Reconozco que he votado a Izquierda Unida en las pasadas elecciones pensando que era mayor el riesgo de que perdiera su grupo parlamentario a que el PP ganara las elecciones. Siendo mi temor muy fundado a la vista de los resultados, tengo que reconocer que el de los votantes potenciales de IU que finalmente han dado su voto a Zapatero obedecía a una amenaza real y a una cierta lógica. De no ser por ellos y por miles de ciudadanos vascos y catalanes que se han movilizado por el rechazo que provoca el PP en estos sectores de la ciudadanía, a estas horas estaríamos asistiendo a la celebración de la victoria conservadora provocada por una estrategia victoriosa en toda Europa, basada en la mano dura ante fenómenos como la inmigración, la delincuencia, o los nuevos valores morales. El PP, por otra parte, ha logrado transmitir una imagen de gestor eficaz donde gobierna, como expresan sobradamente los votos de Madrid, la Comunidad Valenciana, Murcia o Castilla León.
En mi opinión y tal como se ha desarrollado la pasada legislatura, marcada por la confrontación entre el gobierno – que ha realizado una razonable política progresista- y la oposición, el margen de ampliación del espacio de IU era muy estrecho. Podría haber mantenido el grupo parlamentario pero poco más, tanto con la política de colaboración exigente desarrollada por Gaspar Llamazares, como con otra más beligerante. Las inacabables peleas internas ya habían restado a priori la diputada de Valencia. Es difícil discernir a estas alturas que ha pesado más en la pérdida de otros dos diputados en las semanas anteriores a la votación, sí los errores de planteamiento de la campaña, la reivindicación de ministros en un futuro gobierno de izquierdas, la sorpresa que ha supuesto el pacto con ANV en Mondragón desvelado a raíz del atentado de ETA o la avalancha mediática pro-bipartidismo que ha tenido su máxima expresión en los cara a cara entre Zapatero y Rajoy seguidos por millones de personas. Por su enorme repercusión, sospecho que esto último ha influido decisivamente en que miles electores hayan decidido finalmente optar por el voto útil al PSOE. Pero es que además, se ido degenerando hacia un sistema presidencialista: cuando Rajoy reclama que gobierne la lista más votada y Zapatero admite que no gobernará si no obtiene un voto más que su competidor, están excluyendo la posibilidad de establecer mayorías sociales en el Parlamento.
En un contexto como este, mientras que una derecha tan radicalizada concentre en solo partido a más de 10 millones de ciudadanos que suponen el 40 por ciento del electorado, el espacio a la izquierda del PSOE va a ser muy limitado y en todo caso dependiente de lo que haga el partido mayoritario de la izquierda. Podría suceder que IU dejándose llevar por la inercia, haciendo unos cuantos retoques y como consecuencia de una previsible moderación del PSOE incrementara su representación en los próximos comicios, ¿Por qué no? .Pero también podría suceder todo lo contrario, si las circunstancias que han rodeado las pasadas se repitiesen. El problema es que las oscilaciones electorales serán siempre el resultado de los espacios que dejan los demás y no de la incidencia real que se tenga en la sociedad. La exigua capacidad de movilización social y electoral de IU procede de su agotamiento como proyecto político. Conviene recordar que el nacimiento y desarrollo de IU es consecuencia directa del felipismo, del referéndum de la OTAN, de las huelgas generales, de la conmoción que provocó en amplísimos sectores de la izquierda los escándalos del GAL y de la corrupción generalizada; es decir, es el producto de una fase la política española ya superada desde que el PSOE acometiera con éxito su renovación hace ya ocho años. No es casual, en este sentido, que alcanzara su máxima cota de apoyo en 1996 coincidiendo con la derrota de González ante Aznar y que a partir de entonces haya experimentado un progresivo declive. Su única identidad perceptible, ser la izquierda externa del PSOE, es una no identidad o en todo caso una identidad muy difusa y vulnerable, cuyo mantenimiento dificulta que se desarrolle un ala izquierda digna de tal nombre en el interior del Partido Socialista.
