Jean-Marie Gustave Le Clézio ganó el Premio Nobel de Literatura
Jean-Marie Gustave Le Clézio,   Nobel al mestizaje de la nueva Francia
La Academia sueca volvió ayer a apostar por las letras galas, y a sorprender a quienes abogaban por un premio para alguno de los eternos candidatos a lograrlo, al otorgar el Nobel de Literatura a Jean-Marie Gustave Le Clézio, autor que, nacido en Isla Mauricio y de padre británico, un nómada que se considera «un extranjero en París», representa el mestizaje de la nueva Francia. «La palabra compromiso está muy usada. Mi primer compromiso, el compromiso de todo escritor, comienza con la lengua, con la cultura, con la belleza de todas las cosas de la creación», dice Le Clézio en una entrevista que publicamos en páginas de Cultura y en la que el autor de «Désert» reflexiona sobre el oficio de escribir y la geografía que ha marcado la evolución de su obra literaria. A la izquierda, Le Clézio, definido por la Academia sueca como «el escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensibilidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante», ayer en París.  (ABC.es)
   
El Nobel y las literaturas nacionales 
Si no fuera porque la noticia ya tiene unas horas  -y porque  Internet cambió el ritmo periodístico al punto de que unas horas ya convierte la información en antigua-, daríamos una primicia: Jean-Marie Gustave Le Clézio ganó el Premio Nobel de Literatura.
Pero cuando Horace Engdahl, secretario permanente de la Academia Sueca,  afirmó que "Estados Unidos está demasiado aislado, y es muy insular. No traducen lo suficiente y no participan en el gran diálogo de la literatura" -en pocas palabras, que la literatura estadounidense no puede competir con la europea, centro de la literatura, según su punto de vista-, no sabíamos todavía que precisamente un  escritor francés sería elegido.
No conocemos hasta qué punto  la  opinión de Engdahl representa a las demás. Pero sí podemos pensar hasta qué punto se  puede pensar la literatura en términos de nacionalidades, hasta qué punto podemos sostener que las obras  literarias  de un mismo país exhiben ciertos rasgos comunes,  propios de una esencia nacional,  tal vez difícil  de definir, pero claramente identificable.
Que el hecho de que escritores de un país que atravesaron una guerra o una dictadura -por poner ejemplos extremos- insistan con ciertos temas  y modos de representación es indiscutible: las experiencias comunitarias fuertes influyen en las producciones artísticas de sus escritores, en la elección de determinados asuntos y tal vez incluso en la liberación de ciertas ideas que antes se encontraban implícita o explícitamente censuradas.
Pero, aparte de estos casos relativamente infrecuentes,  ¿hay algo así como una idiosincrasia literaria, una corriente cultural e ideológica que diferencia las producciones de una comunidad de otras? ¿Se puede decir, siguiendo a  Engdahl, que los escritores estadounidenses son "más dependientes de las modas"? ¿O que las literaturas eslavas son más conceptuales y poseen gran hondura filosófica, mientras que los latinoamericanos -cultivan -o supieron cultivar- con felicidad (y, tal vez,  fatalidad, desde este punto de vista)- el realismo mágico? ¿Se puede decir que la poesía se da mejor en Brasil, por ejemplo, o en países tradicionalmente relacionados con lo emotivo o lo sensual, que en países nórdicos? ¿Sólo Inglaterra hubiera podido producir un Shakespeare, como sólo México podía dar -en ese momento y en ese lugar- un Juan Rulfo?
Y ¿qué piensan de la asignación del premio a Jean-Marie Gustave Le Clézio? ¿Han leído algo de él? ¿Juzgan el premio merecido? ¿A quién tenían ustedes por favorito? No tendremos voto, pero sí voz... para opinar aquí, en el sitio de Libros en red
|10-10-2008
El premio Nobel de Literatura 2008 ha caído en manos de Jean Marie-Gustave Le Clézio, considerado como «el escritor de la ruptura». La extensa obra del autor, que cuenta con más de medio centenar de ejemplares creados a lo largo de 45 años de dilatada carrera, está influenciada por sus viajes, la ecología y la cultura amerindia. El novelista, de nacionalidad francesa y mauriciana, recibirá el premio en un acto que se celebrará el 10 de diciembre en Estocolmo.

