Se habla y se escribe mucho estos días sobre la injusticia del sistema electoral español y de cómo castiga especialmente a IU. Algunos plantean incluso la inutilidad de presentarse a unas elecciones que consideran fraudulentas por esta cuestión. Por otra parte, ciertas agrupaciones locales de Izquierda Unida (Sevilla, Málaga) han presentado una demanda judicial contra el vigente régimen electoral por tal asunto y probablemente otras lo harán muy pronto.
Lo cierto es que llevamos treinta años quejándonos de esto sin conseguir nada, porque a los partidos mayoritarios les va muy bien con este régimen electoral y porque de esta manera dejan en una posición muy minoritaria a una fuerza política potencialmente peligrosa para el sistema capitalista.
Ahora bien, considero que éste no es el momento de plantear el tema de la injusticia electoral por parte de los que buscan una regeneración de la izquierda transformadora y concretamente, por aquéllos que ven en IU el centro de esa regeneración.
El planteamiento del injusto sistema electoral español es el principal argumento de la actual dirección encabezada por Gaspar Llamazares (junto con lo del "tsunami bipartidista"). Hacer causa común con este sector, echándole la culpa al sistema electoral vigente es un grave error.
La clave es que en las últimas elecciones el apoyo recibido por esta fuerza política fue del 3,83%, el más bajo en la historia de IU-PCE, cuando además se venía de las elecciones del 2004 en que el resultado ya fue muy malo, con el 4,55% de los votos emitidos y 5 diputados (3 propiamente de IU y 2 de ICV). Recordemos que en aquel entonces la dirección de IU, por boca de Gaspar Llamazares, ya se sacó de la manga un argumento para justificarse, a saber, que el PSOE había ganado las elecciones con "votos prestados" de personas que estaban a su izquierda para desalojar del poder al PP, pero que esos votos volverían a la izquierda. Lo cierto es que cuatro años después esos votos no volvieron sino que se fueron más todavía, lo que quiere decir que el problema está en la errónea política llevada a cabo por Izquierda Unida.
La pérdida de apoyo social entre las clases populares es el verdadero drama para IU, por encima del número de diputados que nos otorgue el sistema electoral.
Ciertamente que habrá que seguir denunciando el sistema electoral y proponiendo una reforma que le dé más proporcionalidad, pero eso debemos dejarlo para cuando hayamos hecho la urgente reforma que la Coalición necesita. Lo primero es denunciar el giro derechista y de complicidad con el sistema capitalista imperante de la actual dirección. Es necesario dar la batalla en todo el proceso asambleario que está a punto de abrirse y donde el debate sobre la reforma de la ley electoral sólo sería una cortina de humo.
De poco o nada nos serviría un nuevo régimen electoral, aunque fuera proporcionalmente perfecto (en ese caso IU tendría en el nuevo Congreso de los Diputados 14 escaños por su raquítico 3,83%) si fuera para continuar con los mismos planteamientos políticos y estratégicos. Es más, esta nueva abundancia de puestos aumentaría la fuerza del oportunismo y del arribismo para mantener el control de la organización durante muchos años más.
Cabe hacerse la pregunta de si realmente una IU con tan poca presencia social puede asustar a la oligarquía financiera y cambiar en algo la correlación de fuerzas actual: evidentemente no.
  Lo primero es recuperar esa fuerza en la calle, en los centros de trabajo, en los institutos y universidades y en definitiva, en todos los foros sociales. Como consecuencia de esto IU recuperará también apoyo electoral y paulatinamente puede volver a porcentajes más dignos del 8%, del 10% o más. Con esa presencia también se tendrán más diputados, que harán una política mucho más consecuente y con un respaldo social que impondrá mucho más respeto a los poderes políticos y económicos del capitalismo español. Todo ello sin perjuicio de seguir exigiendo con contundencia la reforma del sistema electoral.
Así pues, pongamos todas nuestras energías en la recuperación de esta izquierda transformadora y revolucionaria que tanto necesitan los trabajadores y los jóvenes del Estado español.
Salud.
Manuel Adolfo Menéndez Osoro