Hoy cumple 94 años, si es que aún vive. El grueso de las versiones que circulan coincide en que el sobrenombre de Doctor Muerte le ha nacido desde los medios de comunicación, no en la época y lugar en que ejerció como tal; entonces había tantos doctores muerte que él no era sino uno más de ellos.
Sus pacientes españoles sí le colocaron otro alias, uno que revela un toque de sorna castiza inconcebible en aquella situación de extrema tortura; le llamaban el banderillero, por su afición a clavar jeringas con sustancias tóxicas en el corazón de sus víctimas.
Aribert Ferdinand Heim (Bad Radkersburg, Austria-Hungría, 28 de junio de 1914) fue, del 8 de octubre al 29 de noviembre de 1941, médico en el campo de concentración austriaco de Mauthausen.
Según David Wingeate Pike, autor de Españoles en el Holocausto, durante aquellas siete semanas, el monstruo de27 años asesinó personalmente a no menos de 540 internos, muchos de ellos españoles.
En los más de 60 años transcurridos desde la caída del Tercer Reich, la carrera por sentar a los genocidas ante un tribunal antes de que mueran en la cama ha mezclado mieles y amarguras.
Muchos escapados de los juicios de Nuremberg fueron después apresados gracias a la colaboración internacional y a los esfuerzos de los cazadores de nazis, personajes controvertidos e imprescindibles, como Simon Wiesenthal, Serge y BeateKlarsfeld o Efraim Zuroff.
Entre los éxitos se cuentan los arrestos de Klaus Barbie el Carnicero de Lyon o Adolf Eichmann el arquitecto de la llamada solución final, el exterminio en masa de los judíos.
En la columna del debe, destacan Léon Degrelle, Otto Skorzeny y Josef Mengele; los dos primeros, protegidos por el régimen franquista y fallecidos en España por causas naturales. El tercero, el Ángel de la Muerte de Auschwitz, huyó a la Argentina peronista y posteriormente a Brasil, donde murió sin arrepentimiento ni penitencia.
El caso de Mengele, una espina clavada en el corazón de los cazanazis, ha pasado a la historia como modelo de la perversión de la ciencia al servicio de la ideología. Este bávaro, médico y doctor en antropología, partió del estudio de las diferencias anatómicas raciales para después, durante su estancia en Auschwitz, perpetrar toda clase de brutales experimentos con métodos menos compasivos que los que hoy se aplican a cualquier ratón de laboratorio.
Es conocida su obsesión por los gemelos, a los que llegaba a coser por las venas para crear siameses artificiales, o a inyectar colorantes en los ojos para cambiar su color, o a mutilar, castrar y viviseccionar sin anestesia, incluso a niños.
Memoria persistente
El catálogo de horrores de Mengele en nombre de la ciencia ha marcado tan profundamente a sus compatriotas que el recuerdo sigue coleando. El Estudio de Biotecnología presentado este año por la Fundación BBVA, y que recoge las actitudes hacia la investigación con células madre en Europa, atribuía a alemanes y austriacos un bajo nivel de aprecio por estas tecnologías.
La directora del estudio, Mariana Szmulewicz, explica la causa: Aún está presente el recuerdo del nazismo y sus prácticas de eugenesia. El poso de la ciencia nazi enturbia la investigación de las diferencias fenotípicas entre poblaciones humanas, un campo de estudio que debería cobrar protagonismo con el análisis comparado de los genomas humanos, pero que se ha convertido casi en materia tabú.
De los médicos nazis, acusados de crueles torturas durante su experimentación con seres humanos, 23 se sentaron en el banquillo deNuremberg en 1947, en el llamado Juicio de los Doctores. En este elenco, Heim no habría alcanzado ni la categoría de segundón.
Licenciado en Medicina por la Universidad de Graz (Austria), se alistó como voluntario en las Waffen-SS la unidad de combate de élite dentro de la guardia personal de Adolf Hitler y en octubre de 1941 fue destinado al Revier (dispensario) del campo deMauthausen, donde ejerció a las órdenes del jefe médico, Eduard Krebsbach.
