Buscar  

El Libro de los Pasajes de Walter Benjamin

Maese Huvi | Para Kaos en la Red | 11-4-2008 | 692 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/libro-pasajes-walter-benjamin
Walter Benjamin

"Política y Metafísica, Teología y Materialismo, Mito y Modernidad, materia carente de intención y especulación extravagante... todos los caminos de la ciudad de Benjamin convergían en el plano del libro sobre París como en su Étoile."

Theodor W. Adorno

"Todo presente está determinado por aquéllas imágenes que le son sincrónicas: todo ahora es el ahora de una determinada cognoscibilidad. En él, la verdad está cargada de tiempo hasta estallar. (Un estallar que no es otra cosa que la muerte de la intención, y por tanto coincide con el nacimiento del auténtico tiempo histórico, el tiempo de la verdad)."

Walter Benjamin

Walter Benjamin comenzó a redactar la que debería haber sido su gran obra, el Passagen-Werk (Libro de los Pasajes), en 1927. Pero jamás llegó a terminarla. De aquella obra inacabada y construida casi enteramente con citas se conservan hoy, además de los resúmenes enviados a Th. W. Adorno en 1938 y 1939, los llamados "Apuntes y materiales", consistentes en una gran cantidad de citas recogidas de las fuentes más diversas y comentarios y reflexiones del propio Benjamin que se organizan por temas en treinta y seis archivos o konvoluts que ocupan más de 900 páginas. Benjamin trabajó en este proyecto a lo largo de trece años, hasta su suicidio en 1940. Le dedicó prácticamente su vida, ligando ambas, su vida y su obra, a la empresa de detener el curso de la historia, a acabar con el desarrollo autónomo de la economía y la mercancía. Las dificultades de un proyecto tan ambicioso como aquel y las propias de su vida errante de refugiado contribuyeron a alargar su redacción, que, sin embargo y, a pesar de los sucesivos parones, no llegó a detenerse jamás, hasta tal punto que la mayoría de sus escritos redactados en la década de los treinta pueden considerarse como exposiciones de determinadas partes del Libro de los Pasajes o ampliación de algunas de las ideas que en sus apuntes sólo están esbozadas, aunque contengan ya en ese esbozo toda su carga crítica.

Benjamin pretendía plasmar en su proyecto de los Pasajes todo su pensamiento: su percepción y concepción de la realidad, su teoría del conocimiento, su filosofía de la historia (o su filosofía histórica), su peculiar concepción del materialismo dialéctico. Y todo ello a partir de un estudio de París como capital del siglo XIX. Estudiando minuciosamente lo que llamaba ur-fenómenos del capitalismo industrial, imágenes históricas esenciales (como si de fósiles del capitalismo se tratara) en las que aparece desnuda la realidad del fetichismo de la mercancía y de las formas embrionarias del capitalismo industrial, Benjamin desarrolló una particular metodología dialéctica, una dialéctica de la mirada, que hacía visibles en el propio origen del capitalismo industrial, en su prehistoria, en su mitología, todas sus contradicciones y puntos de fuga, mostrando así un camino, una vía abierta a su superación dialéctica. Benjamin veía en los pasajes la imagen central del siglo XIX, el siglo de la expansión capitalista. Los pasajes recogían el inconsciente del sueño colectivo del capitalismo, la industrialización y el reino de la mercancía. Como dice Susan Buck-Morss en su obra Dialéctica de la mirada. Walter Benjamin y los Pasajes: «Todos los errores de la conciencia burguesa podían hallarse allí (el fetichismo de la mercancía, la cosificación, el mundo como «interioridad»), y también (en la moda, la prostitución, las apuestas) todos sus sueños utópicos. Además, los pasajes fueron el primer estilo internacional de la arquitectura moderna, y por tanto, parte de la experiencia vivida por una generación a escala mundial, metropolitana». Para Benjamin, había que ahondar en ese pasado para encontrar las claves del presente y, dando un salto dialéctico, concebir un futuro que no fuese una continuación de lo existente.

