Lo definían como “trotskista heterodoxo”, y yo pensé que eso era elemental. Las ortodoxias soplo valen sí son revisadas.  
        Hace unos días, a la pregunta de mi admirado –y no es un cumplido de vuelta- Salvador López Arnal sobre cómo me hice “trotskista”, término sobre el que siempre he querido matizar (y así creo hacerlo en la entrevista), respondí:
        “Me “convertí” partiendo de una desconfianza hacia al URSS y el PCE inoculada por mi padre político anarquista (Francecs Pedra), pero también por cosas que me legaban desde la misma   experiencia personal, incluyendo el cine (Un, dos, tres, de Billy Wilder, Teléfono rojo, de Stanley Kubrick, Morgan, un caso clínico, de Karel Reisz, etc) que fue mi verdadera escuela. Comencé a estudiar historia y literatura siguiendo una cierta metodología que luego me sirvió a la hora de estudiar el socialismo. Mi tutor me remarcaba que tratara de conocerlas todas, y que cuando optara, lo hiciera “con pleno conocimiento de causa”. Ya tenía una cierta predisposición libertaria cuando me invitaron a un seminario sobre historia de las internacionales impartido por Alfons Barceló, entonces militante de Acción Comunista. Como era mi costumbre, antes de cada clase, me leía todo lo que me recomendaban y algo más. Al llegar a la Tercera internacional, que se dio en dos partes, el tiempo de Lenin y el tiempo de Stalin, yo ya había leído en catalán el Stalin, de Isaac Deustcher. Don Isaac me fascinó. Al final acabé dando la última clase que trató de la IV Internacional. Eso sucedió en 1966”, y añadiría, a finales, noviembre-diciembre.
              También añadiría que fueron capitales el libro de Broué-Témine sobre la guerra y la revolución española, así como diversos trabajos de Ernest Mandel, el material que publicaba la revista Acción Comunista, cuyo nivel pienso que era insuperable en la época…Luego llegaría Avant-Garde Communiste, de la JCR, que leí y traduje gracias a que en mi accidentado bachillerato siempre saque excelente notas en francés, claro que luego al llegar a Francia (septiembre, 1968), me di cuenta que, en lo que era hablar, no sabía ni papa…Pero Deustcher siguió siendo la principal fuente al menos en lo que la historia se refiere, y mis colegas más próximos son testigos  sobre casi los obligaba a leerlo, no siempre con éxito.
                Escribo esto porque en verdad me duele el olvido de este anglopolaco autor capital en la configuración de la "nueva izquierda" en los años sesenta-setenta, así como uno de los historiadores y ensayista más reputado de su tiempo. En los sesenta-setenta Deustcher fue traducido al castellano (y en menor grado al catalán) en su práctica totalidad, sobre todo por ERA, México. Rsultó apasionadamente leído por unas generaciones durante las cuales alguien (creo que Vázquez Montalbán pudo acuñar la frase: "Sabe más de política que el Deutscher". Sin embargo, este pilar de la sabiduría crítica marxista sería momentáneamente arrumbado por la devastadora restauración conservadora que lo tomó (a través de sus expertos en comunismo) como uno de los mitos de la izquierda a arrumbar, y su obra fue objeto de toda clase de descalificaciones. En su escritura se percibía que Isaac era un poeta de altura, militante comunista desde su juventud universitaria, expulsado dei partido polaco por "sobrestimar el peligro nazi" en 1933, animador de la importante y olvidada Oposición de Izquierda polaca, crítico con la posición de Trotsky de constituir la IVª Internacional contra unas condiciones netamente adversas, periodista, historiador y crítico literario…
              Isaac Deustcher fue una "rara avis" en lo que se ha llamado indebidamente "marxismo occidental". Por su biografía personal, así como por su inquebrantable conciencia crítica, Deutscher no fue lo que se dice un intelectual tradicional. Su labor de investigador y escritor no estuvo en contradicción con su pasión de activista que, empero, no paso por una vinculación orgánica. Una muestra de este activismo la encontramos en su compromiso contra la agresión yanqui al Vietnam que le llevó a ser uno de los animadores del Tribunal Russell ya pronunciar en los Estados Unidos algunas de sus conferencias más brillantes y demoledoras, algunas de las cuales ya han pasado por mi “scanner”, y otras esperan su turno.