Menos de dos meses le bastaron a Heim para crearse una siniestra fama entre los prisioneros; estos aprendieron rápidamente que, quien entraba en su barracón, no vivía para contarlo.
Los experimentos de Heim ni siquiera respondían, al contrario que los de otros científicos nazis, a un programa estructurado. Apoyando su solución final en lagunas legales sobre la experimentación humana, el Gobierno del Tercer Reich utilizó a los prisioneros de los campos para evaluar las respuestas del organismo a las condiciones de los soldados en campaña, como el frío extremo, la baja presión en altitud o los efectos de las armas químicas.
Tan fructíferos fueron estos despiadados ensayos, y tan riguroso el método, que hoy sus conclusiones permanecen vigentes. En cambio, las prácticas de Heim eran a la medicina lo que la pederastia a la pedagogía.
La documentación disponible comprende ejemplos y testimonios de las atrocidades cometidas por Heim para probar su culpabilidad, más allá de la acusación aséptica de haber formado parte de las SS. Quizá no es raro que las versiones varíen, por las docenas de veces que los macabros relatos han saltado de fuente en fuente.
Pero todos ellos coinciden en hechos comunes: inyectaba cloruro de magnesio, benceno, fenol o gasolina en el corazón de sus víctimas y cronometraba su agonía hasta la muerte. Viviseccionaba a los prisioneros sin anestesia para extirparles órganos y amputarles los miembros. Los relatos confluyen en su afición por los cráneos con dentaduras perfectas, que empleaba como pisapapeles después de decapitar a los infortunados y hervir sus cabezas.
Al menos un prisionero español, Francisco Boluda, sufrió este destino, según Wingeate Pike. Este historiador apunta que, en aquella época, el 60% de los reclusos del campo eran españoles.
Al término de su estancia en Mauthausen, Heim fue reasignado por sus superiores, hasta su captura por el ejército estadounidense al término de la guerra. Durante su breve cautiverio, la mención a su estancia en Mauthausen desapareció misteriosamente de su expediente, lo que propició su liberación sin cargos.
Ya libre, se trasladó a Baden Baden (Alemania), donde dividió su tiempo entre la ginecología y el hockey hasta 1962. La filtración de una orden de busca y captura contra él le empujó a embarcarse en un periplo que deja una huella difusa; su rastro se olfateó en España, en Dinamarca, en Egipto integrando un grupúsculo de ex nazis al servicio del general Nasser, en Uruguay y por fin de nuevo en España.
Aquí pudo acogerse a la protección de la organización Odessa y a la del antiguo SS noruego Fredrik Jensen, que disfruta impunemente de sus últimos años en la Costa del Sol. En 1979, Heim fue juzgado en ausencia por la Corte del Estado alemán de Baden-Württemberg.
La pista española
Fue por un requerimiento de este tribunal a las autoridades españolas que en 2005 saltaron las alarmas sobre la posible presencia de Heim en la Costa Brava o en Marbella. Advertido, el nazi escapó a la Patagonia, donde residió o reside su hija Waltraud Böser, de 64 años.
Otros dos hijos varones viven respectivamente, según informa a Público el Centro Simon Wiesenthal , en Baden-Baden y Heidelberg (Alemania). En la zona entre Puerto Montt (Chile) y Bariloche (Argentina) es donde se oculta El Banderillero, según el Wiesenthal.
Esta institución lanzó en 2002 la operación Last Chance, la última oportunidad para llevar ante la justicia a los genocidas nazis aún vivos. La lista está encabezada por Heim. Este verano, la campaña se publicitará en el Cono Sur, divulgando la recompensa de 310.000 euros que el propio Centro, Alemania y Austria ofrecen por la captura del Doctor Muerte.
¿Hay garantías de que sigue vivo? El pasado año, un antiguo coronel israelí llamado Danny Baz aseguró en un libro haber formado parte de un escuadrón clandestino denominado El Búho que, en 1982, secuestró a Heim en Canadá y lo trasladó a la isla californiana de Santa Catalina, donde fue ejecutado.
