Walter Benjamin
"Política y Metafísica, Teología y Materialismo, Mito y Modernidad, materia carente de intención y especulación extravagante... todos los caminos de la ciudad de Benjamin convergían en el plano del libro sobre París como en su Étoile."
Theodor W. Adorno
"Todo presente está determinado por aquéllas imágenes que le son sincrónicas: todo ahora es el ahora de una determinada cognoscibilidad. En él, la verdad está cargada de tiempo hasta estallar. (Un estallar que no es otra cosa que la muerte de la intención, y por tanto coincide con el nacimiento del auténtico tiempo histórico, el tiempo de la verdad)."
Walter Benjamin
Walter Benjamin comenzó a redactar la que debería haber sido su gran obra, el Passagen-Werk (Libro de los Pasajes), en 1927. Pero jamás llegó a terminarla. De aquella obra inacabada y construida casi enteramente con citas se conservan hoy, además de los resúmenes enviados a Th. W. Adorno en 1938 y 1939, los llamados "Apuntes y materiales", consistentes en una gran cantidad de citas recogidas de las fuentes más diversas y comentarios y reflexiones del propio Benjamin que se organizan por temas en treinta y seis archivos o konvoluts que ocupan más de 900 páginas. Benjamin trabajó en este proyecto a lo largo de trece años, hasta su suicidio en 1940. Le dedicó prácticamente su vida, ligando ambas, su vida y su obra, a la empresa de detener el curso de la historia, a acabar con el desarrollo autónomo de la economía y la mercancía. Las dificultades de un proyecto tan ambicioso como aquel y las propias de su vida errante de refugiado contribuyeron a alargar su redacción, que, sin embargo y, a pesar de los sucesivos parones, no llegó a detenerse jamás, hasta tal punto que la mayoría de sus escritos redactados en la década de los treinta pueden considerarse como exposiciones de determinadas partes del Libro de los Pasajes o ampliación de algunas de las ideas que en sus apuntes sólo están esbozadas, aunque contengan ya en ese esbozo toda su carga crítica.
Benjamin pretendía plasmar en su proyecto de los Pasajes todo su pensamiento: su percepción y concepción de la realidad, su teoría del conocimiento, su filosofía de la historia (o su filosofía histórica), su peculiar concepción del materialismo dialéctico. Y todo ello a partir de un estudio de París como capital del siglo XIX. Estudiando minuciosamente lo que llamaba ur-fenómenos del capitalismo industrial, imágenes históricas esenciales (como si de fósiles del capitalismo se tratara) en las que aparece desnuda la realidad del fetichismo de la mercancía y de las formas embrionarias del capitalismo industrial, Benjamin desarrolló una particular metodología dialéctica, una dialéctica de la mirada, que hacía visibles en el propio origen del capitalismo industrial, en su prehistoria, en su mitología, todas sus contradicciones y puntos de fuga, mostrando así un camino, una vía abierta a su superación dialéctica. Benjamin veía en los pasajes la imagen central del siglo XIX, el siglo de la expansión capitalista. Los pasajes recogían el inconsciente del sueño colectivo del capitalismo, la industrialización y el reino de la mercancía. Como dice Susan Buck-Morss en su obra Dialéctica de la mirada. Walter Benjamin y los Pasajes: «Todos los errores de la conciencia burguesa podían hallarse allí (el fetichismo de la mercancía, la cosificación, el mundo como «interioridad»), y también (en la moda, la prostitución, las apuestas) todos sus sueños utópicos. Además, los pasajes fueron el primer estilo internacional de la arquitectura moderna, y por tanto, parte de la experiencia vivida por una generación a escala mundial, metropolitana». Para Benjamin, había que ahondar en ese pasado para encontrar las claves del presente y, dando un salto dialéctico, concebir un futuro que no fuese una continuación de lo existente.
