Hacia el cambio del modo de producción en Cuba
Del concepto a la práctica
Dialéctica de la transformación socialista
Quinta Parte
La reflexión crítica que amerita el análisis elíptico de Eliades Acosta[1] acerca de la crisis de la modelación socialista en Cuba obliga primero a desdibujar el fin de la historia capitalista. F.Fukuyama, todos conocemos, saltó de la noche a la mañana a los primeros planos de la prensa mundial por su mediocre servicio a la idea de la eternidad capitalista que la caída del muro de Berlín le presuponía a los apologistas del fin de la historia. Habiéndose ya retractado de su profecía por el colapso de la idea frenética del neoliberalismo sobre el cual habría de cabalgar la historia, nos trae ahora disfrazadas las incertidumbres del pensamiento y la práctica neo-imperialista del capitalismo monopolista de estado usamericano. Cuando este vocero de las “buenas nuevas” (F.Fukuyama) nos dice que “el problema que presentan las modernas sociedades capitalistas en cuanto a las relaciones éticas no radica en la naturaleza misma del intercambio económico”, no resulta relevante la exposición de la crisis de valores capitalistas, sino poner a resguardo su problema de fondo: la contradicción antagónica insalvable entre el capital y el trabajo que caracteriza el modo de producción capitalista. La manipulación no es fortuita porque los ideólogos capitalistas tienen plena conciencia de ello.
Sin embargo, la conciencia que de ello puedan tener los pensadores del socialismo no autoriza augurar ni el colapso del capitalismo ni la viabilidad de una alternativa socialista.
El sesgo manipulador de esta otra afirmación fukuyamista se desdobla cuando intenta mal ocultar que la libertad y la conciencia axiológica en el capitalismo están inexorablemente determinadas por la naturaleza del intercambio económico de la economía de mercado. Específicamente por la cualidad de las relaciones socioeconómicas que condiciona el modo de producción capitalista. Pero lo verdaderamente relevante de dicho convencimiento está en que no es ello una particularidad del capitalismo. Ese hecho será una objetividad también para toda otra modelación socioeconómica alternativa. ¿Qué es lo que condiciona la capacidad de superación del problema fundamental?
El análisis de partida ha de asumir el hecho de que la capacidad de reproducción ampliada del capitalismo como formación socioeconómica y política está más que probada y ha venido a demostrar la inconsistencia de la linealidad determinista como interpretación del fenómeno capitalista en particular y del fenómeno del desarrollo en general.
De ahí la importancia de situar el punto de observación en la perspectiva que supere el tratamiento del capitalismo estadounidense como referencia terminal del desarrollo capitalista en general. Agotada por circunstancias objetivas[2] la carrera neo-imperialista del pensamiento neo-conservador, la vuelta al republicanismo liberal vendrá a ofrecerle al sistema usamericano potencialidades de reproducción hoy difícilmente predecibles. Esa visión cunde ya hace tiempo en los círculos pensantes de su establisment. Un reflejo evidente está en el discurso político y académico del demócrata conservador Lyndon LaRouche. Menospreciado por las elites del poder fáctico neo-imperialista, su visión sobre la economía real como factor del renacimiento socio-económico de los EEUU deja planteada la vía de la recuperación. No es tampoco casual que esta figura del establishment constituya al mismo tiempo una expresión fehaciente del pensamiento político burgués más retrógrado. Esa aparente contradicción, en efecto, refleja la esencia de la capacidad de reproducción política del capitalismo contemporáneo.
La Europa de la posguerra nos confiesa que la trayectoria del capitalismo estadounidense tiene por delante, invariablemente, un largo camino que recorrer. El estadio de desarrollo socioeconómico alcanzado por los países de la UE y la propia Unión como organismo integracionista de las potencialidades del capitalismo socialdemócrata justifica de manera elocuente esa afirmación del propio F.Fukuyama: “El capitalismo es muy dinámico: es una fuente de destrucción creativa que altera constantemente los términos del intercambio”. Esta certera constatación es la que sí le permite al mismo ideólogo reconocer en aparente contradicción que eso: “vale tanto para el intercambio económico como para el moral”.
