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              Muy poca gente por estos lares conoce C.L.R. James (n. 1901), autor, entre otras obras, de The Black Jacobins [Los jacobinos negros] y de World Revolution [La revolución mundial]. He buscado por diversos diccionarios, y no he encontrado pistas suyas. Servidor le recordaba de un fragmento de esta entrevista que aquí reproducimos en toda su extensión, aparecido en la edición que Pierre Broué efectuó en Minuit (París, 1967; Ruedo Ibérico anunció una traducción que nunca llegó a editar) de los escritos de Trotsky en Le Mouvement Communiste en France (1919-1939), del que la entrevista de James es el último capítulo. La nota de Broué aparece ampliada en la edición de Les Congrès de la quatrieme internationale (La Brèche, París, 1978, I tomo), y en la que se puede leer: James, C.R.L, llamado Johnson. Originario de la Trinidad, milita en el movimiento trotskista británico. Miembro del SWP en los Estados Unidos en 1939, deja el partido en abril de 1940 para ingresar en el Worker Party. Regresa al SWP en 1947, para abandonarlo de nuevo en 1949, tomando parte en diversos congresos de la Cuarta Internacional, para distanciarse después.
              Edward W. Said que cita a James con entusiasmo en su obra, lo describe como un "dialéctico antiestalinista", que es una manera de evitar de llamarle por el denominador más correcto de trotskista, quizás porque, a mi juicio,  Said trata de aguar las aportaciones marxistas al pensamiento anticolonialista, y desdibuja en no poca medida la vinculación de autores como James con  lo que Said llama "el marxismo más contestatario". He recuperado este texto para mi trabajo sobre el trotskismo por dos motivos, primero porque es una de las mejores entrevistas (más a corazón abierto) que jamás se le hicieran a Trotsky, y además sobre una cuestión tan difícil y controvertida como ha sido el combate por la Cuarta Internacional, pero también tratando de recuperar el papel de James en un legado con el que hasta ahora muy raramente se le ha relacionado, al menos por estos lares, aunque supongo que en otros como el martiniqués o el brasileño, la cuestión es diferente. 
            Entre las diversas escuelas de resistencia nacionalista que fueron siempre críticas respecto a sí mismas, y en la que incluye nombres  como Neruda, el mismo Tagore, Fanon, Cabral y otros, Said afirma: "James es el ejemplo perfecto. Desde siempre campeón del nacionalismo negro, continuamente atempera sus proclamas con afirmaciones y exhortaciones a recordar la insuficiencia de la particularidad étnica, del mismo modo que es insuficiente la solidaridad sin crítica. Podemos abrigar esperanzas serias en torno a esto, aunque sólo sea porque, en lugar de estar al final de la historia, estamos en disposición de hacer algo acerca de nuestra historia presente y futura, vivamos dentro o fuera del mundo metropolitano",
                Said escribe que The Black Jacobins,  "presenta el alzamiento de los esclavos en Santo Domingo como proceso que se desarrolla dentro del mismo esquema histórico que la Revolución Francesa; y Napoleón y Toussaint son las dos grandes figuras que dominan esos años turbulentos. Los sucesos en Francia y en Haití se entrelazan y hacen referencia unos a otros como voces en una fuga musical. La narración de James se fragmenta en una historia dispersa en la geografía, en las fuentes de archivo, y con el acento puesto tanto en los negros como en los franceses. Por otra parte, James retrata a Toussaint como alguien dedicado a la lucha por la libertad humana --una lucha que también se extiende a esa metrópolis, a la cual, en lo cultural, debe su lengua y muchos de sus compromisos morales- con una decisión rara de observar entre los sometidos; y más difícil aún entre los esclavos. Adopta los principios de la Revolución no como hombre negro sino como ser humano, y lo hace con la concienzuda certeza histórica de que, al descubrir el lenguaje de Diderot, Rousseau, y Robespierre, sigue a sus precursores de un modo creador, utilizando las mismas palabras y empleando las mismas inflexiones que transformaron la retórica en realidad.
                    La vida de Toussaint acabó de modo horrible, prisionero de Napoleón y confinado en Francia. Sin embargo, en propiedad, el tema del libro de James no se circunscribe a la biografía de Toussaint, en la misma medida en que una historia de la Revolución Francesa podría considerarse insuficiente si se omitiera el episodio de la insurrección haitiana. El proceso continúa hasta el presente -de ahí el apéndice de 1962,  De Toussaint a Castro- y la situación de conflicto sigue existiendo. ¿Cómo puede escribirse una historia postimperialista, o exenta de tintes imperialistas, que no sea ingenuamente utópica o, al revés, cargada de total pesimismo, frente a la persistencia de la realidad, confusa y embrollada, de la dominación sobre el Tercer Mundo? Estamos frente a una aporía metodológica y metahistórica, y la certera resolución que James ofrece es imaginativa y brillante" (Cf. Cultura e imperialismo, p.432). El lector encontrará una evocación del libro de Said publicada hace unas semanas  en mi “buzón” de Kaos.
                    Para Said: "la descolonización es una compleja batalla sobre el derrotero de diferentes objetivos políticos, historias y geografías, y está llena de obras de imaginación, de investigación y de contrainvestigación. La lucha adopta diversas formas: huelgas, marchas, ataques violentos, retribuciones y contrarretribuciones. Su caudal está también alimentado por novelistas y funcionarios colonialistas que escriben acerca, por ejemplo, de la mentalidad india, o de los modelos de renta rural en Bengala, o de la estructura de la sociedad india. En respuesta, surgen las novelas escritas por indios en las que se reclama más participación en el gobierno, e intelectuales y oradores que llaman a las masas a un compromiso más profundo ya la movilización por la independencia" (p.341).
 
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