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LLegar es acariciar

Llegar a tal lugar de trabajo, es ser lo que somos aun cuando nos fuimos. Nos conecta con nuestra clase en lucha, en tanto explotados y oprimidos.
Matilde Sosa | Para Kaos en la Red | 3-6-2008 | 264 lecturas
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Amigos, después de la ausencia cotidiana, llegar es una tarea. Llegar, creo, es intentar   trazar un mapa que sujete en algo,   tanta   cartografía suelta. Inquieta. Caótica. Inédita. Llegar es  mapear   apenas, este lugar   interno e   irredento  de fronteras. Llegar es habitar  ese lugar  que de a ratos angustia y de a ratos   libera.

  Llegar, creo,   nos acontece como   si un relato de la vivencia   intentara inscribirse al poner las cartas sobre la mesa. En  blanco sobre negro del   impasse,   del cada vez, y   de lo   Inaugural, que   aun aguarda en su stand by.    

Llegar no es fácil. Llegar es   hacerse   responsable  cuando no se le escapa al bulto y cuando   se le mete el cuerpo a la tarea. El mismo cuerpo que viene dilatado por calor y con el frío se constriñe y se  violenta.

Llegar sin dibujar ese mapa es como tirarse sin red, solo sostenidos por las cartas del tiempo y del espacio. Escribir testimonio será   llegar, con los sentidos puestos. Cifras, signos, símbolos. Inscripciones de la edad y   en los sentidos   como huella, como   marca del abecedario con que rogamos se nos   lea. El punto de inflexión o la epopeya se acuerpa en la mirada y se pone tierna. Y a la vez pide que el baquiano nos cuente como fue la yerra. Llegar es entonces un intento,   una categoría de la leyenda que nos reclama lugar y   paciencia. Nos allana a la espera. Nos iguala con el que queda.

Llegar es un trabajo generoso y prodigo de amor. Amores que, se manejan "a dos puntas" sin ser legales ni clandestinos, sin ser "los marineros del puerto" ni Gigoló , ni Valentino. Toda vez que   el territorio único -el que se deja y al que se ha de volver- nos seduce   y nos provoca por igual para querer,   hasta que nos   entregamos, como  amantes, a los dos. Pero sin conflicto de   infidelidad. Les amamos en legítima defensa.

Llegar es transitar   un lugar desconocido. A veces, es ir habitándonos en el vacío. Deconstruirlo incluso hasta hacerlo y   decir "es mío".   Llegar es hacernos un lugar en lo transitorio y lo temporal, pero jamás   en lo efímero,   en tanto es registro de lo vivido.

Cuando se llega se habita el llegar, como espacio   y como espejo, como semblante   del uno mismo, sin mueca del engaño, allí no cabe tremendo desatino, porque el detalle   es el     todo y el todo   atraviesa lo mínimo del guiño.

Cuando se llega, la filiación,-inexorable y estratégica- emerge junto a la  personalización, la socialización, la comunicación, la relación amorosa y de amistad. La primera vinculación existencial se nos hace presente, una vez más. El club de los amores, el gol, el vino, el ritual estable, con que nos fuimos. Lo mínimo emerge   como país del que no nos fuimos, pero cuando se llega, la   historia   y la   integridad, se nos brindan buenos, como para fiesta vestidos. Como no lo hace la burguesía, ni el capital. Se nos abre en monedas la vida.  Se nos presentan con su mejor prenda para que le amemos de lo lindo. La raíz, marca base  cuando   el barrio, nos mantiene erguidos en todo recorrido, como   único parámetro lógico  y objetivo. Nos dota   en lo universal, del código- con que aprendimos ya sin ser niños, ese con que nos mensuramos   y al otro también medimos. Con la ética y su estética y con nosotros mismos. La mismidad arriba  cuando llegamos   a nosotros   abiertos en tiempo a lo colectivo.

  Llegar  a tal   lugar de trabajo, (si   desde abajo nos  fuimos) y desde abajo volvemos, es ser lo que somos aun cuando nos fuimos. Nos conecta con nuestra clase en lucha,   en tanto explotados y   oprimidos   en tanto   desposeídos, por que lo seremos,   hasta tomar por asalto,   la estructura   en deuda   de   alojo . De la que fuimos   excluidos.

Con ese algo de lo roto,   como destino, ningún dolor nos resulta ajeno en ningún recorrido. No nos cae nada  del cielo, por eso nos fuimos. He ahí la razón para llegar y  alojar   la dialéctica, como lugar en   unión y lucha- entre la expectativa, el provecho y el egoísmo-.   Llegar  es como arrancar   iniciativas al sutil espacio en que se está, en tanto se responde a otro recinto inaugural e irrepetible -franja que como bien   se nos presenta  en tanto existe,   entre el cielo y la tierra, el allá y el acá, el "aquel y entonces" (que se deja atrás), y el "aquí y ahora" que de a poco, se logra   asentar.

Llegar a tal lugar de propiedad, será tomar posesión- estratégica de la lucha entre acuerdos e intereses, y estar dispuestos a toques de combate hasta estallar. Llegar a veces, nos pide implosionar.

Habitarse uno mismo   en   arreglo  al  llegar, es  respeto que  guarece. Como una posta o un refugio cuando nos   coge el temporal, cuando el frío arrecia, o el calor o la lluvia por demás. Nos repara, después de enterrar la osamenta   para   que el   anima   legendaria deje de vagar sus fantasma ticas y  se afinque   en la paz. De llegar en acuerdo a uno mismo, sin mas ni mas.  