La reconstitución del orden socioeconómico de la república estadounidense no se producirá al final del colapso ético, tal como nos sugiere E.Acosta, sino antes de la crisis que amenace destruir irreversiblemente la capacidad de reproducción económica del sistema. Esa reconstitución tiene para los EEUU el precedente de la recomposición social del capitalismo paneuropeo. Es precisamente la evolución de esa trayectoria de desarrollo la que estará definiendo la capacidad de acomodar en su provecho las contradicciones internas y externas del capitalismo local e internacional.
Una vez concienciada esa realidad, cabe afirmar que las limitaciones sistémicas del capitalismo no son superables desde el capitalismo. Toda evolución que intente superar las contradicciones que definen la naturaleza de su modo de producción se proyectará inexorablemente hacia una alternativa a sí mismo. Por consiguiente, el socialismo como su alternativa puede ser sólo un fenómeno revolucionario. Es justamente lo que demuestra la revolución cubana y lo que viene demostrando la revolución bolivariana de Venezuela en dos trayectorias cualitativas diferentes. Sin embargo, es necesario advertir que una vez supuestamente  desplazado el estado capitalista (entiendo y así lo he expuesto, que Cuba se encuentra en una transición poscapitalista) por la construcción de un estado socialista como sistema de poder, la teoría de la convergencia y la propia práctica de los "socialismos reales" (incluido el cubano en la actualidad) nos han querido convencer de la ineluctable simbiosis entre ambas idealizaciones políticas, a partir de la absorción del segundo por el primero. La posibilidad de la absorción deviene real porque se trata de la capacidad de absorción de los términos de intercambio económico del capitalismo.
De ahí que, en última instancia, la viabilidad del socialismo como sistema sociopolítico sea factible en términos de la capacidad de desarrollo económico que pueda proporcionar el modo de producción alternativo.
El socialismo en Cuba no posee ninguna perspectiva de viabilidad si no se plantea en términos de la eficiencia económica de su sistema sociopolítico. Sobre la reproducción económica altamente eficiente de las fuerzas productivas de la sociedad es posible erigir y sostener la superestructura política de nuevo tipo. La relación inversa no tiene fundamento objetivo alguno. La retroalimentación dialéctica entre base económica y superestructura política capaz de reproducir sostenidamente la formación cultural - sea la socialista - se da partiendo de la base y no al contrario.Es ésa justamente la interpretación precisa de la máxima dialéctica monumental de F.Engels sobre lo económico como lo decisivo en última instancia. Así lo comprendía cabalmente V.I.Lenin ante las incertidumbres del derrotero socialista soviético y así lo gritaba frenéticamente W.Clinton ante las incertidumbres pos-neoliberales reaganistas. Pero para el socialismo no se tratará de una base cualquiera, sino de aquella que comporte una nueva cultura del trabajo.
En consecuencia, para Cuba la pregunta revolucionaria no es si “¿acaso en el socialismo no existen los problemas y dilemas morales?”, tal como lo plantea E.Acosta. No lo es igualmente el problema de la interrogante “¿Acaso en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, hace un poco más de un año, Fidel no nos hizo reflexiones trascendentales, incluso una alerta estremecedora sobre los peligros que nuestros errores, en última instancia, y esencialmente, de índole ética (subrayado de RCA), podrían provocar, llegando incluso, como advirtió, a provocar la reversibilidad del socialismo y la pérdida de la Revolución?”. Ambas problematizaciones desvían injustificadamente la atención de las relaciones objetivas sobre las que han construido históricamente y construyen su existencia socio-material las sociedades humanas. Ambas interrogantes analíticas niegan las interpretaciones del materialismo histórico y la dialéctica materialista sobre el desarrollo de las sociedades humanas. No son la moralidad y la ética del comportamiento ciudadano componentes síquicos con vida propia sino factores sico-sociales de la existencia material humana.
Para el provecho del debate determinante sobre el socialismo en Cuba, no será ocioso reiterar continuamente que las explicaciones positivistas de las contradicciones que genera el modo de producción cubano y sus relaciones socioeconómicas constituyen el camino trillado que conduce al reciclaje vicioso de las concepciones caducas sobre la construcción del socialismo.
La construcción del socialismo no es construir viviendas para todos, hospitales, hogares de ancianos o facilidades de salud pública, educación universales y realización cultural, ni incluso llenar los mercados de productos accesibles. La construcción del socialismo significa alcanzar esos niveles de satisfacción de las necesidades humanas a partir de la institucionalización de un modo de producción cuyas relaciones socioeconómicas hagan sostenible, por no antagónica, la relación dinámica entre la acumulación de capital y la reproducción integral de la fuerza de trabajo.
