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La intelección de la cultura y la imaginación de la sociedad cubana

¿Puede la contradicción entre individuo y sociedad tornarse no sólo dialógica sino esencialmente dialéctica sobre la base del actual modo de producción y relaciones socioeconómicas en Cuba?
Roberto Cobas Avivar | Para Kaos en la Red | 4-4-2008 | 710 lecturas | 10 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/inteleccion-cultura-imaginacion-sociedad-cubana
José O. Torres


La intelección de la cultura y la imaginación de la sociedad cubana.
A propósito de las reflexiones del Líder de la Revolución
(Carta de Fidel al VII Congreso de la UNEAC)[1]

Lo que no ha resuelto la cultura capitalista de la participación social es la retroalimentación creativa entre el desarrollo de la individualidad y la dimensión humanista de la vida en comunidad.

La causa elemental está en la concepción mercantilista sobre la organización de la sociedad. La sociedad de mercado es en realidad la representación cultural ideal de la economía de mercado. La cohesión social se establece como un vector autónomo resultante del funcionamiento de los mercados, particularmente el de bienes materiales y el de la tele-expectación masiva. Aún cuando el mercado abstracto del intercambio financiero gravite ya más, y cada vez más negativamente, sobre la estabilidad del sistema económico y, por ende, sobre la propia cohesión social.

El ciudadano es un ser con derecho a consumir, de lo cual se deriva el sentido de libertad individual que como logro supremo civilizacional el capitalismo se auto adjudica. El logro cultural está en que es el propio ciudadano quien refrenda este derecho como ejercicio de libertad. Para ejercerlo lo único necesario es tener acceso a un salario. Es decir, a una cantidad dada de dinero que, en dependencia de su cuantía, lo hará más o menos libre según el grado de mediocridad de su subjetividad cognitiva.

En el capitalismo el salario es, por lo tanto, más que una categoría económica. Constituye la llave política de la participación social. El sistema político capitalista crea el marco jurídico e institucional para que la economía, en tanto economía empresarial y no forma de reproducción cultural de la vida, se encargue de la organización de los comportamientos sociales. De esa misma manera el desarrollo cultural del individuo pasa inexorablemente por el mercado.

El mercado es el dominio incuestionable de las empresas, gracias a que se le ha hecho creer a los consumidores que son ellos los que siempre tienen la razón. El ciudadano-consumidor no es más que la naturaleza muerta. Puesto que su alienación social como ciudadano-productor se ha dado a través de su condición de asalariado. Al ciudadano no le pertenece el resultado de lo que produce, ya que no es el propietario ni de los medios de producción ni del capital. Los dueños de la empresa disponen del resultado de la producción para enajenarla en el mercado. Muy atrás han quedado aquellas lógicas formas comunitarias que nos llevaban a intercambiar los excedentes productivos. El ciudadano navega hasta el mercado a adquirir su propia producción en mayor o menor cuantía, mayor o menor calidad, en dependencia del poder adquisitivo del salario que le paga su dueño. Porque el dueño de la empresa, aunque para dudoso confort del sentido de dignidad propia se prefiera ignorarlo, es el dueño del ciudadano en tanto fuerza de trabajo (mano de obra). El salario, definido por el mercado laboral, es la expresión del precio del ciudadano para los dueños de la empresa. Ese fenómeno de servidumbre moderna que establece la relación salarial es asumido por el ciudadano con total resignación. Al ciudadano de la sociedad de mercado no le preocupa el contenido, ése que denuncia la estafa per se que significa el salario que cobra no importa cual sea su cuantía. La eventual disputa del ciudadano (huelgas de trabajadores) se limita a luchar por un mayor o menor salario, no al problema de la relación salarial. Al orgullo de llegar a los 1300 euros cuando otros apenas alcanzan los 700, o a admirar a aquellos pocos que ya están en los codiciados 2000 mensuales. Los acaudalados - siempre ilegítimos por la misma razón de la relación capital/trabajo - no provocan el repudio público, sino que alimentan el imaginario de la libertad de consumo definitiva. Mientras tanto la absoluta mayoría por razón precisamente de la relación salarial y no del salario consume lo imprescindible y presume de lo indecible o esconde con la dignidad de que es capaz la pobreza en un mundo de riqueza.