Para Efraim Zuroff,director del Centro Simon Wiesenthal en Jerusalén y bautizado como el último cazador de nazis, la proclama de Baz es totalmente improbable.
En conversación telefónica desde Jerusalén, Zuroff repite a Público el mantra que difunde, incansable, por todos los medios del planeta: Hay muchas razones para pensar que Heim está vivo, pero la más importante es que en Berlín hay una cuenta bancaria a su nombre con 1,2 millones de euros, que sus hijos podrían reclamar y no lo han hecho.
El último dato apuntala la hipótesis de que Heim vive, pero la de Baz no es la única teoría sobre su muerte. Otra procede, al parecer, de su propia familia; según han divulgado los medios, los hijos que no han reclamado esa herencia aseguran que Heim murió de cáncer en Argentina en 1993.
La última conexión sólida conduce al abogado del Banderillero. Este ha declarado, según la agencia AP, que no ha tenido contacto con su cliente en los últimos 20 años. Pero en 2001, publica el diario británico The Guardian , solicitó al fisco germano una devolución de impuestos alegando que su cliente vivía en el extranjero.
Zuroff viajará en julio a Suramérica con la esperanza de que la caza culmine con éxito. El último cazador se reserva la mayoría de los datos por los que este diario le interroga: Secreto de investigación, responde reiteradamente.
Pero la confusión, que ya guió en 2007 a Zuroff hacia el hombre equivocado, prosigue. Al preguntarle por qué no se requirió judicialmente a los hijos de Heim para que revelaran el paradero del presunto cadáver con el fin de practicarle una prueba de ADN, Zuroff duda.
Días después, responde por correo electrónico: Lo de que su familia anunció su muerte apareció en un periódico, pero no es cierto. 46 años de búsqueda han embrollado una madeja de realidad y rumor de la que hasta ahora Heim ha logrado evadirse indemne.
Casi lo único inmutable es la descripción del fugitivo: 94 años, 1,90 de estatura, calza un 50, cicatriz en la mejilla. Es la Última Oportunidad para que el Banderillero rinda ante un juez su faena final, la que el recuerdo de sus cientos de víctimas merece.
|28-06-2008
Aribert Heim tiene 91 años y lleva 43 huyendo de la justicia. Alto y saludable, de joven fue un excelente patinador y jugó al hockey sobre hielo en la selección austríaca. Estudió Medicina y quizá no fuera un buen médico, pero nadie puede reprocharle que no tratase con exquisita cortesía a sus pacientes. En el campo de concentración de Mauthausen dejó un recuerdo imborrable: era la cordialidad en persona. Ingeniosos incluso en circunstancias dramáticas, los republicanos españoles, que en aquel centro de exterminio sumaban 8.000 (sólo 2.000 sobrevivieron), le llamaban El banderillero por su afición a poner inyecciones. Aribert Heim pedía a los reclusos que se bajasen los pantalones. “No se preocupe, no le dolerá”. La jeringuilla solía contener benceno, un potente combustible para aviones. El doctor Heim cronometraba la agonía de sus pacientes, observaba los estertores, anotaba en su cuaderno el número de convulsiones. Siempre con la sonrisa a flor de labios. Siempre amable.
Debe ser un viejecito encantador. La policía alemana sospecha que lleva décadas viviendo tan ricamente en España, tomando el sol en la piscina de algún chalé de cualquier urbanización de Denia (Alicante). Comiendo paella, bebiendo horchata. Disfrutando del mar, de la suavidad del clima. Veraneando a perpetuidad. También ha residido largas temporadas en Ibiza y en la Costa Brava. Llegó en los años sesenta, al amparo de un régimen que siempre hizo la vista gorda ante este tipo de húespedes, pero la democracia tampoco le cortó las alas. Hay quince mil jubilados centroeuropeos residiendo en la Marina Alta alicantina… A efectos prácticos, el doctor Heim es invisible. Con pasaporte falso y varias identidades, maneja además mucho dinero. Se lo envía su familia. Vive en la clandestinidad, pero sin agobios. Escondido, pero sin esconderse. Tiene contactos en Argentina, donde siempre es bien recibido. De tarde en tarde alguien cree reconocer la cicatriz en forma de V que decora la comisura derecha de sus labios y va con el cuento a la policía. Pero cuando ésta se deja caer por los alrededores, Heim se esfuma.
