es posible que su modelo de democracia sea el Vaticano. Garton cita como sí se tratara de una sentencia de un Tribunal, no necesita cotejar la memoria, mirar a los comunistas italianos en la resistencia y el Vaticano apoyando a Franco, a Anton Pavelic, y colaborando con Hitler, pero ninguna persona honesta confundirá el Vaticano con los católicos que se opusieron los fascismos.
          Garton reconoce que algo tendrá que haber para que la gente no trate a los comunistas como a los nazis y no puede por menos que referirse benevolentemente a los "veteranos de1968 en Gran Bretaña y Europa continental. Conocemos a esas personas, Sabemos sus motivos. Conocemos su fibra moral. En "cambió, aunque he pasado mucho tiempo en Alemania, no se me ocurre un solo amigo que sea un antiguo nazi, es decir, un seguidor del nazismo que tuviera entonces más de 16 años, digamos. El viejo y noble ex comunista, sí. (Pienso en Rudy Bernstein, coautor de la Carta de la Libertad del ANC, que murió hace poco en su hogar de exiliado, en Gran Bretaña). ¿Un viejo y noble ex nazi? Pues la verdad es que no". ¿Un neoliberal?, tampoco. Los neoliberales estuvieron en tiempos del "apartheid" en el poder o en los pasillos. Pero esta parte de la verdad queda fuera, y como hacía Charlot con lo que le sobraba de una maleta, la corta y ya está.
          La prueba de que la diatriba de Amis responde a las expectativas marcadas por los mandarines del neoliberalismo lo muestra que también apunta con sus antiguos amigos trotskistas, y señala con el dedo cómo fue posible que el poeta y ex trotskista James Fenton "pudiera alinearse con un sistema para el que !a literatura estaba al servicio del Estado".  El periodista y antiguo trotskysta Christopher Hitchens, al que Amis también critica, se ha defendido justamente, argumentando que el reproche de Amis está mal dirigido. Acusar a antiguos trotskistas de haber sido blandos con el estalinismo es como acusar a los luteranos de amar al Papa, una comparación tibia ya que el trotskismo no dejó de acusar a la burocracia estalinista en todo momento, y pagó por ello con su exterminio en la URSS, y su represión donde los partidos comunistas eran poderosos. Pero también aquí se trata de un parti pris, sí el comunismo es asimétrico con el nazismo, el papel de Trotsky --se llegó a escribir en una tribuna de La Vanguardia--, era simétrico al  de los disidentes nazis como Rohm, asesinado la "noche de los cuchillos largos".
          El antiguo Christopher Hitchens fue al parecer, amigo del alma de Martín desde hace treinta años, es un trotskysta de siempre al que ahora éste sacrifica en el altar del Tribunal neoliberal. Hitchens ha respondido con mucha ponderación: "Disiento vehementemente de la manera en que Martín Amis ha analizado los crímenes y tragedias de la era de Stalin,  más bien los ha reabierto" Y añade: "Y confieso que estoy un poco herido por la manera en que me ha usado como material en bruto. Supongo que haber sido el único socialista revolucionario en su círculo supone una especie de distinción. Creo que podía haber ido mucho más lejos sí hubiera leído el trabajo de muchos escritores superiores", pero Martín no quería leer sino vender. Hitchens anota también "La parte más floja del libro de Martín es esa comparación del comunismo, e incluso del trotskismo, con el fascismo, que es endeble porque no se atreve a seguir en profundidad su sugerencia de que ambas cosas son lo mismo". La verdad es que no podía haberlo hecho, su razón no pasara precisamente por una investigación, su método es el propio del viejo anticomunismo vulgar.
          Llegados al tal extremo de impunidad e ignominia, ninguno de los Amis arrepentidos que ejercen de "expertos" en comunismo ha tenido que hacerlo. Entre nosotros amalgamas como las efectuadas por Antonio Elorza  metiendo a Lenin en el mismo saco que Hitler o Pol Pot, o por Muñoz Molina  tratando a éste de "gran sátrapa", han tenido que argumentar ni razonar nada, son cosas que hoy se pueden decir sin miedo a ser tachado de embusteros porque en el fondo de lo que se trata es de remachar la idea de que lo que hay es mucho menos malo de cualquier otra alternativa porque las alternativas llevan al "totalitarismo". .