El ciudadano en el capitalismo se siente libre porque consume aún cuando su estatus social sea, como es, el de un adocenado esclavo moderno de los dueños de las empresas. No es ni mucho menos un comportamiento natural del individuo. Todo está ajustado para que el modelo cultural socio-individual reafirme la autoestima del ciudadano a partir del sentido de pertenencia al mundo de los que consumen y presumen. Se es verdaderamente persona cuando se entra a un moderno supermercado o a la oficina bancaria que ha decidido concedernos el crédito, no cuando se entra a un teatro ávido por ese giro del bailarín del que nos habla V.Fowler. El crecimiento de la riqueza para los dueños de las empresas necesita del consumo masivo y de la consecuente disputa por las cuotas de mercado. La competencia es el motor natural del crecimiento, del enriquecimiento de los dueños de las empresas y del desarrollo de las fuerzas productivas. El nivel de vida material de los ciudadanos no es en última instancia el objetivo sino el subproducto de todo ello. El producto necesario es la mediatización de la espiritualización de la vida devenida en utilitarismo de la cultura.

El hecho de que Cuba se permita el lujo de contar con una Unión de Escritores y Artistas (UNEAC) salta ante la vista del pensamiento hegemónico como una idea política anómala, una enfermedad propia del comunismo. El hecho mismo de la existencia de tal organización constituye un desafío a contracorriente del modelo de sociedad y cultura que impone la sociedad de mercado occidental. Cuba se desentiende y el VII Congreso de la organización dilucida sobre el papel desempeñado por la misma, sobre  el papel desempeñado por una expresión avanzada de la intelectualidad cubana en la conformación del modelo cultural de una sociedad con aspiración a traspasar el Rubicón de la prehistoria capitalista y quemar conscientemente todas las naves. Discute sobre la superación del anquilosamiento de esa pretensión y, ante todo, sobre su proyección en la transformación socio-cultural ante la que sigue estando la sociedad cubana.

El hecho de que la Unión de Artistas y Escritores de Cuba sea asumida como un factor esencial en la formación del modelo cultural de la alternativa anticapitalista de desarrollo socioeconómico, expone el compromiso ético y estético del proyecto socialista cubano, es decir, su compromiso humanista.

El Congreso de la UNEAC, sin embargo, tropieza con un nudo gordiano. A saber, el de la reflexión influyente sobre el papel del individuo en la construcción del andamiaje y la organicidad social. La creación artística se da básicamente como un proceso de intensa expresividad del ser individual. No por eso el arte deja de ser expresión de la espiritualidad social, el reflejo de las costumbres, la moralidad y las formas proyectadas desde la socio-materialidad epocal. ¿Acaso sucede de otra forma con el desenvolvimiento de la sociedad?

Ni el informe central presentado al Congreso ni el informe sobre Cultura y Sociedad pautado en la inauguración preludian que el papel de la individualidad del ser social haya sido objeto de consideración dedicada. Y es ése precisamente el problema a resolver en el planteamiento de una formación socio-económica socialista de nuevo tipo. Justamente el marco y el escenario de la proyección cultural (ideológica) de una organización social que como la UNEAC ha sido investida con la propiedad de estimular la contrapartida al modelo de sociedad de mercado. ¿Es insalvable la contradicción entre individuo y sociedad? ¿Ha de ser tal contradicción necesariamente antagónica?

Si se asume la máxima del materialismo dialéctico que recuerda el Líder de la Revolución en su carta a este VII Congreso (de la UNEAC), “La conciencia del ser humano no crea las condiciones objetivas. Es al revés. Sólo entonces puede hablarse de revolución”[2], resulta de primera importancia plantear: ¿puede la contradicción entre individuo y sociedad tornarse no sólo dialógica sino esencialmente dialéctica sobre la base del actual modo de producción y relaciones socioeconómicas en Cuba?