                Alguien me haría un favor inmenso sí pudiera facilitarme aunque fuese una fotocopia de su libro Judío no sionista, extraviados en manos amigas, y con el cual se puede conocer al Deutscher perteneciente al mundo judío centroeuropeo destruido por el nazismo (responsabilidad que, burdamente, un talento como Milan Kundera atribuye al estalinismo). Hijo de una familia judía integrista, verdadero niño prodigio, se desarrolló culturalmente en el ambiente agobiante de la escuela religiosa judía llamada khéder, lo que hace que su ulterior evolución pueda considerarse como un milagro, y muchos, la mayoría, de los que surgieron en dicho medio se reparten entre las víctimas de los campos de concentración y los fanáticos sionistas que blanden ahora la reaccionaria concepción del "pueblo elegido" contra los palestinos. Aunque la historia de este medio es muy poco conocida --al menos antes de los trabajos de Natham Weinstock publicados en su día en francés por Maspero--, el lector podrá acceder a ella, muy parcialmente, a través de algunas de las narraciones de Isaak Babel, a las que me referido en un artículo reciente.
              Todo parece indicar que la revolución de 1917 fue determinante para toda una generación de jóvenes judíos --esto lo confirman en sus memorias gente tan poco sospechosa como Ben Gurión y Golda Meir, o películas como El violinista en el tejado--; fue un niño judío, hijo de comunistas, el primero que demostró a Isaac que se podía pecar sin que Yhavé se enfadara por ello- Sin duda existía ya en su interior una predisposición, ya que aunque su abuelo era un ortodoxo dominante y celoso, su padre, un impresor enamorado de la cultura alemana, era un secreto admirador de la heterodoxia, de personajes como Espinosa, Heine y Lasalle (Pierre Frank recordará a Deutscher buscando obras inéditas del primero en Portobello), representantes de una tradición herética, revolucionaria y libertaria que Deutscher ampliará con fervor hasta Marx, Freud, Rosa Luxemburgo y Trotsky, sin olvidar a aquel militante bolchevique desde 1905, Hearsch Mendel, que compartirá con él la dirección de la Oposición Comunista polaca y que representaba la impresionante voluntad emancipatoria y cultural del sector más avanzado del movimiento obrero de origen hebreo.
          Ya entonces emergen dos planteamientos básicos surgen ya en el Deutscher militante casi infantil de las juventudes comunistas y permanecerán sólidamente a Io largo de sus años como hereje, en contradicción con tanto renegado terminado por el nacional-socialismo, que sabía la importancia de su componente revolucionario, dentro del cual surgió Deutscher, cuya familia desapareció en la ignominia de los campos de concentración; en segundo, una oposición irreductible al espíritu oscurantista del getto, marcado por el sentimiento de resistencia mirando hacia atrás de rodillas, y que, con el tiempo, alimentará una facción cada vez más envilecida del sionismo en Israel. Ambas posiciones --fidelidad de clase y concepción abierta del pensamiento--, llevarán a Deutscher a luchar contra la corriente que durante los años cincuenta y sesenta negará toda vigencia a las tradiciones socialistas en Occidente --las teorías sobre la integración del proletariado, preludio de las que ahora certifican su muerte, y contra los anticomunistas que reducen la historia de la URSS a los crímenes bárbaros de Stalin.
