Una y otra vez se repiten denuncias contra abusos sexuales perpetrados por militares que actúan bajo la bandera de las Naciones Unidas y que por distintos motivos no son llevados a procesos criminales. Y las denuncias siguen acumulándose.
Celina de Lavarène, autora del magnífico libro Un visa pour l'enfer (Un visado para el infierno), Fayard 2006, que dirigió varias misiones de la onU contra el tráfico de seres humanos, acaba de denunciar “las fechorías de los cascos azules son bien conocidas: abusos sexuales, violaciones”. La lista es larga.
“Pienso denunciar estos abusos mientras la onU no tome medidas contra los culpables de tales actos. Los responsables de la onU no quieren ofender a los Estados miembros con este tipo de asuntos, porque son grandes proveedores de cascos azules”, manifiesta de Lavarène.
Y los abusos sexuales se amontonan: de la pederastia a la pornografía, desde Ituri, en la República Democrática del Congo, a Bouaké, en Costa de Marfil como antes habían sido en los Balcanes…
Koffi Annan, cuando fue secretario general de la onU, él mismo ex responsable del departamento de mantenimiento de la paz, declaró la "tolerancia cero para todo el personal de las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, exhortando vivamente a los Estados miembros a hacer lo mismo con sus contingentes nacionales". Toda la incoherencia jurídica está ahí.
Las violencias sexuales repetitivas pueden transformarse en crímenes sexuales masivos: un crimen contra la humanidad.
Los cascos azules, en todos los terrenos de operaciones por la paz, sólo pueden ser enjuiciados por las jurisdicciones militares de sus propios países y no por el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Parece evidente que es necesaria una instancia mayor para juzgar a los autores de estos actos de barbarie, estos ataques a la dignidad humana, especialmente de las mujeres. La violación no es una condición del mantenimiento de la paz.+ (PE/El Arca)
08/01/08 - PreNot 7101
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