              En medio de este juego, es normal que Garton "descubra" un pequeño truco semántico en la defensa de Hitchens tiene. Naturalmente, el principal se deriva de su "insistencia en señalar todo e tiempo al estalinismo en vez de hablar del comunismo, por la buenas. Semejante "distinción --escribe Garton advirtiendo- puede implicar dos cosas: 1) que las cosas habrían podido ir mucho mejor con Trotsky, o incluso sí Lenin hubiera vivido más tiempo, y 2) que el comunismo podría haber salido bien después de la muerte de Stalin. La primera, por supuesto, es indemostrable". Para la primera, Garton tiene lo que le dice, Robert Conquest: en su opinión, la Unión Soviética se podría haber desintegrado antes con Trotsky;".    A la segunda, responde: “Estuvo a punto de ser verdad, con el socialismo de rostro humano de Dubcek".  Pero lo que triunfó en Praga, en 1989, no fue un socialismo de rostro humano como el del 68, aunque a Dubcek se le concediera simbólicamente un lugar de honor. Desde luego, la esperanza de que podía existir ese socialismo de rostro humano fue una ilusión que contribuyó a que Gorbatchev estuviera dispuesto a dejar que los reformistas de Europa del Este emprendieran su propia vía en el año 1989. Pero no dejó de ser una ilusión". Y no hay que ilusionarse porque, a pesar de que --concluye Garton-- "en principio, era un ideal noble, y otra, muy distinta que fuera posible en la práctica un sistema de exterminio humano". Una vez llegado aquí, lo propio es seguir la senda marcada por Soljenitsin y cargar sobre el "comunismo" los muertos de dos guerras mundiales, de una guerra civil de tres años, y todo lo que sea necesario. Milan Kundera le atribuye la liquidación de la cultura judía en el Este, sin embargo, cuando llegaron los "comunistas", ya habían pasado los nazis. Claro que ahora resulta que el nazismo también era una ideología, con lo cual se escamotea un pequeño detalle, a quién sirvió y en beneficio de quien trabajó.
          En la argumentación de sus "reservas" a Hitchens, Garton muestra otras de las cartas marcadas por el Tribunal en el que se ha instalado en nombre de los que mandan. Se pasa de la ideología que lo mancha a la hipótesis sobre las personalidades, y se juega con la hipótesis sobre sí Lenin o Trotsky hubieran permanecido en el poder. Es similar a la que se puede hacer sobre sí la República hubiera vencido a Franco, o sí Allende hubiera encarcelado a los golpistas. Habrían heredado una situación idéntica, pero sus propósitos y sus medios hubieran sido opuestos, sus resultados también. Claro que únicamente se trata de saber quien gana, y esto define lo siguiente, no cabe más que ponerse al sol que más calienta, pero solamente los vencedores (o los que se someten), se pueden barajar tales hipótesis como sí se tratara de un juego de ajedrez.
          Al final, Garton llega al terreno que le interesa, a planear la culpabilidad de la generación de los mayos del 68 "ahora en el poder", personas como Fischer, o el también ministro de Asuntos Exteriores Británicos, Law, otro que tal, que ya ha mostró su arrepentimiento en el "caso Pinochet", complementando la labor de la Sra. Thatcher. Se apunta a las personas "que vivieron el 68 pensaron, dijeron e hicieron, no sólo a propósito de la Unión Soviética o Alemania del Este, sino también sobre China, Irlanda del Norte, Cuba o Vietnam". En este apartado la "adhesión a la violencia revolucionaria o de liberación será un punto especialmente delicado", y una muestra de ello debe de ser la simbólica y estremecedora foto de Fischer golpeando al infeliz guardia en tiempos en los que los de la “banda” Baader-Meinhoff eran “suicidados”.