Habitarse en el llegar  es   cobijarse   en alma,   cuerpo y convicción   – únicas herramientas   del sonar –   pertrechos   de la   heredad   y de la cumbre ancestral. Habitarse en el llegar  es cenit   que espera, la amistad de las miradas y de todo amar. Habitarse será   saberse,   ofrecerse llegado a su lugar.

Habitarse  en el llegar de modo tal, será   brillar en el encuentro de las pupilas y las pieles, de las manos abiertas, de los cuerpos que se aprietan, de los huesos que sostienen, de las lágrimas que bendicen y hasta a veces será la gracia con que se nos   otorgue   escuchar   -en un solo   Amen- , a toda   la humanidad.

En tanto  las lágrimas de despedida,   en la bienvenida están, esos cuencos son rutas   para circular,   entre  quienes quedan atrás y quienes llegan al estar. Aunque no se conozcan en sus rostros, ni sus nombres, la energía se hace   circular entre el ir y el llegar. Declara de una vez y para siempre  lo que llamamos hermandad.

Partir   amigos, es en cambio, desalojar  un   lugar, para iniciar la   marcha hacia otro. Viajar   según   planeamos - para encaminarnos  hacia donde deseamos conducir nuestro destino  inmediato,   cercano y próximo, sabiendo que está en algún "allá". Partir, es abandonar  de algún modo ese   lugar que en un tiempo no mas,     nos desunía  del proyecto. Partir es  barrer la distancia que decidimos   atravesar, más allá de   los desarraigos y los   costos de sabernos     extranjeros en todo. Al tiempo uno más. Coyote. Espalda Mojada. Ilegal. Ciudadano en transito laboral. Ciudadano del mundo. Internacionalista, combatiente   revolucionario, reservista de la Patria cuando es Humanidad.

Amigos, llegar es un trabajo que   necesariamente se   encaja. Como lo hace   en el canal de parto un hijo,   hasta asomar y respirar. Amigos, llegar es intercambiar oxígenos. Solo a   riesgo de muerte se transita   ese tiempo sin pujar. Lo demás es asfixia y nada más. Por más trabajoso que sea, es   de urgente cumplimiento dar lugar  al llegar.

Amigos, llegar es un digno   trabajo al que debemos cumplirle en horario y jornada, a veces a destajo   en   virtud del   producto que   intentaremos acariciar cada vez.

Amigos, pues. Definitivamente llegar es acariciar. Rozar con el recuerdo lo que queda atrás y palpar de a poco lo que   tal vez,   volvamos a besar. Nos bese también. Llegar todavía es, aquel beso, en estos besos. Todavía. Besos nuevos para después.  Circularidad de abrazos también. Humedad de lagrimales oceánicos. Azules de hombre y mujer.

Llegar  , llegar profundo, es aquello que   no   se vale de sofocones de ansiedad, en tal caso apenas,   si tal,  habrá de    prolongar el   viaje, si es así, qué más da, pero dada   la contingencia no se vale engañar porque en tal caso será   volver a partir, pero   sin llegar, sin escala   y sin   llegar.

Aunque lo otro, lo que es profundamente llegar, también requiera de   lágrimas, serán,   hasta que, de a poco conecten   como vasos comunicantes,   la resignificación  de cada lazo con que volvamos a  celebrar -de cuerpo presente- el contacto intransferible, y   tal vez temblar. Ante el nuevo, el que seamos capaces   de humanar.

Llegar es comulgar con cada palabra en el reconocimiento de nuestra pronunciación tribal. La cadencia iniciatica   del recorrido. Pronunciación que en otro  territorio nos otorga   el almizcle de   lo singular, dado el cual,  nos nominaban, sustituyendo nuestro nombre por el país del que partimos el original. Y toda vez, entonces,   a ese nombre   respondimos, (en mi caso fue "La Che"). Llegar es poseer nuestro nombre en cada palabra del hablar. Llegar  también es callar. Llegar es escuchar de nuevo la novedad. La Verdad.

Llegar es la construcción del concepto   hasta que   instale esa palabra única que bien nacida aguarda en la boca franca de   la bienvenida – la que se da y la que se prodiga   - Acomodamiento arrecho  de   la vida.

Llegar es   saber   que tal vez resulte   y se configure , una vieja despedida  después de tantas  retiradas repetidas   -   tras  repliegues, derrumbes y retornos, o tal vez despedidas encubiertas   que solo resultaron una   fugaz   huida       –llegar a veces resulte   "despedirse   al fin y de una buena   vez"-.

Llegar sea entonces resolverse con lo ex. Llegar así, tal vez, sea llegar dando curso a ese adiós suspendido. Llegar en tal caso es dar lugar al duelo   hasta tocar el hueso del error. El dolor ya se dolió y lo perdido ya se perdió.  En acto finalmente   se llega y con ello el trabajo del   adiós vaciando las cuencas  de sostener lo que finalmente   se degradó.

Llegar es un proceso de construcción subjetiva. Llegar, en lo profundo de un día es aguardar la noche que acredite el transcurso   del tiempo  y someta a prueba, al sol y a  la vida. Llegar es Victoria Compartida. Llegar es  vaciar el morral de gratitudes y caricias y entregarlas en souvenir a los que aguardaron   tras la partida. Llegar, en mi caso,  es el lugar  del  después y del punto de partida. Llegar es el lugar de la tarea fecunda donde el cambio nos incluye y nos   anida. Llegar,  en definitiva, amigos, es un lugar  que  intenta  recrear la  vida más allá del que parte o del que arriba, llegar es en todo caso la excusa de esta caricia que roza apenas,  pero es   tan generosa como   la vida.

Matilde Sosa

Periodista argentina

Buenos Aires ,02 de junio de 2008

 
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