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Reseña Estratégica, 17 de marzo de 2008.- El hecho de que la devastadora crisis terminal de las finanzas "globalizadas" esté derrumbando a algunas de las instituciones paradigmáticas del sistema disfuncional neoliberal  es más que una ironía histórica: es casi justicia providencial. El jueves 13 de marzo, el fondo  de riesgo  Carlyle Capital, ligado a algunas de las familias más influyentes del establishment anglo-americano, anunció su incapacidad de hacer frente a una deuda de 16,600 millones de dólares y su control será asumido por los bancos acreedores.
Al día siguiente, el poderoso Bear Stearns, el quinto mayor banco de inversiones de EU, anunció su bancarrota de hecho, obligando a las autoridades financieras del país, encabezadas por la Reserva Federal, a pasar el fin de semana en frenéticas reuniones para encontrar una solución de emergencia para evitar el "efecto contagio" a los ya de por sí agobiados mercados financieros. El "remedio" vino en la forma de un préstamo blandísimo de 30 mil millones de dólares para que el banco JP Morgan pudiese asumir el control del Bear Stearns.
El pasado lunes 17, le tocó el turno a Lehman Brothers, que anunció pérdidas del 31% en el último trimestre, causadas por la implosión de la burbuja inmobiliaria norteamericana. Poco después, Goldman Sachs divulgó pérdidas de 53% en el mismo período. El hecho de que las pérdidas hayan sido menores de lo esperado por los mercados, fue suficiente para asegurar que las respectivas acciones subieran en la Bolsa de New York, una cabal demostración del surrealismo de los mercados financieros.
Tanto Lehman Brothers como Goldman Sachs representan las casas financieras fundadoras que controlan el Sistema de Reserva Federal, el banco central privado de EU, cuya fundación, en 1913, colocó a la alta finanza internacional al frente del control financiero de lo que ya despuntaba como la mayor economía del mundo, consolidando el modelo de bancos centrales "independientes" que está en la raíz de la actual crisis sistémica y, visiblemente, llegando a los límites de sus posibilidades. En un desafiante artículo, publicado en el sitio Counterpunch del 15-16 de marzo pasado, el economista Michael Hudson, profesor de la Universidad de Missouri fue al centro del problema:
"El comportamiento de la Reserva….plantea la pregunta de si los bancos centrales son realmente necesarios. La idea siempre ha sido la de promover reglas orientadas por los acreedores, desregulación financiera y ayudar al sector financiero a expensas del pueblo, acorralando la economía en una esquina de deudas. Pero, habiendo hecho eso, la Reserva Federal no pudo resolver el problema que creó durante el régimen de (Alan) Greenspan. Su papel, y, de hecho, el de los bancos centrales en general, es el de lograr exactamente el tipo de políticas que crearon el dilema financiero de hoy.
"Desde la fundación del Banco de Inglaterra, en 1694, los bancos centrales en todo el mundo han representado los intereses del sistema de bancos comerciales. Desafortunadamente, el horizonte financiero siempre ha sido de corto plazo. Los bancos hacen dinero buscando más y más clientes para tomar préstamos, en cuanto los banqueros de inversiones y casas de corretaje logran sus comisiones y se mandan. Su interés está en promover una 'economía de burbuja', que induzca a compradores inmobiliarios e inversionistas corporativos a tomar préstamos y tratar de equilibrarse en la ola de la inflación de precios de activos. De inicio, estos préstamos parecen ser auto-sustentables, después los que los toman forzan a la alza los precios de propiedades, acciones y títulos. Estos activos puede, entonces, ser usados como colaterales para préstamos aún mayores, después, precios y deudas suben juntos.
"Este es el tipo de 'creación de riqueza', por la cual el Sr. Greenspan intentó llevarse el crédito. Pero viéndolo así, no es un proceso que proporcione estabilidad para la economía como un todo. En la medida en que los intereses del sector financiero se oponen a los de la economía 'real' de los consumidores y productores, la política de la Reserva Federal intenta resolver el problema de la deuda con todavía más deuda, en la forma de ayudas a bancos que hicieron malos préstamos….Al socorrer a los bancos…la reserva se convirtió en un actor activo de una guerra financiera para endeudar aún más al sector inmobiliario, la fuerza de trabajo y la industria.
