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Lo impopular, la violación y el periodismo

Ya sé que mi razonamiento va a ser impopular. Bastantes de mis escritos son impopulares. Impopular es lo que (a menudo en apariencia) choca con la idea global, con lo que llamamos “opinión pública”; es decir, lo que va contra la concepción que se tiene de una determinada mate­ria que nadie en público se atreve a cuestionar aunque para sus adentros piense otra cosa.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 28-3-2008 | 341 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/impopular-violacion-periodismo

  Por eso las encuestas tienen ese interés añadido. El cínico hace lo contrario de quien se pronuncia "impopu­larmente". El cínico va contra el sentimiento, no tanto contra el pen­sar co­mún, aun­que también. Por lo tanto no soy cínico, ni deseo serlo. Simplemente quiero pulir un poco la idea pú­blica sobre este asunto, para no dar por aboluta o conclusa una idea por sí contro­vertible. Casi todo lo es. Nada hay necesariamente ver­dadero. Si dijéramos que lo hay, los dogmáti­cos religiosos podrían tener tanta razón como los dogmáticos civiles, y sin embargo esta­mos contra ellos y contra sus fun­damenta­lismos.

  Esta introducción sirve para responder a un asunto para mí espi­noso: una ley actual,  común pero dictada y difundida por colectivos feministas y periodísticos, según la cual en una encuesta como la pu­bli­cada el otro día por el The Irish Examiner, uno de cada cuatro irlan­deses cree que en los casos de violación la mujer ha tenido la culpa de provocación; sea por su forma de vestir, por su costumbre de be­ber whisky, o por cosas de ese estilo.

  Como es natural, los campeones de la causa feminista se han echado al ruedo de la pelea que mantienen con todos los que, sin cul­pabilizar a la mujer de las violaciones en los términos de esa en­cuesta pero no perdiéndola tampoco de vista, también nos negamos a culpa­bilizar automáticamente -fíjense ustedes automáticamente- al hombre sin tener en cuenta el sustancial dato de la eventual provo­cación.

  Es muy fácil captarse adeptos expresando ideas que van exacta­mente en la línea trazada por amplísimos colectivos. Y no hay nin­gún colectivo más amplio y numeroso que el del género femenino que, además, está en auge en este país después de milenios de hipotética y persistente opresión por parte del varón. Lo que ocurre es que ex­presarse de modo halagador para hacer instrumento de dominio o rentabilidad al halagado, es justamente demagogia. El pe­riodista la practica con mucha profusión en este asunto. Dios le libre de la tenta­ción de ir contracorriente. Si lo hiciera, duraría sólo unas horas en el medio, y además se le cerrarían las puertas para siem­pre en cualquier otro. Por eso me asquean los absolutismos que salen a relucir en los medios: porque me asquean los absolutismos difundi­dos a bombo y platillo por quienes disponiendo de una caja de reso­nancia,  tienen el otro ojo puesto  en la  ganancia. Pero mucho más cuando, como en cosas como ésta, es patente hacer profusa demagogia.

  No es culpable la mujer violada por haber provocado. Pero el ser humano, además de racional (aunque su regre­sión es palpable) tiene una parte irracional (y también cada vez más acusada). Véase si no a qué pertenece la imposible erradicación en el género humano de su pulsión de guerra, a juzgar por las que ha vuelto a poner en marcha en pleno siglo XXI. Y por consiguiente está sujeto a las imprecisas (salvo en ésta de la guerra) leyes de la Naturaleza. Y sigo con el si­lo­gismo: la intensidad de la atracción sexual "directa" que siente el ma­cho hacia la hembra en la Natura­leza de la que no podemos za­farnos (cuando lo hacemos ya vemos los resultados en el cambio climático, por ejemplo), no tiene ni punto de comparación que la que siente, "in­directa", la hembra hacia el macho. Esto no tiene vuelta de hoja. Ni antropológica, ni zoológica ni bio­lógica­mente. Así es que dejen de echar espumarajos por la boca y de sentirse ultrajados los que se re­vuelven con tanto remango contra los que pensamos que en ciertas y frecuentes violaciones puede haber un componente de provocación en la hembra mezclado con la compulsión sexual, más intensa en el macho que en la hembra, y el dato inevitable de mayor fuerza bruta natural del macho que abusa de ella. La mujer, por el contrario, nece­sita de muchos más estímu­los que una simple exhibición anatómica o un significativo gesto...

