Fue el último intento, revelado por GARA en junio y desmentido durante muchos meses por el PSOE. Zapatero asume hoy que pudo ser «el fin del túnel», pero sus enviados huyeron del acuerdo.
La pelota estuvo botando sobre el tejado del Gobierno de Zapatero durante todo ese fin de semana, el segundo de la campaña electoral para las municipales. Sus enviados y los de ETA se habían reunido entre el lunes 14 y el miércoles 16, y también lo habían hecho los de PSOE y Batasuna. Todas las cartas habían sido puestas sobre la mesa por la izquierda abertzale con más concreción que nunca: como publicó GARA en su cuadernillo especial sobre el proceso de negociación, el Estado tenía sobre su mesa una propuesta de solución política consistente en crear un marco jurídico-político único para Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa que llevara aparejado el reconocimiento del derecho a decidir. Y ETA, por su parte, se comprometía a «desactivar la lucha armada y desmantelar sus estructuras militares» en el marco de un proceso consensuado y progresivo, con un horizonte temporal delimitado: el año 2012.
El PSOE pidió tiempo el 16 de mayo, y la izquierda abertzale se lo dio. La reunión definitiva se fijó el lunes 21. Mientras algunos medios hacían cábalas sobre dónde estaba Arnaldo Otegi en esos días, José Luis Rodríguez Zapatero mantenía un agenda pública normal. El viernes 18 se reunió con el Nobel de la Paz Mohamed el-Baradei y acudió a un mitin a Mallorca. El sábado 19 estuvo en Las Palmas. El domingo le tocó hablar en Sevilla. Y el lunes, en Oviedo. Las fotos de esos actos lo muestran relajado, cuando no directamente envuelto en la euforia inherente a los eventos de campaña. Meses después, cuando admitió estos contactos, Zapatero dio a entender que en realidad tenía clara su respuesta: «La situación estaba ya muy deteriorada, muy deteriorada. Y [el diálogo] fue debido al deseo de instancias internacionales. Al ver que tenían toda la buena voluntad de que pudiera verse la luz al final del túnel, de que aquello fuera el fin... Pero la verdad es que había muy pocas posibilidades», declaró a ``El Mundo''.
Efectivamente, aquel día pudo ser el final del túnel. Como publicó este periódico en junio del pasado año, en ese fin de semana La Moncloa debió calibrar si aceptaba la propuesta de la organización armada, de nueve puntos, destinada a desarrollar el acuerdo político al que pudieran llegar PSOE y Batasuna y a abrir paso a una «tercera fase» de negociación sobre las cuestiones pendientes (presos, exiliados, víctimas, desmilitarización, Comisión de Verificación...). Todo ello se habría implementado en el transcurso de la legislatura 2008-2012, la actual. A su conclusión, ETA se habría autodesmantelado.
Blair y Adams
Sólo Zapatero y el «núcleo duro» que gestionó aquel proceso (Alfredo Pérez Rubalcaba, Javier Moscoso, Jesús Eguiguren...) podrían aclarar con qué voluntad acudieron a aquella cita crucial. La explicación oficial es la que dio el presidente español a Pedro J. Ramírez y a la que se han atenido otros miembros de su equipo, como José Antonio Alonso: sólo querían «explorar» la situación. La explicación parece coherente con la actitud que mantuvieron en las reuniones: como reveló este diario en setiembre, los representantes del PSOE llegaron a esbozar una propuesta en una pizarra, pero se echaron atrás cuando vieron que la otra parte la aceptaba, y una vez que los mediadores la habían puesto en negro sobre blanco. El Gobierno de Zapatero percibió el desconcierto de los expertos y observadores internacionales, como mostró la gira realizada por Rubalcaba en verano para testar su posición y preparar el terreno a la oleada represiva posterior.
En estos doce meses han ido apareciendo a cuentagotas algunos detalles sobre aquel intento definitivo de solución con un formato inédito de doble mesa. Por ejemplo, al PSOE no le ha importado sacar a la luz pública los nombres de las autoridades internacionales que auspiciaron aquellas reuniones. Su negociador, Jesús Eguiguren, decía en ``El País'' el pasado 6 de abril que «después del atentado de la T-4, Tony Blair y Gerry Adams pidieron al Gobierno que escuchara a ETA. Y el Gobierno lo hizo».
Los dirigentes del PSOE reconocen hoy todo ello de modo abierto, aunque ciñéndose a su versión oficial y obviando o minimizando la disposición expresada por ETA. Pero no siempre fue así. Durante seis meses lo negó todo: exactamente, desde que GARA lo dio a conocer el 15 de junio de 2007 hasta que Zapatero confirmó el 13 de enero pasado que tras la T-4 siguió habiendo contactos.