El líder de la Revolución aborda la cuestión problematizándola de la siguiente manera, cito[3]:

(…) “¿De dónde saldrán los recursos de la sociedad para ofrecer los servicios esenciales de la vida a todos, puedan o no trabajar, produzcan o no bienes o servicios económicos?

El aporte a la sociedad no puede escapar de una parte proporcional, y nunca igual, de lo que sea capaz de crear. El impuesto es irrenunciable y no puede ser simplemente una proporción. Hay un momento, por su alcance, en que puede llegar a ser casi la totalidad de lo creado.

(…)

Los estímulos que se instrumentan no sólo en divisas para comprar en el mercado, sino también a través de numerosas formas de contenido social, humano y familiar altamente eficaces, no incitan el individualismo y el egoísmo que conducen a la negación, con los más diversos disfraces, de la sociedad que pretendemos crear”. (Subrayados míos)

Si el modo de producción capitalista y sus relaciones socioeconómicas genera una sociedad de mercado, donde egoísmo e individualismo y corrupción para-institucional emergen como sus atributos funcionales y el llamado estado de bienestar se establece como paliativo de los antagonismos sociales, no son el mercado y las relaciones monetario-mercantiles las causas de dicho fenómeno. Advertir que ambas instancias concurren como articulaciones de las relaciones socioeconómicas, exige distinguir cuál es la cualidad de dichas relaciones y de qué depende la desigualdad entre los actores sociales que la conforman.

Ninguna respuesta definitoria a dicho cuestionamiento podrá desconocer que en la naturaleza de la propiedad están las claves del problema. Al entenderlo así el socialismo de estado ha defendido la propiedad estatal sobre los medios de producción y sobre el capital como la antítesis a la propiedad privada sobre la que se sustenta la concepción ideológica e institucional del modo de producción capitalista. La apropiación privada de la plusvalía que genera el modo de producción capitalista - por la no retribución al trabajador de parte sustanciosa del valor que produce - se sustituye por la apropiación estatal. Ello es posible porque se mantiene la relación salarial que permite la propiedad estatal (absoluta o mayoritaria) sobre los medios de producción. No son los trabajadores los que auto gestionan el ingreso. La concepción del modelo de participación está lastrada en su idea fuerza.

Cuando se habla de auto gestión de los ingresos por los trabajadores, los voceros del pensamiento marxista ortodoxo (valga la contradicción) exponen las cuestionadas tesis lasalleanas sobre la apropiación de todo el producto del trabajo, viendo en ello el argumento culminante contra la auto gestión. La desubicación conceptual es tan evidente como sospechosa.

El sentido político de la auto gestión estriba en atribuirle a los trabajadores la máxima responsabilidad en la gestión de la economía, es decir, de los recursos siempre escasos (escasos por definición). La auto gestión económica, olvidan sus opositores ideológicos, concierne tanto a la esfera del presupuesto empresarial como del presupuesto nacional. Cuando la Asamblea Nacional dirime sobre el presupuesto para el año fiscal correspondiente lo que está haciendo es el ejercicio de la auto gestión social macroeconómica, puesto que los diputados son los representantes democráticamente elegidos por el pueblo. La auto gestión a nivel microeconómico (movimiento empresarial) lo que sienta son las condiciones básicas de la eficiencia de la administración de la economía real (la producción y el empleo). Puesto que en lo adelante los trabajadores asumen la auto remuneración de su trabajo de acuerdo a los criterios que hagan rentable la gestión económica de las empresas en las cuales se asocian libremente.

La rentabilidad de la empresa puede ser calculable solamente a partir de asumir en el cálculo auto gestionario los parámetros macroeconómicos que define el estado. No es necesario ni funcional la apropiación y gestión centralizada de todo el producto del trabajo que sí viene haciendo el estado - sin que aquí molesten las tesis lasalleanas - a pesar de la probada ineficiencia de la gestión centralizada de toda la economía. Por consiguiete, no es necesaria la total apropiación centralizada del entendido excedente[4], o sea, ese momento en que el impuesto pueda ser casi la totalidad de lo creado[5]. Basta con que las empresas auto gestionadas asuman en el criterio de rentabilidad el descuento de los ingresos que le supone el impuesto sobre la renta empresarial que define el estado. Es decir, el impuesto que define el órgano legislativo (Asamblea Nacional) de acuerdo a los lineamientos de la política económica que democráticamente también se establezcan. No existe, por lo tanto, apropiación directa alguna por los trabajadores de todo el producto del trabajo. Lo que cambia es la apropiación de todo el producto del trabajo por el estado, en aras de la identificación del trabajador con los medios de producción y de la eficiencia de la gestión microeconómica.