Mucho se ha discutido sobre cuál sería el destino final de esos apuntes, citas y aforismos. Se ha dicho que Benjamin pretendía escribir un libro enteramente con citas, llevando al máximo la objetividad del método dialéctico por medio de lo que denominaba "técnica del montaje": «Este trabajo tiene que desarrollar el arte de citar sin comillas hasta el máximo nivel. Su teoría está intimamente relacionada con la del montaje». Esta metodología trata de desvelar en el propio desarrollo histórico del capitalismo su esencia y su sentido, dejando al descubierto su realidad objetiva y permitiendo de ese modo al crítico, al revolucionario, encontrarse frente a la verdad desnuda del capitalismo y el fetichismo de la mercancía. A partir de ahí es tarea suya (nuestra) la labor de ir ensamblando los pedazos para construir una crítica que contenga y se halle contenida en la propia historia del capitalismo. Una crítica que ha de concretarse, pues, como el propio Benjamin dijo, «el capitalismo no morirá de muerte natural». Por tanto, no bastan los datos objetivos y la conciencia histórica (aquí se encuentra la clave de su crítica del concepto de progreso y de la socialdemocracia y su eterno esperar), es necesario algo más, una fuerza invisible que acelere esas contradicciones: la teología (entendida aquí en su contenido mesiánico-utópico, nihilista-anarquista), que es la que ha de actuar como último resorte oculto, como mecanismo de puesta en marcha. Ganar para la causa revolucionaria una teoría y un método auténtica y radicalmente críticos ha de ser el primer paso para el desarrollo de una práctica que concrete en sí misma todas las posibilidades de victoria, pero una victoria que no se espera sino que se acude a su encuentro. Sólo cuando pasado y futuro se conciban como una actualidad relacionada dialécticamente podrá destruirse este presente. Hay que unir, por tanto, la esperanza utópico-mesiánica en un más allá en el más acá con el método dialecto-crítico del materialismo, entonces sí podrá saltar la historia en pedazos y se abrirá la puerta por la que entrará el Mesías, acabando con el reino de la mercancía y dando comienzo a una nueva historia, la auténtica historia del ser humano.

Tras el suicidio de Benjamin en Port Bou en 1940, los amigos de Benjamin que habían seguido el desarrollo de sus investigaciones, especialmente Adorno, pensaron que los apuntes del Libro de los Pasajes se habían perdido para siempre, sólo conservándose los dos resúmenes enviados al Instituto de Investigación Social de Francfort exiliado en Estados Unidos. El hecho de que salvasen (maravillosamente) aquellos apuntes se debe a Georges Bataille, por entonces director de la Bibliothèque Nationale de París, donde Benjamin había pasado horas y horas recopilando minuciosamente información para su proyecto y a quien había confiado su custodia cuando se decidió a huir de la Francia ocupada. Pero no fue hasta después de la II Guerra Mundial, cuando Pierre Missac comenzó a buscar los apuntes, que estos pudieron ver la luz. En julio de 1945 Missac coincidió por casualidad con Bataille, quien le contó que Benjamin se los había confiado a él. Missac se puso inmediatamente en contacto con Theodor W. Adorno y Dora, la hermana de Benjamin, y en febrero de 1947 se los envió a Adorno a los Estados Unidos.

Aún quedan muchas preguntas sin respuesta: ¿Por qué Bataille no se puso en contacto él mismo con Adorno o con Dora Benjamin? ¿Eran aquellos papeles la totalidad de los escritos de Benjamin sobre los Pasajes? ¿Se perdió o fue destruido algo? ¿Cuál habría de haber sido su redacción final? Quizás la clave esté en la misteriosa y pesada maleta que Walter Benjamin llevaba consigo cuando intentaba cruzar los Pirineos y que contenía, según sus acompañantes, una posesión "más valiosa que su propia vida". ¿Transportaba Benjamin en aquella maleta la versión definitiva de su Libro de los Pasajes? No hay manera de saberlo. Lo único que tenemos hoy son esos apuntes dispersos y heterogéneos recopilados a lo largo de más de una década. Y esto ya es mucho, es muchísimo.