GARA | ESTOCOLMO
«Escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de la humanidad fuera y debajo de la civilización reinante». Ésas fueron las principales razones por las que la Academia sueca decidió otorgar el premio Nobel de Literatura 2008 a Jean-Marie Gustave Le Clézio, un veterano novelista francés que cuenta con más de medio centenar de obras realizadas a lo largo de 45 años. El galardonado se mostró «muy emocionado y muy tocado» por la recompensa, y aseguró ser «un gran honor» recibir el premio que le atribuye la Academia Nobel, para la que tuvo palabras de agradecimiento «verdaderamente sinceras». Preguntado en una entrevista concedida a la radio pública sueca sobre si se considera el mejor escritor francófono respondió: «No creo que se pueda hacer una distinción. Yo nací en el Estado francés, mi padre era británico, y soy el resultado de una mezcla, como mucha gente de Europa».
Le Clézio indicó, además, que regresará a Suecia el 25 de octubre para recibir el premio literario sueco Stig Dagerman que le fue atribuido el pasado junio. El nuevo Nobel de Literatura recibirá un cheque de 10 millones de coronas (1,02 millones de euros) en una ceremonia que tendrá lugar el 10 de diciembre en Estocolmo. En ese sentido, añadió sentir «una gran inquietud» por estar presente en la capital sueca para mostrar su agradecimiento a los miembros de la Academia que han decidido otorgarle el premio.
Gran viajero
La andadura literaria de Le Clézio, nizardo de 68 años, con nacionalidad mauriciana y raíces bretonas y británicas, se ha visto marcada por su gusto viajero, su sensibilidad ecologista y por su amor por la cultura amerindia. «Un long voyage» y «Oradi noir» fueron las primeras obras creadas por Le Clézio y que fueron escritas durante el viaje en barco hasta Nigeria cuando su padre fue destinado al país africano durante la II Guerra Mundial. En 1974 descubrió México, un lugar que le fascinó y cuya cultura le enamoró. A principios de los 70 decidió relajarse y pasar largas temporadas en América Central en busca de un retiro espiritual, un periodo que marcó su obra. Su consagración literaria llegó cuando tan sólo tenía 23 años. Recibió el prestigioso premio Renaudot por «Le procés verbal», una obra que definía su literatura existencialista. En sus siguientes libros denunció los problemas que provoca la vida en las grandes ciudades, tras lo cual empezó a escribir trabajos de signo ecologista como «Terra amata», «Le livre des fuites», «La guerre» y «Les géants». En 1980 recibió el premio de la Academia francesa por «Désert», un evocador relato entre la grandiosidad de las culturas perdidas del norte de África y la mirada de los inmigrantes indeseados de Europa.
Su interés por África viene, en gran parte, de su esposa Jemia, de origen marroquí, con la que se casó en 1975, el mismo año que escribió «Voyage de l´autre cte», donde relata sus experiencias en América Central. A partir de ese momento, se centra en el universo amerindio, una cultura que profundiza a partir de la traducción de obras como «las profecás de Chilam Balam» o «El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido». Aparte de sus novelas, Le Clézio escribió también ensayos como «L´extase matérielle», «Mydriase» y «Ha», éste último con influencias de la cultura india.
 
Su consagración definitiva como novelista llegó con «Desert» (1980), una obra que contiene «imágenes grandiosas de una cultura perdida en el desierto de África del norte» y por la que recibió un premio de la Academia Francesa.
«Mi mensaje es que es necesario seguir leyendo novelas», aseguró Jean-Marie Gustave Le Clézio en una rueda de prensa improvisada tras el anuncio del premio, donde fue preguntado sobre las recomendaciones que haría de cara a las controversias políticas y económicas que existen actualmente en el mundo. «Leer es una muy buena manera de interrogar al mundo actual sin tener respuestas que sean demasiado esquemáticas», añadió. A su juicio, «el novelista no es un filósofo, no es un técnico del lenguaje, es alguien que escribe, que se hace preguntas». «Si hay algún mensaje a trasladar, es que es necesario hacerse preguntas», insistió el escritor. Asimismo, precisó que aunque nació en el Estado francés, también tiene la nacionalidad mauriciana, y que aquella es su «pequeña patria». GARA