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La democracia liberal

¡Qué sarcasmo! Originariamente, desde el siglo XIX, el liberalismo político era resumidamente esto: la libertad no podía ser limitada por ningún tipo de autoridad, fuera política o espiritual. Defendían la li­bertad de pensamiento y denunciaban todo intento de limitar la li­bertad de conciencia y de creencias.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 26-4-2008 | 343 lecturas | 1 comentario
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  Reclamaban el derecho a la li­bre reunión, a la asociación, a la expresión de las ideas, a la mani­festación y a la libertad de prensa. Asimismo, consideraban que la religión debía ser una convicción personal y no un asunto de la vida pública. Se podía creer o no en Dios y ser igualmente un buen ciu­dadano. Disociaban, por tanto, lo temporal de lo espiritual y defen­dían un Estado laico, no confesional.

  ¿En qué se parece este ideario al que profesan hoy los que se lla­man a sí mismos liberales?...

  “Un tribunal de Nueva York absuelve a los tres policías que en 2006 acribillaron a balazos a un afroamericano de 23 años, Sean Bell, a la salida del bardonde había celebrado la despedida de sol­tero. Tras dos meses y 50 testimonios, incluido el de dos amigos de Bell que iban con él esa noche y resultaron heridos, el juez dicta­minó que no había pruebas suficientes para acusar de homicidio a los policías.

  Los agentes justificaron las 50 balas que se encontraon en el cuerpo de Bell con la misma excusa de siempre: que el sospechoso llevaba un arma, lo que era falso”. (Público)

  He aquí, en su propia casa, al maravilloso capitalismo "americano" socio de la demo­cracia. Y he allá, fuera de casa, al capitalismo y a la democracia “americanos” dando testimonio de sí mismos en Irak, en Afganistán y en el mundo entero.

  Este es el modelo que personajes siniestros “libera­les”, ya tienen introducido en Madrid y forcejean para extenderlo al resto del país.

  Como en la sociedad "americana" (donde ya cuentan, no demasiado lejos de la Estatua de la Libertad, con uno de los monumentos a la atrocidad, Guatánamo) los jueces se encargan de abrocharlo y de apuntalarlo, muy pronto tendremos aquí, en España, robuste­cido el proceso por la enseñanza a marchas forzadas del idioma in­glés, al es­píritu irre­dento de ese sistema inmundo y destructivo que es la de­mocracia capitalista. Un sistema ahora y por si fuera poco llamado "liberal", que va a acabar muy pronto con el planeta y antes des­componiendo cada sociedad por separado.

  La espina dorsal, compuesta por las tres vértebras principa­les, de la sociedad “democrática”:  justicia, igualdad y libertad, está esclero­tizada. Nin­guna de las tres son fines, sino medios que pasan como tales. Y luego hablarán del horror de los estalis­nismos, de los leni­nismos, de los gulags, de las etas o de las frac...

  Total, que el sistema liberal de la modernidad, dentro o fuera, en­seña la democracia unas veces a golpizas, otras a base de torturas, otras masacrando a los pueblos y otras a tiro limpio. Esas sus cre­denciales. Sus admi­nistra­dores del poder político, del legis­lativo, del judicial, y sus agentes: policías de toda clase, empleados de seguri­dad... es decir, todos las cabezas visibles de la fuerza bruta y la ins­titucional, se po­nen táci­tamente de acuerdo para reforzarse entre sí, para reforzar sus inter­eses y sus causas de clase y posición, y ade­más los in­ter­eses y causas de los opulentos.

  Y si éstos, los administradores de la democracia liberal, despo­jan, confiscan, maltratan y matan a centenares de miles o a un individuo a priori inocente, como hicieorn esos tres policías de NY, nada su­cede. Si acaso sufrirán, entre risas burlonas, el amagar y no dar en los autos, en las providen­cias y en las resoluciones judi­ciales que acaban siempre y por defecto ab­solviéndoles o ate­nuando las penas lo suficiente como para que valga la pena defrau­dar, expoliar, esta­far, maltratatar, torturar y matar a lo bestia. Vale la pena, en la me­dida que es peligroso incurrir en el hurto ocasional...

  En "América" siempre lo tuvieron crudo quienes no formaban parte de la crême. Pero aquí tenemos ya numerosos indi­cios de que todos los que portan armas están preparados para balearnos al estilo neo­yor­quino de los tres agentes que acabaron con la vida de Bell en un ins­tante.

  Esos vi­gilantes del Metro de Ma­drid no se extralimitan porque sí. No tardará mucho el día en que, al amparo del “liberalismo” que pregona la principal adminis­tradora de la Comunidad, no se confor­marán con dar palizas. Pronto, como el que no quiere la cosa, impu­nemente, descerrajarán el cargador de su pistola so­bre un desgraciado por haber hecho un viaje que vale un euro, sin abonarlo.

  No lo olvidemos, el sistema liberal, hoy, es esto. Esto, además de ser un dispositivo que quiere  priva­ti­zarnos hasta el aire que respiramos. Este es “el sis­tema”, ¡estú­pido!

  En 1784, el filósofo alemán Emmanuel Kant define la Ilustración como el acto por el cual "el hombre se desprende de su inmadurez causada por él mismo’" Mientras periodos anteriores se habían visto impedidos por la incapacidad de “usar la inteligencia propia sin la guía de otra" Kant proclamaba como lema de la Ilustración: “Atrévete a conocer! ¡Ten el valor de usar tu propia inteligencia!”.

  Pues bien, regresemos rápidamente a la Ilustración o estaremos más que perdidos…

 
 
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Comentarios (1)

#1

Uno que se espanta de vuestra miseria moral.|28-04-2008 21:34

En menuda página has ido a hablar de pensar por uno mismo, hombre. Si aquí sois todos sectarios, una panda de borregos, que se adhieren estúpidamente a lo juvenilmente correcto, mezclando las churras con las merinas, el comunismo con la anarquía y el nacionalismo, y la democracia con el tiro en la nuca.

Descerebrados.

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