El Libro de los Pasajes es sin ninguna duda uno de los documentos más importantes del siglo XX, aún a pesar de su incompletitud y de su esoterismo. Walter Benjamin creía firmemente en la necesidad y urgencia de la crítica en la que estaba embarcado, creía necesario detener la marcha de la historia antes de que su carrera cuesta abajo y sin frenos condujese al abismo. Pero ese abismo le tragó antes de terminar su tarea. Tarea nuestra es hoy terminar lo comenzado, detener la marcha de la historia y cumplir la promesa. Y para ello habrá que volver de nuevo la vista a los Pasajes.

http://maesehuvi.blogspot.com
 
Más información:

|11-04-2008

TESIS SOBRE EL CONCEPTO DE HISTORIA – Walter Benjamin

I

Existe una leyenda  sobre un artefacto diseñado para jugar al ajedrez  que respondía perfectamente a cada movimiento de un oponente. Se trataba de una marioneta en atuendo turco y con un narguile en la boca, sentada a una mesa frente al tablero de ajedrez. Un sistema de espejos producía la ilusión de que la mesa era transparente por todos los lados. En realidad, un pequeño jorobado (maestro del ajedrez) estaba sentado bajo la mesa y dirigía la mano de la marioneta por medio de unos hilos. Podemos imaginar el equivalente filosófico de este dispositivo. La marioneta, llamada “materialismo histórico”, debe ganar todo el tiempo. Esta puede ser una partida fácil para aquél que se aliste  en los servicios de la teología que hoy, como sabemos, no puede ya tomarse en serio.
Esta ilustración está tomada del libro Introducing Benjamin, por Howard Caygill, Alex Coles and Andrzej Klimowski (Icon Books, 1998).

II

‘Una de las características más notables de la naturaleza humana,’ escribe Lotze, ‘es, junto al egoísmo en asuntos específicos, la libertad que el presente tiene en envidiar al futuro.’ La reflexión nos muestra que nuestra imagen de felicidad está, en el fondo, coloreada por el curso que ha tomado nuestra propia existencia. La clase de felicidad que podría despertar nuestra envidia existe sólo en el aire que hemos respirado, en la gente a la que podríamos habernos dirigido, en las mujeres que podríamos haber amado... En otras palabras, nuestra imagen de felicidad está indisolublemente ligada con la del rescate. Éste se aplica también a nuestro estudio del pasado, que es la ocupación de la historia. El pasado contiene un índice temporal por el cual es llamado al rescate. Hay un acuerdo secreto entre las generaciones pasadas y la presente. Nuestra llegada fue esperada en la tierra. Como cada generación que nos precedió, hemos sido dotados con un poder mesiánico débil, un poder que lleva una exigencia del pasado. Esta exigencia no puede satisfacerse de un modo barato. El materialista histórico es consciente de esto.

III

Supongamos que un cronista recita acontecimientos sin discriminar su importancia, de acuerdo con la lógica siguiente: nada que haya ocurrido alguna vez debe perderse para la Historia. Desde luego, sólo una humanidad redimida recibiría la plenitud de su pasado: sólo para una humanidad redimida el pasado se haría citable en todos sus momentos. Cada momento vivido se convertiría en una citation 'a l'ordre du jour'. Pero ese día es el del Juicio Final.

IV

“Busca alimento y ropa primero, entonces
el Reino de Dios te será añadido.”   
Hegel, 1807   
                 
La lucha de clases, siempre presente para el historiador marxista, es una lucha por las cosas ordinarias y materiales sin las cuales las refinadas y espirituales no podrían existir. Sin embargo, no es el botín de los vencedores la forma con la que éstos hacen sentir su presencia en la lucha de clases. Ellos se manifiestan en la lucha en forma de coraje, humor, astucia, valentía... Tienen además fuerza retroactiva y cuestionarán constantemente el botín de cada victoria, pasada y presente. Así como las flores se vuelven hacia el sol a fuerza de un secreto heliotropismo, así el pasado se esfuerza por volverse hacia el sol en el cielo de la historia. Un materialista histórico debe ser consciente de este movimiento, el más sutil de todos.

V

La verdadera imagen del pasado es fugaz. Sólo podemos apropiarnos de él en una forma que destella en el instante en que es reconocible. Y nunca es visto ya otra vez. ‘La verdad no se nos escapará': en la perspectiva histórica del historicismo estas palabras de Gottfried Keller marcan el punto exacto donde el materialismo histórico corta por el historicismo. Pues cada imagen del pasado que no es reconocida por el presente como una de sus propias preocupaciones amenaza con desaparecer irreparablemente. (Las buenas noticias que el historiador trae del pasado con el corazón palpitante pueden caer en el vacío tan pronto como abre la boca.)

