EN EL BANQUILLO. Los cinco policías nacionales juzgados por torturas durante el juicio, el pasado 15 de abril / Berta Alarcó
MALOS TRATOS // LA FISCALÍA PROTAGONIZÓ LA DEFENSA DE LOS AGENTES AFIRMANDO QUE “TORTURA ES LLEVAR A JUICIO A ESTOS AGENTES”
El juicio por torturas contra cinco agentes del Cuerpo Nacional de Policía, cuatro de ellos miembros en activo del Grupo VI de la Brigada de Información, ha quedado visto para sentencia. La vista oral se desarrolló el 15 y 16 de abril en la Audiencia Provincial de Barcelona bajo un insólito y amplio dispositivo policial  : agentes de los TEDAX inspeccionando las cloacas en busca de explosivos, antidisturbios de los Mossos d’Esquadra rodeando una concentración solidaria y otros policías concentrándose en una muestra de apoyo a los cinco encausados. Durante los dos días de la vista, el Grupo VI al completo se citó dos horas antes del inicio del juicio para plantarse ante las puertas de la sala, con un aforo limitado al público de 35 plazas, e impedir el acceso a la vista a miembros de la acusación popular, familiares y grupos de solidaridad.
Los hechos juzgados se remontan a octubre de 2004. Tras el desalojo del CSO La Hamsa, fue atacada con cócteles molotov la comisaría de Sants, lo que desató una cacería policial por el barrio. Fueron detenidas varias personas, entre ellas dos menores que, tras firmar autoinculpaciones, –posteriormente denunciaron haberlo hecho bajo tortura–, estuvieron 51 días en la cárcel. Un tercer detenido esa noche, Dani M., también denunció haber sido sometido a interrogatorios ilegales y haber sufrido malos tratos físicos y psíquicos que le dejaron diversas lesiones. Años más tarde, los tres detenidos fueron juzgados por el ataque a la comisaría y finalmente absueltos. Por su parte, tras su paso por comisaría, los tres jóvenes presentaron denuncias contra numerosos agentes, denuncias que fueron archivadas, salvo una, que en 2006 la Audiencia Provincial de Barcelona ordenó reabrir. Por eso ahora, y tras un largo periplo judicial, se sentaban en el banquillo de los acusados cinco agentes –sobre un sexto policía fueron retiradas todas las acusaciones durante la primera sesión–, entre ellos dos destacados miembros del Grupo VI. Uno, Ignacio M., alias Jordi y con número de placa 74.977, por ser uno de los máximos responsables del grupo. Este subinspector ya había sido denunciado por torturas hasta en cuatro ocasiones, pero en ninguna había prosperado hasta llegar a juicio. El otro policía, conocido con el sobrenombre de Melenas y con número de placa 75.963, se ha bía señalado por protagonizar sonados episodios represivos, como el encañonamiento de un joven precario que protestaba contra las ETT, que fue grabado por las cámaras de CNN+, o la exhibición de la pistola en un desalojo de una casa okupada.
Para estos dos policías y el resto de agentes, la acusación particular –el joven detenido en Sants– y la acusación popular, ejercida por Acción de los Cristianos para la Abolición de la Tortura (ACAT) y la asociación Memoria contra la Tortura, han solicitado dos años de cárcel por torturas, uno por un delito de lesiones y 12 años de inhabilitación especial para cada uno de los procesados. Para las acusaciones, las lesiones y secuelas físicas y psíquicas han quedado plenamente acreditadas –particularmente la perforación de un tímpano sufrida por el detenido–, así como la práctica de una tortura indagatoria destinada a obtener información. Este extremo fue confirmado involuntariamente durante el juicio contra ‘Jordi’, el responsable del grupo. Tras ser requerido para declarar sobre el habitáculo donde se habrían producido los malos tratos, respondió que éste estaba “destinado a tomar declaraciones y a realizar interrogatorios”.
Esas palabras que resonaron en la sala certificaban una práctica largamente denunciada, esto es, la realización de interrogatorios ilegales sin la presencia del abogado de confianza. Fue en esos interrogatorios cuando ‘Jordi’ ofreció al detenido colaborar con ellos, convertirse en confidente y cobrar por ello. Con todo, fue el Ministerio Fiscal quién acabó protagonizando el juicio. La fiscal arremetió contra víctima y acusaciones, y contra sus abogados y “las asociaciones que representan”. Empezó aseverando que “tortura es llevar a estos policías a juicio”, para luego descolgarse con afirmaciones como “no hay circunstancia, no hay indicios, no hay nada acreditado”  ; “no nos creemos a ninguno de los testigos”  ; “el único móvil es la venganza” y, finalmente, concluir con un categórico “nos hacen perder el tiempo”.
Previamente la fiscal ya había sostenido que los agentes ya estaban pagando una “injusta pena de banquillo”. Estas conclusiones enmudecieron a los abogados de la defensa, que se limitaron a sumarse a la petición fiscal de libre absolución. En la sala, como público, 35 agentes del Grupo VI de paisano y sólo un miembro de la acusación popular y un familiar para apoyar al denunciante. En el pasillo, veinte agentes de paisano más, que con su actitud provocadora generaron momentos de tensión.