            El reflujo de los últimos años, la contraofensiva derechista y socialiberal, las derrotas de la izquierda, han hecho que las obras de Deutscher hayan sufrido una pasada de menosprecio y de desinterés a todas luces aberrante. Su lugar ha sido parcialmente ocupado por una nueva hornada de ex-izquierdistas –Agnés Heller, Cornelius Castoriadis, Jorge Semprún y un largo ecétera-, reconvertidos en intelectuales orgánicos de la era reaganista, cuyo ascenso fue tan rápido como lo está siendo ahora su caída. El cambio no podía ser más miserable y empobrecedor. Textos como La conciencia del ex-comunista (INPRECOR nº 52) o como Orwell: el misticismo de la crueldad, no sólo alumbran genialmente la crisis de la intelligentsia "antitotalitaria" de los años cincuenta, sino que también aclaran con maestría las trampas de unos renegados que tratan de ahogar el niño de la revolución con el agua sucia de las burocracias, con la apenas oculta intención de buscar unos chivos expiatorios detrás de los cuales ocultar el rostro de la barbarie "contra" internacional. Las nuevas generaciones insumisas deberán de reencontrar a Deutscher para comprender-transformar el viejo mundo.
            Su obra-testamento fue La revolución inconclusa, escrita antes de la “primavera de Praga”, antes de Breznev-Kosyguin, o sea en plena fase reformista de Nikita Kruschev, un tiempo en el que se da un cierto optimismo internacional porque Kennedy también parecía otra cosa (por eso lo mataron), había tenido lugar el Concilio Vaticano II  que demostraba que no toda la Iglesia tenía que ser tan corrupta como el Opus Dei…Se puede debatir mucho sobre este texto magistral, hermoso, producto de una conferencia, y del que añado unos extractos. 
 
Isaac Deutscher: Fragmento de
La revolución inconclusa. 50 años de historia soviética (1917/1967)
        La revolución socialista fue apoyada de todo corazón por la clase obrera urbana. Pero ésta era una pequeña minoría de la nación. En total, una sexta parte de la población, poco más de veinte millones de personas, vivían en las ciudades; y de éstos sólo la mitad aproximadamente podían ser descritos como proletarios. El núcleo de la clase obrera la constituían, a lo sumo, alrededor de tres millones de hombres y mujeres empleados en la industria moderna. Los marxistas habían contado con que los obreros industriales serían la fuerza más dinámica en la sociedad capitalista, los principales agentes de la revolución socialista. Los obreros rusos justificaron con creces esta esperanza.
        Ninguna clase de la sociedad rusa, ni ninguna clase obrera en cualquier parte del mundo, ha actuado jamás con la energía, la inteligencia política, la capacidad de organización y el heroísmo con que los obreros rusos actuaron en 1917 (y después en la guerra civil). La circunstancia de que la industria moderna de Rusia consistiera en un pequeño número de enormes fábricas, concentradas principalmente en Petrogrado y Moscú, dio a los obreros agrupados de las dos capitales una extraordinaria capacidad de ataque en los centros nerviosos mismos del antiguo régimen. Dos décadas de propaganda marxista intensiva, los recuerdos recientes de las luchas de 1905, 1912 y 1914, la tradición de un siglo de actividad revolucionaria y la unidad de propósitos de los bolcheviques habían preparado a los obreros para su papel. Estos daban por sentada la finalidad socialista de la revolución y no estaban dispuestos a contentarse con otra cosa que no fuera la abolición de la explotación capitalista, la socialización de la industria y la banca, el control de los trabajadores sobre la producción y el gobierno por medio de los Soviets. Les volvieron la espalda a los mencheviques, a quienes habían seguido al principio, porque los mencheviques les decían que Rusia "no estaba madura para una revolución socialista". Su acción, como la de los campesinos, tenía su propia fuerza espontánea: ellos establecieron su control sobre la producción a nivel de las fábricas mucho antes de la insurrección de octubre. Los bolcheviques los apoyaron y convirtieron las rebeliones en las fábricas en una revolución socialista.
        Con todo, Petrogrado, Moscú y otros pocos centros industriales dispersos constituían una base sumamente estrecha para esta empresa. No sólo se lanzaba la gente en toda la inmensidad de Rusia a una rebatiña para adquirir propiedad, mientras los obreros de las dos capitales luchaban por abolirla; no sólo se hallaba la revolución socialista en conflicto implícito con la burguesía, sino que además estaba llena de sus propias contradicciones internas. Rusia estaba y no estaba madura para la revolución socialista. Era capaz de enfrentarse a sus tareas negativas más bien que a sus tareas positivas. Dirigidos por los bolcheviques, los obreros expropiaron a los capitalistas y traspasaron el poder a los Soviets; pero no podía establecer una economía socialista y un modo de vida socialista, y eran incapaces de mantener su posición política dominante durante el tiempo que fuera". (páginas 32 y 33).