VI

Articular el pasado históricamente no significa descubrir ‘el modo en que fue’ (Ranke) sino apropiarse de la memoria cuando ésta destella en un momento de peligro. El materialismo histórico quiere apropiarse la imagen del pasado que, de repente, se aparece al hombre seleccionado por la historia en un momento de peligro. El peligro afecta tanto al contenido de la tradición como a sus receptores. La misma amenaza pesa   sobre ambos: la de convertirse en instrumento de las clases dirigentes. En cada época deben realizarse nuevas tentativas para arrancar a la tradición del conformismo que pretende dominarla. El Mesías no viene sólo como el Redentor: él viene también para derrotar al Anticristo. Sólo aquel historiador que esté firmemente convencido de que hasta los muertos no estarán a salvo si el enemigo gana tendrá el don de alimentar la chispa de esperanza en el pasado. Pero este enemigo no ha dejado de vencer.

VII

“Considera la oscuridad y el gran frío
en esta tumba que resuena con misterio.”
B. Brecht, La ópera de cuatro cuartos   
                 
A los historiadores que desean volver a vivir una época pasada, Fustel de Coulanges recomienda que borren todo lo que saben sobre el curso posterior de la historia. No hay mejor modo de caracterizar el método contrario al del materialismo histórico. Es un proceso de empatía cuyo origen es la indolencia del corazón, 'acedia', que desesperaría al apresar la imagen histórica genuina cuando ésta llamea fugazmente. Entre los teólogos medievales la acedia fue considerada como la causa primordial de la tristeza. Flaubert, que estaba familiriazado con ella, escribió: “Peu de gens devineront combien il a fallu être triste pour ressusciter Carthage”. [“Pocos pueden adivinar lo triste que uno tiene que llegar a estar para querer resucitar Cartago.”] La naturaleza de esta tristeza se aclara si uno se pregunta con quién sienten empatía los historicistas. La respuesta es inevitable: con el vencedor. Y todos los dirigentes actuales son herederos de los vencedores que hubo antes de ellos. De ahí que la empatía con el vencedor, invariablemente, beneficie a los dirigentes. Los materialistas históricos saben lo que esto significa. Quienquiera que haya salido victorioso participa hasta hoy en la procesión triunfal en la cual los poderosos del presente pasan por encima de aquellos que yacen postrados. Según la práctica tradicional, el botín es llevado a lo largo de la procesión. Este botín lo forman los 'tesoros culturales' que el materialista histórico  ve con un distanciamiento cauteloso. Ya que, sin excepción, los tesoros culturales tienen un origen que él no puede contemplar sin horror. Ellos deben su existencia no sólo a los esfuerzos de las grandes mentes y talentos que los han creado, sino también al expolio y al duro trabajo anónimo de sus contemporáneos. No hay ningún documento de la civilización que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie. Y, como tal documento no está tampoco libre de la barbarie, ésta corrompe el modo mediante el cuál es transmitido de un poseedor a otro. Un materialista histórico, por tanto, se disocia del influjo de estos tesoros tanto como le es posible. Su tarea es cepillar la historia contra el grano.     
           
VIII 

La tradición del oprimido nos enseña que el “estado de emergencia” en que vivimos no es la excepción, sino la regla. Debemos llegar a una concepción de la historia acorde con este hallazgo. Entonces reconoceremos claramente que nuestra tarea es traer al frente el verdadero estado de emergencia. Esto mejorará nuestra posición en la lucha contra el fascismo. Una razón por la que el fascismo tiene posibilidades de darse es  que, en nombre del progreso, quienes se oponen a él lo tratan como si fuera una norma histórica. El asombro de que las cosas que estamos experimentando ocurran aún en pleno siglo XX no es filosófico. Este asombro no es principio de conocimiento —a menos que sea el conocimiento de que la visión de la historia que lo hace posible es insostenible.

Paul Klee "Angelus Novus"

IX

"Mein Flügel ist zum Schwung bereit,
ich kehrte gern zurück,
denn blieb ich auch lebendige Zeit,
ich hätte wenig Glück."
("Mi ala está lista para el vuelo,   
me gustaría volverme atrás,
si yo me quedara un tiempo eterno, 
tendría poca suerte.") 
Gerhard Scholem,
‘Gruss vom Angelus’     

Una pintura de Paul Klee titulada ‘Angelus Novus' muestra a un ángel que parece como si de pronto fuera a apartarse de algo que está contemplando con fuerza. Sus ojos miran fijamente, su boca está abierta, sus alas extendidas. Así es como uno imagina al ángel de la historia. Su cara está vuelta hacia el pasado. Allí donde percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una sola catástrofe que sigue amontonando restos y lanzándolos delante de sus pies. Al ángel le gustaría quedarse, despertar a los muertos, y recomponer todo lo que ha sido roto. Pero una tormenta del Paraíso empuja sus alas hacia atrás con tal violencia que no puede cerrarlas. La tormenta impulsa al ángel hacia el futuro (al que da su espalda) irresistiblemente, mientras la pila de restos y escombros crece por el cielo tras él. Esta tormenta es lo que llamamos progreso. 