                       
        Resulta claro que en este debate lo que menos importa es la verdad histórica.  Ni en la obra de Amis ni en el artículo consagrado de Garton en El País, existe el menor interés por verificar los hechos, establecer comparaciones, ni nada que se le parezca. Se trata de ajustar una sentencia sobre una historia ya condenada, con fiscales que ni siquiera consideran seriamente las consideraciones de los posibles defensores.
        Es más, la historia no es más que un arma arrojadiza contra la disidencia de izquierdas, contra el mayo del 68 como último antecedente de lo que ahora comienza de nuevo. Lo que subyace pues, detrás del cuestionamiento de 1917 y de toda la experiencia "comunista",  es sobre todo situar bajo sospecha a toda la gente que todavía apuesta por "la revolución". El neoliberalismo ya consagró en el Bicentenario de la Revolución Francesa como un mero antecedente del Gulag, y a los jacobinos como los primeros bolcheviques; fuera del orden establecido no hay ya esperanza. A nadie se le escapa la importancia que tiene todavía esta tentativa de liquidación de una tradición que se pierde en la historia (la Biblia sin ir más lejos está llena de profetas subversivos), y cuya base primordial se encuentra en la Ilustración.
          No se trata tampoco solamente de exorcizar la revolución "comunista", un fantasma   que recorrió Europa y el mundo a lo largo de siglo y medio, una apuesta de reconstrucción social tal que fue sentida como una necesidad y una posibilidad por las mayorías obreras, campesinas y la intelligentzia radical hasta la caída del muro. Todavía en 1974 en Portugal, años más tarde en Nicaragua y El Salvador, y luego contra el "Apartheid", se movilizaron millones de personas que quería rehacer la historia. Estas últimas revoluciones tuvieron que limitarse un frustrante cambio político, la derecha internacional impuso su argumento, lo antes era peor, y sí daba un paso de más, la guerra civil estaba garantizada, esa fue la pieza central del fascismo exterior de los Estados Unidos desde la revolución mexicana.  A lo largo de este siglo y medio, estos movimientos fracasaron en su objetivo final, sin embargo, en contra de orden ejercieron y ampliaron las libertades, impusieron reformas,  el capitalismo tuvo que aceptar compromisos. El capitalismo ya no acepta más compromisos, ni con los trabajadores, mujeres, los jóvenes, ni mucho menos con los condenados de la tierra. El fin de la revolución significa que la historia no se podrá mover más hacia delante, como se movió con las revoluciones democráticas antaño. Quieren que todos y todas hagamos como Fischer, que pidamos disculpa al guardia, y que cuando se trate de protesta, la tratemos como algo que se explica porque se es joven, pero nada más.
          Inconformistas del mundo, ya lo sabéis, la historia para ustedes ya ha acabado.
                  Notas.
(1)                                                                                    El libro, un ensayo biográfico de 280 páginas sobre Stalin --Koba por los camaradas bolcheviques--, en el que Martín Amis entremezcla sin pudor algunas de sus obsesiones personales, se publicó en EE UU en julio y acaba de aparecer ahora en el Reino Unido editado por Jonathan Cape. No tardará en hacerlo aquí, y ustedes lo verá en manos de los neoliberales que también lo regalaran a sus amistades "sospechosas".
(2)                                                                                    La caída del muro y todo lo demás llegó en un momento en el que el debate cultural había avanzado en muchos terrenos a favor de las ideas de izquierdas desde los años sesenta que penetró e impulsó aportaciones en todos los terrenos, quizás muy particularmente en el de la historiografía, dentro de la cual la historia oficial soviética sería drásticamente desmontada,  dando paso a una reconsideración radical a favor de todas las disidencias.     
