Nos parece necesario señalar lo falsa y deshonesta que resulta esa disyuntiva, que algunos señalan como excluyente, entre el compromiso con los animales y con la naturaleza, por un lado y el compromiso con el mundo humano por otro. Y es que las prácticas vegetarianas han resultado ser más solidarias también a nivel social.
Por un lado, a pesar de la inconsciencia del mundo rico al respecto, el consumo de carne es un lujo que no solo supone un atroz sufrimiento para millones de animales, que deberían compartir con nosotros en términos de libertad y no de explotación de la vida y de su disfrute, sino además construye un lujo que solo algunos sectores humanos del planeta se pueden permitir a costa de la base alimenticia de muchas sociedades.
La mayor parte de los cultivos de cereales y de legumbres, que construyen la dieta básica del ser humano, es destinada a engordar animales de matadero. Para ello se arrasa con gran parte de la producción agrícola de países desfavorecidos. La producción carnica consume una gran cantidad de recursos en detrimento de un acceso más igualitario a la alimentación y de importantes oportunidades energéticas. La obtención de proteínas y nutrientes esenciales animales supone un consumo energético ocho veces mayor que el necesario para obtener esas substancias a partir de los vegetales. Según los estudios realizados por una comisión multi-sectorial coordinada por la división de producción y salud animal de la FAO, se destina a la alimentación de animales de matadero el 70% de la producción agrícola total del planeta (Y más de la mitad de la pesca).
Por otro lado, el consumo de carne aumenta la agresividad, al menos en la esfera de patrones de conducta, puesto que genera un imaginario social basado en los modelos de la caza y de la ejecución en cadena, asociándose a ellos la exaltación de la violencia, los esquemas de dominación, la promoción de una racionalidad meramente instrumental, fría e incluso deshumanizada, y de la posesividad como único modo de relacionarnos con el entorno. En relación con todo ello, Einstein afirmo: "un orden de vida vegetariano, simplemente por los efectos físicos, influirá sobre el temperamento del hombre de una manera tal que mejorara en mucho el destino de la humanidad".
Dado que creemos que dar la espalda a esta realidad implica una falta de responsabilidad, proponemos aquí una rebaremación de nuestros deseos e intereses en aras de un modo de vivir mas positivo, sensible y solidario, a partir del respeto a todos los animales, con los que compartimos un planeta, una historia y una importante herencia biológica. Así mismo, queremos protestar no solo por la existencia en si de centros de tortura y exterminio como lo son los mataderos, sino también por el abandono legal y de inspección que sufren estos animales a lo largo de toda la vida y en el momento de su muerte. Los reglamentos destinados a "dulcificar" la muerte del animal son escasos y su aplicación anecdótica. También queremos protestar contra esa tétrica afición que es la caza, desenmascarando lo que hay en ella y lo que la rodea: apropiación privada y arbitraria de unos pocos de lo que es patrimonio natural; limitación para humanos y otros animales de nuestro derecho al disfrute de la naturaleza libre de armas y de la intromisión violenta de los cazadores; exaltación de la muerte y de la agresividad gratuita; maltrato, abandono y ahorcamiento sistemático de perros, etc.
 
Belén Castellanos Rodríguez. Profesora de filosofía, militante del MLA (Movimiento de Liberación Animal) y afiliada al PCPE (Partido Comunista de los Pueblos de España)
http://www.pcpe.es/
Nota: Articulo extraido del último número del "Unidad y Lucha", periodico mensual del PCPE.