Étienne Cabet fundador de Icaria, ciudad ideal.
Efectivamente, considerado como el menor y menos original de los grandes socialistas utópicos del siglo XIX, Etienne Cabet (Dijon, 1788-Saint Louis, USA, 1856), fue quizás el más influyente de todos, gracias entre otras cosas a su capacidad como propagandista que se mostró en el periódico Le Populaire, que fue uno de los de más éxito, dentro de la izquierda en el siglo.
      Cabet aunque procedía de una familia humilde recibió una cuidada educación y llegó a ser un abogado de prestigio. Atraído por la política, empezó siendo un partidario de la monarquía ilustrada y obtuvo el cargo de procurador general bajo Louis-Philiphe, pero pronto cayó en desgracia y perdió su puesto. Tuvo que exiliarse a Londres en mayo de 1834 ya como republicano. Aislado del pueblo inglés por el idioma, Cabet hizo del Museo Británico su taller de trabajo y allí realizó una ardua labor investigadora para fundamentar su ideal utópico en el que se pueden encontrar huellas de Harrington, More y Helvetius.
          También encontró precedentes suyos en la religión, y creyó que; «Jesucristo, los Padres de la Iglesia, la Reforma luterana, la filosofía del siglo XVIII y el Progreso Universal proclamaron la Igualdad y la Fraternidad de hombres y Naciones". Sobre este punto, Marx le hizo una crítica impecable; «Cabet cita al azar (...) las opiniones de algunas autoridades antiguas y modernas en favor del comunismo. No tiene, al hacerlo, ni mucho menos la pretensión de relatar un movimiento histórico. La burguesía francesa ve en el comunismo un personaje maldito. Bien, dice Cabet, voy a exponer ante vosotros algunos testimonios probatorios de los más respetables hombres de todos los tiempos que abonan el carácter de mi cliente; y procede como un abogado. Se las arregla para presentar bajo una luz favorable hasta los testimonios más contrarios..." (La ideología alemana). Sin embargo, Marx defendió a Cabet contra los ataques de Proudhom, considerando "digno siempre de respeto por su acción política entre el proletariado".
        Su obra capital fue Viaje y aventuras de Lord Willian Carisdall en Icaria (1840). Está, según sus propias palabras «inspirada en el más puro y ardiente amor por la Humanidad». Se trata de un «sistema completo de Estado comunista, en el que han desaparecido los antagonismos sociales. Ya no hay propiedad privada, ni intereses egoístas, todos tenían los mismos derechos y todos serían iguales ante el trabajo; «Cada uno tiene el deber de trabajar el mismo número de horas al día, según sus medios, y el derecho a recibir una parte igual de todos los productos, según sus necesidades". Con ello, se acababa con el principal problema de la humanidad, la desigualdad. La vía de Cabet era pacifista, prefiere la cárcel a la violencia y la revolución y confía en la persuasión. Su modelo en este aspecto es Cristo, el primer apóstol de la comunidad de bienes, y creía posible convencer a la Iglesia para un retorno a los orígenes. Su propaganda «sólo llama a la discusión, al estudio, a la meditación y, para llegar al triunfo final, no quiere más armas que la discusión, la convicción, la potencia de la opinión pública y la decisión de la voluntad nacional". El libro tiene en poco tiempo cinco ediciones, se forman sociedades obreras para su aplicación práctica.
          Durante la revolución de 1848, el cabetismo aparece como sinónimo de comunismo, iAbajo el comunismo!, iAbajo Cabet!, gritaban los reaccionarios. Durante la segunda mitad del siglo XIX se sucedieron diversas experiencias icarianas todas ellas condenadas al fracaso. La primera que tuvo lugar en un paraje cercano a San Luis, Estados Unidos, estuvo presidida por el propio Cabet, pero las rencillas internas pudieron más que la fe y Cabet no estuvo a la altura de las circunstancias. La última intentona se desintegró en 1898. Aparte de Viaje a Icaria, Cabet escribió también: Por qué soy comunista, Mi credo comunista y El verdadero cristianismo siguiendo a Jesucristo.  Prácticamente todos los libros de Cabet fueron traducidos al castellano en su tiempo, pero no sabemos de ninguna reedición. En cuanto a los cabetianos catalanes, basta señalar que entre ellos destacan el urbanista Idelfons Cerd, el organizador de los coros obreros Anselm Clavé, pero ante todo Narcis      Monturiol, (Figueres, 1819-Barcelona, 1885).
