Fue el primer americano que gritó ‘libertad’, y uno de los primeros en derrotar  en varias batallas a las tropas reales de Carlos V.  Estamos hablando de Leftraro, o Lautaro, a quienes los delincuentes europeos – vestidos de soldados- bautizaron como Felipe (o como Alonso, según otros cronistas). 
¿El primer americano que gritó ‘libertad’? Claro que sí. Americanos eran sólo aquellos que habitaban este hermoso continente, desde Alaska hasta el Canal Beagle, cuando los blancos arribaron a las costas atlánticas con afanes de dominio, rapiña y saqueo. Americanos eran los pueblos que se derramaban desde el estrecho de Behring hacia el sur. 
Mohicanos, Pies Negros, Sioux, Apaches, Navajos, Comanches, Aztecas, Toltecas, Caribes, Mayas, Xingúes, Incas, Aymaras, Atacameños, Pampas, Guaraníes, Charrúas, Mapuche, Pewenche, Kaweshkar, Onas…son los americanos auténticos, originarios;   americanos de verdad. Algunos de ellos arribaron a este continente aproximadamente diez mil años antes del nacimiento de Cristo, el resto lo hizo –también aproximadamente- seis mil años más tarde.  Tiempo suficiente para demostrar histórica y moralmente que eran los verdaderos propietarios de este continente. 
Y de todos ellos, fue Lautaro quien –en el extremo austral del continente- emitió el primer grito de libertad que escuchó la América toda, aunando la bravura de los guerreros de su raza  bajo el mando de un indomable como él. Los godos llegados de Europa pretendían agenciarse las tierras, los ríos y montañas, las llanuras y bosques, en procura de lo único que motivaba a los muy cristianos y católicos hijos de su majestad Carlos V: oro…oro, oro, oro.
Junto a la apropiación de los yacimientos y de los valles, el europeo puso en juego un nuevo estilo de esclavitud,  cobijado en páginas bíblicas cuyas palabras eran mencionadas por corruptos sacerdotes que acompañaban a los invasores. Como siempre ha ocurrido a lo largo de la Historia de la Humanidad, dinero e iglesia iban de la mano. 
La feroz oposición de Lautaro y sus huestes llevaron a  los españoles a asegurar que los indígenas eran ‘bárbaros’, ‘herejes’  y ‘diabólicos’. ¿Por defender sus tierras, su cultura y su libertad? Los opresores siempre califican de tal modo al oprimido que se niega a constituirse en tal. Hubieron de pagar caro su osadía primigenia. Ardió Concepción, se estremeció Tucapel y tembló de pavor Santiago.  
Sin embargo, en las márgenes del río Mataquito cayó herido de muerte el gran toqui. La Historia recogió su legado y doscientos cincuenta años más tarde, revolucionarios como Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José de San Martín, Sucre, O’Higgins y muchos más, decidieron  bautizar  su primer movimiento independentista con el nombre del insigne mapuche, la Logia Lautarina. 
A lo largo del transcurso del Chile independiente, los escolares fueron educados en las hazañas de Lautaro, Galvarino,  Caupolicán y decenas de caciques y toquis que  enfrentaron a las tropas invasoras. A todos se nos enseñó respecto de la bravura y decisión del pueblo mapuche. Debíamos sentirnos orgullosos por ser parte de tales raíces invencibles, nunca rendidas. Los chilenos llenamos calles, plazas y pueblos con el nombre del gran jefe, y más calles y plazas con los corajudos nombres de otros guerreros. Hasta naves de la Armada recibieron el nombre de Lautaro para mostrar a  nuestros vecinos que Chile estaba dispuesto –al igual que hizo el jefe indígena- a vencer o morir, pero jamás rendirse. ¡¡Tienen que seguir su ejemplo!!, nos dijo más de un profesor, más de un político, más de un mandatario, más de un militar, más de un periódico. 
