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La igualdad que no cesa, y II

Pues mire vd, me niego a la igualdad, incluso a la igualdad de gé­nero. Cada en su sitio. Como no quiero ser igual a un aristócrata, ni al rico, ni a individuos de otras culturas y sensibilidades. Sólo trato con mis afines. Qué manía...
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 20-4-2008 | 337 lecturas | 3 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/la-igualdad-que-no-cesa-y-ii

  Así es que, puesto que en todas las constituciones y leyes occi­denta­les y por consiguiente también en las españolas, está estable­cida la igualdad de género, yo, en uso de mi libertad indivi­dual me niego a esa mísera igualdad que protege el Ministerio.

  Pero no se preocupen féminas y feministas, progres y socialistas, li­be­rales y conservadores... Porque, en uso del otro valor revoluciona­rio, la libertad, cedo a la mujer todos mis derechos y aun las obligacio­nes cedibles para que los sume a los suyos. Como no tengo talante com­petidor en una sociedad abruptamente competitiva en todo lo peor hasta la náusea, no creo que a nadie importe, sin felici­tarme, que re­nuncie a las pompas y vanidades de los atributos de mi género tra­dicio­nales y me una, a mi manera, a la causa de la mujer ministe­rial. Y mi manera es, habiendo hijos por medio, con la renuncia. Pre­fiero asumir el rol más noble que le tocó secularmente a ella, que quiso te­ner ella o que le impuso el hombre (esto será siem­pre difícil de saber, aunque es probable que sea una suma de las tres causas).

  Mi propósito es dedicarme a partir de ahora a "mis labores" y a mis hijos; a influir y a sugerir, pero también a abandonarme a las iniciati­vas de mi pareja a la que le reconozco no sólo esa igualdad, sino que le entrego la parte de igualdad que me tocaría en el reparto. Y todo para reforzar su figura social y su preponderancia. Haciéndolo así ambos nos hacemos fuertes y seré más dueño de la sensibilidad que antes me oprimía como macho que soy. Vista la testarudez del gobierno para que brille esa igualdad a la que nadie, que yo sepa, se ha opuesto desde que se inauguró la democracia, dejemos que cada cual administre la igualdad, bien para exigirla, bien para igno­rarla, bien para renunciar a ella.

  No quiero peleas, ni medrar. No quiero tensiones ni que mi pareja piense que quiero sobresalir a costa de ella llevando a casa recur­sos para los dos y para los hijos que puedan llegar. Le ruego que haga suya la responsabilidad y el honor de pelear en la sociedad como antaño el cazador, para subvenir ella a las necesidades. Yo la confortaré al llegar a casa, Yo me encargaré de tener el hogar, la madri­guera, la osera en las mejores condiciones. Sí, porque en uso también de mi libertad que ella seguro no me regateará, prefiero tra­ba­jar en casa. Me niego a poner en manos extrañas las labores do­mésticas y a los hijos, sencillamente porque para pagar también equitativamente al extraño o extraña que se encargase de ello, ten­dría que ponerme a trabajar fuera de casa por un salario equivalente al que yo pagase a esos extraños para tenerme yo a mí mismo por justo. Pues de otro modo atentaría desde la igualdad de género, co­ntra la igualdad que precede: la igualdad social. Así es que trabajaré en casa y espero que algún día un gobierno retribuya una de las  funciones sociales  más excelsas de la mujer en este mundo hasta que llegó el desbarajuste.

  Por algo sociedades viejas europeas vuelven a ese anti­guo  régimen en el que la mujer se queda en casa y el hombre le ayuda al volver de su trabajo... Cuando llegue la prole resistiré las peores noches, me afanaré en mi­marla, en atenderla, en cuidarla y enseñarla como el mejor padre de familia. Me rindo ante mi pareja, si nadie ni ley alguna me lo prohíbe. Y a mi pareja, a la que consi­dero superior, me someto desde este momento. No es posible que dos directores de orquesta la dirijan al mismo tiempo. Me acojo a uno de los principales precep­tos del código civil que establece la re­nunciabilidad de los derechos siempre que no sea en perjuicio de terceros.

  ¿Puede imaginarse mayor beneficio entre dos, para todos y para toda la sociedad que alguien se niegue a sí mismo y se anule en fa­vor del otro; es decir, que una de las dos partes en un litigio que no existe por eso mismo, se allane y se retire de la competición? Quiero una sociedad invertida, quiero que ordenen y manden, dirijan y dis­pon­gan las mujeres. Es un seguro de paz.

 
 
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Comentarios (3)

#2.- Un brindis por Richart

20-04-2008 15:38

        Si yo tuviese dotes de comentarista, te hubiese dicho que me pisaste el artículo. Pero, no. No existe posibilidad de competición entre los dos, porque, aunque llevo mucho tiempo comentando con quien me rodea una idea gemela a la tuya, si me permites el tuteo, no me siento con dotes para estructurar e hilvanar el concepto por tí expresado.

    Sólo añadir mi felicitación que enviándotela, lo hago conmigo mismo y me ayudas a no sentirme solitario en esta marea los, las, ellos, ellas, unos, unas,..., que en el fondo, lo que pretenden es despistar al personal con poses de este tipo, cuando lo que se debiera es atacar el problema desde  un pusto de vista formal.

        Y una sugerencia  para la nueva adquisición de ZP (léase doña Bibiana), que no confunda el orden natural de los conceptos: lo primero, es la Lbertad, con mayúsculas. La Igualdad, vendrá sola, sin cacareos y,... sin ministerios.

        Saludos y, que te vaya bien en "tu nueva vida "

     
 

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#3.- richart se lo curra de pena

marieta|22-04-2008 20:34

supongo que mi masoquismo mental ha sido el responsable de haberme llevado a leer el  ridículo artículo  de este señor, que  al parecer  pretendía quedar como  graciosillo...
penoso, absolutamente.  sin palabras  

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#4.- richart se lo curra de pena

marieta|22-04-2008 20:35

supongo que mi masoquismo mental ha sido el responsable de haberme llevado a leer el  ridículo artículo  de este señor, que  al parecer  pretendía quedar como  graciosillo...
penoso, absolutamente.  sin palabras  

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