Todavía en los setenta, un guardia te podía llamar la atención o incluso multar por besar a tu novia en un parque público, ser madre soltera era llanamente “la perdición”, y como se solía decir, en lo erótico-sexual, todo era pecado. El franquismo también fue agobiante, represivo, y por supuesto, hipócrita hasta el extremismo, y  misógino hasta la crueldad.
Era una realidad odiosa por donde quiera que la contemplaras, la virtud y la decencia se entendía sobre todo en las apariencias. De ahí que, a falta de otras opciones, entonces los cines presentaban para las parejas oportunidades únicas para bajar la guardia, incluso ensayar el enamoramiento, seducidos por las contadas escenas amorosas de la pantalla, aunque esto no era la capital. Todo el mundo se conocía y los novios salían con las "carabinas". La irrealidad del escenario, su atractivo y sobre todo la oscuridad circundante acrecentaban la naturaleza fantasiosa de una experiencia que tantas personas querían y tan pocas podían. A pesar del rigor del atroz puritanismo que nos envolvía, el cine, con sus carteles y revistas, quiera que no, alentaba actitudes más desinhibidas y más de uno/a ha podido contar que su nacimiento fue originado por la exaltación que la pantalla provocó en sus padres. Esta pérdida de las inhibiciones no se restringía, ni mucho menos, al ámbito sexual que, se quiera o no, siempre estaba presenta aunque  solo fuera en una imaginación que veía en la pantalla mucho más de lo que el propio director había rodado.
Este anhelo erótico se expresaba a través de unas escenas cómicas, no en vano las “maggioratas” eran exhibidas en comedias, lo mismo que Jane Russell junto con Bob Hope, como en Rostro Pálido,  o la propia Marilyn Monroe en La tentación vive arriba, como aquí lo fueron más tarde las películas del quiero ligar y no puedo ligar con López Vázquez o Alfredo Landa. Esto tenía que ser más cierto en los pueblos donde ni siquiera existía la posibilidad de inhibición sexual a través del teatro o de las casas de citas, que para encontrarlas "buenas" había que ir a la capital. En el cine uno podía ser arrebatado hasta el extremo de sentirse parte del mundo de la película, como aquel señor que según me contaba papá, iba todos los días ver una película en la que el comienzo de un desnudo de mujer era cortado por un tren. Cuando el acomodador extrañado le preguntó porqué la gustaba tanto la película, el hombre respondió: "No sí la película no me gusta. Lo único que espero es que el tren se retrase algún día". La imagen erótica puede ser algo que te transporta fuera de ti hasta el lugar en el que la realidad represora carece de entidad.  Y es que puede llegar un momento en que tus deseos cobren vida propia estas en el cine, y además, te puedas llevar tu película imaginaria a donde quieras sin necesidad de Internet, solo en tu imaginario.
Un buen ejemplo de esta conexión de alto voltaje con el cine la tuve personalmente en una de mis últimas visitas a mi pueblo. Rendía visita a un antiguo amigo de papá, y conocido desde siempre, el hombre, que desde hacía tiempo se desplazaba en una silla de ruedas, me hizo una señal cautelosa. Me quería decir algo, y se apartó a un rincón de la casa, donde me preguntó. Le habían dicho que era muy entendido en cine, y me quería hacer una pregunta.  Si sabía algo de una película llamada Carne de fieras. La pregunta tenía su miga, aunque en aquel momento no tuve respuesta. Picado por la curiosidad descubrí que el buen hombre me estaba hablando de una película de 1936, cuando él no debía de tener más de 18 años.  Dado que no salió del pueblo más que cuando lo obligaron a hacer la guerra "con estos" ("los nacionales"), es evidente que la información de su rodaje y la clave de su misterio, le tuvo que llegar aquí, so pena que alguien se lo contara en las trincheras. No creo que su interés fuera posterior, de la lectura de alguna revista o diario de 1992, cuando fue noticia que la Filmoteca de Zaragoza pudo recuperar un original que se había extraviado con los quebrantos de la guerra. El caso era que la pista era verde, y llevaba presumiblemente a cuando su protagonista, la francesa Marlene Grey llegó a España, e hizo célebre su número como domadora de leones, completamente desnuda en una jaula (el chiste ya lo puedes imaginar). La película comenzó a rodarse el 16 de julio de 1936 en Madrid, y desde luego la película tal como se rodó no se pudo ver, y menos en la "zona nacional", ni siquiera después a pesar de los cambios en el montaje, y por lo tanto permaneció enlatada hasta 1992...