            Monturiol fue el principal exponente del cabetismo catalán y célebre inventor del submarino Ictineu (1859). Animó en el verano de 1847 la constitución del grupo cabetiano catalán, año en que fundó La fraternidad, «periódico de reorganización social, dirigido bajo los auspicios de M. Cabet por Monturiol, y en el que se expresa la siguiente esperanza: «...y no dudamos que, antes de verificar se la primera partida para Icaria, millares de españoles moralizados e instruidos en el Sistema Icariano, llenos de fe y de entusiasmo, vendrán con nosotros a acompañar al Reformador del siglo XIX que fundará el reinado de Dios sobre la tierra». La fraternidad es suprimida por la censura en 1848, entonces el grupo crea El padre de familia en 1849 que, aunque utiliza un tono mucho más moderado también es prohibido al año siguiente. En 1849, Monturiol dio a conocer una obra, Reseña de las doctrinas antiguas y modernas, en la que explica detalladamente los principios de las ideas de Cabet.
          El cabetismo atrajo a Monturiol y al grupo catalán por su doble carácter, pacífico y culturalista en los medios y radical igualitario en sus fines. En su aplicación, Monturiol no dejó de imponerle una impronta realista e inmediata, fruto de sus preocupaciones inmediatas. Es profundamente antimonárquica (« ¿Pensáis que los pueblos sometidos a las monarquías creen en el derecho de los reyes? No; los pueblos callan y obedecen, porque el reyes la fuerza, y contra la fuerza, ni los pueblos, ni los niños tienen nada que decir; se someten y obedecen. ¿Creéis vosotros que sí la Humanidad discurriese y tuviese desarrollados los sentimientos elevados, habría un solo monarca en toda la redondez de la tierra?»), anticlerical e igualitario: «Edad hermosa, escribe qué vemos ante nosotros y qué los espíritus raquíticos y poseedores de lo que el mundo llama riquezas  y poder, se esfuerzan en retardar, combatiendo sin tregua r para perpetuar la situación actual, situación aflictiva para todos, para los ricos y para los pobres. Los sentimientos r proclaman la igualdad...». 
        El cine catalán le dedicó una epopeya tan esforzada como frustrante: Monturiol, El senyor del mar (1992), guión y dirección de Francecs Bellmunt, protagonizado por Abel Folk, Jordi Bosch, Josep Montaner, etc. La película tampoco hace mucho hincapié en las ideas políticas republicanas y socialistas de Monturiol.
          Igualmente importante fueron Abdón Terradas Puli, (Figueres, 1812-Medina-sidonia, 1856) y Joan Rovira.
          Terrades fue un destacado político y escritor republicano catalán, convertido al comunismo cabetiano en el exilio francés, fue uno de los principales impulsores de esta corriente en España. Desde los últimos años de las guerras carlistas se dedicó a la agitación política y a la propaganda republicana. Colaboró en el periódico barcelonés El republicano (1842), donde publicó su Plan de Revolución y la canción La Campana, (ver Elorza, ob. cit., pp. 94-97), un canto revolucionario al que puso música el también cabetiano Anselmo Clavé, y en una de sus estrofas podemos leer: «La Cort y la nobleza / L'orgull de la riqueza / Caigan de un cop fins al nostre nibell / Ja la campana...». La canción se convirtió en himno de la democracia revolucionaria catalana.