X

Los temas que la disciplina monástica asignaba a los frailes para la meditación fueron diseñados para apartar a éstos del mundo y sus asuntos. Los pensamientos que estamos desarrollando  tienen un origen parecido. Cuando los políticos, en quienes la oposición al fascismo había puesto su esperanza, ceden y confirman su fracaso engañando a su propia causa, la observación atenta desentraña la implicación política de las trampas con que los traidores habían embaucado a sus seguidores. Esta observación reconoce entonces que la fe necia de los políticos en el progreso, su confianza en la ‘base de masas’, y, finalmente, su integración servil en un aparato incontrolable, son tres aspectos de la misma cosa. Lo que da una idea del alto precio que nuestro pensamiento tendrá que pagar por una concepción de la historia que evita cualquier complicidad con el pensamiento al cual estos políticos se siguen adhiriendo.

XI

El conformismo, que ha sido la parcela de la socialdemocracia desde el principio, se adhiere no sólo a su táctica política, sino también a su visión económica. Esta es una de las razones de su fracaso posterior. Nada ha corrompido tanto a la clase trabajadora alemana como la noción de que todo se movía con la corriente.  Desde aquí, había ya sólo un paso hacia la ilusión de que el trabajo de fábrica, que supuestamente conduciría al progreso tecnológico, constituía un logro político. La vieja ética protestante fue revivida por los trabajadores alemanes en una forma secularizada. El programa de Gotha,* contiene ya trazas de esta confusión, al definir el trabajo como “la fuente de toda riqueza y toda cultura”. Oliéndose algo raro, Marx respondió a esto “…el hombre que no posee ninguna otra propiedad que su capacidad de trabajo” debe convertirse por necesidad en “el esclavo de otros hombres que se han hecho los dueños…” Sin embargo, la confusión se extendió, y pronto Josef Dietzgen proclamó: “el Salvador de los tiempos modernos es el trabajo. La mejora del trabajo constituye la riqueza que es capaz ahora de llevar a cabo lo que ningún Redentor ha sido capaz alguna vez de hacer.” Esta concepción marxista vulgar de la naturaleza del trabajo evita la pregunta de cómo sus productos podrían beneficiar a los trabajadores sin estar todavía a su disposición. Tal concepción reconoce sólo el progreso en el dominio de la naturaleza, pero es miope para ver el contenido de regresión social. Con ello se anticipan ya los rasgos tecnocráticos del fascismo. Entre éstos hay una concepción de la naturaleza que se diferencia siniestramente del de las utopías socialistas antes de la revolución de 1848. La nueva concepción del trabajo se eleva a la explotación de la naturaleza, que es entonces contrastada con la explotación del proletariado con una complacencia ingenua. Comparado con esta concepción positivista, las fantasías de Fourier,  que eran a menudo tan ridiculizadas, adquieren una pertinencia sorprendente. Según Fourier, a consecuencia del trabajo cooperativo eficiente, cuatro lunas iluminarían la noche terrenal, el hielo retrocedería a los polos y el agua del mar ya no estaría salada. Todo esto ilustra una especie de trabajo que, lejos de explotar la naturaleza, es capaz de liberar las creaciones potenciales que están inactivas en su matriz. La naturaleza que, como Dietzgen dijo, “existe gratis”, sería el complemento a la concepción corrompida del trabajo.   
                 
*El Congreso de Gotha de 1875 unió los dos partidos socialistas alemanes, uno liderado por Ferdinand Lassalle, el otro por Karl Marx y Wilhelm Liebknecht. El programa, redactado por Liebknecht y Lassalle, fue atacado con severidad por Marx en Londres.