El impuesto sobre la renta empresarial en el socialismo es la expresión por excelencia del sentido de solidaridad social que implica la idea de lo socialista. No existe la participación social vacía de contenidos políticos. La premisa objetiva que así lo condiciona es la “propiedad” socializada de los medios de producción y del capital en auto gestión. La idea sobre la captación del excedente en valor de los servicios exportados, (aparte de aquellos que se ofrecen gratuitamente en la esfera internacional por decenas de miles de compatriotas), como un proceder justo y más comprensible que el cobro directo de una creciente proporción del ingreso personal[6], se asienta sobre la concepción del monopolio estatal sobre el comercio exterior. Ello viene a revalidar la idea recurrente del socialismo de estado en la economía y la vida social. Sin embargo, invalidar a las empresas de la participación directa en las relaciones comerciales y en la cooperación económica internacionales significa establecer por definición la incapacidad técnica y la alienación política de los trabajadores cubanos. La economía socialista no será, por todo lo expuesto, una economía empresarial sino social. El empresario cubano de una empresa social es el trabajador libremente a ella asociado. Representa el patrimonio colectivo de la empresa y los compromisos jurídicos atenidos al estado de derecho socialista.

En consecuencia, la faena del comercio internacional ha de entenderse como una extrapolación de la actividad económica en el ámbito nacional. Los ingresos provenientes del comercio exterior no se distinguen a los efectos de la legislación fiscal y la política económica imperantes en el país. La eliminación de la dualidad monetaria a través del establecimiento de la convertibilidad plena de la moneda nacional está llamada a armonizar las relaciones económicas internas y externas. El control estatal de la balanza de pagos mediante mecanismos reguladores de los flujos financieros externos que necesariamente tendrán que ser atraídos (esencialmente ID, si es que se piensa en una reactivación sostenible y dinámica del desarrollo industrial – industrias de bienes y servicios) seguirá ofreciéndole al estado, es decir, a la sociedad en su conjunto, la capacidad de modelación de las trayectorias de desenvolvimiento económico y social.

He expuesto en diferentes análisis que la auto gestión no significa un cambio cualitativo en la naturaleza del modo de producción si no se concibe la no-propiedad como idea sobre la cual construir una nueva cultura del trabajo. He analizado el problema del fetiche de la propiedad, en esencia de la propiedad sobre la fuerza de trabajo en tanto mercancía de importancia determinante en el capitalismo, como la herencia histórica a superar si de socialismo se trata.

No puede ser tampoco el impuesto sobre la renta personal causa sistémica de contradicciones sociales, a diferencia de las circunstancias políticas que lo hacen especialmente impopular en el sistema capitalista. El impuesto directo sobre la renta ha liquidado a gobiernos de izquierda no porque el mismo sea especialmente antipático[7], sino porque se trata de gobiernos de izquierda administrando regímenes políticos capitalistas, sean los países nórdicos u otros europeos. La sociedad de mercado se sostiene sobre la cultura del individualismo a pesar de los estados de bienestar social. En una sociedad comunitaria como se supone ha de ser la socialista, el impuesto personal exige y pone a prueba la responsabilidad individual con el desarrollo social. Puesto que el trabajo ha dejado de ser objeto de explotación entre congéneres. Y ése será el acicate de la nueva cultura del trabajo y la participación social. Ambos niveles de impuestos, el de la renta y el personal, suponen en el socialismo la contribución solidaria a una renta común que administrada democráticamente por el estado ha de garantizar los servicios básicos de alta calidad – educación, salud, deportes, cultura - para todos los ciudadanos independientemente de sus niveles de ingresos (o de la ausencia de ellos). Las empresas y el estado gestionan los valores que genera el trabajo en dos niveles con autonomía propia: micro y macroeconómico. La eficiencia de la administración micro económica recae fundamentalmente sobre las empresas auto gestionadas. Al estado le corresponde la gestión altamente eficiente de los recursos que la sociedad pone en sus manos. Responsabilidades diferenciadas y compartidas.

