La I Internacional tuvo que ver con los inicios de la organización obrera, la Segunda fue producto de una época histórica, la reformista, donde la clase obrera con sus luchas consiguió grandes conquistas y se dieron los grandes sindicatos y los grandes partidos obreros.
Después de la derrota de la Comuna de París, el gran avance de la economía capitalista (en las décadas 1870-1880) fortaleció a los gobiernos, que consiguieron desmoralizar o influir ideológicamente a importantes sectores de los trabajadores, especialmente en Inglaterra y Francia, que habían sido la vanguardia del proceso revolucionario anterior.
Pero, ese desarrollo industrial dio las condiciones materiales para luchar por las reivindicaciones mínimas, centralmente em Alemania. Después de su victoria en la guerra franco-prusiana de 1871, Alemania unificada entró en una gran expansión industrial, parecida a la que Inglaterra había vivido veinte años atrás. Eso favoreció la lucha y conquista de importantes reivindicaciones salariales, legislación social y del trabajo, etc.
Esta situación especial de Alemania, provocó no sólo un gran fortalecimiento de los sindicatos, sino también del partido socialdemócrata que reivindicaba las tesis del marxismo. En las elecciones para la Cámara de Diputados, las votaciones del partido socialdemócrata pasaron de 102.000 votos en 1871 a 493.000 en 1877. En 1884 obtuvo 550.000 votos y en 1890 triplicó esa cifra. Pero las organizaciones obreras de Francia e Inglaterra estaban estancadas y primaba la apatía.
La fundación de la II Internacional
Al final de la década de 1880, la situación europea comienza a cambiar. Inglaterra pierde el monopolio del mercado mundial y eso provoca desempleo, miseria, grandes luchas y el surgimiento de um nuevo sindicalismo de obreros no calificados. Por otro lado comienza un gradual fortalecimiento de los movimientos socialistas.
En Francia, Jules Guesde, destacado dirigente de la Comuna de París, funda en 1879, junto a Paul Lafargue, el Partido Obrero Francés, cuyo programa fue redactado con ayuda de Marx. En Inglaterra se fundaron varias sociedades socialistas y marxistas. Se organizaron partidos obreros y socialistas en Dinamarca, Suecia, Bélgica, Austria, Suiza e Italia. Los primeros grupos marxistas empezaron a trabajar en Finlandia y Rusia.
En 1889, durante la celebración del centenario de la Revolución Francesa, se realizaron en París, junto a la Exposición Mundial organizada por el gobierno francés, 69 congresos internacionales. Uno de ellos, convocado por los socialistas alemanes y franceses, fue el congreso de fundación de la Internacional Socialista, la II Internacional.
La Segunda, a diferencia de la Primera, no fue un Frente Único entre organizaciones obreras, sino una Federación de Partidos Socialdemócratas. Marx ya había muerto, pero quien cumplió un papel muy importante en ella fue Engels. En los diez años posteriores, la Segunda fue aumentando su influencia y prestigio.
Reforma o revolución
No eran partidos centralizados. En el partido alemán, el mas importante de la Internacional, existían tres alas: la izquierda (Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, Clara Zetkin), la derecha (Bernstein, Vollmar) y el centro representado por Bebel y Kautsky que tenía la dirección.
El ala oportunista, apoyándose en que las condiciones objetivas aún no estaban maduras para la revolución, buscó hacer de la lucha por las reformas la esencia del movimiento socialista. Rosa Luxemburgo respondía: "entre la reforma y la revolución social existe, para la socialdemocracia, un vínculo indisoluble. La lucha por las reformas es el medio; la revolución social, el fin."
Esta lucha entre oportunistas y marxistas, no quedó en el plano teórico y se extendió al conjunto de la Internacional. Em Francia, la lucha llegó al máximo cuando Alexander Millerand, miembro del Partido Socialista Independiente, aceptó en 1889 el cargo de ministro de Industria. Era la primera vez que un dirigente socialista entraba a un gobierno burgués. Ese hecho provocó la división del partido.
En esta polémica, la izquierda y el centro actuaron juntos y derrotaron políticamente a los revisionistas dirigidos por Bernstein y Vollmar. En el congreso de la socialdemocracia alemana realizado em Dresden en 1903, se votó una resolución que decía: "El congreso condena terminantemente los esfuerzos de los revisionistas por cambiar la línea táctica que se ha probado con éxito en el pasado y que se deriva de la idea de la lucha de clases, sustituyendo la política de conquistar el poder derrotando a nuestros enemigos por una política de concesiones al orden actual (...) "El congreso declara: (...) que el Partido Socialdemócrata no puede luchar por una cuota de poder dentro del gobierno de la sociedad burguesa".
En 1904, en el Congreso de Amsterdam de la II Internacional, se adopta la resolución de Dresden. Ese Congreso, con 444 delegados presentes, mostró que la II Internacional se había convertido en un gran movimiento mundial. El peso de la Segunda se agrandó con la revolución rusa de 1905, donde la joven clase obrera de esse país, dirigida mayoritariamente por la socialdemocracia, mostró al mundo su potencial revolucionario.