La anécdota creo desprende dos hilos, uno nos lleva a la demostración de la libertades que en le terreno de la sexualidad comenzaba a ampliarse durante la República (algo que no se volverá recuperar de nuevo hasta los años setenta),  y el otro, a las naturales inquietudes de los jóvenes de entonces, que esperaban el estreno de Carne de fieras con tal ansiedad que nunca la olvidaron. Este estado de ánimo se correspondía con algunas cosas que me había contado papá, quien en más de una ocasión presumió con una sonrisa especial, de haber visto entonces nada menos que a Hedy Lamarr bañándose desnuda en Éxtasis (Checoslovaquia, 1932). Luego, ni que decir tiene, la guerra y la larga postguerra fueron tiempos negros para todas las libertades, incluyendo la de amar y de soñar. De ahí que una película tan carnal e insinuante como Gilda (USA, 1946), causara tanto furor, hasta el punto de convertirse su estreno en una referencia básica de la época, registrado en algunas películas recientes como Beltenebros (1991), de Pilar Miró, y Madre Gilda (1993), de Francisco Regueiro,  una obra maestra, imprescindible para comprender el franquismo. Rita fue tan famosa aquí, que hasta los niños de teta sabían que se llamaba Rita Cansino, aunque su biografía real fue ocultada, y hoy se sabe que padre, un bailarín nacido en Sevilla fue mucho más que un mal padre.
La escena de la bofetada de Gilda causó tal conmoción, que la volvieron a repetir al menos en otros dos títulos más: Los amores de Carmen (1948), en una Carmen de Marimée made in Hollywood de Charles Vidor, y la todavía más olvidable La dama de Trinidad (1952), de Vincent Sherman.  Esta represión, y esta doble moral encontraron su representación más consecuente en la proliferación de prostíbulos, un lugar destinado especialmente para las madres solteras, o para las "rojas" guapas que de otra manera no podían sobrevivir. Una estampa de postguerra bien recogida en títulos como La colmena (1982), la proba adaptación que Mario Camus realizó de la famosa novela del ambivalente Camilo J. Cela, y como Pim, pam, pum…!fuego¡ (1975), seguramente la mejor película de Pedro Olea con un magnífico guión de Rafael Azcona, con interpretaciones soberbias de Concha Velasco, una fulana que resulta ser una auténtica heroína republicana, de Fernando Fernán Gómez (como un siniestro estraperlista) y de Josep Mª Flotats, un maquis que huye de la represión. Hay una escena con Flotats cortando las viandas con una navaja, que a mí me traía de pleno el recuerdo del abuelo Antonio, haciendo el mismo gesto con su navaja de Albacete.
Una variante muy representativa de la amoralidad franquista es la utilización que hace de este submundo el antaño beato Vicente Escrivá en Niñas…!al salón¡ (1979), una adaptación de una obra del infecto Vizcaíno Casas, en la que el drama social permanece completamente ausente, las niñas parecen vocacionales, y que combina las anécdotas "graciosas" con las escenas en las que, por supuesto, no faltan la de los paletos, ni la compañía "picante" de destapes con Silvia Tortosa, Mirta Miller o Fedra Lorente, y otras.
