NOTA: esta artículo amplía y precisa mi intervención en la charla-debate, organizada por Izquierda Unida - Los Verdes de Don Benito (Badajoz) y celebrada el viernes 24 de octubre de 2008, en conmemoración del XXX Aniversario de la publicación del estudio Extremadura Saqueada. Recursos naturales y autonomía regional (Ruedo Ibérico, 1978).
Los mitos, las historias, mantienen el sentido de una comunidad y, a su vez, la comunidad mantiene vivos los mitos, reflejándose en ellos y produciendo otros nuevos [...]. Las historias son el carburante ecológico de las comunidades en marcha [...]. La función que los mitos desempeñan en una comunidad no se puede separar nunca de la relación que la comunidad instituye con ellos [...]. Porque seguir contando los mitos, modificándolos, descubriendo nuevas acepciones, adaptándolos a la contingencia del presente, es el antídoto contra su esterilización o su alienación. Y, por lo tanto, contra la esterilización y alienación de la comunidad.
Wu Ming
[i]
En primer lugar, quiero dar las gracias a los compañeros de Izquierda Unida - Los Verdes de Don Benito, por organizar este acto, y a todos los que estáis aquí esta noche, y vais a intervenir ahora, en esta primera ronda de presentaciones, o luego en el debate.
En el sistema económico, político y cultural en que vivimos, que cimenta su hegemonía sobre el pilar de un persistente estado de amnesia colectiva inducida, hacer memoria es en un acto revolucionario. Por supuesto, no me refiero a la memoria hecha desde arriba, sino a la memoria hecha desde abajo. A la memoria hecha, no como estrategia de legitimación, sino como herramienta para el cuestionamiento. A hacer memoria del pasado de la política para tomar conciencia de lo político en el presente.
Por eso, este acto que hoy celebramos no es una conmemoración académica o cultural, sino un acto consciente y voluntariamente político. Este homenaje no se le rinde a la solera de la pulpa de papel del libro, sino a la vigencia de las ideas que contiene. Extremadura saqueada nació en el contexto y con el espíritu de una vibrante toma de conciencia política del pueblo extremeño a finales de la década de los 70. Se escribió entre manifestación y manifestación, de asamblea en asamblea, de un modo asombrosamente cooperativo entre investigadores, activistas, ciudadanos... Y treinta años después, Extremadura saqueada todavía se resiste a quedar confinada en las bibliotecas universitarias y los pies de página de las tesinas. Por eso hemos querido hacer de esta convocatoria una asamblea ciudadana, en la que entren en debate, de un modo absolutamente político, cuestiones como la refinería de Tierra de Barros o el Centro Médico de Plaza de Salamanca en Villanueva de La Serena. Porque cada capítulo de Extremadura saqueada nos interpela a nosotros hoy, los extremeños del 24 de octubre de 2008, de un modo tan intensa y radicalmente político como interpeló a los extremeños de 1978. Y exige de nosotros respuestas igualmente políticas.
[ii]
Pero, ¿a qué modalidad de hacer memoria nos referimos cuando hablamos de una memoria de la política, de una memoria empleada como herramienta política para la transformación del presente? ¿Y en qué modo y medida nos ayuda hoy Extremadura saqueada a poner en práctica este tipo de memoria?
Hablar de memoria y política, en España y en Extremadura, es hoy, inevitablemente, hablar de la Guerra Civil, hablar del movimiento de la Memoria Histórica, hablar de los desaparecidos, de los paseos y los consejos de guerra, de las tumbas estrechas compartidas por muchos a la orilla de los caminos. La labor del movimiento ciudadano por la recuperación por la Memoria Histórica, en sus muy diversas sensibilidades, sólo puede merecer admiración, lealtad y respeto. Estamos honrando a quienes perdieron la vida por la libertad después del golpe de Estado fascista del 18 de julio de 1936, recuperando a sus restos, compartiendo el duelo tanto tiempo postergado con sus familias... Todo ello nos hace mejores, a todos y cada uno de nosotros, como seres humanos y como activistas por otro mundo posible, capaces de hacer de la memoria gratitud, y de la gratitud materia para la reflexión y la acción.
Pero creo que hay que ampliar el campo de acción de la recuperación de la Memoria Histórica. Hay que componer una mirada más completa, que siga siendo sensible a la dimensión doliente de la recuperación de los restos, de la descripción de la injusticia y de los martirios padecidos, pero que sea capaz de trabajar, de inducir a la anámnesis, también sobre otros espacios en blanco de nuestra memoria colectiva. Sin duda, algo de esto se ha hecho, por ejemplo con la recuperación de la memoria y los homenajes a las guerrillas antifranquistas de la primera posguerra. Pero hay que ir un poco más allá, hay que extender el campo de visión. Porque ahora, que ya hemos avanzado un trecho importante en la reconstrucción de la memoria de nuestra derrota (militar, que no intelectual, ni mucho menos moral) de 1936-1939 (o 1936-1948, incluyendo el período de las guerrillas), es el momento de empezar a dar pasos decisivos sobre otra línea de investigación: la memoria de las resistencias.
Una memoria de la que muy poco se sabe, de la que los extremeños hemos sido cuidadosamente extirpados. Permitidme empezar a hablar de esa memoria refiriéndome a compañeros que están aquí hoy con nosotros. Compañeros que de viva voz me han contado historias que, o nunca se han escrito, o hace ya tiempo que dejaron de leerse. En Francia, en Italia, en Grecia, incluso en la propia Alemania, los resistentes antinazis son recordados profusamente en libros, en nombres de calles, en estatuas. Pero, ¿qué sabemos de la lucha antifascista de nuestros mayores, después de la Guerra Civil y a todo lo largo de la dictadura? ¿Qué sabemos, por ejemplo, de ese niño, Miguel Gallego, hijo de un Guardia de Asalto republicano represaliado por el fascismo, que en plenos años cincuenta distribuía propaganda del Partido Comunista de España en la comarca de las Vegas Altas, escondida en el bombín de su bicicleta? ¿Qué sabemos de esa familia extremeña, la de Paco Román, desterrada de su pueblo en Badajoz por el régimen fascista, hacia las fábricas del Norte donde, cómo podía ser de otra manera, prosiguen allí su lucha convirtiéndose en destacados militantes del sindicalismo industrial en la clandestinidad de los años sesenta y setenta?