XII

"Necesitamos la historia, pero no del modo en que la necesita un gandul en el jardín del conocimiento."
Nietzsche, Del uso y abuso de la historia   
                 
La clase oprimida y luchadora es, en sí misma, el sujeto del conocimiento histórico. En Marx aparece como la última clase esclavizada, como el vengador que completa la tarea de liberación en nombre de todas las generaciones previas de oprimidos. Esta convicción, que tuvo un breve resurgir en el grupo de los Espartaquistas,* ha resultado   desagradable siempre a los socialdemócratas. En tres décadas, ellos lograron borrar el nombre de Blanqui casi totalmente, aunque fuera la voz que habría que haber rescatado y cuyo sonido reverberó durante el siglo precedente. La socialdemocracia se las arregló para adjudicar a la clase obrera el papel de Redentor de futuras generaciones, cortando de esta manera los tendones de su mayor fuerza. Con esta táctica, la clase obrera tendió a olvidar su odio y su espíritu del sacrificio: ambos se nutren de la imagen de antepasados esclavizados y no de la de  nietos redimidos.
* Grupo fundado por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg a principios de la primera guerra mundial en oposición a las políticas pro-bélicas del partido socialista alemán. Más tarde sería absorbido por el partido comunista.   
                 
XIII   
                 
"Cada día nuestra causa se hace más clara
y la gente se hace más elegante."
         
Wilhelm Dietzgen, ‘Die Religion der Sozialdemokratie’   
                 
La teoría socialdemócrata, y más incluso su práctica, ha sido construida sobre una concepción del progreso que, sin adherirse a la realidad, hizo proclamaciones dogmáticas. El progreso, imaginado en las mentes socialdemócratas era, en primer lugar, el progreso de humanidad en sí mismo (y no sólo un avance en las capacidades y conocimientos del hombre). En segundo lugar, era algo ilimitado, de acuerdo con la infinita capacidad de superación del hombre. En tercer lugar, el progreso fue considerado como irresistible, algo que automáticamente seguía un curso directo o espiral. Cada uno de estos enunciados era, en realidad, polémico y susceptible de crítica. Sin embargo, cuando los detalles están ausentes, la crítica debe penetrar más allá de estas afirmaciones y centrarse en lo que tienen en común. El concepto de progreso histórico de la humanidad no puede separarse del de progresión por un tiempo vacío y homogéneo. Una crítica a tal concepto de progresión debe ser la base de cualquier crítica del concepto de progreso en sí mismo.

XIV

El origen es el objetivo.
Karl Kraus, Worte und Versen, vol. 1

La historia es el objeto de una construcción cuyo lugar no es un tiempo vacío y homogéneo, sino un tiempo lleno de la presencia del “ahora”.* Así, para Robespierre, la Roma antigua era un pasado lleno del tiempo del ahora que él arrancó a la sucesión continua de la historia. La Revolución francesa se vio a sí misma como la encarnación de Roma. Pero evocó la Roma antigua de la misma forma en que la moda evoca los trajes del pasado. La moda tiene una gran facilidad para lo tópico y específico, no importa en qué espesuras se mueva de qué tiempo pasado: es un salto de tigre. Este salto, sin embargo, ocurre en el circo donde la clase dirigente da las órdenes. El mismo salto, al aire libre de la historia, es el dialéctico: el modo en que Marx entendió la revolución.     
                 
*Benjamin dice “Jetztzeit” e indica con las comillas que no se trata simplemente de una equivalencia con 'Gegenwart' (presente), sino más bien del místico 'nunc stans'.

XV

La conciencia en las clases revolucionarias de que van a hacer estallar el continuo de la historia es característica del momento de su acción. La gran revolución introdujo un nuevo calendario. El día inicial de un calendario sirve como una cámara de lapso de tiempo histórico. Y, básicamente, es el mismo día que sigue repitiéndose en el aspecto de las vacaciones, cuando se commemora. Así, los calendarios no miden el tiempo como lo hacen los relojes; ellos son monumentos de una conciencia histórica de la que ni el más leve rastro ha aparecido en Europa en los últimos cien años. En la revolución de julio ocurrió un incidente que mostró esta conciencia viva. Durante la primera tarde de enfrentamientos se disparó a los relojes en las torres, simultánea e independientemente, en varios lugares de París. Un testigo ocular (que quizá debió su agudeza al ripio) escribió como sigue:

Qui le croirait! o­n dit, 
qu’irrités contre l’heure 
De nouveaux Josués 
au pied de chaque tour,
Tiraient sur les cadrans 
pour arrêter le jour.
(¡Quién lo creería!   
nos dicen que un nuevo Josué,
al pie de cada torre,   
irritado contra el tiempo
dispara a los relojes 
a fin de parar el día.)

