Siempre supe de los estragos que causa el lenguaje llegado el momento de entendernos. Parece que el idioma común en un pueblo resuelve los problemas de convivencia, cuando la realidad es que con ese idioma común comienzan. No es extraño. En mi consideración, siendo el lenguaje articulado un invento humano debió ser ideado para ocultar el pensamiento, aunque los filólogos discrepan en el asunto de cual de los dos -lenguaje y pensamiento- fue primero. La semiótica sirve de poco a este respecto. En todo caso, no hay ningún otro plano como el religioso y el político donde el lenguaje sea más sodomizado al gusto del que lo utiliza.
  Dicho esto, hasta filósofos de campanillas como Albiac se aventuran a hacer una distinción lexicográfica entre los vocablos “laico”, “laicismo” y “laicidad” adjudicando a cada uno de ellos el valor de una perla política, pues al final cada significado de esos conceptos pasa por una disquisición acerca del papel que lo no religioso por un lado y el Estado por el otro, tienen en la sociedad. Y digo que se aventura, porque no parece en principio que el filósofo deba adentrarse en la jungla de los conceptos anfibológicos, equívocos, polivalentes que incitan a la dispersión y a la desorientación en la sociedad. Laico, laicismo y laicidad debieran ser sustantivos complementarios y no al borde del oxímoron. Pues siendo la misión del filósofo, como la de todo intelectual que se precie, hacer inteligible lo complejo y complejo lo inteligible, es en materia política precisamente donde hay que procurar por todos los medios la clarificación y la simplificación. Abusar en ese ámbito de la minucia y afiligranar nociones sencillas, no contribuye más que hacer más oscuro el patio... Gobernarse un pueblo por sí mismo, separar absolutamente la religión del Estado, procurar por todos los medios el igualitarismo social son ideas que no admiten adversativos en los espíritus sanos. No admiten el "sí, pero...". Los emplean sólo los espíritus oscuros, los que obstruyen la gobernabilidad autónoma, la separación entre chamanes y estadistas o la deseable igualdad social.
  No son lo laico, la laicidad y el laicismo en su nervio algo diferente de peligro, peligroso y peligrosidad, de unión, unionismo, unidad, de humano, humanismo, humanidad, etc etc.Y no son diferentes más allá de los que en política, filosofía y sociología políticos, juristas, filósofos y sociólogos quieran que sea arrimando cada uno el ascua a su sardina logística e ideológica, para enredar en el lenguaje y, tratándose de la noción "laico", de hacer indeglutible la política.
  La cosa debe dejarse clara. Albiac nos quiere confundir. La matización que hace de lo laico, laicidad y laicismo citando además a autores amantes del oscurantismo no contribuye más que a la ceremonia de la confusión. Tardó mucho el concepto nacionalismo de ser entendido en la doble direccion de “periférico” y “centralista”, por culpa precisamente de intelectuales que callaban la dualidad o la hacían opaca porque su posición ideológica estaba con el poder central y frente al independentismo. Por eso ahora no voy a permitir que Albiac extienda esta cortina de humo públicamente sin replicarle. Laico, laicismo y laicidad son lo opuesto a religioso, a religiosidad y, digámoslo de una vez para que no tenga dudas, a catolicismo avasallador... No hay más, ni hay necesidad de más.
  La ley que se proyecta desde el gobierno se propone el tratamiento paritario desde el Estado, de todas las religiones que como tales sean practicadas en este país. Una ley que refuerza la voluntad política del legislador de la ley preexistente sobre la materia que estaba a la espera de la anunciada.
#1.- ESTADO LAICO TOTAL YA
MIKI|14-05-2008 19:02
A VER SI ES VERDAD D LIBRARNOS D LOS CUCARACHAS  Y MORCILLONES Y D LOS NACIONALESCATOLICOS D UNA PUTA VEZ Y Q TANBIEN SE LLEVENA LOS BORBONES
Valoración: 0
| Avisar provocación