“El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas”.
Analizando este extracto del artículo 26 de la Constitución aprobada por las Cortes republicanas en 1931, es comprensible que al presidente de la Conferencia Episcopal Española le entre un ataque de urticaria ante la sola mención de aquella República que suprimió los privilegios de la oligarquía eclesiástica y transformó la tradicionalmente católica España en un estado laico.
Advierte Ricardo Blázquez, en el contexto de una nueva regañina dirigida el presidente del Gobierno de la España aconfesional, que es “peligroso hablar con tanta intensidad de los logros y valores de la Segunda República”. Peligroso, ¿por qué y para quién?, me pregunto ingenuamente.
Es natural que al máximo representante de una institución que respaldó la sublevación militar contra la legalidad democrática, elevó la Guerra Civil a la categoría de Cruzada y justificó, amparo y en muchos casos participó en los crímenes franquistas, se le arruguen las tripas con la sola mención de la traicionada II República, y arremeta contra las cándidas palabras de reconocimiento del presidente Zapatero hacia aquel “periodo de sueños y lágrimas” , como si hubieran sido pronunciadas por el mismísimo Satanás desde los confines del infierno.
Es evidente que Blázquez, como todos los retractores del frustrado intento republicano, tiene un obsesivo empeño en imputar el estallido de la Guerra Civil a la infortunada II República. A menudo, las memorias selectivas parecen olvidar que el advenimiento de la República se llevó a cabo tras unas elecciones democráticas y pacíficas, al amparo de un pueblo agotado por años de abusos, injusticias y explotación, que depositó sus esperanzas en un sistema de gobierno que consideraba más justo e igualitario, mientras que el drama de la guerra entre españoles fue consecuencia de la tentativa golpista de un grupo de oficiales conspiradores que traicionaron su juramento de lealtad al gobierno republicano, pretendieron aniquilar por las armas la voluntad popular surgida libremente de las urnas.
Desde la victoria de Franco, la jerarquía católica española ha colaborado activamente en relegar al ostracismo el exiguo periodo republicano, no escatimando sus sagrados esfuerzos para condenar la Segunda República a la marginalidad histórica, demonizando desde los púlpitos, y sobre todo adoctrinando en las escuelas adjudicadas por Franco a la oligarquía eclesiástica como pago por los servicios prestados a su causa criminal, cualquier vestigio del espíritu de libertad impulsado por los hombres y mujeres que se embarcaron en la gran esperanza democrática que significó la República.
Los apologistas del golpismo y la dictadura han perseverado en su propósito de vocear su particular interpretación sesgada y tremendista de lo que representó la II República para un país inculto y atrasado. Que la República nació muerta, que el pueblo español no estaba preparado para la democracia o que la sublevación militar fue inevitable para salvar a la patria del comunismo y la disgregación, son algunos de los tópicos franquistas que todavía perduran en algunos mecenas del régimen anterior. Es lo esperado, por coherencia y afinidad ideológica, por parte de quienes predican que al fin y al cabo la dictadura no estuvo tan mal y Franco fue un gran estadista incomprendido y denostado por la izquierda conspiradora y subversiva. Lo que no tiene justificación posible, es que después de más de treinta años con el cuerpo del verdugo criando malvas en el santuario que se hizo construir con el sudor y la sangre de los presos republicanos, en esta España liberal y democrática, la República por cuya defensa miles de españoles perdieron su vida o su libertad siga siendo un tema tabú, olvidada y degradada, convertida en la gran proscrita de la historia del siglo XX.
Con sus luces y sus sombras, con sus aciertos y carencias, la II República constituye el proyecto más ambicioso de progreso y modernización llevado a cabo en nuestro país y consecuentemente, que el presidente del Gobierno de la monárquica España elogie abiertamente las conquistas conseguidas durante su vigencia, debería estar dentro de la normalidad democrática de la que tanto gusta alardear a nuestra clase política, sin que nadie tenga que rasgarse las vestiduras ni sus palabras sean objeto de disección y exhaustivo análisis en los medios de comunicación.