En junio, este diario informó de que «el Gobierno negoció con ETA a la vez y en el mismo sitio que PSOE y Batasuna, hace 25 días». La vicepresidenta del Ejecutivo, María Teresa Fernández de la Vega, replicó al día siguiente que «no ha habido absolutamente ningún contacto». Y el portavoz del PSOE en el Congreso, Diego López Garrido, añadió que «hay que creer al Gobierno democrático y no lo que diga un entorno terrorista».
Pero el más contundente en negar lo que ahora reconoce sin tapujos fue el mismo Zapatero, y con más énfasis que nunca en la víspera de la reunión decisiva de hace hoy un año. Ante los rumores que habían aparecido en diarios como ``Abc'', ese domingo 20 de mayo Zapatero afirmó que sostener que había diálogo tras el atentado de Barajas suponía «un dislate».
El PSOE lo sabía
Pese a lo que había ocurrido entre el 14 y el 21 el PSOE llegó a aquellas elecciones del 27 de mayo vendiendo mensajes optimistas. Por contra, desde la izquierda abertzale imperó el realismo, y no se ocultó la preocupación por el escenario. Así quedó claro en la rueda de prensa ofrecida por una amplia representación tres días después, el 24 de mayo, en Iruñea. Lógicamente, Arnaldo Otegi y sus compañeros no revelaron ese último intento, pero sí explicaron que tras el veto al nuevo partido ASB o la prohibición masiva de listas se veían obligados a «actualizar el análisis y examinar las consecuencias, riesgos y posibilidades con toda su crudeza». Y alertaron al PSOE de que «se equivoca si cree que aceptaremos un acuerdo que no reconozca los derechos nacionales; se encontrará de frente con la izquierda abertzale».
El partido de Rodríguez Zapatero silenció aquel mensaje, con un objetivo evidente: cargar sobre la izquierda abertzale el mayor peso posible de la responsabilidad de la ruptura que venía. El PSOE sabía perfectamente que el final del alto el fuego era cosa de días, porque ETA se lo había comunicado en la mesa tanto a la parte estatal como a los observadores y mediadores con una frase: «El enfrentamiento armado será inevitable».
El comunicado de ETA que notificaba el final de catorce meses y medio de alto el fuego se dio a conocer el día 5 de junio, pero el proceso se había quebrado realmente ese 21 de mayo del que hoy se cumplen justo doce meses. O, como admitiría meses después Rubalcaba, «la verdad es que nunca arrancó del todo».
El PNV recurre a Loiola para reactivar su imagen tras ser considerado prescindibleAquella ronda de reuniones de hace un año tuvo otra característica: la ausencia del PNV. Cuando informó sobre la misma, este diario explicó que los jelkides no fueron invitados «al ser considerados un obstáculo». Por un lado, su alineamiento total con las posiciones del PSOE, quebrando el esquema de «triangulación» previsible al inicio del proceso, lo había convertido en un agente totalmente prescindible para llegar a un acuerdo. Por otro, Josu Jon Imaz llevaba meses dando por roto el proceso y aventurando atentados de ETA. Y había un tercer inconveniente relativo al escollo principal para un acuerdo político: el PNV no sólo no impulsaba la «autonomía a cuatro» propuesta por la izquierda abertzale, sino que recelaba porque podía perjudicar a su hegemonía en la CAV.
La ciudadanía ha pasado factura a esa posición propinando al PNV dos fuertes reveses electorales desde entonces: en mayo de 2007 y en marzo pasado. Así que resulta significativo que ahora tanto la dirección jelkide como Juan José Ibarretxe hayan decidido recurrir a Loiola para tratar de reivindicarse como un agente que sí se «moja» por la solución. Un agente al que le importan las soluciones y no las elecciones, como quiso resaltar ayer Ibarretxe en Moncloa. GARA
|21-05-2008
Sin ir muy lejos en el tiempo (1 de febrero de 2005) se puede comprobar que las Cortes sí pueden despachar con un `no' y sin negociar las propuestas que se le hacen por parte de la sociedad vasca.
Iñaki IRIONDO
Juan José Ibarretxe cuenta que cada mañana, cuando se ducha, se echa unas gotitas de optimismo para afrontar el día. Bien está si no se cae en la sobredosis. Pero, visto lo visto, insistir todavía en que el acuerdo con el Gobierno español es posible suena a refugio para no desvelar a la sociedad vasca cuáles son los próximos pasos que va a proponer.
En una de las entrevistas publicada todavía anteayer, el lehendakari afirmaba que «querer es poder». Esa fue, precisamente, una de las cuestiones que el actual presidente del EBB, Iñigo Urkullu, abordó en su discurso de toma de posesión. «Se suele decir que querer es poder. Lamentablemente no es cosa cierta. Puede uno querer lo imposible, y no alcanzarlo por eso mismo. Puede uno querer lo posible y no conseguirlo por errores o limitaciones propias», sostuvo Urkullu en el Euskalduna con bastante sentido común.