Este anciano pulcro, puntual y bien vestido, es el segundo criminal nazi más buscado del mundo. Sus experimentos en Mauthausen, el matadero tirolés ubicado en un paisaje de postal, son de un sadismo tan cruel que resultaría inverosímil si no fuera por su registro minucioso, detallado y rutinario. Cosas de la burocracia germana, tan eficiente. Por ejemplo, extirpar el apéndice sin anestesia y dejar que los pacientes muriesen en la mesa de operaciones. Con su eterna sonrisa y su cronómetro Zeiss en el bolsillo, amputaba piernas y brazos y cronometraba el tiempo que tardaban en desangrarse sus víctimas.
La exactitud es un grado y él se tomaba muy en serio su vocación científica. Por esta razón administrar anestesia era un lujo prohibido: podía interferir en los resultados de sus observaciones. Para Heim los que sufrían no eran seres humanos, sino cobayas. Y él quería comprobar el aguante del organismo. Por supuesto, sólo trabajaba con razas inferiores… Los españoles, morenos, cetrinos y de pelo ensortijado, eran simples conejos sacrificados en el altar de la medicina aria. Sus nombres fueron anotados en el parte de quirófano: Francisco Girara, Florentino García, Joaquín Capell… El doctor Heim aspiraba a descubrir el analgésico definitivo, pero para eso necesitaba comprender los mecanismos del dolor. Quizá soñó incluso con el Nobel.
También tenía sus caprichos, pues todo hombre de ciencia necesita relajarse de vez en cuando. Quizá el más renombrado, el que pasará a la historia universal de la infamia, es el que practicó a dos judíos holandeses de 18 y 20 años a los que abrió en canal en la mesa de operaciones. Luego les cortó las cabezas e hirvió los cráneos. Regaló uno de ellos como trofeo a un colega y el otro lo utilizó como pisapapeles. Heim había elegido a estos dos desgraciados porque tenían una dentadura perfecta y es evidente que una calavera con caries hace feo.
La policía alemana ha puesto precio a su cabeza: 130.000 euros por cualquier revelación sobre su paradero. Y no hay que ser Sherlock Holmes para acotar la zona de búsqueda a la costa levantina, así que los agentes alemanes pidieron la colaboración de sus homólogos españoles. La Brigada Central de Crimen Organizado recibió una comisión rogatoria internacional de las autoridades de Baden-Baden encaminadas a su detención. El Grupo de Localización de Fugitivos comenzó a trabajar este verano con la información proporcionada por la policía alemana y en la actualidad un grupo de agentes está dedicado en exclusiva a la caza de Heim.
Que está en España es algo más que una intuición. Los investigadores alemanes basan sus sospechas en los envíos de dinero que su familia comenzó a realizar a partir del año 2000 a una entidad bancaria alicantina. Hasta finales del año 2003 le mandaron un total de 180.000 euros. La policía española ha rastreado en residencias de ancianos y urbanizaciones de Calpe y Denia. Y debe estar vivo, pues sus parientes no han reclamado el dinero de sus cuentas. Y tampoco han hecho público un certificado de defunción. Pero el Centro Simon Wiesenthal, una agencia judía de cazadores de nazis, teme que el pájaro pueda haber volado, alertado por la polvareda mediática. “¿A quién se le ocurre filtrar a la prensa que se le está buscando antes de atraparlo?”, se desespera Efraim Zuroff desde su oficina en Jerusalén.