La transformación del modo de producción en un sistema de gestión económica de doble autonomía, empresarial y estatal, exige del pleno funcionamiento del mercado y de las relaciones monetario-mercantiles. He expuesto que la distribución (micro) y redistribución (macro) de la renta no es un fenómeno esencialmente económico sino estrictamente político. El mercado y las articulaciones monetario-mercantiles constituyen instrumentos del modo de producción y de las relaciones socioeconómicas entre los ciudadanos. Técnicamente responderán a la naturaleza política del modo de producción. Es la naturaleza del modo de producción la que condiciona el modo de distribución de la renta. Producimos de manera eficiente aquello que habremos de distribuir de manera justa. El mercado no es un instrumento de distribución de la renta sino un mecanismo capaz de propiciar la colocación y explotación eficiente de los recursos escasos. La estimulación del trabajo propio a partir de su auto remuneración por los trabajadores en sus respectivas empresas garantiza la correspondencia económica y política entre la capacidad y el aporte. La correspondencia entre la remuneración y la productividad del trabajo puede ser establecida únicamente a nivel particular de cada empresa. Al estado (a la sociedad) le corresponde definir la remuneración básica mínima a nivel nacional, aquella que se ajustará a los niveles promedio del costo de la vida y no de las ganancias empresariales. La auto remuneración empresarial no se establece en detrimento de los estímulos no monetarios que pueden funcionar con eficacia en el socialismo, puesto que son dos niveles distintos de distribución de la renta. Así lo demuestra el consumo social en Cuba (alimentación en centros escolares, hogares de ancianos, formas populares de esparcimiento y recreación, etc). Por lo tanto, no hay espacio para contradicciones antagónicas entre ambos canales de estimulación y participación socio-económica. La complementariedad entre ellos más que necesaria es irrenunciable.

La descentralización de la apropiación social de la renta (mal entendido como apropiación del   excedente) elimina el secuestro de la individualidad del ser social. A partir de ese momento el papel del individuo como gestor pleno en su autonomía ciudadana planteará un cambio de paradigma de la participación social. Puesto que el desarrollo de la individualidad del ser social implica la negación de la idea que lo reduce a un ser colectivo. Es el carácter de la participación y no la individualidad sico-social lo que asume expresión colectiva. Para que la individualidad del ser social se manifieste en toda su potencialidad creativa es necesario crear condiciones objetivas primarias. Aquellas donde el individuo asume responsabilidad directa por la reproducción material de su vida. Una responsabilidad que obedece a la posibilidad de ejercer su capacidad de auto sustentación económica fuera de todo autoritarismo del estado y de coerción por el fetiche de la propiedad. Una responsabilidad que destaca al individuo como sujeto de la razón de estado y no objeto de su poder. La razón de ser del poder del estado socialista es el ser social que con su trabajo lo sustenta.

Apelar a la estructuración de un nuevo modo de producción y relaciones socioeconómicas no constituye un objetivo en sí mismo. No es tampoco la búsqueda de un objetivo circunscrito a la solución de las carencias crónicas y a la elevación sostenible de la cultura material de la sociedad cubana. Consolidar una economía eficiente y racionalmente suficiente es la condición imprescindible para que el trabajo político de la cultura se establezca como dimensión ético-estética solvente de la cualidad del proyecto socialista. Es lo que hace la diferencia. La sociedad de mercado que engendra el capitalismo como sistema político se auto reproduce cual alimento insoslayable de la modelación socioeconómica. No escapan los patrones de cultura individual y comunitaria a los designios de la sociedad de mercado. La cultura ha de ser objeto de consumo masivo y no de recreación espiritual popular. Así lo asume ya la filosofía del vertiginoso desarrollo de las tecnologías de la comunicación. Es justamente todo lo que en pos de su viabilidad está llamado a negar la construcción del socialismo en Cuba. Nunca antes la idea martiana de “ser cultos es el único modo de ser libres” ha adquirido para el socialismo en Cuba tanta plenitud premonitoria.