"El resultado es una intrusión inusitada del Gran Gobierno, no de una manera socialista, sino de una forma que utiliza al erario público para proteger las finanzas y propiedades de lo alto de la pirámide económica. Esto es hecho por medio de una peculiar servidumbre financiera, promoviendo un régimen de virtual esclavización a las deudas. Por medio del Sistema de Reserva Federal, el gobierno está 'resolviendo' el problema del fin de la 'economía de burbuja', proporcionando préstamos suficientes para endeudar a la industria, la agricultura, la fuerza de trabajo y el capital tangible, al prestar el dinero para pagar el servicio de la deuda sobre empréstitos que, de otra forma, serían impagables".
De hecho, además de su inviabilidad intrínseca, lo que ha resultado cada vez más evidente de esta crisis es la falacia de la idea de "auto-regulación" de los mercados financieros, que, como se percibe, producen excesos devastadores cuando dejados funcionar libremente, siempre acaban recurriendo a los gobiernos nacionales para aliviarse de los estragos causados por sus prácticas depredadoras. Por esto, también crece el cuestionamiento: si los gobiernos pueden intervenir con vigorosos recursos públicos para ayudar a los asistentes del casino financiero ¿porqué no pueden hacer lo mismo para invertir en los sectores que, estos si, representan los pilares de las economías saludables, como la infraestructura física y humana?
En la década de 1930, durante la Gran Depresión en que se sumió la economía de EU después de los excesos especulativos que resultaron en la quiebra de la Bolsa de New York, en 1929, esa fue la receta aplicada por el presidente Franklin D. Roosevelt para iniciar la reversa del desastre causado por la orgía financiera. No es por nada, pero el nombre de Roosevelt y su actitud con el New Deal, y el contraste con su patético antecesor Herbert Hoover, han sido crecientemente citados como referencias históricas, en la búsqueda de una solución efectiva para el actual compás de espera. En los propios Estados Unidos, la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE, siglas en inglés) estima que la reconstrucción de la depauperada infraestructura física del país necesita inversiones del orden de 1.6 billones de dólares en los próximos cinco años, para recolocar la economía en niveles aceptables de productividad real.
La necesidad de que el Estado retome este papel intransferible ya es reconocida hasta por algunos próceres del Establishment norteamericano, como se desprende de la propuesta para la creación de una Banco Nacional de Infraestructura, ahora en discusión en el Congreso. El 11 de marzo, en una intervención ante el Comité Bancario del Senado, hasta el banquero Felix G. Rohatyn, de la casa Lazard Freres y uno de los más radicales privatizadores de la fauna usurera de New York, en su afán de salvar el pellejo del propio sistema financiero, tuvo que reconocer el papel del Estado en el desarrollo de la infraestructura:
"Aunque el sector privado impulse a nuestra economía, nuestro gobierno 'desde el inicio de la república' ha desempeñado un papel indispensable como el principal inversionista en los transportes, infraestructura y educación en el país. La compra de Louisiana por Thomas Jefferson, los canales de New York y las ferrovías que conectaron a nuestras ciudades industriales con nuestro interior, con el poderoso apoyo de Abraham Lincoln, fueron inversiones nacionales vitales. De la misma forma, fueron las bolsas colegiadas, la Ley de Facilidades (GI Bill, que otorgó facilidades para el acceso a las universidades de los militares que venían de la II Guerra Mundial. N.e.), así como el sistema de carreteras interestatales del presidente (Dwight) Eisenhower y la movilización de Franklin Roosevelt para la II Guerrra Mundial. De hecho, los presidentes Jefferson, Lincon, Franklin Roosevelt y Eisenhower probaron que las inversiones públicas pueden generar vastos retornos (…)
"Habrá algunos, Sr. Presidente, que dirán que no podemos financiar nuestras necesidades de infraestructura, que nuestros déficits presupuestales son muy grandes y que nuestros endeudamiento es muy grande. La realidad, Sr. Presidente es que no podemos soportar ni hacer eso. Cada año que tardamos provocará déficts y daños adicionales en productividad y empleos. (…)"
Quien sabe si la profundización de la crisis sistémica en los EU proporciones la gama de oportunidades para un cambio de rumbo que evite fundir a las economías nacionales en el alto horno en que terminarán los mercados subprime.