  La simplificación de las encuestas no hace de las encuestas en esta materia (ni en ninguna otra) un axioma; ni siquiera un corolario. Pero tampoco es desdeñable que uno de cada cuatro encuestados de un país avanzado y europeo, es decir uno de cada cuatro que se supone no es ni estúpido ni necio (si fuese así no tendría ningún valor, ni si­quiera informativo la encuesta), piensa que eso es así sin presiones psicológicas al responder privadamente. En cualquier caso quiero lla­mar la atención de que demasiado a menudo lo que pasan por verda­des como templos en el periodismo, no tienen la mí­nima cabida en la cátedra a la que también demasiado a menudo tratan de desbancar...

  Por eso, lo que no se puede ad­mitir con la razón en la mano es que después de una felación el ma­cho quiera la penetración y la hembra le llame luego ante un juez a eso violación. Y esto sucede mucho más a menudo de lo que parece. Los sumarios judiciales lo saben, aunque los periódicos no lleven tan lejos los de­talles por ra­zones de amari­llismo y otras. Algo similar sucede con la llamada “vio­lencia de gé­nero”. La violencia moral persistente que la hembra ejerce a veces sobre el macho, percute la violencia física. Esto y el acobarda­miento progresivo del macho frente al pujante protago­nismo feme­nino, aun­que no alcance desgraciadamente la mujer las cotas de de­rechos económicos que debiera, son el trípode sobre el que des­cansa el asunto del "sexo y la violencia genéricos" en Es­paña. Asunto su­pe­rado hace mucho en países de larga tradición igualitarista, como los de la “Europa Vieja” y los países nórdicos.

  Por consiguiente el componente "provocación" es recurrente o de­bi­era serlo, en éste como en otros aspectos que aborda la teoría pre­ven­tiva. Por ejemplo, ¿quién no está de acuerdo en que la mejor ma­nera de protegerse frente al latrocinio es no exhibir opulencia frente a la pobreza, la carencia y la forzada austeridad? Es elemen­tal.

  La Ciencia, las estadísticas y menos las encuestas no resuelven aritméticamente asuntos complejos de la sociedad. Pero mucho me­nos los pueden resolver las viscerales y demagógicas opiniones de los periodistas pagados para pronunciarse a favor del mejor postor...Además, esa airada y despectiva manera de responder a un "demo­crático" método de estudio como es la encuesta, no concuerda con el respeto que los que la desprecian dicen tener hacia lo democrá­tico y la democracia. Claro que -no nos pilla de sorpresa- respetan lo demo­crático y la democracia cuando y en cuanto les conviene y se avienen a sus intereses generales del medio o el interés puntual del periodista.

  Me repugna ir presenciando hasta qué punto lo que fue cuarto poder se está convirtiendo paulatinamente en el primero.

 
 
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Comentarios (1)

#3.- Un buen razonamiento

IOEFF|29-03-2008 16:47

LA verdad es que normalmente no suelo estar de acuerdo con casi ninguno de los articulos o pensamientos de Jaime Richart, pero he de decir que en este ha dado en el clavo, como bien dice el comentario de arriba la lucha de sexos asi como el ecologismo por poner otro ejemplo son inventos burgueses para la concienciacion de las masas, la lucha es igual la de todos la lucha de clases.
Pero esta claro que esta clase de luchas con fuerte presencia mediatica son un buen campo de ebullicion para prensa marillista y para los buitres politicos, que ven en apoyar estas luchas un hervidero de votos pseudo-progres.
Yo me pregunto nadie acaso en su sentido cabal ve que las leyes de divorcio en este pais como en todos son descriminatorias, que la ley de paridad ademas de descriminatorio cara el hombre es humillante cara la mujer y asi en un largo etc....
Hace poco me llego de Txapalarta un libro de Kollontai llamado la bolchevique enamorada que pese a ser una novela romantica contiene un claro discurso politico ,    que expresa entre muchos otros valores  que la lucha de las mujeres es la lucha de los hombres la misma, la lucha de la clase obrera.

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