Roberto Cobas Avivar (RCA).



[1] Carta de Fidel al VII Congreso de la UNEAC; en: Granma digital, http://www.granma.cubaweb.cu/2008/04/03/cultura/artic01.html

[2] Ibídem

[3] Ibídem.

[4] He expuesto en otros trabajos que el entendido excedente es un eufemismo que viene a esterilizar la naturaleza de la plusvalía. En un modo de producción socialista no tiene porqué existir excedente alguno. El excedente es lo que excede, es decir, lo expropiable. No. La empresa socialista produce y los trabajadores distribuyen los valores entre las necesidades de reproducción ampliada de su fuerza de trabajo, de la producción y de las necesidades del desarrollo socioeconómico nacional. Ver, entre otros: “Hacia el socialismo en Cuba ni propiedad ni excedente” en: http://www.kaosenlared.net/noticia/hacia-socialismo-cuba-ni-propiedad-ni-excedente

[5] En referencia al razonamiento expuesto en el texto ya citado en la nota 1

[6] Ibídem

[7] ibídem

 
 
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Comentarios (10)

#1

04-04-2008 16:16

Para mi el sociaismo debería resolver el tema de la igualdad en muchos campos, pero concretamente en lo que se refiere a distribuir las rentas del trabajo. La plusvalía debería distribuirla en su totalidad el estado y, fijar los sueldos si quremos que haya igualdad. Esto no es incompatible con empresas autogestionadas por sus trabajadores.

Yo llevo 50 años de capitalismo al cuello y me cuesta ver que un electricista deba cobrar lo mismo que un ingeniero. Pero creo que por ahi van los tiros. Sin embargo, si veo muy claro que un hombre cobre lo mismo que una mujer (pero siempre se dice "a igual trabajo"). La verdad es que no se cómo funciona este tema en Cuba o cómo debe funcionar según el socialismo.

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#2.- Pos en Cuba funciona muuu mal

Andión L.|04-04-2008 16:43

No se aplica eso de retribuir según el trabajo que se realice y se forman unos enredos que para qué te cuento.

El estatismo cubano que es como dice Cobas de Estado burgués de bienestar frena la creatividad y por tanto la productividad. Hay una centralización estatal de argollas que sobre todo a Fidel (recordar que todavía es Primer Secretario del PCC, aunque esté encamado) le cuesta pensar en eliminar, porque se ha acostumbrado en casi 50 años de mando en ser quien lo decida todo.

Vaya que a los trabajadores cubanos no les va bien, por más que se diga otra cosa. Viven otros, algunos miles, mejor a pesar de laborar mucho menos o no  trabajan nada. Pero no les cuece a los dirigentes de alto nivel, porque ellos viven como la Carmelina.

Esos son los diarios de hoy en la Cuba de los Castros. 

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#3.- propiedad estatal=poder de la burocracia

Opinador|04-04-2008 20:44

Es tan simple como eso, la teoria no da para mas, se la ha manipulado demasiado y de lo que se trata es de hacer un verdadero analisis de la realidad. La realidad y aun la experiencia historica nos dicen que donde predomina la propiedad estatal, la burocracia estatal es omnipotente y omnipresente. El socialismo o el deseo de socialismo que tienen los pueblos, no es definitivamente ESO.

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#4.- excelente

Manuel David Orrio|04-04-2008 23:37

Felicidades compa,es un análisis excelente.  
Abrazo, 
Manuel David Orrio

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#6.- viriatos derrotados, cúrense las meninges

AdalbertoT.|08-04-2008 16:13

Viriatos derrotados: con la infamia de vuestras mentiras y estupideces demuestran cada vez cuán derrotados estáis.

Poned vuestros cesos en el Foro, si es que los tienen. Ponedlos, atreveos.

Atrévanse por una vez en sus desperdiciadas vidas a enfentarse con la verdad, la decencia y el cerebro.

¿Arriba caballeros!