En este 75º aniversario de actos de homenaje y conmemoraciones, no deberíamos limitarnos a convertir la proclamación de la II República en una nostálgica evocación del 14 de abril de 1931. Quienes consideramos que los españoles tenemos una deuda histórica con los hombres y mujeres que hicieron posible el efímero sueño republicano y defendieron la legalidad constitucional más allá de los límites exigibles, deberíamos imponernos la obligación moral de hacer pedagogía de aquella República cuya mención resulta tan indigesta para el presidente de los prelados españoles. Con el abierto propósito de recuperar nuestra memoria republicana, aprovechemos cada acto, foro y evento para divulgar, por ejemplo, como en nuestro país donde actualmente el fracaso escolar constituye uno de los problemas más preocupantes que aquejan al sistema educativo, durante la II República la enseñanza obligatoria y gratuita se convirtió en prioritario asunto de Estado, duplicando el presupuesto destinado a educación y llevando la cultura a los rincones donde sólo existía atraso e incultura. O contrastar la Constitución que en 1931 impulsó por primera y única vez una separación real entre la Iglesia y el Estado, limitando el adoctrinamiento religioso al ámbito privado y a los lugares habilitados para el culto, con el escenario actual de nuestro país donde los obispos desafían al Gobierno exigiendo un papel destacado de la religión católica en la escuela pública. No desaprovechemos ninguna ocasión para divulgar las ambiciosas reformas llevadas a cabo en los ámbitos territorial, militar o agrario, así como los importantes avances en derechos civiles para todos los ciudadanos en general y para las mujeres en particular.
Reivindicar la memoria de las conquistas y derechos alcanzados durante la Segunda República abolidos por el totalitarismo franquista es recuperar el espíritu de libertad, justicia e igualdad que hace 75 años inspiró a los ciudadanos de un pueblo que aspiraba a decidir su destino, con el propósito de marcar el camino que nos guíe hacia la consecución de la Tercera República española. Para los herederos del legado de aquel malogrado ideal republicano de nuestros antepasados, esta sigue siendo “la utopía que merece ser soñada”.
11-04-2006 20:08
Si hubiera una izquierda en este pais, la republica ya se hubiera restaurado, pues habría desarrollado una estrategia para lograrlo. Se hubiera movido a formar grupos de trabajo educativo para la democracia. Sin prisas pero sin pausas , pues el pueblo vivimos, sometido y asustado demasiado tiempo y cualquier cosa era mejor que lo pasado.
¿Por que la izquierda no comienza a reflexionar sobre los fallos y a enderezar el camino? pues solo con los sueños nada se logra.
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MIENTRAS LE SIGA PONIENDO DIFICULTADES, NO
Justo|11-04-2006 21:12
La izquierda solo tiene ante la III República una concepción INSTRUMENTAL, díganme si no, ¿a que viene eso de adherirle el famoso "derecho de autodeterminación"? ¿acaso pretenden que la República sirva para dividir a España en 17 "naciones"? ¿ese es el destino de la República? ¿pretende que los ciudadanos apoyen la causa de la República con esos mimbres? ¡¡La izquierda está loca!!
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EL FRANQUISMO FUE UN FASCISMO CLERICAL
Lucas Trapaza|11-04-2006 22:54
Así lo creo, su singularidad respecto a los fascismos italiano y alemán no es otra que la iglesia - tanto la española como el Vaticano - aprendieron la lección y movieron todos sus hilos desde la CEDA con Angel Herrera desde fuera como factótum para que el golpe militar-fascista-clerical-extrema derecha capitalista, acabara siendo hegemonizado por la iglesia y los jesuitas, de suerte que cuándo algún hispanista como Gibson afirma a u interlocutor que "Franco era algo peor que fascista" acierta en parte: su régimen fué un fascismo de sacristia, diga lo que diga V. Navarro. Soy bien cosnciente que me faltan pruebas - aunque no intuición - así que a lo mejor a un investigador le da por investigar la influencia de la iglesia en la Cruz de Fuego francesa y ¡sobre todo! en el fascismo austriaco! Así pues mas pronto que tarde se caera enl a cuenta de la naturaleza del específico fascismo franquista: su singularidad la aporta la iglesia católica. Salud y República: L T
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Angel Gomez|12-04-2006 07:27
Aqui lo que se trata no es de volver a la 2ª republica,sino de construir la tercera:La monarquia por si misma es un anacronismo e incluso se contradice con la constitucion ¿No se supone que todos somos iguales ante la ley? ¿Entonces porque el Rey no tiene responsabilidad penal? Con la ley en la mano el Juan Carlos podria salir a la calle y liarse a tiros con todo el que pasara y no ocurriria nada de nada:Obviamente esto es una exageracion pero con las leyes actuales eso es lo que ocurriria.