En los años cincuenta las cosas comenzaron a cambiar, aunque fuese muy lentamente, y uno de los ejemplos más evidentes de este cambio fue la irrupción de un nuevo tipo de mujer, mujeres que tendían a invertir los papeles como las que aparecían en las películas de Howard Hawks (La novia era él, Los caballeros las prefieren rubias, etc),  como la mexicana María Feliz, que trabajó lo suyo en España y de la que se decía, como igualmente se dijo de Ava Gardner o de Ira de Fürstemberg, que cambiaban de hombre cada noche.
Pero quienes más intensamente llenaron este escenario del deseo reprimido fueron sobre todo las "maggioratas" italianas, algunas de ellas tan célebres como Silvia Mangano, Gina Lollobrigida o Sofía Loren, y otras de fama más efímera, pero entonces no menos apabullantes como Silvana Pampanini, Carla del Poggio, la deslumbrante Marisa Allasio, Giovanna Ralli, Elsa Martinelli, Abbe Lane etc. Ellas marcaron entonces el "non plus ultra" de la libertad sexual, y algunas de sus películas, sobrepasaron los límites marcados por la pacatería oficial, y calentaron la imaginación de varias generaciones de varones que no se comían una rosca. 
En este mismo cuadro también entraba Jennifer Jones, que a pesar de que se había dado a conocer en La canción de Bernardette, pero que en Duelo al sol había derretido la imaginación de unos espectadores cada vez más conscientes de que la censura les había rodado algunas de las escenas que le habrían causado mayor felicidad, tanto es así, que uno de ellos, un paisano mucho mayor que yo, llamado "Juan el del Corto",  que tenía acceso a la sala de proyección por relación familiar, me aseguró en unas de sus numerosas conversaciones en la fábrica de jabón en la que trabajamos juntos en Barcelona, que en Carrie   (USA, 1952), una adaptación de William Wyler de la novela homónima de Theodor Dreiser, había un momento en que, después de rodar por los sueños abrazados, él y ella (Jennifer Jones y Laurence Olivier), reaparecían en la escena siguiente como padres de un hermoso niño. Para mi paisano no podía haber la menor duda, la tijera había hecho de la suya como, por citar un ejemplo entre mil, lo había hecho con los "juegos" entre Tarzan y Jane. Tengo que decir que no siempre esto era cierto, y que a veces la imaginación iba mucho más allá de la realidad, ya que servidor tuvo la ocasión de revisar Carrie en la Filmoteca Francesa, en la época en que su director, el mítico Henri Langlois, salía a pedir excusas por tal o cual corte, y pasaba exactamente lo mismo.
Pero una idea de cómo el cine italiano explotaba la exuberancia física de las "maggioratas" la tenemos en una película tan "inocente" como La ladrona, su padre y el taxista (Pecatto che sia una canaglia, Italia, 1954), que fuimos a ver al cine Victoria de verano toda la familia, o sea que era "tolerada para todos los públicos". Hay una escena que yo recuerdo de entonces, es cuando Sofía se arramba a un pobre señor que viaja con ella en el tranvía, de manera que el hombre se pone tan entusiasmado que no se percata que Vittorio de Sica, su padre, le está robando la cartera, y toda la familia se lo pasó en grande, eso a pesar de que, más que seguro, papá y mamá debieron de sufrir por el pobre panoli robado ya que, cuando papá viajaba a Sevilla, ella le añadía un bolsillo secreto a la camisa interior, y él no se apartaba la mano del lado de la cartera. Incluso vista por la TV, la presencia de Sofía Loren en Pan, amor y …(Pan, amore e…, Italia, 1955), allá por los años ochenta, era todavía susceptible de provocar sus derrames, por lo tanto que no sería en los cincuenta cuando ni siquiera se permitía la presencia de mujeres en bañador en los calendarios. Es más, todavía en la segunda mitad de los años sesenta, Emilio Romero, un famoso periodista adicto que se las daba de aperturista, denunciaba en un artículo la presencia de un fotograma de Michele Mercier en una de las entregas de la serie sobre “Angelique”, ninguna de las cuales lograría estrenarse por estos lares por más que un servidor pudo gozar de alguna de ellas en sesiones del domingo por la tarde en algún cine popular parisino al final de la misma década, y la verdad es que no era para tanto.