La concepción ideológica del socialismo en Cuba no es revolucionaria porque no llega a plantear una alternativa de organización socioeconómica anticapitalista. De ahí las incertidumbres sobre su viabilidad y la reticencia política para la transformación estructural de la modelación en andamiento.
En consecuencia, las concepciones de la transformación socialista en Cuba no pueden ignorar el problema fundamental a enfrentar: la conformación de una cualidad distinta, justamente socialista, de su modo de producción. La formación de un sólido sistema de valores humanistas en la sociedad, sostenible por objetivo, dependerá de la modelación de esa nueva cualidad del modo de producción.
En un primer plano se sitúa la consideración de tres factores claves e indisociables: la democracia económica, una cultura del trabajo afín y la auto determinación del ciudadano.
Por consiguiente, no son el burocratismo y la burocracia la explicación de la disfuncionalidad socioeconómica en Cuba. La visible tendencia (de disímiles analistas cubanos residentes) a convertir el fenómeno de la burocracia en el chivo expiatorio elude a todas luces el análisis crítico de las contradicciones de fondo de la modelación de sociedad, economía y estado cubanos.
La falta de autonomía y soberanía ciudadana de la sociedad cubana se yergue como la causa principal de la ineficiencia de su movimiento socioeconómico. Y esta carencia política tiene su soporte en el modo de producción instituido.
La auto determinación ciudadana constituye la antítesis de la concepción del estado de derecho capitalista sobre la organización de la sociedad. La libertad del ciudadano - y no del individuo como pregona hábilmente la democracia burguesa  - no está determinada por la autonomía de su comportamiento, sino por su real capacidad de decidir sobre la reproducción de su existencia material y social sin cargar los costos sobre el prójimo. En el socialismo esta posibilidad no dejará de depender directamente de la cualidad de la solvencia socio-económica del ciudadano y su capacidad de sostener en comunión solidaria la  solvencia colectiva. Y esas prerrogativas estarán determinadas por la naturaleza del modo de producción y de intercambio.
Garantícense las condiciones que definan la naturaleza socialista del modo de producción e intercambio y se crearán así las premisas de una cultura del trabajo, cuya distinción no podrá ser otra que la soberanía del ciudadano. La mítica del hombre nuevo tendrá su sustento no en el homo ideológico subjetivista (cuasi de probeta), sino en un ciudadano que compruebe que el fetiche de la propiedad no es condición sine qua non de la prosperidad material y social ni de la soberanía ciudadana.
El fetiche de la propiedad no es expresión de un fenómeno psíquico tal como pudiera sesgadamente interpretarse, sino el culto a la relación material de dependencia de unos con respecto a otros. Puesto que no es el fetiche por el valor de uso de la mercancía, sino por su valor de cambio bajo el reino de la propiedad privada. Por lo cual el fetiche de la propiedad sobre los medios de producción es, muy específicamente,  el fetiche por la propiedad de la fuerza de trabajo, por su valor de cambio como mercancía especial, por ser la generadora de plusvalía.
Cuando es el estado (supuestamente socialista) el propietario de la fuerza de trabajo se establece de facto una relación de dependencia del ciudadano igualmente onerosa por ser “despojado” arbitrariamente del plusvalor que como trabajador produce. La relación salarial que le impone el estado reproduce las relaciones capitalistas de subordinación política del trabajador, restringiendo su autonomía de reproducción socio-material. La apropiación del plusvalor (que algunos pensadores del socialismo encubren bajo el eufemismo de “excedente”) por el estado - aún cuando como en el caso del estado cubano sea objeto invariable de reinversión social - niega de plano toda idea de democracia socialista. No es una negación semántica, sino la devaluación de la democracia económica como principio distintivo del socialismo. No es tampoco el principio por el principio, sino el desmérito político de la potencialidad económica creadora que su consideración representa para el desarrollo socioeconómico.
Si la socialización del sistema de propiedad estatal sobre los medios fundamentales de producción - aquellos que determinan el patrón social o privado de acumulación de capital -, es una condición imprescindible para la transformación del modo de producción cubano actual, el concepto de la no-propiedad se erige como principio que define su naturaleza socialista.
