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La burbuja

En los países capitalistas que anegan el planeta, todo pende de un hilo. Y ese hilo depende a su vez de “la burbuja”: burbuja inmobilia­ria, tec­nológica, financiera... ¿Qué es la burbuja en el ámbito de la econo­mía? Pues el vacío que deja la hinchazón de una sobreactua­ción económica que por su propia naturaleza no puede perdurar in­defini­damente.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 18-3-2008 | 418 lecturas | 1 comentario
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  Ocurre en todas partes, pero España, que no tiene en numerosos comportamientos colectivos dirigidos por la prepotencia, no tiene pre­cio tampoco en este aspecto. Porque en sinergia colectiva (un país siempre troceado; por lo que sea), es decir, en inteligencia so­cial y en iniciativas y riesgo, este país sólo los toma en la violencia oficial. Y ni siquiera en eso, pues es cobarde y subterránea. Pues en lo demás, en el plano productivo, pese a pasarse la vida políticos y economistas hablando de productividad, de eficacia y de otros con­ceptos que apuntan a la laboriosidad a se­cas, los empresarios de este país ultra­capitalista van siempre a lo seguro y a lo más prove­choso... para ellos exclusivamente. Se dirá que eso es consustancial al mercado, que el dinero va directo al beneficio y hace ascos al riesgo. Pues ese es el mal del capitalismo ultramon­tano que este país practica como nadie. Yo diría que mucho más to­davía que el odioso Estados Unidos virtual inventor del capitalismo industrial y luego financiero. No tiene ningún respeto por lo que mo­ral, social, filosófica y teológi­camente justifica ese perverso princi­pio: “el riesgo justifica el benefi­cio”. Claro que Schumpeter detecta la trampa y afirma que el empresario es el indivi­duo que asume riesgos económicos pero no personales. Ahí está el quid. Ergo... puede hacer im­punemente barbaridades y las hace.

  Ni Max Weber, ni Adam Smith, el fundador intelectual del ca­pita­lismo, ni Keynes, padres teóricos del capitalismo atroz que ha lle­gado al paroxismo con Friedman y los neocons podían imaginar que el ca­pitalismo será la causa de la desaparición del planeta Tie­rra. Como


  En España nadie arriesga. Las demoliciones, los desplomes, las pérdidas y las hecatombes de las empresas son consecuencia, siem­pre, de la burbuja...

  La caída libre de la construcción, la retracción de la demanda in­mo­biliaria y la irrupción del desempleo en el sector son consecuen­cia de la burbuja. Si hay algo que dé dinero, todo el que se consi­dera con "iniciativas" va febrilmente a explotarlo. Así resulta que en cuestión de un trienio, por ejemplo, irrumpen miles de empresas in­mobiliarias, como hubo miles de empresas y salas de juego en cuanto se aban­donó la autarquía franquista, como hubo centenares de miles de em­presas informáticas, y así sucesivamente.

  Hay áreas que están pidiendo a gritos no ya tanto la intervención estatal como el espíritu emprendedor asociado al capitalismo, al hilo del cambio climático. Sin embargo, como el dinero va a lo seguro, ni los bancos arriesgan nada (se encuentran que si ejecutaran las hi­po­tecas impagadas serían dueños registrales de todo el país), ni se desarrollan empresas que activen soluciones energéticas alternati­vas al petróleo y que sustituyan, desplazándolos, a los productos de­riva­dos del petróleo. Ten un amigo en el Banco Central que te re­des­cuente indefinidamente o que haga un empréstito sin fecha a tu banco de inversión, y tendrás el poder equivalente a un imperio...

  Las subidas imparables del barril Brent y de todo lo que arrastra consigo, es consecuencia de la avaricia del capitalista por antono­ma­sia y de la molicie que el capitalismo, que presume de imagina­ción cuando todo son burbujas donde después de haberse centrifu­gado las ganancias durante un periodo de tiempo vienen las demoli­ciones, promueve. En él hay mucha más alharaca, autobombo y presuntuosi­dad sobre el disfrute de la libertad, de mercado y de la otra, que ver­dadera efica­cia. Y menos en provecho de todos. Mucha mercancía, pero siempre lo mismo y a base de lo mismo durante relativamente cortos periodos de tiempo; mucho benefi­cio en manos de unos cuan­tos pero  cuando llega el vacío que dejó la burbuja, siempre pagan las consecuencias los mismos. Los dueños del mundo y de cada país se echan las manos a la cabeza porque en lugar de cinco coches de lujo y dos jets privados se van a quedar con dos berlinas y un jet; lo mismo que en 1929, el año del crack, los que se tiraban por la ven­tana en Nueva York era no porque se arrui­nasen propiamente, sino porque se iban a quedar con una servi­dumbre reducida y la ver­güenza de haber sufrido pérdidas.

  Si el capitalismo fuese un foco de diversificación verdadera, y el riesgo fuese efectivamente no lo que en la teoría lo justifica sino real, muchos inversores y empresarios estarían hace mucho tiempo poten­ciando mercancías no a expensas de la burbuja. Pero lo peor del ca­pitalismo es eso: que los capitalistas son sus peores enemi­gos, que carecen de imaginación y que sobre todo prefieren hun­dirse ( y hun­dirnos) en el barco con sus pesadísimos lingotes de oro, antes que ti­rarlos por la borda para que el barco se mantenga a flote.

.Ahora la clave del enriquecimiento está en aniquilar lo colectivo para implantar la privatización salvaje y sin tapujos. Así el capita­lismo cierra el círculo. Empezó justificando el beneficio por el riego que ya nadie toma, y termina concentrando todo en unas cuantas manos convir­tiendo a cada ciudadano en un esclavo. El Estado ya no pinta nada...

  El Estado, sea de derechas o de izquierdas, se ha convertido en una empresa de empresas, en una fábrica de empresarios con unos cuantos gestos irrelevantes en materia social para hacerse pasar por socialista. Y eso aquí. Porque ni en Estados Unidos, ni en Fran­cia, ni en la Gran Bretaña, ni lo disimula.  En esos países que arras­tran al re­sto, el Estado es un monigote en manos de fantoches. La anar­quía aspiró y aspira a la deconstrucción del Estado, pero los anar­quistas no pensaban que quien iba a lograrlo por la puerta de atrás era su peor enemigo: el capitalismo a través de... la burbuja que no cesa.

 
 
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Comentarios (1)

#2

gaston pardo|18-03-2008 16:01

Sí Jaime, y además es imparable. En cuanto esa burbuja explote la humanidad tendrá que connstruirle miles de monumentos conmemorativos, globos enormes partidos en partes desiguales por la fatalidad de la imprevisión. La burbuja  mexicana  que estamos por construir  construir, no sólo será un reconocimiento a la trascendencia constructora del desastre sino también la puesta en evidencia de que nuestra clase política es un vertiginoso cero a la izquierda incapaz de resolver nada. En España hay personas creativas incluso en el área administrativa, capaces de prever un plan B con el cual reconstruir. En México no tenemos nada más que un sector corrupto administrativo,  cara dura y pederasta.

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