    La situación en que se encontraban los bolcheviques después de vencer a los invasores capitalistas extranjeros y a los generales "blancos" como causa objetiva de la degeneración burocrática de la URSS...y las causas subjetivas:
      El verdadero punto de partida era una situación de completo desastre. Después de diez años de guerra mundial, guerra civil e intervención extranjera, la pequeña industria que Rusia había poseído quedó arruinada. La maquinaria y las existencias estaban agotadas. Económicamente, la nación vivía como si se la hubiese hecho retroceder más de medio siglo. Los habitantes de las ciudades quemaban los muebles para calentar sus viviendas. Veintenas de millones de campesinos eran víctimas del hambre y vagaban por todo el país en busca de alimentos. Los pocos millones de obreros que habían erigido las barricadas en 1917 se habían dispersado y, como fuerza social coherente, habían dejado de existir. Los más valerosos habían perecido en la guerra civil; muchos habían ocupado puestos en la nueva administración, el ejército y la policía; un gran número de ellos había huido de las ciudades castigadas por el hambre; y los pocos que se quedaron dedicaban más tiempo a negociar que a trabajar, se desclasaron y fueron devorados por el mercado negro. Estas fueron circunstancias formativas: los bolcheviques trataban precisamente entonces, en los primeros años de la década de los veinte, de darle forma a su régimen y consolidarlo. Al hacerlo, no podían apoyarse en la clase de la cual se consideraban la vanguardia, la clase que supuestamente dominaba en el nuevo Estado, el pilar de la nueva democracia, el principal agente del socialismo. Esa clase se había desvanecido física y políticamente. Así, mientras la revolución burguesa, pese al hambre en el campo, sobrevivía en las realidades tangibles de la vida rural, la revolución socialista era como un fantasma suspendido en un vacío.
      Estos fueron los auténticos orígenes de la llamada degeneración burocrática del régimen. En las circunstancias existentes, la "dictadura del proletariado", la "democracia soviética", el "control de los obreros sobre la industria" eran consignas casi vacías a las que nadie podía dotar de contenido. La idea de la democracia soviética, tal como la habían expuesto Lenin, Trotsky y Bujarin, presuponía la existencia de una clase obrera activa, eternamente vigilante, que hiciera valer sus derechos no sólo contra el antiguo régimen sino también contra cualquier nueva burocracia que pudiera abusar del poder o usurparlo. Puesto que esa clase obrera no se hallaba presente físicamente, los bolcheviques decidieron actuar como sus lugartenientes y representantes hasta que la vida se hiciera más normal y una nueva clase obrera se formara y creciera. Entretanto, se consideraban obligados a ejercer la "dictadura proletaria" en nombre de un proletariado inexistente o casi inexistente.
        Por ese camino se desembocaba, por supuesto, en la dictadura burocrática, el poder incontrolado y la corrupción por el poder..... Los bolcheviques, como partido revolucionario, no tenían ninguna alternativa a menos que abdicaran y renunciaran al poder, cediéndoselo en efecto a los enemigos que acababan de derrotar en la guerra civil. Los santos o los tontos habrían hecho eso; pero los bolcheviques no eran ni santos ni tontos. Se encontraron inesperadamente en una situación que, mutatis mutandis, era comparable a la de los decembristas, los populistas y los narodnovoltsi en el siglo XIX, la situación de una élite revolucionaria sin el apoyo de una clase revolucionaria.
        Pero la élite era ahora el gobierno, dueño de una fortaleza sitiada que había salvado precariamente pero que aún tenía que defender, reconstruir a partir de las ruinas y convertir en la base de un nuevo orden social. Las fortalezas sitiadas difícilmente han sido gobernadas alguna vez en forma democrática. Los vencedores en una guerra civil raras veces pueden conceder libertad de expresión y organización a los vencidos, especialmente cuando éstos cuentan con el apoyo de poderosos Estados extranjeros. Por regla general, la guerra civil tiene como resultado el monopolio del poder por parte de los vencedores. El sistema unipartidista vino a ser, para los bolcheviques, una necesidad ineludible. Su propia supervivencia, y sin duda la supervivencia de la revolución, dependían de dicho sistema. No habían pensado en él con ninguna premeditación.