El concepto de la no-propiedad abre el camino para la plena acepción práctica de la democracia económica. La democracia económica no se da en la esfera de la circulación sino en la esfera de la producción de bienes y servicios (producción material e inmaterial). Es el capitalismo industrial en su evolución socialdemócrata el que ha reducido creativamente a la esfera de la distribución, justo para extender las condiciones de su viabilidad, la aplicación de una así supuesta democracia económica. La democracia económica se da sólo cuando el ciudadano es sujeto del proceso de producción y de gestión directa de las utilidades del trabajo, ¡justo porque es su trabajo!. Es ésa la única forma en que puede desaparecer el carácter asalariado del trabajo que distingue la economía en el capitalismo. O sea, la única forma de eliminar el vasallaje que en las relaciones socioeconómicas produce el modo de producción basado en la explotación del trabajo entre congéneres. En su defecto, el salario que a su arbitrio paga al trabajador el estado (supuestamente) socialista en su calidad de único empleador (y total regidor del empleo) no cambia el carácter de sumisión (como se da en la economía capitalista) de la fuerza de trabajo ante un poder económico omnímodo ni elimina el hecho de la apropiación arbitraria de la plusvalia. Solamente sobre la transformación de los presupuestos del trabajo asalariado puede conformarse la naturaleza socialista del modo de producción y relaciones socioeconómicas concomitantes. Toda otra construcción sociopolítica ajena a estas premisas estará divorciada de la objetividad de la idea socialista y condenada al fracaso como formación socioeconómica alternativa al capitalismo.
Se ha tratado y se intenta lanzar en Cuba una supuesta teoría del socialismo del siglo xxi y se relega a un plano de importancia relativa el problema de la no-propiedad, de la democracia económica y de la auto-determinación ciudadana.
He expuesto en disímiles análisis el fraude conceptual e ideológico que constituye presuponer que la naturaleza socialista del modo de producción puede lograrse a partir de la modificación de los términos de intercambio económico. Si el intercambio económico en el capitalismo tiende a la concentración de la riqueza y a la exclusión social, ello en ningún caso resulta del comportamiento de los precios de las mercancías en el mercado. El precio es una categoría económica que expresa el valor de cambio de la mercancía, justamente eso, la medida del valor de cambio. Aquel precio que está dispuesto a pagar el productor-consumidor por el valor de la  mercancía en determinadas condiciones de oferta y demanda de la misma. Al problema de la distribución de la renta le es absolutamente indiferente el monto de las utilidades, simples o extraordinarias,que proporciona la venta de la mercancía por el precio de mercado. En mercado funciona, a través de sus precios, como mecanismo no de distribución de la renta sino de asignación de recursos en un primer nivel del movimiento micro-económico. La distribución de la renta pertenece a la esfera de las decisiones políticas y no a la de las relaciones de mercado.
Si la democracia económica se establece como criterio político de la participación social en el proceso de producción, las utilidades que genere la empresa por la venta de sus mercancías, según el precio que determine su valor de cambio en el mercado, no pueden ser objeto de distribución excluyente y, por consiguiente, no pueden generar ninguna tendencia a la concentración exclusiva de capital. Son los trabajadores libremente asociados en sus empresas los que de manera democrática deciden sobre la gestión de los ingresos y las ganancias. No hay caso para la apropiación exclusiva (privada) de la renta empresarial. Y en tales circunstancias políticas es indiferente el precio como medida del valor de cambio de la mercancía. Y es indiferente, por lo tanto, que el precio de mercado de la mercancía no llegue a reflejar el valor-trabajo del producto. Y es esto lo que hace intrínsecamente inconsistente la llamada teoría de las equivalencias con que se pretende acuñar la naturaleza socialista de un llamado socialismo del s.xxi con pretensiones de fórmula universalista. Para entenderlo mejor es necesario advertir otros tres presupuestos socio-económicos.
Primero: no existen comprobaciones analítico-empíricas que establezcan la inexistencia por definición de la tendencia a converger en el largo plazo de los precios de mercado y el valor-trabajo del producto. Todo lo contrario. Importantes estudios muestran la tendencia a la convergencia de estos valores. Paradójicamente los propios constructores de la llamada teoría de las equivalencias dan fe de ello[3]. Por lo tanto, no existe devaluación política posible del "carácter crematístico” de la economía socialista.Las funciones del dinero, y por consiguiente las del mercado y los precios, cobran una nueva cualidad política articuladora del movimiento de la economía socialista perfectamente posible en las dos relaciones conceptuales del intercambio: M-D-M y D-M-D.