Cuando todavía era vicelehendakari, Juan José Ibarretxe tenía entre sus frases favoritas la de que «los vascos no seremos nunca lo que no queramos ser». Ahora insiste más en la idea de que «Euskadi no es una parte subordinada de España», a lo que añade que «al igual que el Parlamento Vasco no puede imponer sus decisiones a las Cortes, tampoco las Cortes pueden despachar con un 'no' y sin negociar las propuestas que se les hacen por parte de la sociedad vasca».
Sobre la primera frase, la de lo que seremos los vascos y las vascas, un miembro del EBB me explicó, medio en broma medio en serio, que la clave estaba en el tiempo verbal. Ibarretxe hablaba en futuro. Pero la afirmación «Euskadi no es una parte subordinada de España» está en un presente tan grande como engañoso. Por eso, sin ir muy lejos en el pasado (1 de febrero de 2005) comprobaremos que, en contra de lo que dice el lehendakari, las Cortes sí pueden despachar con un `no' y sin negociar las propuestas que se les hacen por parte de la sociedad vasca. Porque hoy por hoy, Euskadi sí es una parte subordinada de España. Y lo es porque hace treinta años el PNV aceptó que así fuera, admitiendo la partición de Hego Euskal Herria y un Estatuto para la CAV que permitía que el Estado tuviera capacidad de veto sobre las decisiones de la sociedad vasca. El lehendakari no puede hacerse ahora el sorprendido si el presidente del Gobierno español le recuerda que es Madrid quien tiene la última palabra. Fue el marco que su partido pactó y durante años ha defendido.
Si de verdad el lehendakari apuesta ahora por un cambio hacia un marco verdaderamente democrático, lo primero que habrá de hacer es admitir que, al menos de momento, no hay acuerdo posible ni con Madrid ni con los partidos que lo representan en Euskal Herria. Y que como no basta con querer, habrá que crear las condiciones necesarias (acuerdo entre todos en Euskal Herria, sin límites y respetado por el Estado) para poder cambiar el marco. Para eso no valen los conejos sacados de la chistera. Es preciso el trabajo discreto y constante de búsqueda de acuerdos, de superación de las dificultades, con las fuerzas que apoyan ese cambio.
#4
Inurri|21-05-2008 12:22
El problema es que el Partido del Negocio Vasco no intenta conseguir un marco democrático para Euskal Herria, ni siquiera para Euskadi, para eso tuvieron una ocasión inmejorable en el último proceso de negociación que termino en Loiola.
El problema es que busca seguir contorlando el entramado institucional y económino de Euskadi, al precio que sea y a costa de quien sea. Por eso hicieron piña con el PSOE para reventar el proceso de negociaciones con la izquierda abertzale.
Ibarretxe y el PNV nos han montado un nuevo sainete con el que intentaran rascar votos de los cientos de miles que han perdido en las últimas elecciones, ya que esta vez sí que parece que el PSOE les puede quitar la lehendakaritza.
En el 2001 con el mismo teatrillo "soberanista" y al grito de "que viene Mayor Oreja" (existian posibilidades de que fuera Lehendakari) el PNV consiguio 600.000 votos. En las del 2007 consiguieron 320.313 y en 2008 lograron 303.246.
La duda que me queda es sí esta vez volveran a engañar a tantos incautos. 
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#6
21-05-2008 13:36
"No obstante, cabe recordar que la reunión de ayer escenifica un desacuerdo -entre distintos- que en realidad parte de un acuerdo previo -entre iguales-: aquel que en Loiola demostraron los dirigentes del PSOE y del PNV al levantarse de la mesa de negociación cuando quedaba por aclarar la implementación de los acuerdos. Los mismos acuerdos que Ibarretxe dice reivindicar ahora. El PSOE lo hizo, entre otras cosas, porque se lo permitió el PNV. El PNV lo hizo porque, según todos los indicios, le entró el pánico a perder la gestión de las instituciones que gobierna desde hace tres décadas. Sin embargo, desde la perspectiva que da el tiempo, cabe pensar que la estrategia de Urkullu e Imaz no fue muy inteligente. No en vano, la posibilidad de que el PNV pierda el Gobierno de Lakua parece ahora más real que nunca. Su «apoyo incondicional» a Zapatero sólo se ha traducido en una escalada represiva contra la izquierda abertzale y en una involución general de las posiciones unionistas."
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#8
21-05-2008 17:19
El sentido democrático empieza cuando las demandas nacionalistas vascas son tan legales y realizables como las nacionalistas españolas, las únicas impuestas hoy en día.
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#14.- Mal asunto
21-05-2008 21:57
cuando por razone falsimediáticas, el tándem PSOEPP detiene a quienes participaron en las negociaciones. Muy simbólico de por donde van los proyectos de la derecha gobernante.  Un buen ejemplo que define como los trileros se han adueñado del  país.
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#16.- #8
22-05-2008 20:42
Pues eso se hace ganando la confianza de los ciudadanos en unas elecciones como han hecho ellos, no asesinando guardias,  políticos e inmigrantes,  como viene haciendo la Izquierda Abertzale desde hace cuarenta años.
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