Hoy la sociedad española es muy distinta a la de la década de los ochenta y la primera mitad de los noventa y desde luego lo son, los retos que tiene ante sí una izquierda verdaderamente transformadora. Ésta solo puede surgir de la amplitud de miras y de la capacidad de IU para convocar a la creciente sensibilidad republicana de este país a la construcción de un nuevo proyecto arraigado en una identidad fuerte donde se pueda cimentar un tercer espacio electoral y social que sitúe a la tercera república en el mapa político de los próximos veinte años, y para promover las transformaciones sociales de fondo que las fuerzas políticas mayoritarias van a ser incapaces de llevar a cabo sin la presión de la calle y el surgimiento de un nuevo sujeto antagonista. República federal como alternativa integradora a una idea de España excluyente de su pluralidad nacional, inviable como proyecto común, monárquica, bipartidista, neoliberal y donde la aconfesionalidad del estado es más formal que real. Un republicanismo de izquierdas dotado de alma y de cuerpo con capacidad de convertir en iniciativa política lo que hoy solo son declaraciones genéricas sin ningún sustento estratégico.
Un movimiento con voluntad de influir en el conjunto de la izquierda y en primer lugar, en el debate sobre las reformas constitucionales que ya reclaman amplísimos sectores de la sociedad española. Unas reformas que afectan a la configuración federal del estado, al sistema electoral para hacerlo más proporcional, abierto y representativo o a la institución monárquica. A este respecto, se puede conseguir una gran movilización cívica al calor de un eventual referéndum constitucional para acabar con la discriminación de la mujer en la sucesión dinástica de la Corona, que merme seriamente su legitimidad y fuerce a un refrendo de la sucesión a medio plazo. Una acción ciudadana contra los acuerdos del estado español con la Santa Sede y la financiación pública de las organizaciones religiosas. Un impulso por el reconocimiento del derecho al aborto y su despenalización. Una propuesta contra la precariedad de las condiciones laborales y de vida, consecuencia directa de las políticas neoliberales, que afecta a cada vez más sectores sociales: Defensa y reforma de los servicios públicos, exigencia de la equiparación de España a Europa en gasto social y contribución de los salarios al PIB, desarrollo sostenible frente al cambio climático; reivindicación de un único marco laboral para todos los ciudadanos, cualquiera que sea su procedencia, con el fin de evitar la degradación de las condiciones laborales, la sobrexplotación de la mano de obra inmigrante, el retroceso de las conquistas sociales y la penetración del discurso xenófobo entre las capas asalariadas. Pero incorporando, además, iniciativas socializadoras concretas que trasciendan la mera retórica anticapitalista, como conseguir que el derecho a la vivienda sea un derecho efectivo al igual que la sanidad o la educación, planteando, por ejemplo, que las 500.000 viviendas nuevas sin vender a causa de la crisis de sobreproducción inmobiliaria, se recalifiquen como viviendas protegidas o que sean adquiridas e incorporadas por las administraciones a un parque de vivienda pública con alquileres asequibles a los sectores económicamente más débiles. Movilización para conseguir la contratación de 300.000 jóvenes desempleados como educadores de calle, mediadores sociales o animadores socioculturales, en programas de convivencia en los barrios de las ciudades, y que en colaboración con el tejido asociativo local, combata el incremento de conflictos urbanos como el fracaso escolar, la inseguridad ciudadana ,la violencia de género o el choque entre culturas. Una acción contra la concentración de los medios de comunicación de masas en un oligopolio privado, demandando que una parte significativa del espectro público radio-eléctrico se reserve a medios comunitarios de radio y televisión, ya que no hay nada tan reñido con la democracia que los instrumentos que conforman la opinión pública estén en tan pocas manos.
Por último, este movimiento será mucho más creíble y coherente con sus objetivos, si consigue superar la escisión entre políticos y ciudadanos, dotándose para ello de una organización de voluntarios, donde los liberados lo sean para atender necesidades excepcionales y el desempeño de los cargos electos esté limitado a un máximo de doce años, dos legislaturas en una misma institución, facilitando de esta manera su posterior reincorporación a la vida profesional y primando el concepto de función y servicio sobre el de profesión. Una nueva organización dotada de una misión y de unos valores incuestionables a corto y medio plazo por ser fruto del consenso de todos los que participen en su fundación, pero profundamente democrática en la toma de decisiones, mediante consultas a la base social sobre los temas importantes y mediante la utilización de las comunicaciones electrónicas a la hora de recoger ideas y propuestas. En resumen, un nuevo proyecto político, diferenciado- esta vez de verdad- de los partidos convencionales, que obligadamente tendrá que desarrollarse en escenarios distintos al del Congreso de los Diputados, cuando menos en los próximos cuatro años. Estoy convencido de que será más útil para la profunda recomposición y regeneración de la izquierda que reclamo, está travesía del desierto que el viaje a ninguna parte en la que estaba embarcada. Es más, creo que era totalmente necesaria.
* Francisco Pérez. Periodista y Director de Tele K
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