LECCIONES DE ÉTICA y VÍCTIMAS
Mucho se está escribiendo y hablando sobre ética, política, violencia y víctimas. Hay quien propone condenas, atendiendo a cuestiones éticas. Hay quien opina que éstas no resuelven nada porque la verdadera paz vendrá tras analizar la génesis del conflicto político y buscaruna solución democrática que erradique toda expresión de violencia que pueda originar nuevas víctimas.
PNV y PSOE son de la primera opinión y están impulsando en diferentes ayuntamientos de Euskal Herria mociones solicitando la condena y exigiendo la dimisión por “dignidad ética y moral” de aquellos alcaldes y concejales queno rechacen, como ellos piden, los atentados y la violencia de ETA. Argumentan que “es indigno, inmoral y antidemocrático que personas elegidas por el pueblo y no sean capaces de dar ese paso,sigan ostentado sus cargos”. Aplicando la premisa de estos partidos, también apoyada por otros como el PP, es obligado detenerse a analizar si estos grupos políticos están legitimados para plantear estas exigencias.
El contexto actual no es ajeno al recorrido histórico reciente. En las últimas décadas han sido, Franco, Carrero Blanco, Arias Navarro, Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González, Aznar y Zapatero los que han dirigido los gobiernos de un Estado que ha sido escenario de múltiples expresiones de violencia. A las decenas de miles de asesinados y represaliados por la violencia del Estado terrorista que Franco y sus secuaces implantaron tras la rebelión militar y posterior dictadura durante 40 años, hay que añadir las miles de víctimas producidas por la represión policial, la tortura, la política penitenciaria y la guerra sucia (Triple A, BVE, GAL y demás elementos incontrolados y parapoliciales) bajo los diferentes gobiernos de UCD, PSOE y PP. Desde la aprobación de la Constitución de 1978 hay demasiado que aclarar sobre tanta violencia sin condenas y tanta impunidad sin justicia, como para que los grandes partidos constitucionalistas encabecen ahora la defensa de la ética.
Estrategias diseñadas parareprimir luchas que se llevaron a cabo en Euskal Herria durante el franquismo a lasque les han dado continuidad tras ese oscuro periodo. Hay que recordar que desde la derechaespañolista, ni AP ni su refundación PP, nunca seha condenado de manera tajante e inequívoca el régimen franquista. Además el que fuera ministro de esa dictadura de sangre y terror, Manuel Fraga Iribarne, fuefundador y ostenta a día de hoy la presidencia de honor de esta formación. Un afamado franquista revestido de demócrata, que nos brindó la oportunidad de dejar en evidencia la verdadera catadura moral y ética de algunos políticos. Fue en otoño de 2002 cuando Fraga se soltó con unas declaraciones a un programa televisivo en las cuales respaldaba la guerra sucia definiéndola como un “mecanismode autodefensa que el Estado español utilizaba ante el terrorismo de ETA”. En esa misma entrevista asumía la actuación, siendo él ministro de Gobernación, llevada a cabo en Gasteiz el 3 de marzo de 1976 y la catalogaba como“actuación no excesiva”, cuando en ella, cinco trabajadores fueron asesinados y mas de cien resultaron heridos al ser ametrallados por la Policía Armadatras el desalojo de una iglesia en la que se celebraba una asamblea de obreros en huelga.
Tras semejantes declaraciones que a nuestro entender constituían un claro delito de “apología de terrorismo” y viendo que no se actuaba desde ninguna instancia judicial ni política, la Asociación de Víctimas del 3 de Marzo presentó una moción en el ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz al objeto de reprochar y deplorar dichas declaraciones por parte del pleno municipal. Al contrario de lo que cabía esperar, la moción no fue aprobada. El entonces alcalde del PP Alfonso Alonso, haciendo uso de su voto de calidad, deshizo el empate que se había dado tras los votos en contra de PP y UA, la abstención de los concejales del PSOE (entre ellos el actual alcalde Patxi Lazkoz) y los emitidos a favor por parte de PNV, EH, EB y EA. Unas declaraciones que amparaban la violencia ilegítima por parte del Estado y justificaban la utilización de la guerra sucia como método de represión hacia Euskal Herria,se quedaron impunes ante la justicia y sin el rechazo político que merecían. Estas situaciones y modo de procederse han dado después en relación a mociones dirigidas a posicionarse contra la tortura, la dispersión, los juicios políticos o las ilegalizaciones y han dejadoen evidencia la verdadera catadura moral y ética de algunos políticos que se preciaban de intachables demócratas.
Pero a fecha de hoy, tampoco el PNV estalegitimado para dar lecciones de moralidad y ética a nadie, cuando son incapaces de tratar de igual forma y consideración a todos los afectados y víctimas de las diferentes expresiones de violencia existentes en Euskal Herria. Es significativo verificar año tras año como se siguen incumpliendo promesas, como se perpetúa la desigual consideración dada a los damnificados por la violencia dependiendo de la procedencia de ésta. No tiene el mismo reconocimiento una víctima originada por ETA, que otra ocasionada por la violencia del Estado. A unas les dan el protagonismo, la palabra, las campañas, les rinden homenajes solemnes y recepciones oficiales, se les da cobijo y amparo, se elaboran leyes que les contemplan y resarcen moral y materialmente. Mientras tanto, a las otras, en algún caso aislado bonitas palabras vacías de contenido, pero en la práctica totalidad son postergadas al mayor de los olvidos y se les impide acceder a las leyes de reconocimiento elaboradas en base a los preceptos y supuestos establecidos, marcados por ellos mismos. El PNV y el Gobierno Vasco están obligados a corregir la injusticia mantenida en el tiempo, injusticia que volveremos a ver escenificada en un nuevo acto parcial en el Kursaal dedicado a reparar a las víctimas de un sólo tipo de violencia. En el aspecto humano el dolor y el sufrimiento originado por la violencia es el mismo con independencia de donde provenga ésta, pero en las víctimas olvidadas la discriminación provoca un salto indignante que además se ve incrementado por la impunidadde que gozan quienes lo producen.
Voluntad política y decisiones valientes, eso eslo que se necesita para solucionar el conflicto que padece Euskal Herria. Si las políticas de derechos humanos y de atención a las víctimas fueran igualitarias y encaminadas a buscar puntos de encuentro, al contrario de lo que sucede en la actualidad, es seguro que se avanzaría con paso firme a la desaparición de nuevas situaciones dolorosas, a la paz y a la normalización democrática de Euskal Herria. Esa es la asignatura pendiente, la mejor lección de ética que queda por enseñar, aprender y aprobar; por todos y para todos.
(*) Andoni Txasko y Lander García
Víctima del 3 de Marzo de 1976 y familiar de asesinados por la represión franquista, respectivamente.