Heim no es el único nazi que eligió la Costa Blanca como madriguera. Martin Bormann, el brazo derecho de Hitler, llegó a Denia en 1946. Desde allí se trasladó a Galicia, donde embarcó en un submarino con destino a Sudamérica. Otto Skorzeny, ex coronel de las SS que en 1943 dirigió la operación de comandos que liberó a Mussolini, también se dejó caer por esta localidad mediterránea. Skorzeny, un aventurero con proyectos delirantes, convenció a Carrero Blanco para formar brigadas anticomunistas con base en España. Gerhard Bremer, ex miembro de la guardia personal de Hitler, se transformó en un respetado promotor urbanístico. Una bandera con la cruz gamada ondeaba en su terraza y celebraba por todo lo alto el 20 de abril, fecha del nacimiento de Hitler. ¿Y qué decir de Antton Galler? Era un tipo apacible que paseaba todos los días con su perro por las calles de este antiguo pueblo de pescadores. Pocos sabían que fue comandante de un batallón de las Waffen-SS que masacró a 400 civiles, en su mayoría mujeres y niños, en los Alpes italianos. Galler murió hace diez años y sus restos descansan en paz en un nicho del cementerio de Denia. El pueblo donde ha descansado en vida Aribert Heim.
EFRAIM ZUROFF CAZADOR DE NAZIS
“ESPAÑA SIGUE SIENDO UN SANTUARIO PARA CRIMINALES DE GUERRA”
Efraim Zuroff, judío norteamericano de 57 años, se ha convertido en el último cazador de nazis en activo. Dirige la Operación Última Oportunidad, lanzada en nueve países europeos para incitar a los ciudadanos a que denuncien a los criminales de guerra a cambio de una recompensa de 10.000 euros. Hasta la fecha, 79 sospechosos han sido llevados hasta los jueces. Zuroff trabajó en el FBI y en la actualidad es el director del Centro Simon Wiesenthal de Jerusalén.
E. S. Después de 25 años en la brecha, su actividad no disminuye…
E. Z. Dentro de cinco años el último de los criminales de guerra nazis estará muerto, será muy viejo o estará muy enfermo como para llevarlo ante la justicia. Es una batalla contra el tiempo. Estamos en los minutos del descuento.
E. S. Pero los grandes criminales ya han fallecido o han sido condenados. ¿No siente la tentación de abandonar?
E. Z. ¡Nunca! ¿Cómo voy a abandonar ahora? Hay miles de nazis que todavía están vivos. Le debemos a las víctimas que paguen ante la justicia.
E. S. ¿Incluso los que recibían órdenes de sus superiores?
E. Z. Si encuentro a la persona que asesinó a su familia, da igual que fuera un general o un soldado raso. La caza sólo terminará cuando el último de los criminales del régimen de Hitler haya muerto.
E. S. Varias organizaciones judías también le han criticado por ofrecer recompensas a cambio de información.
E. Z. El tiempo se acaba. Necesitamos métodos muy enérgicos para buscar a los culpables.
E. S. Lo de la recompensa tampoco lo ven con buenos ojos muchos supervivientes del Holocausto. Argumentan que apela a los más bajos instintos del ser humano, como la avaricia, y no a la responsabilidad moral.
E. Z. Se lo diré de una forma muy sencilla. Nos hemos propuesto que todos esos bastardos vayan a juicio. Esa gente no merece ninguna simpatía. Mataron a millones de judíos, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová….
E. S. Ustedes pagan 10.000 euros por cualquier información fiable. ¿Les ha dado resultado?
E. Z. Habíamos asumido que algunos individuos, a cambio de dinero, se animarían a contar la verdad. Gente que ya había pasado por la cárcel y que no tenía miedo a ser procesada de nuevo. Créame que era un dilema moral. Porque estas personas son las últimas a las que querríamos pagar. Pero ninguno nos ha llamado. De hecho, las mejores pistas las hemos recibido de fuentes anónimas. Los informantes no querían recompensa.
E. S. Grupos neonazis también han puesto precio a su cabeza…
E. Z. Sí. Y recibo amenazas de muerte. Soy cuidadoso con mi seguridad.
E. S. ¿Qué le anima a continuar persiguiendo a hombres que tienen ochenta y noventa años y que cometieron sus crímenes hace más de sesenta?
