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Juventud marginada, identidad confusa; y 2ª parte) Las revueltas del 2005 en Francia

  Las revueltas del 2005 en las barriadas francesas (banlieue)expresan la protesta contra la degradación de las condiciones de vida en el capitalismo, pero con las limitaciones de la subcultura pandillera y el peso de identidades culturales minoritarias pero opresivas en particular para la mujer, debido en parte a la debilidad del movimiento de los trabajadores asalariados.
Aurora Despierta | Para Kaos en la Red | 5-5-2008 | 257 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/juventud-marginada-identidad-confusa-2-parte-revueltas-2005-francia
revuelta barrios 2005 Francia

(La 1ª parte tiene fecha del 11 de Abril en kaosnelared en página central. Ver nota final sobre el origen de este artículo, libro de 245 pág. colocado en kaosenlared. Así el tema se hace más accesible a quien esté interesado).

En octubre y noviembre de 2005 asistimos asombrados a la revuelta de la juventud en los suburbios de las ciudades francesas, la destrucción de vehículos de los vecinos (28.000), instalaciones escolares y bienes públicos que sólo acaba perjudicando a los habitantes de esas localidades, con algunos enfrentamientos con la policía e incluso ataques a los bomberos que cumplían con su labor en evitación de males mayores... Sin duda el problema de la marginación de esas barriadas con índices de desempleo en la juventud entre el 30 y 50%, feos edificios de viviendas, barrios diseñados no para la vida comunitaria, sino para el aislamiento y dormir, etc, es fundamental entre las causas de ese estallido de rabia y resentimiento. También influye un cierto racismo de la sociedad francesa frente a negros y descendientes de norteafricanos y algunos problemas de identidad cultural de estos jóvenes aunque hayan nacido en Francia.

Pero la denuncia del racismo ha servido también para ocultar los problemas más de fondo relativos al capitalismo. El antirracismo es políticamente correcto, pero no el cuestionamiento del capitalismo y del carácter clasista burgués del Estado como las causas más profundas. Los padres en paro o con un trabajo sin ningún atractivo social, han perdido autoridad. Ni siquiera cuentan ya con la reputación de su experiencia en las luchas sociales cuando se ha producido la ruptura generacional por la falta de encuentro y renovación generacional en las empresas que han cerrado o reducido drásticamente su plantilla. El culto consumista a la juventud refuerza estos fenómenos. El hedonismo de las drogas conduce al aislamiento en la adicción. La desvalorización del trabajo y el culto al dinero, la búsqueda de la vía fácil para conseguirlo, a costa de lo que sea, desemboca en la delincuencia. Esta sociedad proyecta de continuo el espejismo de la superabundancia (valores, publicidad, concursos de tv, placer en cualquier forma...). Se fomenta el deseo de vida fácil que no puede satisfacerse pues ni siquiera se alcanza a un salario regular. Se agita ante sus jóvenes espíritus una vida de aventuras, viajes, emociones fuertes y diversión, pero sólo encuentran el consumo de drogas, las gamberradas y por fin, las hogueras de los coches ardiendo, pues ni siquiera se pueden tomar unas vacaciones lejos de su barrio y de Francia, salvo que vuelvan en el verano con sus padres al pueblo norteafricano. La sociedad carece de un proyecto de futuro capaz de absorber constructivamente las ansias de protagonismo, asunción de retos y el empuje de la juventud. Ni siquiera es capaz de integrarlos en la economía regular, así que deben apañarse en la economía sumergida y a base de “chapuzas” y los menos escrupulosos se aventuran en la economía de pequeño comercio de drogas o los robos. Más incluso que las necesidades económicas -las hay- lo que buscan es reconocimiento, respeto, no salir perdiendo tan descaradamente en la comparación de estatus social, sentido y finalidad en sus vidas.

Están tan desorientados y contaminados por los valores de esta sociedad que se expresan colectivamente en términos muy egoístas, perjudicando en primer lugar a sus propios vecinos. La cantidad de coches, etc, quemados no puede ocultar el carácter restringido de la movilización. No han organizado ni asambleas, ni manifestaciones, ni levantado reivindicaciones de ningún tipo. Se han quedado a “años-luz” de lo que fue el movimiento de protesta obrero y popular en Argentina en el año 2002 (aunque éste también tenía muchas confusiones) con sus asambleas de barriada, etc.