Segundo: algo más importante; a los efectos del principio político de democracia económica es irrelevante que la tendencia entre los precios de mercado y el valor-trabajo sea divergente incluso por definición. Si se supone el intercambio de valores-trabajo equivalentes y la apropiación de la renta empresarial siguiera siendo privilegio excluyente del propietario privado de los medios de producción – de los dueños en exclusiva del capital de la empresa, de la fuerza de trabajo y del capital financiero  –, la concentración de capital y la exclusión socioeconómica continuarían su imperio sobre las relaciones de producción.
Tercero: el principio político de democracia económica prima tanto para la distribución micro-económica de la renta (hacia el seno de la empresa) como para la re-distribución macroeconómica de la renta. Por lo tanto, las ganancias empresariales extraordinarias - generadas por las ventajas  comparativas y competitivas de los agentes económicos - no son caldo de cultivo para la concentración excluyente de capital. Estamos hablando de un estado socialista donde la renta nacional es objeto de redistribución social equitativa. Pero de una renovada concepción de estado socialista, donde el ejercicio de la democracia directa pone todas las cotas pertinentes a la burocracia estatalista e infertiliza el terreno a todo género de plutocracia, justo por el hecho de garantizar la distribución justa de la renta y ejercer el control popular sobre su ejecución.
El socialismo encarna la idea de la primacía del ser humano como sujeto individualizado y, sólo entonces, colectivo del proceso de transformación social y económica de sus condiciones de vida y reproducción cultural. Ésa es su esencia ideológica. Y ése el signo de la identidad política del modo de producción y relaciones socioeconómicas que le han de ser afines.
En las circunstancias expuestas, el mercado es reducido a su función de mecanismo social de asignación racional de recursos, fundamentalmente económicos y materiales. El sistema de precios que determina el funcionamiento del mercado cumple la función insustituible de regulación del uso de los recursos escasos. Ése es  todo el sentido socio-técnico de la economía. Por lo tanto, el complejo entramado de informaciones que comporta el sistema de precios de mercado para el movimiento de la micro y la macroeconomía se presenta como un instrumento de inconmensurable valor para la economía socialista.El mecanismo de precios de mercado se mueve por un impulso de participación social por excelencia. La verticalización administrativa del sistema de precios de mercado resulta antidemocrática por naturaleza e ineficiente por definición y práctica comprobada.
Para la modelación de la economía socialista resulta de primera importancia la conformación de un mercado coherente donde encuentre cabal autonomía el sistema de precios. En estas condiciones, la macro regulación del sistema de precios se establece como complemento corrector de los desequilibrios estructurales entre demanda y oferta de bienes y servicios y el medio de cambio (el dinero, en tanto agregado monetario).
Prescindir del mercado y las relaciones monetario-mercantiles para Cuba significa condenar definitivamente al fracaso el sistema económico.Mediatizar el funcionamiento del mercado y el sistema de precios de mercado significa condenar la sociedad al círculo vicioso de la economía de la carencia. Pero la consecuencia sistémica determinante resulta la condena de las fuerzas productivas al subdesarrollo sostenido.
La implementación del funcionamiento del mercado y los sistemas de precios por el mismo determinado y, en consecuencia, la implementación de la autonomía de los entes económicos y el movimiento micro-económico de la economía, constituyen las condiciones básicas sin las cuáles toda pretensión de perfeccionamiento del sistema económico y empresarial cubano reproducirá la ineficiencia que sume la economía y la sociedad en el subdesarrollo estructural actual.
El significado político que encierra dicha afirmación estriba en la comprensión de la necesidad de cambio del paradigma de la participación social y el empoderamiento de la sociedad cubana establecido hasta el presente. Es decididamente importante que la necesidad de cambio de ese paradigma se materialice en la voluntad de cambio de la filosofía política sobre el estado, la sociedad y la economía que prima en la dirección del Partido. Puesto que lo que está en juego es un nuevo paradigma del poder social y popular, un paradigma de carácter realmente socialista. Pero la sociedad cubana y la nación no pueden exponerse a la maduración en ralentí dentro del Partido – paradójicamente la fuerza social de la vanguardia revolucionaria - de una visión de transformación socioeconómica redentora como la que se necesita para el salto de orden cualitativo al desarrollo auto sustentable.