E. Z. El paso del tiempo no aminora la gravedad de los crímenes. Que un criminal consiga eludiar a la justicia durante 60 años no lo convierte en una buena persona. Esta gente no merece nuestra compasión, porque ellos no tuvieron piedad. Dejar sus fechorías impunes sería mandar un mensaje equivocado: que alguien puede escapar después de cometer un genocidio.
E. S. Usted subraya que la Operación Última Oportunidad no sólo es una lucha por la justicia, sino por la verdad histórica.
E. Z. En los países ex comunistas, amplios sectores de la población ayudaron a los nazis. Ahora, por primera vez, pueden afrontar la complicidad de muchos de sus ciudadanos con el Holocauto. Es importante, porque se están redactando los libros de texto que educarán a las futuras generaciones. Y sabemos que a veces pasa mucho tiempo hasta que un país es capaz de conjurar los fantasmas del pasado. España es un ejemplo. Treinta años después de la muerte de Franco, la sociedad española sigue sin tener conciencia de lo bien que han vivido allí los criminales nazis. Fueron acogidos con los brazos abiertos por la dictadura, pero su situación no empeoró con la democracia.
E. S. ¿Está usted satisfecho con los resultados de la operación?
E. Z. No. Los resultados prácticos no son satisfactorios. Y es una terrible vergüenza para mí. Pero lo más importante es llevar este asunto a la opinión pública, apelar a la conciencia de las sociedades. No puedo calibrar el impacto en las mentes y en los corazones, pero creo que será positivo.
E. S. Además de ese impacto moral, ¿han conseguido atrapar a alguien?
E. Z. Aunque en los últimos cuatro años unos treinta criminales nazis han sido detenido en todo el mundo (al margen de la Operación Última Oportunidad), lo cierto es que la mayoría de los cargos son menores: cuestiones técnicas de inmigración, de residencia ilegal. En lo que se refiere a nuestra iniciativa, sólo un sospechoso ha sido acusado y espera juicio. De otros 79, los fiscales están examinando las pruebas. Hay procesos abiertos, pero todavía sin cargos.
E. S. La operación ha generado brotes de antisemitismo en los países donde se ha puesto en marcha… ¿No teme estar abriendo la caja de Pandora?
E. Z. No, el antisemitismo no es nuevo. Aprovecha cualquier excusa para aflorar y expresarse, pero siempre está ahí, latente.
E. S. ¿Los gobiernos colaboran con ustedes?
E. Z. La respuesta es variada. La cooperación en Lituania, Rumania y Hungría es excelente. Por el contrario, Letonia y Estonia nos cierran todas las puertas. En Alemania, Austria y el resto de países, la reacción es de apatía.
E. S. ¿Y en España? Aquí no se ha lanzado formalmente la operación, pero se busca a Aribert Heim, el ‘carnicero’ de Mauthausen…
E. Z. El caso español es notorio… España ha sido un santuario para nazis durante décadas. Y todavía lo es. En nuestro último informe, hemos clasificado a España en la categoría de los países donde ni se investiga ni se procesa a los criminales nazis. Las autoridades españolas ni siquiera se molestan en contestar a nuestros cuestionarios.
E. S. Pero la policía española está colaborando con la alemana…
E. Z. Sólo está haciendo su trabajo. Le llegó una comisión rogatoria de Alemania y cumple con su deber. Pero no nos engañemos. El balance de España en la persecución de los criminales nazis es horrendo.
E. S. ¿Cuáles son las posibilidades de capturar a Heim?
E. Z. Dudosas, porque la filtración de su búsqueda lo habrá puesto sobreaviso. Habría que preguntarse si existe voluntad política por encontrarlo.
E. S. ¿Qué le diría a Aribert Heim si fuera detenido y tuviera la oportunidad de hablarle cara a cara?
E. Z. Le diría lo contento que estoy por haber capturado a alguien tan sádico.
E. S. ¿No es suficiente castigo estar tantos años escondido?
E. Z. Su pregunta se basa en la presunción de que estos bastardos tienen conciencia y se sienten culpables. Pero no es así. En 25 años, nunca me he encontrado a un solo criminal nazi que se sienta culpable. Al contrario. Alois Brunner, el número uno de la lista, declaró que su única pena era no haber matado a más judíos. Y muchos nazis viven vidas muy normales, ni siquiera se esconden. Envejecen plácidamente rodeados de sus seres queridos.