La movilización es más propia de pandillas haciendo de las suyas que de masas manifestándose y reivindicando. Como las pandillas apuntan a otras y a sus vecinos en lugar de al sistema social, en este estallido el objetivo han sido los bienes de los propios vecinos y ellos mismos cuando atacaban los autobuses. Ni siquiera se han dirigido al centro a apedrear las sedes de los bancos como acto simbólico. En la extensión de los incendios hubo sin duda un componente de solidaridad, más bien de complicidad, entre las pandillas de barrios de distintas ciudades conociendo sus actos gracias a los medios de comunicación, pero también de competición para ver en dónde se incendiaba más; un componente festivo trasgresor propio del pandillismo juvenil y un modo de sentirse juntos. Aunque las pandillas dan abrigo a sus miembros, se sitúan habitualmente frente, contra otras y el medio, más si están implicadas por poco que sea en la delincuencia. De grupos así no cabe esperar una actividad propia del asociacionismo que quiere concienciar y movilizar al resto. Su dinámica habitual es poco constructiva hacia el exterior y en este caso han podido sus prácticas destructivas. Sólo rabia y una enorme pataleta adolescente. Pero de adolescentes que apenas tienen confianza en el porvenir; por eso no levantan ni una sola reivindicación y aun contando con tanto rapero y demás, a diferencia de Mayo 68, no surgen eslogans ingeniosos, mordaces y esperanzadores (al menos no me consta). Muy poco que ver con un movimiento de parados, con las luchas de los trabajadores. A pesar de su extracción de la clase obrera, el estallido tiene características lumpen. La pobreza de sus objetivos condiciona las características de sus métodos y a su vez éstos impiden un proceso de maduración de aquellos sólo posible cuando la población afectada se reúne en asambleas para debatir y decidir. Las pandillas no han roto su dinámica de vida para convertirse en agitadores de masas invitando a todos los vecinos a salir a la calle a protestar por unas reivindicaciones, sino que han recurrido a la vía fácil y cómoda, los medios que mejor conocen, los propios del gamberrismo sólo que a lo grande y con una intencionalidad social.

La prueba definitiva estará en la actitud que algunos de ellos tuvieron con las manifestaciones de los estudiantes en la primavera 2006 (marzo y abril) acompañadas de huelgas de trabajadores, donde en lugar de darse una confluencia por iniciativa de los parados de los barrios, protagonizaron agresiones a los manifestantes y se empeñaron en un enfrentamiento estéril con la policía que sólo servía para dar argumentos a la represión y descrédito del movimiento. Sólo la conciencia de los estudiantes y trabajadores logró contrarrestar esto e imponer la actitud de ir en su busca a los barrios para hacerles comprender la naturaleza de la lucha.

Que el estallido haya tenido lugar es la prueba también de la debilidad del movimiento de los trabajadores asalariados, contra este sistema social y civilización, pues de ser fuerte, con sus objetivos y métodos de lucha, habrían inspirado una movilización muy diferente en los suburbios, también de trabajadores. Es una prueba indirecta de que la iniciativa social y política debe tomarse allí donde es posible crear un asociacionismo social constructivo, participativo y masivo, es decir, en los lugares de trabajo, mediante las asambleas de trabajadores.

Al pasar un año, a finales de octubre de 2006, se da un rebrote de los incidentes en los barrios. La debilidad es aun más manifiesta cuando se recurre a la quema de autobuses del transporte público con un resultado trágico en Marsella (una joven negra quemada en un 62% de su cuerpo, sin intención, debido en parte al material altamente inflamable de su ropa). El resultado más evidente en 2005 y 2006 ha sido la reactivación de viejas leyes represivas (de la época de la guerra en Argelia) y la elaboración de otras. El Estado se prepara para cuando lleguen las luchas de verdad. Ante lo ocurrido en Marsella, la respuesta es unilateral, sin dar soluciones a los problemas. Sin entrar en la idoneidad o no de las medidas represivas, actos así son inadmisibles e intolerables y ese mensaje debe quedar claro para que no vuelva a ocurrir, aunque continuasen sin resolverse los problemas. Antes de que haya más víctimas inocentes, debe castigarse ejemplarmente, pero teniendo en cuenta las circunstancias. El fin no justifica cualquier medio. La quema de autobuses es la muestra de la debilidad, la salida fácil y temeraria de quienes son incapaces de dinamizar asambleas y manifestaciones en los barrios, arrastrando la dinámica pandillera e inconsciencia adolescente; no ayuda a superar esa debilidad sino que la agudiza pues los habitantes más sensatos no desean verse implicados en un movimiento y acciones con ese carácter. Ese modo de “luchar” tampoco favorece en nada la implicación de los trabajadores en general con la población más afectada por el problema y facilita enormemente la labor de aislamiento social y represión por parte del Estado, más justificado moralmente y legitimado socialmente en su papel represivo y perpetuador de las situaciones de injusticia social. Estamos asistiendo al síndrome “cvt” o sea, “confundir la velocidad con el tocino”, dicho en plan académico, “confundir la violencia con la transformación”; unos porque no se aclaran y otros por ir de listos. (Un artículo interesante para comprender mejor en comparación con los guetos negros de los EEUU es el de la revista “FP. Foreign Policy. Edición española” nº 71 octubre/noviembre 2006 “La `banlieue´ no es el Bronx” de Loic Wacquant. Un análisis con perspectiva histórica y social en “¿Chusma?. A propósito de la quiebra del vínculo social, el final de la integración y la revuelta del otoño de 2005 en Francia” de Alessi Dell´Umbria, Pepitas de calabaza ed. 2006).