Mucho se ha discutido sobre cuál sería el destino final de esos apuntes, citas y aforismos. Se ha dicho que Benjamin pretendía escribir un libro enteramente con citas, llevando al máximo la objetividad del método dialéctico por medio de lo que denominaba "técnica del montaje": «Este trabajo tiene que desarrollar el arte de citar sin comillas hasta el máximo nivel. Su teoría está intimamente relacionada con la del montaje». Esta metodología trata de desvelar en el propio desarrollo histórico del capitalismo su esencia y su sentido, dejando al descubierto su realidad objetiva y permitiendo de ese modo al crítico, al revolucionario, encontrarse frente a la verdad desnuda del capitalismo y el fetichismo de la mercancía. A partir de ahí es tarea suya (nuestra) la labor de ir ensamblando los pedazos para construir una crítica que contenga y se halle contenida en la propia historia del capitalismo. Una crítica que ha de concretarse, pues, como el propio Benjamin dijo, «el capitalismo no morirá de muerte natural». Por tanto, no bastan los datos objetivos y la conciencia histórica (aquí se encuentra la clave de su crítica del concepto de progreso y de la socialdemocracia y su eterno esperar), es necesario algo más, una fuerza invisible que acelere esas contradicciones: la teología (entendida aquí en su contenido mesiánico-utópico, nihilista-anarquista), que es la que ha de actuar como último resorte oculto, como mecanismo de puesta en marcha. Ganar para la causa revolucionaria una teoría y un método auténtica y radicalmente críticos ha de ser el primer paso para el desarrollo de una práctica que concrete en sí misma todas las posibilidades de victoria, pero una victoria que no se espera sino que se acude a su encuentro. Sólo cuando pasado y futuro se conciban como una actualidad relacionada dialécticamente podrá destruirse este presente. Hay que unir, por tanto, la esperanza utópico-mesiánica en un más allá en el más acá con el método dialecto-crítico del materialismo, entonces sí podrá saltar la historia en pedazos y se abrirá la puerta por la que entrará el Mesías, acabando con el reino de la mercancía y dando comienzo a una nueva historia, la auténtica historia del ser humano.
Tras el suicidio de Benjamin en Port Bou en 1940, los amigos de Benjamin que habían seguido el desarrollo de sus investigaciones, especialmente Adorno, pensaron que los apuntes del Libro de los Pasajes se habían perdido para siempre, sólo conservándose los dos resúmenes enviados al Instituto de Investigación Social de Francfort exiliado en Estados Unidos. El hecho de que salvasen (maravillosamente) aquellos apuntes se debe a Georges Bataille, por entonces director de la Bibliothèque Nationale de París, donde Benjamin había pasado horas y horas recopilando minuciosamente información para su proyecto y a quien había confiado su custodia cuando se decidió a huir de la Francia ocupada. Pero no fue hasta después de la II Guerra Mundial, cuando Pierre Missac comenzó a buscar los apuntes, que estos pudieron ver la luz. En julio de 1945 Missac coincidió por casualidad con Bataille, quien le contó que Benjamin se los había confiado a él. Missac se puso inmediatamente en contacto con Theodor W. Adorno y Dora, la hermana de Benjamin, y en febrero de 1947 se los envió a Adorno a los Estados Unidos.
Aún quedan muchas preguntas sin respuesta: ¿Por qué Bataille no se puso en contacto él mismo con Adorno o con Dora Benjamin? ¿Eran aquellos papeles la totalidad de los escritos de Benjamin sobre los Pasajes? ¿Se perdió o fue destruido algo? ¿Cuál habría de haber sido su redacción final? Quizás la clave esté en la misteriosa y pesada maleta que Walter Benjamin llevaba consigo cuando intentaba cruzar los Pirineos y que contenía, según sus acompañantes, una posesión "más valiosa que su propia vida". ¿Transportaba Benjamin en aquella maleta la versión definitiva de su Libro de los Pasajes? No hay manera de saberlo. Lo único que tenemos hoy son esos apuntes dispersos y heterogéneos recopilados a lo largo de más de una década. Y esto ya es mucho, es muchísimo.
El Libro de los Pasajes es sin ninguna duda uno de los documentos más importantes del siglo XX, aún a pesar de su incompletitud y de su esoterismo. Walter Benjamin creía firmemente en la necesidad y urgencia de la crítica en la que estaba embarcado, creía necesario detener la marcha de la historia antes de que su carrera cuesta abajo y sin frenos condujese al abismo. Pero ese abismo le tragó antes de terminar su tarea. Tarea nuestra es hoy terminar lo comenzado, detener la marcha de la historia y cumplir la promesa. Y para ello habrá que volver de nuevo la vista a los Pasajes.
|11-04-2008