        Lo establecieron con aprensiones, como un recurso provisional. El sistema unipartidista iba a contrapelo de las inclinaciones, la lógica y las ideas de Lenin, Kámenev, Bujarin, Lunacharky, Ríkov y tantos otros. Pero, a continuación, la lógica de la situación se impuso y pasó por encima de sus ideas y sus escrúpulos. El recurso provisional se convirtió en la norma. El sistema unipartidista adquirió permanencia e impulso propios. Por un proceso afín a la selección natural, la jerarquía del partido, después de la muerte de Lenin, halló su jefe en Stalin, quien, debido a su notable capacidad combinada con un carácter despótico y una falta total de escrúpulos, era el más apto para ejercer el monopolio del poder....
        Con todo, aún Stalin se consideraba el representante del proletariado y de la revolución. Jruschov, después de haber denunciado, en 1956, los crímenes y la inhumanidad de Stalin, dijo de éste: "Stalin estaba convencido de que esto era necesario para la defensa de los intereses de las clases trabajadoras... Veía todo esto desde el punto de vista.... de los intereses del pueblo trabajador.... del socialismo y del comunismo. No podemos decir que éstos fueron los actos de un déspota veleidoso.... En esto reside toda la tragedia." Sin embargo, si bien los bolcheviques se sintieron en un principio autorizados a actuar como los lugartenientes de la clase obrera sólo durante el intervalo de la dispersión y virtual ausencia de ésta, Stalin siguió ocupando el lugar con todo su poder mucho después de eso, frente a una clase obrera reconstituida y en rápido crecimiento; y utilizó todos los recursos del terror y el engaño para impedir que los obreros, y el pueblo en general, reclamaran sus derechos y su legado revolucionario. (Páginas 38 a 42)
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          La sociedad soviética no se conoce a si misma y está intensamente consciente de ello. La historia de este medio siglo es un libro cerrado incluso para la intelectualidad soviética. Al igual que alguien que ha sufrido amnesia durante largo tiempo y apenas empieza a recuperarse, la nación que no conoce su pasado reciente no entiende su presente. Décadas de falsificación estalinista han producido esta amnesia colectiva; y las medias verdades con que el XX Congreso ha iniciado la recuperación están obstruyendo el progreso ulterior...
... Aún en este año de aniversario, la mayoría de los dirigentes de 1917 siguen siendo no-personas; los nombres de la mayoría de los miembros del Comité Central, que dirigieron la insurrección de Octubre, siguen siendo inmencionables. Al pueblo soviético se le pide que celebre el gran aniversario, pero no se le permite leer una sola descripción de los acontecimientos que celebra. (Tampoco dispone de ninguna historia de la guerra civil)...
