Alan Greenspan
El pasado 18 de septiembre Fidel Castro disparó dos andanadas de Reflexiones en un mismo día. En la primera, a las 12 y 20 p.m., Dos veces la misma mentira, nuevamente le quemó el bate a Bush. La segunda, El Ike financiero, a las 8 y 46 p.m., estuvo enfocada a la crisis financiera internacional. Realmente la situación en el país y en el ámbito mundial las ameritaba y él ha continuado abordando ambos temas.
Hace algún tiempo se había publicado una foto del Comandante en Jefe mostrando el libraco autobiográfico de Alan Greenspan (The age of turbulence: The adventures in a new world), publicado en septiembre de 2007 (1). El autor fungió desde 1987 y hasta principios del 2006 como presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos.
Fidel había prometido dedicarle un tiempo a desentrañar, para el amplio público, dicho contenido; tarea compleja, pero solamente accesible a un analista de su talla.
Ahora muchos quieren culpar a Greenspan de haber aplicado las políticas causantes de la actual crisis. Él anda moviéndose a la defensiva en un cuadrilátero de críticas. Ha planteado en entrevista con la cadena ABC que "lo importante ahora es hacer una evaluación de la situación y sacar conclusiones correctas para tratar de evitar la repetición de ese fenómeno negativo".
Asimismo ha firmado un comunicado conjunto con George Shultz (2) en que han recomendado que "se apruebe urgentemente una acción que consiga estabilizar las funciones del mercado financiero y asimismo prevenir una recesión económica".
Es decir, al gurú financiero no le ha quedado más remedio que aceptar una inyección de epinefrina (adrenalina) con una dosis de 700 mil millones de dólares, seguida de una traqueotomía para dilatar los bronquios de Wall Street. Y el librito, ¿qué?
Greenspan dedicó el capítulo 17 a "América Latina y el populismo" (3). Entre otras cosas, asevera que los Estados Unidos son erróneamente percibidos hasta la actualidad como la primera causa de la miseria económica al sur de sus fronteras. Señala que el populismo económico (poniendo varios ejemplos, el más reciente el del presidente venezolano Hugo Chávez), se levanta en oposición al libre mercado, donde los términos de justicia, explotación y reforma agraria retóricamente niegan los términos de producto interno bruto (PIB) o productividad y donde se hacen grandes promesas sin considerar cómo financiarlas.
Al parecer, no reconoce Greenspan el fracaso y el cruel retroceso social de millones de seres humanos que produjeron las olas neoliberales preconizadas por la Escuela de Chicago en América Latina. Por supuesto, no desaprovecha la oportunidad para criticar las políticas económicas de Chávez.
Es sorprendente tratar de entender cómo un hombre con el nivel de información de Greenspan pueda asegurar que la "tragedia que arrasa el bosque pluvial amazónico de Brasil se debe a que los habitantes de esa región necesitan cortar los árboles para sobrevivir" (4). Greenspan, o trata de tomarnos el pelo negando la existencia de las transnacionales depredadoras del medio ambiente, o tal vez promueve subliminalmente una campaña para que los yanquis rescaten para la humanidad las reservas de agua y otros incalculables recursos de la Amazona, en manos de los salvajes indígenas brasileños.
¿Qué podríamos recomendarle a Alan por estos días? Tal vez que vaya nuevamente a su bañera, donde él mismo refiere que surgen sus mejores ideas, para ver si se le ocurre una salida a la crisis de los especuladores financieros engendrados por el propio sistema económico capitalista. Si lo logra, su crono romperá el record de Arquímedes.
La definición de Fidel del "Ike financiero" para caracterizar la situación actual "no tiene desperdicio", parafraseando su propia expresión acerca de las noticias que lo movieron a publicar las dos reflexiones en una misma fecha: "el pronóstico meteorológico es incierto; se viene hablando de eso hace semanas y ráfagas de más de 200 kilómetros por hora se hacen sentir. Como dice Rubiera, de una categoría a otra su poder destructivo se eleva al cuadrado..."
Las teorías de Alan Greenspan, que defienden a ultranza las leyes ciegas del mercado, se han ido a bolina bajo los embates de la "era de la turbulencia" de los huracanes financieros, junto con las teorías del laissez-faire, del librecambio y de la mínima intervención del Estado en la economía, de su ídolo intelectual Adam Smith.
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Notas
(2) George Shultlz ocupó altos cargos en varios gobiernos, como el de secretario de Estado durante el gobierno de Ronald Reagan (1982-1989).
(3) The Age of Turbulence: The Adventures in a new World, Alan Greenspan. The Penguin Press. New York, 2007 pp 334-346.
(4) Ibidem pág 278.
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Fuente: EXCLUSIVO, 09/10/02