(3)                                                                                    No me consta que desde el PCE se haya llevado a cabo una réplica de El Libro Negro, ampliamente difundido por los medias. Tampoco respondió a un libro tan apasionado y sugerente como el de su antiguo militante Gregorio Morán,  Miseria y grandeza del Partido Comunista de España.1939-1985 (Planeta, BCN, 1986), que no está escrito en clave anti y que detalle pormenores muy sórdidos. Una ex0plicación de esta timidez quizás sea el historial de Santiago  Carrillo, al que los lectores más longevos recordarán acosado cuando lo acusaban de los asesinatos de Heriberto Quiñones, Jesús Monzón o León Trilla, en los que cuales él tuvo una implicación directa; esto venía añadido a la historia de Nin o Trotsky. No es descabellado pensar que el PCE ha sido el principal perjudicado del "pacto entre caballeros" que marcó el año 0 de la historia oficial de la "Transición”, y en ello tiene mucho que ver el hecho de que su ajuste de cuentas con su pasado estalinista haya sido a medias, y a veces ni tan siquiera eso.
(4)                                                                                    Según informa también El País, el libro ha sido maltratado por los profesionales de la historia.  "Un buen historiador necesita muchas cualidades (...), pero por encima de todo necesita humildad. No escribimos historia para llamar la atención sobre nosotros mismos", ha declarado el historiador Orlando Figes, autor de numerosas obras sobre la Unión Soviética. También se ha hablado del pasaje "despreciable y repugnante por su falta de decoro" en el que compara el llanto de su hija de seis meses con los gritos nocturnos que emanaban de la prisión moscovita de Burtyrki en la época del Gran Terror". Y es que, remacha Figes: "El auténtico protagonista de su libro no es ni Stalin ni sus víctimas, sino Amis, el pretendido historiador: Amis cavilando sobre el sufrimiento del mundo desde la seguridad de su hogar".
(5)                                                                                    Ver al respecto, el retrato-robot que hace de las víctimas de las purgas J. Arch Getty y Oleg V. Naumov, en La lógica del terror (Crítica, BCN,  2002). Sorprende que este ponderado y riguroso estudio se subtitulada Stalin y la autodestrucción de los bolcheviques, 1932-1939, que implica, primero, una homologación a través de la ideología cuando para llegar a esta lógica Stalin había tenido que romper con todas y cada una de las promesas de Octubre, y segundo porque la mayor parte de las víctimas fueron antiguos bolcheviques en tanto que en el aparato represor los representantes del viejo bolchevismo era ya una minoría exigua.
Getty-Naumov hacen una consideración sumaria de Robert Conquest, un veterano "sovietólogo" de la "guerra fría" para el "gran terror" al que dedicó su libro más famoso no era más que la consecuencia del "pecado original" de los bolcheviques, en tanto que estos autores asumen como consecuencia de su documentación (la derivada del estado actual de los archivos rusos), la existencia de otras posibles alternativas, entre ellas una coalición de todas las oposiciones (incluido un sector de la propia fracción en el poder).   #1.- Long live to Stalin
Máximo|03-07-2008 17:14
Yo no me averguenzo en absoluto de Stalin; al contrario, creo que cuando nos llegue la mierda hasta el cuello, muchos serán los que le añoren.
Iosif Visarionovich fué un hombre duro para tiempos duros. Trosky y los troskistas, payasos sin fronteras.
Es seguro que algunos camaradas murieron o sufrieron a causa de "fuego amigo" en la época de Stalin. Como sucede en cualquier guerra.
Pero Trosky y determinados troskistas se ganaron a pulso el Gulag, sobretodo en las fechas previas al ataque nazi contra la URSS. Y en Yugoslavia 1999 repitieron su repugnante actitud traidora y falsaria.
sigue.........
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#2.- Long live to Stalin
Máximo|03-07-2008 17:15
P.D.:  Soy un  comunista de derechas y paso de progres e izquierdosos varios.
simpatizo con Stalin pero también con Flankin Delano Roosevelt.
Con Milosevic, con Li Peng, con Olof Palme y con Argala. Y con Ajmadineyad y Chavez. Comunistas y socialistas, (incluso religiosos)  frente a sociatas, troskos y demás basura "librepensadora", pija   y fascista de occidente.