XVI

Un materialista histórico no puede trabajar sin la noción de un presente que no es transición, sin un presente en que el tiempo está garantizado y se detiene. Esta misma noción define el presente en que él, para su persona, está escribiendo historia. El historicismo proporciona la imagen “eterna” del pasado; el materialismo histórico suministra una experiencia única del pasado. El materialista histórico deja a otros que suavicen esa experiencia con ayuda de la prostituta “Érase una vez” del burdel del historicismo. Pero él permanece en el control de sus poderes, y éstos son suficientes para hacer estallar el continuo de la historia.

XVII

El historicismo culmina correctamente en la historia universal. La historiografía materialista difiere de este método más claramente que de cualquier otro. La historia universal no tiene ninguna armadura teórica. Su método es aditivo: reune una masa de datos para llenar el tiempo vacío y homogéneo. La historiografía materialista, por otra parte, está basada en un principio constructivo. El pensamiento involucra no sólo al flujo de pensamientos, sino también a su apropiación. Cuando, de repente, el pensamiento se detiene en una constelación embriagada de relaciones tensas, le imprime a esa constelación un shock, mediante el cual cristaliza en una mónada. Un materialista histórico se acerca a un sujeto histórico sólo allí donde lo encuentra como una mónada. En esta estructura, él reconoce el signo de un cese mesiánico del acontecer o, dicho de otra forma, una posibilidad revolucionaria en la lucha para el pasado oprimido. Él extrae de ahí conocimiento con el fin de arrancar una época específica al curso homogéneo de la historia –arrancando una vida específica a una época o un trabajo específico al trabajo de toda una vida. Como consecuencia de este método, el trabajo de toda una vida es conservado en el específico, y al mismo tiempo anulado.* Igual sucede con la época en el trabajo de toda una vida y con el curso entero de la historia en la época. La fruta alimenticia de lo históricamente entendido contiene al tiempo como semilla preciosa pero insípida.     
                 
  *El término hegeliano aufheben en su sentido triple: conservar, elevar, anular.

XVIII

“Con relación a la historia de la vida orgánica en la tierra,” escribe un biólogo moderno, “los ínfimos cincuenta milenios del homo sapiens están en la misma proporción que los dos últimos segundos al día de veinticuatro horas. Con esta misma escala, la historia de la humanidad civilizada llenaría sólo la quinta parte del último segundo.” El presente que, como modelo de tiempo mesiánico, comprende la historia entera de la humanidad en una síntesis extraordinaria, coincide exactamente con la estatura que la historia de la humanidad tiene en el universo.

A

El historicismo se contenta con establecer una unión causal entre varios momentos de la historia. Pero no porque un hecho sea una mera causa es ya histórico. Se hace histórico póstumamente, al darse como era, aunque los acontecimientos puedan estar atrás en el tiempo miles de años. Un historiador que parte de este punto abandona decir la secuencia de acontecimientos como si fueran las cuentas de un rosario. En cambio, él se apropia de la constelación que su propia época ha formado con la otra, más temprana. Así, llega a establecer una concepción del presente como “tiempo del ahora”, surcado por fragmentos de tiempo mesiánico.

B

Los adivinos, que hacían su agosto con todo lo que cabía encontrar fuera del tiempo, no experimentaron éste como homogéneo o vacío. Quien tenga esto presente se hará una idea de cómo se experimentaron los tiempos pasados en la memoria. Sabemos que a los Judíos se les prohibió adivinar el futuro. Pero el Torah y los rezos los conducen a la rememoración. Esto despoja al futuro de la magia a la que sucumben todos aquellos que vuelven a los adivinos. Lo que no implica, sin embargo, que para los judíos el futuro se convirtiera en un tiempo vacío y homogéneo. Cada segundo de tiempo era el difícil ojo de aguja por el que el Mesías podía entrar.


Comentarios (0)
La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada
Más información en Kaos en la Red
Heterodoxias Internacional Memoria histórica Opinión
Col·lectiu Kaos en la Red. C/ Sant Crispí, 182 (08222). Terrassa (Barcelona)