...En la Unión Soviética la crisis moral de los años post-estalinianos consiste en una profunda conturbación de la conciencia histórica y política de la nación. A partir del XX Congreso la gente ha cobrado conciencia de que una gran parte de las cosas en que una vez creyó eran falsificaciones y mitos. Los soviéticos quieren enterarse de la verdad, pero se les niega el acceso a ella. Sus gobernantes les han dicho que virtualmente todo el historial de la revolución ha sido falsificado, pero no han revelado el verdadero historial. (Páginas 119-120)
          El status de los grupos privilegiados en la sociedad soviética es más ambiguo de lo que sugiere una u otra calificación ("nueva clase de explotadores", "sociedad administrativa"). Tales grupos son un elemento híbrido: son y no son una clase. Tienen ciertos rasgos en común con las clases explotadoras en otras sociedades y carecen de algunas de las características esenciales de estas últimas. Disfrutan de ventajas materiales y de otro tipo que defienden obstinada y brutalmente. En este punto también debemos cuidarnos de las generalizaciones demasiado abarcadoras. Alrededor de una tercera parte del número total de especialistas (número total que suma más de cuatro millones y medio de personas o tal vez cinco y medio si se incluyen los cuadros del partido y el personal militar) son maestros mal pagados: la prensa soviética ha expresado recientemente muchas quejas sobre sus condiciones de vida. Lo mismo es cierto en el caso de medio millón de médicos. Una buena parte de los dos millones de ingenieros, agrónomos y estadísticos ganan menos que un obrero altamente especializado. Su nivel de vida es comparable al de nuestra baja clase media. Es cosa admitida que este nivel es muy superior al de los obreros no especializados o semiespecializados. Pero sería mala sociología, marxista o no marxista, atribuir esta modesta prosperidad a la explotación de los trabajadores. Sólo los estratos superiores de la burocracia, de la jerarquía, del partido, los grupos de administradores y el personal militar, viven en condiciones comparables a las que disfrutan los ricos y los nuevos ricos en la sociedad capitalista. Es imposible definir la magnitud de estos grupos: permítaseme repetir que los datos estadísticos sobre su número y sus ingresos se ocultan cuidadosamente. Lo que estos grupos tienen en común con cualquier clase explotadora -y utilizo el término en el sentido marxista- el que sus ingresos se derivan en parte de la "plusvalía" producida por los trabajadores. Además, ellos dominan la sociedad soviética económica, política y culturalmente.
        Pero de lo que carece esta llamada nueva clase es de propiedad. Sus miembros no poseen ni medios de producción ni tierra. Sus privilegios materiales están limitados a la esfera del consumo. A diferencia de los elementos administrativos de nuestra sociedad, no pueden convertir una parte de sus ingresos en capital: no pueden ahorrar, invertir ni acumular riqueza en la forma duradera y expansiva de bienes industriales o de cuantiosos valores financieros. No pueden legar riquezas a sus descendientes, es decir, no pueden perpetuarse como clase. Trotsky vaticinó una vez que la burocracia soviética lucharía por el derecho de legar sus bienes a sus hijos y tal vez trataría de expropiar al Estado y convertirse en propietaria accionista de empresas y trusts.  
#2.- Por supuesto que fue inconclusa...
Servir al Pueblo|09-07-2008 23:49
    Estimado compa, de seguro que la Revolución Socialista  de Octubre de 1917 acabo inconclusa, por sólo decir algo... De hecho fue el primer paso de una revolución mundial, que no fue... ello mismo nos explica cuanto pasó en la Unión Soviética y sus países sátelites...
    Debemos aprender de toda nuestra historia y de cuanto nos ha pasado, hay que acercar posturas verdaderamente revolucionarias en un proyecto común, sí, y esto no es herejía; la herejía compas, es mantener este cínico y explotador estado de cosas y no luchar contra el agónico capitalismo.
  Os espero del lado proletario de  la barricada.
 
  Saludos Comunistas.
     
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#3.- la revolución inconclusa
juan gonzalez|16-07-2008 03:50
Saludos. Quisiera saber si existre posobilidad de conseguir una versión electrónica del libro de Isaac Deustsher "La revolución inconclusa". Gracias
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#4
Parrilla|28-07-2008 21:24
Hola Juan.
La verdad es que no he encontrado gran cosa, supongo que lo tienes, pero aquí van algunos fragmentos:
http://www.nodo50.org/garibaldi/contenido/deutscher/deuts1.htm
pagan
http://148.201.94.3:8991/F?func=direct¤t_base=ITE01&doc_
supongo que no te servirá de mucho, te aconsejo que hagas como yo y te recorras las librerías de segunda mano (a mí me costó sólo 1 euro).. o una buena biblioteca. Si no tienes suerte te lo puedo fotocopiar y enviar por correo.
Mi dirección es buzonparrilla@hotmail.com
No te cortes. Trabajo en un sitio donde puedo hacer copias sin problemas, hasta cierto punto claro. El libro es cortito.
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#5
Parrilla|28-07-2008 21:27
Perdona, la segunda dirección que te he puesto es el catálogo de una biblioteca, así que no vale.
Lo siento
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