José Bergamín
A pesar de su bondad como escritores, los nombres de Alejandro Sawa, o Max Estrella protagonista de "Luces de bohemia" de Valle-Inclán, o de Luis Bonafoux (insuficiente, por corta, su antología y la edición de su polémica con Clarín) asimismo rebeldes con causa pertenecen más al olvido que al presente, también empieza José Bergamín a ser un trío con los otros dos grandes escritores olvidados.
Y es que José Bergamín a pesar de su afición a la fiesta nacional (los toros salvados de la extinción por la corrida, y no al revés como argumentan los pobres de espíritu) léase sus apreciaciones sobre la música callada del toreo; y su afinidad a la religión católica, dijo aquello de que "con los comunistas hasta la muerte, ni un paso más"; fue una persona incomoda por republicana, al mismo tiempo que un gran escritor. Contando que fue el primer firmante de aquel manifiesto en defensa de los mineros asturianos del año 1963 que empezaba así: "Excelentísimo señor don Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo. Madrid", que le costo tener que refugiarse en la embajada de Uruguay y la vuelta al exilio.
José Bergamín que paso de "Cruz y Raya" (1933 a 1936) revista fundada por él, de "profunda raigambre española que la sustenta: de su radical tradicionalismo español", según su propio prólogo de mil novecientos setenta y tres, a que sus penúltimos artículos salieran en un circulillo del infierno literario de nombre "Vanguardia Obrera", y a que los últimos, sin otro remedio, los publicara "Eguín", al final de un largo pasillo de puertas cerradas.
Y aunque, de momento, no sea difícil encontrar algunos libros suyos (en la cuesta de Moyano, Madrid, ya les han subido los precios, buitres que olfatean que nadie lo reeditará) quizá sea el momento de airear su nombre, sería una perdida para la literatura que José Bergamín se convirtiera exclusivamente en un escritor de culto en cenáculos, cuando es tan buen poeta como el mejor de los vivos, y mejor ensayista que poeta, sin olvidar sus artículos que deberían ser recogidos, aunque tenga que editarlos, por madrileño, la comunidad de Madrid... Porque me parece que el mayor homenaje a un escritor (sin desmerecer el de sus amigos) es imprimir sus obras.
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