ampliar
Estamos ocupados. Silencio. |
Después de las estaciones francesa e italiana de florecer cultural radicalmente crítico, muy creativo y disidente, estalladas en la comunicación y difusión mediática a partir de los años sesenta, parecía que algo semejante podía nacer también en este estado, todavía enormemente lastrado e inmovilizado en y por el pasado de una dictadura militar y fascista.
Es verdad que las únicas verdaderas experiencias de prensa crítica, surgidas en el País Vasco, Egin y Egunkaria, han sido segadas manu militari, no hace mucho desde luego, después de algunos años de presencia en el tablero de este lado de los Pirineos. Si todavía tenemos que considerar al País Vasco como parte del tablero mediático y cultural español, por supuesto (·).
Pero, por ejemplo desde los tímidos y espurios intentos de Liberación y Diagonal, se empezaba a considerar la posibilidad de que “altas esferas” del poder económico, instituciones, partidocracia, militares, obispos, arquitectos, médicos y letrados hispanos hubieran entendido que algo de prensa crítica, creativa, más liberal, menos nacionalista y vaticanista, hubiera podido favorecer la consolidación del estado post-franquista, a pesar de no haber hecho casi ninguna cuenta seria con su brutal pasado, y de haber repuesto en el escaparate la carga envenenada del los Borbones.
Zapatero vende todavía bastante bien en Europa, tanto que la imagen española ha empezado a subir algunos peldaños desde el ostracismo cultural en el que se había metido en el siglo pasado; y esta experiencia parece que empieza a reflejarse también en su interior. Se nota en la cinematografía, en la literatura, y hasta en la difusión y comunicación de masas: existe y se consolida Kaosenlared como referencia internacional, Lademocracia.es aparece como un potente rompeolas para la libertad de prensa, los Indymedias se afirman en las conexiones sociales, etc. hasta el punto de que los cierres violentos de Egin y Egunkaria puedan parecer como antidemocráticos deslices de guerra, de una etapa lejana, irrepetible, a olvidar y punto. Tema vasco; asunto extra; primera lección: ignorar. Secreto militar, aunque se torture.
Sin embargo, este es todavía el tema español por excelencia. Por mucho que esté por fin resurgiendo una fuerte corriente republicana, o que el laicismo se instale con fuerza en casi todas las nacionalidades y regiones españolas, y que los temas socio-económicos sigan siendo lo mismo de graves, naturalmente, el tema vasco es la verdadera cuestión crucial del estado español. Allí donde han tropezado y caído todos los gobiernos, tarde o temprano.
Hasta el punto de que la nueva propuesta editorial digital, Lademocracia.es, que desde hace pocas semanas había surgido según todos indicios como voz realmente radical y republicana, ha tropezado a su vez este domingo con la cuestión. El muy extraño desaparecer y aparecer a lo largo del día de un artículo de uno de sus colaboradores en el País Vasco, la crónica de la manifestación de Arrasate del sábado con entrevistas a A. Urkaegi y X. Zubizarreta (ex alcalde de la localidad), nos delata que a pesar de que la libertad de prensa puede que exista, a veces, lo que parece todavía imposible en España es …la libertad de pensamiento.
Es suficiente leer el editorial anterior de Lademocracia.es, para notar la muy paradógica contradicción entre su denuncia de que “la prensa ha muerto”! y los estertores de pocas oras después con la crónica de Arrasate.
¿Estertores de parto o de otra democrática agonía?
¡Hay del problema vasco, que problema para España!
¿Existe un futuro para este estado ...de cosas, y para una cultura realmente libre a este lado de los Pirineos?
  + + + + + + +
(·) Bien es verdad que los dos diarios, pero sobre todo Egunkaria, escrito únicamente en euskara, eran divulgados también en el País Vasco francés, y por lo tanto tampoco desde el punto de vista geográfico se podían considerar sólo como periódicos españoles.
Nos encontramos hoy con la misma situación, pero todavía mucho más evidente por la mayor difusión que tienen respectivamente Berria y Le Journal en los dos lados de los Pirineos. Pero esto, por supuesto, en España se ignora totalmente.