El Grupo VI de la Brigada de Información de Barcelona no es un grupo cualquiera y el juicio celebrado tampoco  : como síntesis de una etapa, era la primera vez que en el banquillo de los acusados se sentaban los máximos responsables de una represión policial que se saldó con más de 2.000 detenciones, 20 encarcelamientos, un joven muerto y ocho infiltrados descubiertos en el período 1996-2006. Integrado por 70 agentes todavía en activo, el Grupo VI se convirtió en la punta de lanza de la represión a cualquier expresión de disidencia política o social en Cataluña.
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ANÁLISIS // LA APLICACIÓN DE MÉTODOS DE CONTRAINSURGENCIA A LOS MOVIMIENTOS SOCIALES CATALANES
Grupo VI : Doce años de guerra contra lo social
Guillem Sánchez
El autor, miembro de la Comissió Antirepressiva de Sants, repasa el período en el que los policías ‘secretas’ del Grupo VI actuaban a su antojo en Catalunya.
En una gris mañana de otoño, una noticia vuela entre los ambientes alternativos barceloneses  : “Bolan ha muerto  !”. Jorge Bolancel, ‘Bolan’, de 18 años, se tiró a la vía del tren en Cornellà el 23 de octubre de 1997 tras pasar por la comisaría de policía dos veces en dos días. Aquella tarde, 2.000 jóvenes se manifiestan y se producen fuertes disturbios en los que se apedrea la comisaría. ¿Qué pasó  ? Tras una ocupación de la sede de la patronal comarcal en protesta por la precariedad laboral, Bolancel había sido detenido. A la mañana siguiente, policías de paisano fueron a buscarle y fue sometido a duros interrogatorios.
Al salir, se suicidó. Entonces no se sabía, pero Jorge Bolancel se convirtió en la primera víctima, ésta, mortal, del Grupo VI de la Brigada de Información de la Provincia de Barcelona de la Policía Nacional. La llegada del primer Gobierno del PP coincidió en Catalunya con un fuerte ciclo de movilizaciones autónomas. En un momento de ‘paz social’ e izquierda desorientada, una nueva generación salió a las calles a gritar lo que no andaba bien del liberalismo triunfante. Sin casi experiencia, infraestructura ni base social, grupos de jóvenes se organizaron, espontáneos, por barrios y pueblos del Área Metropolitana. Se okuparon casas, se abrieron centros sociales y se rompieron cristales. No mucho más, no fue una revolución, quedó lejos hasta de una revuelta. Pero tuvo un impacto mediático importante y motivó la solidaridad y comprensión del tejido asociativo y de parte de la sociedad.
La respuesta llegó en forma de lo que aún se conoce como ‘Doctrina Valdecasas’, aplicada a conciencia por el Grupo VI. Sus métodos  : casi todo el manual de contrainsurgencia. Identificaciones masivas, detenciones, torturas, montajes, invención de pruebas, infiltraciones, provocaciones, escuchas, tráfico de drogas, comunicados de prensa anónimos y amenazas. Entre su anecdotario más destacado se puede recordar la carga, pistola en mano, contra una manifestación en el barrio barcelonés de Sants en enero de 1998, o la creación del único grupo armado en Catalunya desde la disolución de Terra Lliure  : Acció Radical Catalana, inventado por un infiltrado en Terrassa. Y cuando no coló, se cambió la estrategia y se empezaron a diseñar las conexiones con ETA. El Grupo VI fue entusiasta de la teoría del “todo es ETA”.
Pero su descripción más exacta no sale de la literatura política. “Sus informes parecen redactados por la afortunadamente extinta Brigada Político-Social del Franquismo”, sentenció el juez titular del Penal 4 de Barcelona en 1999. Y también se puede decir en cifras  : en enero de 2001, el movimiento antirrepresivo cifró en 700 las detenciones de la era Valdecasas.
Pasados ya 12 años desde su creación, muchas cosas han cambiado  : Valdecasas babea víctima del alzheimer, el PSOE gobierna y los Mossos d’Esquadra se encargan de continuar con los palos. Mientras, la cúpula del Grupo VI –que no se desarticuló ni con el cambio de Gobierno ni con el despliegue de la policía autonómica– enfrenta un juicio por torturas, después de decenas de casos archivados o no investigados.
Y aquellos jóvenes que entonces se abrían paso a pedradas también siguen. No todos, pero sí muchos, más de los que ellos desearían. Han cambiado de tácticas, en parte por la represión, en parte por buscar más incidencia social. Los movimientos sociales han cambiado mucho y hay gente que piensa que para peor. Pero lo cierto es que ahora hay en Catalunya movimientos que no existían hace 12 años. Sin el Grupo VI aún habría más, pero a pesar de ellos aún somos los que somos.