Valga al título de ejemplo que, en 1956, los niños y los jóvenes se masturbaban en una escena de Cinema Paradiso mientras ven a Brigitte Bardot desnuda en…Y Dios creó la mujer (Et Dieu crea la femme, 1956), de Roger Vadim, mientras que una prostituta ofrece sus servicios en el mismo cine, y es que llegamos hasta las "maggioratas", pero no alcanzamos a las alturas de la atrevida Brigitte Bardot, un auténtico fenómeno social de la que únicamente se estrenaron los títulos más pacatos como Babette se va a la guerra (Babette s´en va-t-en guerre, Francia, 1959), o el ligeramente más atrevido, ¿Quiere Vd. bailar conmigo? (Voluez-vous dancer avec-moi?, Francia-Italia, 1959), o La parisien, en este caso con cortes muy evidentes. Ni siquiera se estrenó La mujer y el pelele (Le femme et le pantin, Francia, 1958), aunque el galán era nada menos que el portugués Antonio Vilar, famoso por representar el arquetipo de héroe patrio, ni la cuasi-andaluzada Les bijoutiers du Clair de Lune (Francia, 1958), a pesar de que el argumento transcurre en España, aparecen José Nieto y otros actores patrios (aparte de Stephen Boyd antes de ser el Mesala en Ben-Hur, y la estupenda Alida Valli como una "señora andaluza"), y unos gitanillos cantan aquello de Cuando yo tenia dinero/se me acercaban los chavales/y ahora paso y no me miran/porque ya no tengo reales/ya no tengo reales/pom-poro-po-pom…Cuando llegó lo del "destape", la Brigitte ya era mayor,  estaba por otras cosas como defender las focas, acusando a las burguesas que se visten con sus pieles, lo que, a pesar de lo que diga Almodóvar, solo merece el aplauso por más que la señora resulte odiosa por sus opiniones xenófobas. 
La censura cortaba hasta las cosas más inverosímiles, aunque a veces se le iba la mano, y daba lugar a grandes colas masculinas, como sucedió con la película Helga, el milagro de la vida (Alemania, 1967), una película didáctica sobre el cuerpo humano que llegó a ser todo un hito en el cine de arte y ensayo, y todo porque ofrecía unas pacatas demostraciones sobre la sexualidad que actualmente causarían risa entre los párvulos…Otro éxito considerable fue, Ibrahim, el médico egipcio (Alemania, 1963), y en la que los censores no dieron importancia a las mujeres nativas que aparecían desnudas de cintura para arriba. También se dieron casos esperpénticos con las dobles versiones en la que algunos de nuestros productores (como el catalán Ignacio F. Iquino) se hicieron especialistas. Un caso muy “Celtiberia Show” lo provocó el estreno en una ciudad gallega de Las melancólicas (1971),  que aborda la historia de un manicomio femenino a principios del siglo XX, y que había pasado desapercibida en todas partes menos en dicha ciudad. El secreto radicaba en que en sta se había estrenado la versión extranjera, y claro no era lo mismo…
Se puede decir que el llamado “cine de destape” se convirtió en una exigencia que clamaba el cielo, y los responsables de la industria, incluyendo los que se habían mostrado más propenso al cine de estampitas como Rafael Gil, Sáenz de Heredia o el guionista Vicente Escrivá, acabaron convenciendo a las autoridades del régimen que abría que abrir la mano,  apertura que también llegó a las revistas, y que acabó dando lugar a toda una industria con todo su plantel de mujeres que consiguieron la celebridad sin llegar siquiera, de parecerse a las “maggioratas”, y hacer alguna que otra buena película. Porque salvo excepciones que ahora no me vienen a la memoria, el cine de los años desnudos siguió siendo tan cochambroso, y el fondo, casi tan falso como cualquier todo el que se había hecho anteriormente. Al final, todo resultaba bastante patético, comenzando por los propios espectadores con aprovechaban la oscuridad para efectuar sus ejercicios de cinco dedos..
