Más de una semana llevan ya tres compañeros en huelga de hambre a las puertas de la factoría, reclamando el reingreso de todos los despedidos y despedidas de aquel nefasto ERE de diciembre del 2005. No les han faltado muestras de apoyo y simpatía, desde la propia plantilla de SEAT y desde numerosos sectores del mundo del trabajo y los movimientos sociales, como se vio este último sábado en la manifestación de los compañeros y compañeras de autobuses de Barcelona. Hay que destacar que los paros del pasado miércoles, convocados por CGT, constituyen un hecho importantísimo al retomar una de las tradiciones más nobles del movimiento obrero de este país: la huelga de solidaridad. Pero hay que ser conscientes que todo esto no basta. Esos gestos fraternales y valientes – porque ha habido que desafiar las intimidaciones de la empresa, de sus chivatos y de algunos pretendidos sindicalistas que actúan más como una policía industrial que como auténticos representantes de los trabajadores – han salvado con creces la dignidad de la gente de SEAT. Pero ahora se trata de salvar su propio futuro laboral. Porque eso es realmente lo que está en juego a través de la batalla por la readmisión de estos últimos compañeros y compañeras.
Se acercan tiempos difíciles para la población trabajadora, para los colectivos sociales más desfavorecidos, para la juventud… Las cifras del paro se disparan, los precios de los productos básicos se disparan. Como siempre, banqueros, especuladores y grandes accionistas se aprestan a descargar sobre nuestras espaldas las consecuencias de sus aventuras globales y de su recesión económica. Por eso, más que nunca, el movimiento obrero debe tratar de reforzar su unidad, su organización, su democracia interna, su cohesión… Y ahí está la cuestión. Más allá del debate sobre el gravísimo precedente que supuso en su día la firma de un ERE con despidos forzosos, ¿cómo encarar el futuro si ni siquiera se obliga a que la empresa cumpla con sus compromisos? ¿Qué convenio, qué condiciones contractuales o laborales será posible defender mañana si se permite hoy la imposición de los dictados vengativos de la multinacional? ¿Cómo resistir juntos, qué confianza habrá entre la plantilla si se abandona ahora a ese puñado de compañeros a su propia suerte?
La afiliación de CCOO y UGT debe entender que la situación es grave y que no se trata de una rivalidad entre siglas sindicales. Hay que exigir responsabilidades y una actitud solidaria y comprometida de los sindicatos y del Comité de Empresa con los huelguistas de hambre y con sus demandas. No es admisible desentenderse, ni mucho menos aceptar actitudes de esquirol. Eso no sólo sería una infamia hacia los afectados, sino que pondría en cuestión, a corto plazo, los intereses de todos y todas, entregando una plantilla vencida a las reestructuraciones, ajustes o traslados de producción y a cuantos abusos desee imponer Volskwagen en el próximo período. Así pues, ¡a demostrar con descaro vuestra simpatía hacia los huelguistas de hambre, apoyando decididamente cuantas acciones solidarias se convoquen! ¡A perderles el miedo a los santones aposentados del sindicalismo oficial! Esos no os salvarán cuando vengan mal dadas. ¡A imponer donde corresponda unidad y movilización! Esto no puede acabar como tantas deslocalizaciones, como tantos EREs… Esta pelea hay que ganarla y eso está en vuestras manos…
Revolta Global
Martorell, 11/02/08
                     