Hasta lo mayores lameculos de la monarquia reconocen que los españoles no son monarquicos sino "Juancarlistas".Y es que han sabido vendernos la burra de maravilla,pues hasta el 23F el Rey tenia una popularidad minima.Desde luego aquel montaje lo hicieron bien,de hecho en aquel entonces yo mismo (tenia 19 años y militaba en un partido de izquierda) me crei la movida de que el Rey paro el golpe.Pero con el tiempo y mas datos empiezas a atar cabos y te das cuenta de que nos la metieron doblada.Hoy dia en cuanto se cuestiona al Rey automaticamente sale el de turno recordandonos como el Rey "salvó la democracia".Dentro de 100 años en que se sepa la verdad de lo que paso nuestro bisnietos se descojonaran y diran "que abuelos mas credulos teniamos"
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12-04-2006 08:28
las constituciones estan para servir al pueblo, no para amarrarlo y detener su evolución.Lo que hoy ha servido para evolucionar,mañana lo detiene, si no se modifica la constitución.
¿No deberia debatirse a nivel de pueblo mucho de esto, estar en la calle?
¿quien lo va a llevar si no lo hace la izquierda?¿pero donde esta?
Por una democracia participativa que nos lleve por voluntad del pueblo, a la mejor forma de republica.
Viví la transición fuera de esta tierra y también me tragué el tema Juancarlista, pero hubiera demostrado su verdadera humanidad y libertad, proclamando la república ,ya que su abuelo había salido por propia voluntad.Al reconocer que el franquismo fu una interrupción por medio de un golpe de estadio,dictatorial.
Que cree un partido monárquico(hereditario) para ir a elecciones, y complazca a los monarquicos, que seguirán teniendo su rey.
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sin miedo a los molinos de viento
jesus caballero y díaz|12-04-2006 08:53
La España del siglo XX salió desasosegada de la liquidación de su modelo imperial al encuentro de su única posibilidad de existencia política, la de una cosa pública para si misma, el estado español rescató a su sociedad como sujeto político, a las clases subordinadas del antiguo régimen como protagonistas del voto universal y a éste como un instrumento colectivo para encontrar el camino cerrado a sus antecesores. El pueblo español creó a la
IIa República y ésta alentó a una masa de obreros y campesinos marginados y duramente explotados a convertirse en un conjunto de dignos individuos que podrían compartir un proyecto democrático.
Aquellos republicanos nunca consideraron fácil el acceso a la utopía, toparon con pared,la resistencia al cambio vino de quienes se habían sentado sobre el pueblo español, los domadores de los pueblos de campesinos y obreros advirtieron que no bastaba el fuete de la religión traicionada, ni la represión del del estado imperial sobre sus propios súbditos, se propusieron el cambio, lo ventilaron a la luz de miles de españoles que leían por primera vez, que no creían en su nueva condición ciudadana, que hubieron de vencer el miedo al pasado para disfrutar de sus nuevas alegrías de la participación en la cosa pública, para disfrutar de una cultura antes reservada a las elites, para gozar de una educación que los quería armonicamente desarrollados, sanos, fuertes, entusiastas.
Los españoles de hoy que han construído una de las mas nuevas democracias, saben que su modelo político es perfectible, que está en sus manos, en sus intenciones y en su ibérica terquedad la construcción de la España democrática que todos quieren, y si bien topan con la pared de los mismos intereses, su- pervivientes del pasado,ahora remozados por sus alianzas con los dominadores de la globalización saben que "con la iglesia hemos topado" y que como poder fáctico, ésta no cejará en su empeño por someter a su antiguas ovejas.
Mis maestros republicanos en México constructores de aquella hermosa posibilidad, llegaron a este país con el sentimiento de que sus valores valían, de que la España que ellos querían lograría una nueva etapa de libre expresión, que habría nuevos españoles de gesto abierto,de voluntad inquebrantable que encontrarían el modo para darse el gusto de hacerse una España para todos.
Aqui, hoy están los españoles del siglo XXI venciendo a sus" frestones y fierabrasases", la democracia andante avanza por los campos de su nueva composición autonómica, por las sierras morenas llenas de jóvenes ciudadanos que no se conforman con el voto, pero que aun se ahogan en las trampas de la enajenación y la marginación, creo que ellos en sus partidos, en sus organizaciones no gubernamentales, en su mundo laico se hermanarán, y harán su propia tarea, sus líderes civiles los actuales y los que están por tomar el relevo son los españoles del siglo XXI, conocen su legado, su reponsabilidad social y su proyecto y el camino que habránde recorrer..
Si quieren a su tercera República, pues ténganla, constrúyanla y disfrútenla, para bien de ustedes y de la humanidad, sin miedo a los molinos de viento.
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