#1.- "CHARABIA" o Farfolla
EDMUNDO ESTACIONFINLANDIA WILSON(padre de STALENIN|25-12-2008 20:16
¿Qué es esto?:
-------------------"Et Dieu crea la femme, 1956)"
-----------------------"Voluez-vous dancer avec-moi?, Francia-Italia, 1959)"
Y no leo más porque, como siempre, se me caen los palos del sombrajo. En tods sus comentarios hay faltas de ortografía a quintales.
"Créa" con acento agudo
"Voulez,," ya que "Voluez" es otra cosa¡Una pena!
SALUD. de SIMON LUXEMBURGO WILDENSTEIN, hermano "univitelino" de GRAMSCIEZ.
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#2
Fernando|25-12-2008 22:41
Una buena cronica de cine de barrio.Pues esta entretenida.Un poco cutre aquella epoca del cine de las postrimerias del franquismo.SALUD PEPE OYE Y LO DE LAS FALTAS DE ORTOGRAFIA DENOTA QUE LE HAS DADO AL CAVA ,QUE POR CIERTO ES MUY SALUDABLE.Y para el asuso stalenin ,pues que deje de comer amburguesas que proucen aerofagia.Salud
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#4.- el profesor de francés
pg-a|26-12-2008 21:47
No puedo por menos que agradecer al personaje que firma GRAMSCIEZ (sus combinaciones con los seudónimos parecen cargadas de humo, lo de Stalenin es de museo de la Ciencia), su persistencia en demostrar que conoce bien el francés a costa mía, que lo conozco más bien mal, y que me fio de las notas sin pasar por el diccionario...En cuanto a lo demás, parece que le importa bien poco. Le diría a Fernando que lo que se describe, más que un breve retrato de época, se trata de una buena muestra de la miseria sexual de aquellos años, miseria que, en mi opinión, está lejos de resultar una mera anécdota.
Bon Noel
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#5.- Gracias por la amabilidad
SIMON LUXEMBURGO WILDENSTEIN hermano de GRAMSCIEZ|27-12-2008 14:07
Gracias por el elogio, inmerecido sin duda, señor Pepe, pero claro que me interesa el tema del cine, y entre otros períodos,  ese mismo,  con esos bizarros asuntos y películas; no obstante, sin pecar de inmodestía, por coincidir con mi adolescencia, ese tiempo de los años Setenta, en donde no era infrecuente visualizar 10 o 12 filmes a la semana, por tanto es un campo que creo conocer bien, y a mayor abundamiento enriquecido con revistas especializadas, de distintas nacionalidades.Eso es todo.
Lo que parece a primera vista suele ser equivoco y fruto de una visión parcial.
En cuanto al humo de los heterónimos, si tan cargados de humo será porque surgen del fuego y la pasión.Buena señal, donde se sienta el humo fuego cerca hay....
Este STALENIN y EDMUNDO ESTACION FINLANDIA WILSON, emite unas señales lo suficientemente sonoras y visibles para que cualquier botarate o guripa, incluido los católicos fernandos "seudo-fernandeles" se percaten que las  ¨[H]amburguesas (de Hamburgo), señor Badulaque sonso, no es un manjar que deguste practicamente nunca, prefiriendo las angulas, entre otros alimentos.
Y no sé que "Proucen" es ese, si un medicamento o un marca de vitaminas huecas, que descerebran al consumidorque lo celebra.
SALUD
"De cada uno según sus capacidades a cada uno según sus necesidades"
---¡¡¡AVANTI!!!!  :    MARX-ENGELS-LENIN-STALIN.
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