La evaluación política de la realidad cubana actual no admite insistir en que los problemas acuciantes puntuales y estructurales de la modelación socioeconómica cubana sean “fruto, por igual (subrayado de RCA), de la implacable guerra a que nos somete el bloqueo norteamericano, como a nuestras deficiencias y errores”, tal como nos explica E.Acosta.
El bloqueo usamericano comercial, tecnológico y financiero fue paliado por Cuba gracias a la ayuda económica de la ex unión soviética y al conjunto de relaciones “beneficiosas” con los países del otrora bloque socialista europeo. Aquella coyuntura, como sabemos, estuvo marcada por la aplicación de principios doctrinarios de economía socialista incontestables en la práctica, a los cuales obligaban la ortodoxia del pensamiento propio cubano y la relación política con el “centro socialista”.Las malformaciones estructurales y funcionales de la modelación socioeconómica cubana permanecieron en principio ignoradas políticamente y camufladas por el efecto de esa ayuda externa. La consecuencia directa fue la violenta crisis económica y social de 1991/1993. No menos de 15años de pérdida en términos de factibilidad de desarrollo. Las crisis tienen la dramática virtud de precipitar cambios reformistas o revolucionarios. Así resultaron las reformas que, a pesar de todo, en poco tiempo demostraron la capacidad de Cuba para reorientar su economía macro económicamente y reconducir todas sus relaciones económico-comerciales externas.He expuesto que ese solo hecho demuestra la inconsistencia de las afirmaciones de la propia dirigencia cubana acerca del fatum determinista del bloqueo usamericano.
Hoy mucho apunta a un escenario de connotaciones similares en la nueva coyuntura política de las relaciones entre Cuba y Venezuela. En alrededor de sólo 6 años el intercambio económico entre ambos países ha ascendido a la muy considerable suma de 7 mil millones de dólares. No es sólo intercambio comercial, sino además proyectos de desarrollo infraestructural e inversiones productivas. Pero así como antes, el sistema de economía cubano no ha sido sometido a los cambios estructurales que necesita y urgen. Esa realidad me ha llevado a insistir en el peligro de estarse inyectando ingentes recursos económicos en un organismo con muy poca capacidad sistémica para transformarlos en un desarrollo eficiente y dinámico de sus fuerzas productivas. Si el coeficiente de inversión bruta de capital sigue siendo modesto, la atrofia del modo de producción lo reduce a su mínima expresión en la perspectiva de su rendimiento multiplicador. De hecho se está ya hipotecando la nación con una factura de costos sociales que resienten, y lo harán en lo sucesivo con mayor fuerza, los fundamentos del desarrollo sostenible al que se debe irrenunciablemente apostar. Por paradójico que parezca el problema resulta más peligroso mientras más beneficiosos sean los términos de intercambio y cooperación con Venezuela y dentro del proyecto del ALBA[4].
“En Cuba han madurado condiciones internas, justo en el contexto de favorables condiciones externas regionales e internacionales, sobre las cuáles proyectar la transformación cualitativa del modo de producción y de las relaciones socioeconómicas de la sociedad. Se entraría con ello, tal como he venido analizando en disímiles trabajos, en un nuevo proceso cultural de entender y organizar la sociedad y el estado desde la perspectiva del real empoderamiento económico y político del pueblo. Un salto de orden cualitativo en la economía cubana es una condición tan imprescindible como urgente si se quiere poner en una inequívoca trayectoria de viabilidad el socialismo en Cuba. Y ese salto no se logrará sin la emancipación ciudadana de los individuos y, por consiguiente, de la sociedad en su conjunto”[5].
La proyección práctica de un nuevo modo de producción como hecho revolucionario
La forma adelantada y controlada socialmente de poner en práctica un modelo de reforma estructural del modo de producción puede lograrse con la declaración de uno o varios enclaves territoriales como regiones de transformación piloto. La estructura del Poder Popular Municipal, aglutinando varios de ellos si fuera necesario según criterios geoeconómicos apropiados, puede asimilar la implantación de sistemas abiertos (en el sentido cibernético) donde se reorganice todo el conjunto de relaciones económicas intra y extra-territoriales (territorios de los enclaves) así como empresariales. Un conjunto de condiciones básicas estaría definiendo los criterios de actuación:
I. Establecimiento de una ley de empresas (para el universo de los sectores de la economía) experimental que refrende el postulado de democracia económica como principio rector de la organización empresarial (como reflejo material del concepto de la no-propiedad) y un correspondiente código mercantil.