Se impone el oportunismo
El 1905 ruso, movió corrientes revolucionarias en toda Europa y actuó contra los oportunistas. Pero, quien triunfó fue la contrarrevolución. Trotsky, refiriéndose a las consecuencias sobre la Segunda dice: "Los esfuerzos del ala izquierda del partido por llevarlo a una política más activa fueron infructuosos. El centro dirigente se balanceó más
y más hacia la derecha, aislando a la izquierda. El conservadorismo, curado de los golpes
recibidos en 1905, se recuperó totalmente."
Entre 1906 y 1914, la Segunda comenzó a cambiar, poco a poco se fue imponiendo la perspectiva reformista. El programa mínimo (sólo reivindicaciones económicas e inmediatas) se fue convirtiendo en el verdadero programa del partido y el programa máximo, basado en la lucha revolucionaria por el socialismo, pasó a ser usado sólo en los discursos de los Primeros de Mayo.
Las bases materiales del revisionismo oportunista
Todo estaba ligado al surgimiento y fortalecimiento del imperialismo. Las grandes ganancias extraídas de la explotación de los países coloniales y semicoloniales, permitieron a las grandes potencias dar algunas migajas a sus trabajadores, que tuvieron importantes mejoras en su nivel de vida. Así surgió la aristocracia obrera, que fue la base social de fuertes burocracias políticas y sindicales.
En la medida en que crecía su bienestar, los dirigentes políticos y sindicales se aislaban de los sufrimientos, miserias y aspiraciones de las masas arruinadas y empobrecidas de los pueblos coloniales. Bernstein, la máxima expresión del sector oportunista, argumentaba que necesariamente existían dos clases de pueblos: los dominadores y los dominados. Algunos pueblos, decía, eran como niños incapaces de desarrollarse.
La Primera Guerra Mundial y la muerte de la II Internacional
En octubre de 1912, Montenegro declaró la guerra a Turquía. El peligro de um conflicto mundial estaba al rojo vivo. La Internacional citó a un congreso extraordinario en Basilea, para el 24 y 25 de noviembre. Se aprobó por unanimidad um manifiesto, que llamaba a enfrentar la guerra imperialista.
En julio de 1914 el imperio austro-húngaro dio un ultimátum a Serbia. Los partidos de la II Internacional pusieron en práctica el primer mandato del Manifiesto de Basilea: "Si la guerra amenaza con estallar (....) desarrollar todos los esfuerzos con el objeto de prevenirla por todos los medios que consideren efectivos". El 29 de julio cuando las tropas austriacas entraban en Belgrado, se organizaron inmensas manifestaciones contra la guerra, em Alemania, Austria, Italia, Francia, Bélgica.
Los dirigentes socialdemócratas confiaban que todas esas acciones obligarían a sus gobiernos a retroceder. Pero no se pudo impedir la guerra interimperialista. La Segunda y sus partidos, tenían que poner en práctica el segundo mandato del Manifiesto de Basilea: "utilizar con todas las fuerzas la crisis económica causada por la guerra, para sublevar a las masas y precipitar así la caída del dominio de clase capitalista".
Era la prueba de fuego: había que enfrentar al propio imperialismo. La II Internacional no pasó la prueba. La mayoría de los dirigentes de todos los partidos terminaron votando a favor de los créditos de guerra a sus gobiernos. Sólo hubo dos partidos que no votaron a favor de sus propios gobiernos, los rusos y los servios. En Alemania, el único diputado socialdemócrata que votó en contra de los créditos de guerra, y que además llamó a los obreros y soldados a voltear las armas contra su propio gobierno, fue Karl Liebknecht. El resto de la socialdemocracia, según Rosa Luxemburgo era "un cadáver maloliente".
Así murió la II Internacional como organización al servicio de los trabajadores. Era necesario recomenzar la batalla. Trotsky, em "La Guerra y la internacional" dice: "La II Internacional no había vivido en vano. Había logrado hacer un gigantesco trabajo educativo. Nunca antes en la historia existió algo semejante. Había educado y aglutinado a su alrededor a las clases oprimidas. El proletariado ahora no tiene que empezar desde el principio. No entra a la nueva senda con las manos vacías."
Recomenzando la batalla por el internacionalismo
En septiembre de 1915 se realizó, en Zimmerwald (Suiza), una Conferencia Internacional de los sectores que estaban em contra de la política asumida frente a la Guerra. Participaron 44 delegados, entre ellos Lenin y Trotsky, que describe la reunión de la siguiente manera: "Nos acomodamos como pudimos en cuatro coches y tomamos el camino de la sierra. La gente se quedaba mirando, con gesto de curiosidad, esa extraña caravana. A nosotros tampoco dejaba de hacernos gracia que, a cincuenta años de haberse fundado la I Internacional, todos los internacionalistas del mundo pudieran caber en cuatro coches. Pero en aquella broma no había el menor escepticismo. El hilo histórico se rompe com harta frecuencia. Cuando ocurre tal cosa, no hay sino que anudarlo de nuevo".