        Fue juzgado por sus actividades subversivas en Francia en 1842. Figurando en el acta de acusaciones la siguiente descripción suya: «Treinta y dos años, negociante de Figueres. Uno de los fundadores el partido republicano en Cataluña, electo alcalde de Figueres; Espartero rehusó confirmar su elección y reelección en cuatro ocasiones consecutivas. La quinta, decidió Terradas ejercer sus funciones y se le persiguió. Se refugió en Perpiñán, donde organizó una Junta con otros españoles. El 15 de enero se le arrestó, y aunque inocente, estuvo nueve meses en detención provisoria...». Detenido tras un exaltado motín popular, fue liberado pero se tuvo que marchar a Francia. En agosto de 1843 fue procesado en Toulouse, junto con Gouhenanz, bajo la acusación de ser el organizador de una conspiración comunista. Cabet dirá sobre él en esta época, Terradas «nos ha dicho que lo ha convencido tanto el Viaje a Icaria, que lo traducirá él mismo o la hará traducir al español».
          Esta traducción la efectuó Terradas en 1846, igualmente lo hizo al castellano la Historia popular de la Revolución francesa (1846) de Cabet... Se exilió de nuevo en 184880 agosto de 1843 fue procesado en Toulouse junto con Gouhenanz, bajo la acusación de s organizador de una conspiración comunista. Resultó absuelto, y al cabo de algunos años pudo regresar a España. Se exilió de nuevo en 1848, y formó una junta revolucionaria junto con Enrique de Borbón, que se había declarado republicano; condenó la alianza táctica que algunos republicanos habían establecido con los insurgentes carlistas (matiners). Fue elegido de nuevo alcalde y comandante  de la milicia nacional de Figueres en 1854, pero en 1855 fue destituido y deportado a Cádiz. Autor de varias obras literarias, entre ellas Recuerdos de la Explanada (1834), novela folletinesca, y la farsa cómica en catalán Lo rei Micomicó (1838), se le considera uno de los precursores de la Renaixenxa. Dirigió a Monturiol una célebre carta en la que realizaba una crítica, muy próxima a la de Marx, de las concepciones utópicas de Cabet, al que conoció y trató. Cf. Soler i Vidal (J): Abdó Terrades, primer apòstol de la democracia catalana, 1812-1856 (BCN, 1983).
            En cuanto Joan  Rovira (Barcelona, ?-Nueva Orleans, 1849), era un médico barcelonés que tuvo una experiencia dramática en la primera expedición icariana dirigida por el propio Cabet. Sus actividades se iniciaron en el republicanismo catalán en el que comienza a destacar en 1842 como orador.  Fue uno de los animadores del grupo cabetiano catalán en 1847. En 1848, vendió todos sus bienes, dejó a su mujer que estaba embarazada en manos de sus compañeros, y embarcó para Nueva Orleans, para formar parte de la comunidad. Cuando las contradicciones internas hicieron imposible la convivencia en ésta, Rovira fue uno de los adversarios de Cabet al que acusó de «haber engañado y abandonado las dos primeras avanzadas...». Este drama le llevó a suicidarse delante de su mujer, adelantándose al fracaso del grupo que brillaría en otras actividades...
              Sobre Cabet se puede consultar entre otros libros: Soler Vidal (J), Pels camins de la utopia (Club del llibre catalá,   BCN, 1958), Ventura (J), Icaria. Vida, teorías y obra de Etienne Cabet; Sus seguidores catalanes, y experimentos comunistas icarianos, Cuadernos de Historia Económica de Cataluña, Barcelona, VII (1972); la novela Berenguel (Xavier), Icaria, Icaria, (Planeta, BCB) que trata de las vicisitudes de los cabetianos catalanes. Anotemos que Icaria es una palabra muy común en Cataluña, por ejemplo dio nombre a una inquieta editorial. Puig i Pujades (Josep), Vida d'heroi Narcis Monturiol, inventor de la navegació submarina, Barcelona, 1918; Riera i Tèbols (S), Narcís Monturiol. Una vida apasionant, una obra apassionada (BCN, 1986).