II. La empresa socialista es una empresa cuyos recursos de trabajo y capital son socializados. El valor de la empresa socialista es eminentemente social, ajena a toda institucionalización de su valor en términos de valor de mercado. No es el mercado el que determina el valor de la empresa porque la misma no existe como objeto de revalorización del capital para sus propietarios (ausencia de propiedad y de mercado de valores). En la empresa socialista la auto remuneración empresarial directa del trabajo se establece como premisa del principio de democracia económica. El nivel ponderado de los salarios actuales se situaría como remuneración mínima para el conjunto de la economía laboral dentro de los enclaves geográficos establecidos. Estos criterios definen la prerrogativa autogestionaria que debe caracterizar a la empresa socialista.
III. Autonomía de asociación laboral (considerando el derecho para los residentes registrados en los enclaves seleccionados).
IV. Autonomía gestionaria de las empresas productivas de bienes y servicios grandes y medianas ya establecidas: en la gestión del proceso de producción y la administración democrática económico-financiera de las empresas. Con la posibilidad legal de establecer cooperación contractual directa con empresas del entorno del ALBA y especialmente venezolanas (aprovechando cuando fueran los casos, los marcos de los proyectos de cooperación intergubernamentales).
V. Liberación de las restricciones para la creación de microbrigadas empresariales autogestionarias especializadas en el sector de la construcción civil que, bajo el principio de democracia económica, funcionen autónomamente, contratadas por cooperativas inversionistas de inquilinos para la ejecución de pequeños y medianos proyectos urbanísticos habitacionales definidos por el gobierno municipal y regidos técnicamente por agencias autónomas y/o públicas (gubernamentales) de planificadores, urbanistas, ingenieros y arquitectos.
VI. Liberación de las restricciones para la creación de empresas transportistas autónomas de cargas, para el servicio de abastecimiento y distribución de mercancías entre las redes de comercialización urbanas y de cercanías. Para lo cual resulta del todo eficaz y eficiente la amplia aplicación del usufructo-financiero  (leasing financiero) de medios de transporte para tales fines. Donde las empresas de leasing pueden perfectamente ser entidades públicas con suficiente capacidad financiera y bajo control directo del sistema financiero (estatal). Puesto que probablemente estas empresas de leasing - por la impronta de disponer iso facto de los medios de transporte a explotar - sean factibles sólo bajo la fórmula de empresas mixtas (tipo joint venture), cuyos co-operadores (en ello suministradores de vehículos y piezas) pueden ser del entorno del ALBA (especialmente de Venezuela) y del MERCOSUR.
VII. Liberación de la esfera de la gastronomía (bares, cafeterías, restaurantes, etc) y los servicios menores (oficios de zapateros, mecánicos, carpinteros, plomeros, pintores de brocha gorda, reparadores de interiores, etc, con adecuadas licencias técnicas) a la libre formación de micro o pequeñas y medianas empresas, según el principio de gestión rector de la democracia económica. En ello, liberación de la formación de empresas familiares en la esfera de los servicios gastronómicos y otros servicios menores sin derecho al empleo asalariado extra.
VIII. Liberación de la esfera de alquiler de casas y habitaciones para nacionales. La movilidad del trabajo de los habitantes del enclave (y de aquellos del resto del país que decidan asentarse en el mismo) exige capacidad de alojamiento que puede ser enfrentado por estos servicios.
IX. Liberación del alquiler de habitaciones y casas para el servicio de alojamiento de turistas (nacionales y extranjeros). En ello, el fomento del eco-turismo rural (en casas de campesinos que puedan ser habilitadas con apoyo financiero central y bancos cooperativos rurales) que pueda rehabilitar zonas del campo mediante la creación de proyectos comunitarios de economía rural.
X. Transformación de las empresas comercializadoras minoristas medianas y grandes existentes en unidades cooperativas autónomas, sujetas al principio de democracia económica.
XI. Transformación de las empresas comercializadoras mayoristas medianas y grandes en unidades cooperativas autónomas, sujetas al principio de democracia económica.
XII. El actual cooperativismo en el sector agrícola debe liberarse bajo el principio de democracia económica y alimentarse con la capacidad de funcionamiento autónomo efectivo. Teniendo en cuenta que sin la articulación de redes de transporte de cargas de empresas transportistas igualmente autogestionarias bajo el pricipio de democracia económica no se podrá sostener un sistema agroindustrial eficiente.