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#7.- "en silencio ha tenido que ser" - JOSE MARTI

Lira|08-04-2008 16:20

Los chivatos viven en Miami y sueñan con una Isla capitalista. Los chivatos de adentro se esconden detrás de los "viriatos, los liborios, las marielitas" y toda esa fauna que viene a llorar a KaosCuba ... incapaces de dar la cara ni de defender causa justa alguna.

Ya NO quisieran los presos mercenarios del grupo de los 75 tener las condiciones que tienen los 5 cubanos secuestrados en yanquilandia. Ahí están los hechos y las diferencias.

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#8.- Ache pa ti misijo (desde Miami pa Orrio)

Chango|08-04-2008 16:30

Oye Cojo-nudo, desde el pantano de Miami te saludo y pido a Orula por ti.

Sigue timbalu asi y no desmayes. Solo queria aprovechar para comentarte que el sr. Rolando Prats Paez, que conociste cuando estabas inflitrado, es  un tipo chevere que ha aprendido de sus errores y de la mierda que comio en aquel tiempo. es un buen cubano y apoya la revolucion, aunque este lejos. Te lo digo con seguridad porque es mi ahijado. Un abrazo. La negra mas papayua de Miami.

http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-raul-castro-anecdota-sobre-no-citarle
(comentario 10)

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#9.- a morder el polvo de la derrota

08-04-2008 16:37

Arriba .... carajo, a entrarle al artículo, a que no tienen c... los " viriatos" vacios de cerebros?

El retrato del capitalismo de la servidumbre está aquí plasmado en este artículo de RCA, ése mundillo con que sueñan los "viriatos de toda la vida.

Vamos, a la palestra "viriatos y mercenarios"

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#11.- EL AMOR MADRE A LA PATRIA ES EL ODIO ETERNO A QUIEN LA ATACA

AdalbertoT|09-04-2008 10:19

Viriato, gusano, pusilánime y vende-patria. Eso es lo que son seres como tú. En el fondo, profundos cavernícolas llenos de desprecio por la condición humana, incluidas las mujeres, que poco te importan sólo como objeto de manipulación oscura y mercenaria, eso es lo que son para ti y los como tú las mujeres.

Cuando pruebes tus acusaciones y calumnias indecentes contra una persona, ten tambien el valor de llamarlo personalmente, ahi vas a tener al cojo-nudo a tu disposición, es una persona publica  en Cuba, en la Habana, ve, abórdalo, ten los c.... necesarios.

Gente como Orrio no luchaba contra personas específicas sino contra lo perverso que significa unirse a una potencia extranjera, a los yanquis, a los bloqueadores y ASESINOS del pueblo cubano, ayer y hoy, gente que se une a esos yanquis en contra de su propio pueblo, contra eso es lo que lucha gente como Orrio. EN CUBA SOBRAN PATRIOTAS DE ESA ESTIRPE, SON LA MAYORIA DEL PUEBLO.

Mientras tanto la calaña de personas como tú, "viriatos",   es de la que tienen que cuidarse Cuba y los cubanos, sus mujeres y hombres, tambien sus niños.

Tu cavernicolidad mercenaria te descalifica para vivir en sociedad.

Que dios, a pesar de todo, te compadezca, porque eres digno de lástima.

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#13.- la mutación de los viriatos apendejados

Salud|09-04-2008 21:20

Ya no son las "damas de blanco", ahora cuando par de comentarios descaracterizan a los "viriatos", pues acuden a lo que sólo pueden acudir,  a la difamación.

Ahora es la perversión de Orrio con las mujeres, patología congenita, locura sadista, pongan los lectores cuantos otros engendros del mal se les ocurra y ya tendran al monstrito. Un monstrito al que unos "viriatos" a todas luces le tienen pánico.

Han quedado emplazados en el foro a tener c... pero seguirán con las difamaciones cocinandose los hígados no contra los ORRIOS cubanos, miles, sino contra la revolución. El gusano es así, esa es su naturaleza, derrotados como están se hacen cada vez más pusilámines.

Vamos, a pescar en otros ríos , éste no está todo lo revuelto que quisieran los apátridas cobardes.

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