La joven quemada antes mencionada no es la única víctima femenina. Hubo otra quemada grave en un autobús el 2-XI-2005. Como denunciaba el movimiento “Ni putas ni sumisas” (2002-3), constituido por mujeres de los barrios, de ascendencia inmigrante sobre todo norteafricana, la degradación social de los barrios obreros de los cinturones industriales es el resultado del abandono por parte del Estado burgués acompañando a la crisis económica. La falta de expectativas fue provocando entre los jóvenes su desidentificación con los valores del trabajo y de la ciudadanía republicana, aumentando el pandillismo delincuente. La presencia del radicalismo islámico puso un poco de “orden” al encuadrar a muchos jóvenes y ofrecerles un “ideal”. El Estado, antes que reconocer a los militantes laicos republicanos y de izquierda con más conciencia social que protestaban por unas mejores condiciones en los barrios, prefirió promocionar a los conservadores islamistas como interlocutores y representantes de esos barrios. El resultado fue multiplicar la autoridad de los religiosos y no poner freno a la deriva delictiva.

Ahora las mujeres en general, se ven más marginadas que nunca por los valores integristas o gangsteriles. Las mayores, faltas del respeto debido como madres y por edad. Las más jóvenes, acosadas por sus hermanos guardianes de su “virtud”, agredidas, incluso violadas por no respetar sus normas morales (“eres una puta”) o por las bandas de jóvenes pandilleros inflados de valores machistas y de la prepotencia delincuente que recurre incluso a la violación colectiva como “rito iniciático”. Como se venía dando tradicionalmente en el patriarcalismo gitano, los hermanos, sobre todo los mayores, se encargan de cuidar, vigilar, “la honra” de las hermanas y en general de todas las del barrio. Devaluada la autoridad del padre, es el hermano mayor quien manda. Los varones compensan sus frustraciones de tener un lugar reconocido en la sociedad con hacerse un lugar en el barrio con el dominio sobre las chicas. La vida sexual de los jóvenes se ha vuelto miserable e hipócrita, siendo ellas quienes más lo sufren. Todos perdiendo por la división sexista entre la población trabajadora de los barrios y el perjuicio en la crianza de los niños. Y el Estado republicano, después de alimentar a la bestia, abordando el problema sólo con la represión. ¿No son Bin Laden, otros fanáticos islamistas, el mismo Sadam Hussein, criaturas de los EEUU e Israel, como en su día Noriega y otros? (Fadela Amara “Ni putas ni sumisas”, ediciones Cátedra- Universitat de Valencia, 2004).

Dicho esto, quiero comentar un problema que me parece real, aunque no el factor más importante. No creo que se deba a haber sobrepasado largamente la adolescencia la impresión que tengo de una mayor frecuencia del comportamiento incívico, gamberro, sobre todo de los adolescentes y muy jóvenes. Detecto en la calle, transportes públicos, carretera, comportamientos que no veía en mi adolescencia y juventud y lo que es peor, no sirve de nada llamarles la atención para que se corrijan por muy correctamente que se haga, pues no se tiene el mismo respeto por las reprimendas justificadas de las personas mayores, ni siquiera los ancianos. Los profesores viven su profesión con tensión y no sólo por la resistencia de los alumnos al adoctrinamiento, una disciplina que pueda ser a veces excesiva, una educación competidora y con una difícil salida laboral, etc, sino por algo peor, más básico, personal y destructivo. La derecha puede que no esté descaminada cuando señala la falta de autoridad en la familia como parte del problema, pero han sido sobre todo las políticas neoliberales del capitalismo en crisis por ella (también la socialdemocracia) defendidas, las que han obligado a ambos padres a trabajar demasiadas horas y reducir su presencia en la vida de los hijos, y su filosofía del éxito material y el consumismo incluso de los niños, la que ha endiosado esos valores contra el respeto al prójimo. Si en la familia el niño no aprende a respetar al prójimo, en particular los ancianos (tal vez en parte debido a la estructura familiar cuando los abuelos viven en otro lugar), cuando sale a la calle, no se encuentra en la aldea donde todos los adultos controlan el comportamiento de los adolescentes y ejercen la autoridad correctiva. En las urbes anónimas el joven sabe que si un desconocido le llama la atención, tampoco conoce a sus padres, no puede reportarles su mal comportamiento y además es muy probable que no vuelva a encontrarse con él (más, en referencia al llamado “capital social” en capítulo 18 “Barrios seguros y productivos” de “Sólo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana” por Robert D. Putnam, Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores, 2000).