XIII. Establecimiento y liberación de un sistema de mercado general paralelo a precios de oferta y demanda que comenzase a interactuar de manera competitiva con los mercados estatales establecidos en el ámbito geográfico del enclave.
XIV. Establecimiento de una moneda única en el territorio de los enclaves geo-económicos: el CUC. Tanto para el pago de las auto-remuneraciones en las empresas como para toda la esfera de la circulación mercantil y las necesidades de ahorro e inversiones empresariales y privadas. Tal decisión, imprescindible para el funcionamiento coherente de la economía del enclave, abre paso a la implementación de la convertibilidad interna plena de la moneda única cubana.
XV. Adecuación del sistema de financiamiento crediticio. Concibiendo la necesidad de compras de divisas directas por lo entes económicos con fines inversionistas productivos (sujetas a cupos racionales y a un precio de cambio que inicialmente será administrativamente establecido y controlado).
XVI. La libre formación de agencias autónomas de expertos en servicios técnicos, estructuradas con arreglo a los principios refrendados por la ley empresarial (para servicios en finanzas y contabilidad, estudios de factibilidad económico-financiera de proyectos empresariales, diseño industrial, arquitectura de interiores, etc).
XVII. Readecuación del sistema fiscal y organización presupuestaria de los municipios comprendidos en el ámbito geográfico del enclave (en su relación con los entes productivos y el presupuesto municipal y central). El impuesto progresivo sobre la renta empresarial y personal se sitúa como instrumento de preferencia para la política distributiva y re-distributiva de la renta en términos de su equilibrio productivo y de su justicia social.
XVIII. Libre circulación de personas y mercancías entre los enclaves y desde afuera de los mismos (en todo el país ya existe una red de mercados minoristas paralelos capaces de asimilar eventuales flujos de producción provenientes de dichos enclaves).
XIV. Proposición del municipio de la ciudad de Santiago de Cuba para el enclave experimental. Con la perspectiva de nuclear en el enclave los 9 municipios de la provincia de igual nombre.
XX. Proposición de la asociación co-operacional del enclave seleccionado con una ciudad venezolana, de manera que pudieran establecerse fondos financieros especiales para el vínculo de la cooperación directa entre agentes económicos y entes empresariales en diferentes proyectos de cooperación industrial que, con ahínco en la agroindustria, se consideren prioritarios para ambas partes. Esta región podría ser Paraguaya, propuesta por el presidente H.Chavez como plausible de hermanamiento con la Ciudad Héroe para realizar un proyecto de integración social, cultural, petroquímico y petrolero como un nuevo eje estratégico de desarrollo[6].
XXI. Máxima e irrestricta cobertura informativa y crítica de los medios de comunicación local y nacional a los procesos de cambios en movimiento en los enclaves experimentales. El papel crítico y analítico de los medios de comunicación debe ser considerado como un instrumento insustituible de control social sobre la transparencia y eficiencia polifacética de los procesos, sus resultados puntuales y sistémicos y sus repercusiones sociales y culturales en el ámbito de los enclaves y de la opinión pública nacional.
La proposición anterior, tratada como un esquema de reorganización estructural y funcional de las fuerzas productivas en un adecuado entorno geoeconómico y jurídico, persigue el interés del debate. La creación de comisiones mixtas de sindicatos, el partido, la ujc, expertos y organizaciones de masas que analicen, discutan y propongan a debate una idea lo más acabada posible del esquema y los principios de reorganización arriba propuestos está llamada a crear las sinergias sociales alrededor de un proyecto concreto de renovación conceptual y estructural de la realidad tangible para la sociedad.
La Revolución no puede dejar de crear hechos revolucionarios que propicien las transformaciones dialécticas necesarias con la dinámica que las contradicciones del desarrollo exigen.
Roberto Cobas Avivar (RCA), dic. 2007
Para repensar las ideas expuestas en el análisis remito a mis trabajos:
Hacia el socialismo en Cuba: ni propiedad ni excedente
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=26474 
¿Es realmente del pueblo el poder en Cuba?
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=29085 
Cuba a contracorriente
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=44176
El reto interno es hoy sólo uno: hacia la decidida transformación cualitativa de la realidad cubana.
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=41710 
Cuba ante el agotamiento terminal de su modelación de desarrollo
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=41177