Depende en que situación se puede ser más o menos socialista, más o menos duro o más o menos liberal.
Se trata de pilotar el barco con una cierta flexibilidad, maniobrando según vienen dadas.
Lo peor, los que siempre están del lado del capital son los felipes gonzález, zapateros, y los traidores "intelectuales" ultraizquierdistas como ernest mandel, carlos taibo, etc.
Chao. Un estalinista al que le gustan desde los ramones hasta danza invisible pasando por el el  acid house y el tecno.
Los hijoputas troskos y capitalistas nos caricaturizan como si estuviésemos apolillados, casposos, con traje gris y leyendo libracos de marxismo leninismo todo el puto día.
A la derecha capitalista solo la derecha comunista puede vencer
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#4
Parrilla|03-07-2008 20:54
Bueno, la verdad es que lo de las provocaciones estalinistas ha pasado curiosamente con los años de dar miedo a dar risa. En fin, que cada uno entierre a sus muertos. Cada vez que uno de estos prsonajes abre la boca en los foros hace que leer a Lenin y Trotsky sea más interesante para mucha más gente. Al fin y al cabo, si estos son los mejores argumentos que pueden mostrar... ¿para que molestarse en discutir?
Buen artículo Pepe, defender Octubre y defender la revolución y la necesidad del socialismo no es una "obsesión". Tampoco es  un trabajo "intelectual" sin más,  sino un deber de cualquier comunista. Para algunos soltar paridas en estos sitios debe ser algo divertido, para pasar el rato. Pero el objetivo es, o debería ser, aprender y elevar el nivel de conciencia de los luchadores que dispersos por el mundo buscamos una alternativa al capitalismo. No es un hobby, mucha gente se ha jugado y se juega la vida a diario para poder leer autores como los que citas.
La revolución es una palabra muy grande para algunos cerebros demasiado infantiles.
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#5.- Falsedades en su escrito.
Fruhstuck|03-07-2008 22:04
Cabalerete, es evidente que no hubo "asesinato" de Jesus Monzón, que fallecío en su cama tranquilamente, como tampoco hubo "asesinato" de Heriberto Quiñones, sobre todo porque este último murió fusilado por los franquistas tras horrendas torturas. Si hubo un asesinato , el de Trilla, atribuído efectivamente a las órdenes de Santiago Carrillo. No jodamos con falsedades ni logorreas  ni tonterias troskizantes las cosas,  que bastante oscuras están de por sí.
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#6
04-07-2008 00:34
¿Fuego amigo? ¿Pioletazos?
Están locos estos stalinosaurios.
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#7
04-07-2008 03:34
Defender Octubre en una Organización (Fundación Andreu Nin) a sueldo del PSOE-GAL? Venga, hombre...
Éste hombre (ex colaborador de La Vanguardia, el colega) vive gracias a Stalin y al odio que los fascistas le tienen. Si no a santo de qué le iba a dar esas jugosas subvenciones el Estado español?
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#8.- Buen análisis
Servir al Pueblo|04-07-2008 17:03
   
    Buen y acertado análisis, no digo más... a juzgar por los insultos de pretendidos "comunistas" cada vez veo más el desarrollo del marxismo-leninismo con las aportaciones de Trotsky y no es herejia alguna.
    Aprended, aprended, aprended siempre, tal como afirmaba el camarada Lenin. 
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#9.- Maximo : ¡¡¡¡¡ a tomar la medicación!!!!!!!
Doctor Chifladín|08-07-2008 14:54
Soy el psiquiatra de Maximo. Me dijeron que andaba escribiendo desvarios en estas paginas.
  Si lo encontrais os ruego que le mandeis que venga a la Clinica  de Salud    Mental :  "El majadero", que lleva dos dias sin tomar la medicación y le da por escribir dislates y majaderías varias.
  Espero que los lectores cabales de este blog no se lo tengais en cuenta.
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