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Madrugada del desocupado

Cuento de Eduardo Pérsico
Eduardo Pérsico | Para Kaos en la Red | 10-6-2008 | 253 lecturas | 1 comentario
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MADRUGADA DEL DESOCUPADO

Cuento de Eduardo Pérsico

Alguien remonta el tenso barrilete de la noche, carga bolsillos de  fósforos gastados y otro fin del verano sin conocer el mar. Y hastiado  de ómnibus errantes en la madrugada y de miradas sin novedad ni asombro,  soy esa sombra que ambula intuyendo soledades detrás de las ventanas;  misterios silenciosos boca arriba y el indomable insomnio de vislumbrar  cualquier dios de cielorraso.

Cualquier desocupado arrastra dolorido sus raíces, retazos que vienen y  continúan en todas las edades y la sangre, acaso diminutas traiciones  cotidianas y los tantos ‘te quiero’ supuestamente eternos. Es poco  probable que la gracia divina lo acompañara portados los caminos, y  ahora mismo soy otro más adherido este juego tanguero de caminar  silbando, sin más porqué en esta noche impiadosa y sin renglón posible  de algún recuerdo bueno. Sí, cuando detrás de las ventanas se presienten  caricias dolorosas si el amor está solo y los humores desbocados  masturban los aceros del instinto.

Sin rumbo y más que desolado profundamente solo, traspongo las riberas  de sueños desvelados con la mirada ausente de otros ojos, y otras noches  de amor que ya pasaron más diminutas muertes que acompañan a todo  solitario. Tras cada habitación, quiero pensarlo, tal vez se agiten  pechos anhelantes, alegrías a veces lagrimeantes humedeciendo bocas y un  incendio de pieles sometidas. Por ahí, bien lo sabemos, sin tomarse  descanso va la procreación apareada al placer que mandonea y también  vale. Por poco que se ofrende cada cuerpo a soledades mutuas, el amor  entre dos decide mejor cualquier escena si retorna gimiendo de alegría a  desgarrar las sábanas…

Aunque claro, no hay que perder el tiempo con las dichas ajenas. Serán  casi las tres y al amanecer no tendré una tarea que indique mi  existencia en el mundo. Pronto la estación de los trenes ha de quedar  vacía y aunque el banco del andén es harto duro, los guardianes simulan  no mirarme.

 
 
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Comentarios (1)

#1.- Tremendo,

elena|11-06-2008 03:54

Una modo desgarrador de la realidad del solitario. Solo, desocupado. Como si si yo lo viera. Una poesía hecha   cuento  que sacude. Lena.

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