En una sociedad capitalista fomentadora del individualismo, la agresividad, lo único que faltaba es que en la socialización de los niños por sus padres no hubiese la disciplina necesaria para asumir el respeto y el civismo básicos y el medio extrafamiliar no tuviese ya las relaciones de vecindad y fuerza moral para completar esa educación. Combinándose estos tres factores con el consumo cada vez más temprano de alcohol y drogas y, sobre todo, el muy justificado descontento social por las condiciones de marginación, podemos tener resultados como la explosión social juvenil en los suburbios franceses. De entre esos mismos jóvenes han surgido algunos grupos que han intervenido como reventadores (agredir y robar a los participantes) de las manifestaciones de los estudiantes franceses en la primavera de 2006 contra los planes de empleo precario. La falta de respeto e incivismo creciente entre niños, adolescentes y jóvenes, será una dificultad añadida en el proceso de forja de una Humanidad capaz de enfrentarse constructivamente a sus enormes problemas.

No digo con esto que en general la juventud actual sea peor que las precedentes, sino que los retos a la Humanidad son enormes, exigiéndoles más que a ninguna otra generación; de no ser tan grandes los problemas, esas debilidades no serían un lastre tan pesado para estar a la altura. El precio a pagar por no “dar la talla” será muy superior al sufrido por la irresponsabilidad de generaciones anteriores. Muchos de esos jóvenes con orientación a comportamientos propios del lumpen son una pobre esperanza para una alternativa transformadora hasta la raíz que no confunda la violencia gratuita con la revolución. La violencia, dado su carácter, su enorme potencial de descontrol y perversión, exige un alto grado de disciplina personal y colectiva para cumplir, si es imprescindible, su papel de auxiliar en una tarea con vocación eminentemente constructiva aunque para ello deba desmantelar viejas estructuras, sanear, reciclar, y vencer resistencias violentas de minorías. Es un asunto con trascendencia pues de la juventud de hoy depende el futuro y no basta con “tirar a bulto” en su actividad política transformadora para dar en la diana. Deberá afinar mucho y controlar su violencia pues dados los problemas existentes y los medios disponibles, los errores, excesos, desviaciones, pueden alcanzar dimensiones apocalípticas. El alcohol y las drogas son un serio riesgo cuando necesitamos consciencia, lucidez, pensamiento independiente, autocontrol y no evasión, torpeza, dependencia e impulsividad. Con esta situación de partida, si se diesen crisis sociales que aumentasen la anomia (debilidad, desorientación y ausencia en valores sociales, normas, leyes) escasearía el tipo humano con las cualidades imprescindibles para dirigir el necesario proceso revolucionario. Por eso es también importante subrayar el aspecto ético de la alternativa.

Nota sobre el origen del artículo: Este artículo es la última de dos entregas de una trascripción y adaptación de parte del texto y la nota (anexo) 9 recogida en mi libro (245 pág A4) ¿Quién soy? ¿Cuál es el sentido de la vida?. Respuestas para orientarnos en un mundo en crisis. Del cambio climático al cambio de civilización, colocado en Kaosenlared el 31-X-07 y adaptado para imprimirlo mejor, el 4-XII-07. Una exposición somera sobre la génesis de la identidad personal y la ilusión del ego, en Holocausto judío, identidad y psicología nazis. Un fenómeno propio de la civilización capitalista en decadencia, en kaosenlared el 12-XII-07...Para localizar fácil el libro, otro, los artículos y “cuadernos” que voy publicando, buscad con el buscador de kaosenlared, por Aurora Despierta luego seleccionad por Autor y Procedencia y Ordenado por Fecha, Durante los últimos Todo Kaos, Buscar.

 
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[11-4-2008] | 628 lecturas

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