¿Seguir su ejemplo? Claro que sí, pero sólo hasta el momento en que la herencia bravía pudiese poner en jaque el dominio económico y político de los  mandantes de siempre.     El que traspasaba esa frontera, recibiría el castigo de la ley del rico. Sería  perseguido, humillado, vilipendiado. Se le llamaría ‘subversivo’, ‘loco’, ‘terrorista’, ‘delincuente’, y  merecería las penas del infierno. 
Esos mismos epítetos se les cuelgan hoy a los herederos de Leftraro por reclamar sus inalienables derechos sobre las tierras de sus antepasados. Ellos no piden más que aquello que les corresponde;  no exige otra cosa que el respeto a sus tradiciones, a su cultura y a su derecho a vivir como su propia historia les señala, vale decir, abrazados a la tierra, a la naturaleza, a la lluvia y a las montañas. Ellos sólo quieren seguir desarrollando su propia trascendencia sin impetrar lo que no les corresponde y tampoco les interesa. 
Para el dominador, los mapuche son hermosos solamente en las páginas de la Historia, en los desfiles y en las ceremonias religiosas que la televisión muestra al mundo. Más allá de esos hechos, para el establishment, el mapuche es peligroso, molesto, sale sobrando en la sociedad capitalista. 
Hoy, según el criterio de los socios políticos-empresariales que se han agenciado el país a través de una especie de dictadura disfrazada de pseudo democracia, si Lautaro renaciera y  se pusiera a la cabeza de sus nuevas huestes, sería simplemente un ‘terrorista’ al que debería aplicársele la ley de seguridad del estado. ¿De cuál Estado? ¿Del  mismo Estado que hasta hace diez o veinte años lo consideraba un ‘héroe nacional’ y ahora lo  cataloga como villano?   
El duopolio binominal que nos  mal gobierna, desea que el pueblo mapuche siga siendo guerrero, invencible, indomable, pero solamente en la leyenda, nunca en la realidad. Del mismo modo, ese duopolio quiere que la juventud participe en política, pero sin opinar en desmedro del sistema. Ese duopolio impetra que la gente participe en la vida pública, pero sin criticar lo que se ha estructurado en beneficio exclusivo de unas pocas familias y unos pocos consorcios extranjeros. 
Ese  duopolio desea, quiere e impetra que los chilenos, los mapuche, los rapa-nui, los aymara y los pewenche bajen ante él cerviz y cociencia. Si no lo hacen son entonces calificados de subversivos, terroristas, guerrilleros, locos, delincuentes e insanos. Pero, en la realidad del rigor y de la esencia, ese duopolio es quien ha entregado el país a intereses foráneos negando y ultrajando las raíces de Chile. Tarde o temprano la rueda de la Historia pasará sobre ellos para confinarlos al baúl de los desechos.
#1.- concepto de "Terrosristas": "Los opresores siempre califican de tal modo al oprimido que se niega a constituirse en tal."
20-08-2008 15:44
Gracias por este artículo!!!
muy necesario, porque es necesario que reescribamos nuestra historia, ya basta de mitos del "conquistador genial", cuando eran unos genocidas...
y muy necesario porque además reflexiona acerca del concepto de "terrorista", muy de moda en las represiones actuales...
es verdad que el concepto de "Terrorismo" o el de de "bárbaros" son usados por los verdaderos genocidas para legitimar su Saqueo y monstruosidad:
"Los opresores siempre califican de tal modo al oprimido que se niega a constituirse en tal."
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#2.- Una gran verdad
C.I.L.P.|20-08-2008 18:51
Que buen artìculo, la pura verdad. Cuanta mentira nos han
metido en la cabeza y no nos damos ni cuenta, por otra parte, ¿seremos
los maestros del perfil solicitado por Hitler, en lo no pensantes ,
digo yo?, chorros de dinero para no lograr nada, pues los profesores,
aparte de no leer , siguen picando piedras no para grandes obras sino
para las pequeñas cositas que les permiten sobrevivir en la gran
querencia de Chile.
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#3.- felicidades!
lautaro|25-08-2008 20:34
Nooo nada q decir muy buen articulo toda la razon ojala q mas jovenes se interesen por su historia y su cultura y q los chilenos no reniegen de su propia raza.
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