EL GERIÁTRICO DE LOS MÁS BUSCADOS
1. Alois Brunner, 93 años – Escondido en Siria.
Brazo derecho de Adolf Eichmann, uno de los instigadores de la Solución Final. Brunner es el responsable de la deportación de 128.500 judíos a campos de exterminio. Condenado por Francia en rebeldía, fue acogido por Siria, donde organizó la policía secreta. Nunca se arrepintió de sus crímenes.
2. Dr. Aribert Heim, 91 años – Visto por última vez en España.
Médico austríaco en los campos de concentración de Mauthausen y Buchenwald. Asesinó a cientos de presos administrándoles una inyección letal y practicó amputaciones sin anestesia por puro divertimento. Desapareció en 1962. Desde entonces ha residido en España.
3. Ivan Demianjuk, 85 años – Reside en Estados Unidos.
De origen ucraniano, se le conoce como Iván El Terrible por su participación en ejecuciones de hombres, mujeres y niños en Polonia. Se refugió en Estados Unidos, donde trabajó en una fábrica de automóviles. Ha sido desposeído de la nacionalidad norteamericana y está a la espera de su deportación.
4. Ladislav Niznansky, 88 años – Juzgado en Alemania
Comandante de la unidad Edelweiss, se le juzga en Alemania por el fusilamiento de 164 civiles eslovacos. Su abogado pide que sea puesto en libertad, alegando que Niznasky no participó en las masacres. La acusación argumenta que, como comandante, era el responsable de las ejecuciones.
5. Milivoj Asner, 92 años – Escondido en Austria y Croacia
Comisario de policía en Croacia durante la II Guerra Mundial, presuntamente deportó a cientos de judíos, gitanos y serbios. Descubierto en 2004, los fiscales croatas todavía no han presentado cargos contra Asner, que se ha querellado contra la persona que desveló su paradero.
6. Jack Reimer, 86 años – No dio tiempo a juzgarle en Estados Unidos
Después de la guerra emigró a Estados Unidos, donde regentaba un negocio de venta de patatas fritas. Participó en las matanza de judíos polacos. Había sido privado de la nacionalidad norteamericana y estaba a la espera de ser deportado cuando falleció el pasado agosto.
7. Mijail Gorshkow, 81 años – Libre en Estonia
Participó en la matanza de 3.000 judíos, fusilados y quemados vivos en el gueto de Minsk, Bielorrusia. Colaboró con la Gestapo como interrogador. Ha sido privado de la nacionalidad norteamericana por un tribunal de Florida. Fue deportado a Estonia, donde reside en la actualidad como un hombre libre.
8. Karoly (Charles) Zentai, 86 años – Pendiente de extradición en Australia
Persiguió y asesinó a judios en Budapest en 1944. Zentai lo niega. Descubierto en las investigaciones de la Operación Última Oportunidad, Hungría ha cursado una orden de arresto internacional y ha pedido su extradición a las autoridades australianas, que lo detuvieron el pasado mes de julio.
9. Algimantas Dailide, 83 años – Deportado a Alemania
Arrestó a judíos del gueto de Vilnius que fueron asesinados por colaboradores de los nazis. Vivió en Estados Unidos, pero en 2004 fue despojado de la nacionalidad norteamericana y deportado a Alemania. Se ha abierto un proceso contra él en Lituania, que aún no ha solicitado la extradición.
10. Harry Mannil, 85 años – Hombre de negocios en Venezuela
Como oficial de la policía política de Estonia, arrestó a judíos y comunistas en Tallín, que luego fueron asesinados. Se refugió en Venezuela, donde hizo fortuna como empresario. Compró una lujosa propiedad en Costa Rica, pero el gobierno de aquel país le prohibió la residencia.
Fuente: Centro Simon Wiesenthal
|28-06-2008
Aribert Heim - 1949 | Aribert Heim - 1959 | ![]() |