Son sólo dos historias de dos compañeros muy queridos, pero hay miles, decenas de miles más, y sus historias son las historias de la dificilísima resistencia clandestina tras la derrota y la construcción de la democracia desde abajo, durante la interminable noche de cuarenta años del franquismo. Y que no nos cuenten patrañas: la democracia a este país no la trajeron en cinco años los señores Borbón, Suárez, Carrillo... La democracia en este país fue el parto de un embarazo de décadas, hija de hombres y mujeres como Miguel, Paco y sus familias. Sea mucho o poco lo que esta democracia tiene de bueno, todo se lo debemos a cada octavilla repartida, a cada cartel pegado, a cada huelga organizada, a cada manifestación celebrada, por hombres y mujeres como Miguel y Paco. Con riesgo cierto de su vida, como demuestran los muchos que se la dejaron en el empeño, como el compañero Julián Grimau, que pasó por estas Vegas Altas sus últimos días en libertad, antes de ser secuestrado y finalmente asesinado por el franquismo el 20 de abril de 1963. Es hora de ampliar el campo de visión de nuestra memoria histórica hasta la actividad política y sindical en la clandestinidad durante toda la dictadura, hasta la huelga del arroz de 1961 en esta comarca (adelantándose incluso a los combativos mineros asturianos y obreros industriales vascos en la primera gran oleada de huelgas del franquismo), hasta las pioneras luchas ecologistas contra la industria papelera en Mérida y contra la central nuclear de Valdecaballeros en los años 70...
La recuperación de todas esas historias de lucha del pasado, es una tarea que desborda el simple afán intelectual, para convertirse en un acontecimiento político con consecuencias sobre el presente. El colectivo político-literario italiano Wu Ming ha hablado de historias que son "como hachas de guerra", de la mitopoiesis o construcción de narraciones colectivas, o mitologías, con poder movilizador y emancipador. Mitologías medular e inequívocamente progresistas, que no puedan ser reapropiadas, subvertidas, convertidas en valores conservadores por el poder constituido. Mitologías a la vez universales, como la clase social que las produce, y locales, arraigadas en la experiencia de luchas concreta de las gentes y el territorio.
¿Cómo actúan estas mitologías sobre la realidad política? En nuestra tierra, el llamado "crimen de Don Benito" se convirtió en una de esas historias "como hachas de guerra" para la clase trabajadora. ¿Fue una lucha de clases la reacción popular tras el asesinato de Inés María Calderón el 19 de junio de 1902, cuando el populacho forzó a las élites caciquiles a reconocer y castigar la culpabilidad asesina de uno de sus notables? La lucha de clases y la construcción histórica de las clases que luchan es un proceso complejísimo. Es muy probable que la movilización por el crimen de Inés María deba ser considerada, más que como una lucha de clases en sentido estricto, como un ejemplo de eso que Eric Hobshawn definió como "rebeldías primitivas". Pero la dimensión subjetiva de la lucha de clases, la autovaloración de clase que antecede y acompaña a toda acción colectiva consciente, dio un salto cualitativo con la asombrosa constatación de que el pueblo auto-organizado podía poner en un serio aprieto a las oligarquías caciquiles e incluso plantar cara, siquiera transitoriamente, a la fuerza armada de la Guardia Civil. En cierto sentido, las jornadas de Don Benito, por limitados que fueran sus objetivos y sus consecuencias inmediatas, pusieron al proletariado agrario extremeño ante la explosiva constatación de su propia capacidad para confrontar el orden constituido.
Las luchas campesinas contra el caciquismo a lo largo del primer tercio del siglo XX son intermitentes, confusas, turbulentas, pero observadas en perspectiva de conjunto, desbrozan el camino que conduce a la decisiva jornada de ocupaciones de tierras de los yunteros extremeños el 25 de marzo de 1936. La primavera revolucionaria de los yunteros extremeños no hubiera sido posible sin el contacto con las novedosas ideas anarquistas, comunistas y socialistas y las formas de la organización revolucionaria moderna. Pero este intenso y prolongado trabajo de toma de conciencia de la clase trabajadora extremeña se produjo sin perder el contacto con su propia memoria añeja y compartida de sufrimiento y de luchas, con su propia e irreemplazable tradición como "rebeldes primitivos". La rebeldía de los dombenitenes en el verano de 1902 tras la muerte de Inés María pervivió en la memoria colectiva como narración mítica movilizadora, como referencia colectiva, histórica, moral y política, como poderosa metáfora que cuestionaba las posibilidades y las limitaciones de su lucha, y como recordatorio permanente de la atrocidad del sistema caciquil que combatían. Una imagen que todavía resultaba polémica y subversiva incluso después de la dictadura, cuando los hechos fueron llevados al cine: setenta años después, el fantasma de Inés María seguía atormentando a los poderosos...
[iii]
De todos los motivos que hacen de Extremadura saqueada un libro extraordinario, quiero quedarme con este: Extremadura saqueada (como el también extraordinario, aunque mucho más reciente, La primavera del Frente Popular de Francisco Espinosa, o como la ya clásica Historia de Extremadura de Víctor Chamorro) demuestra que en esta tierra se ha practicado mucho, tenaz y ejemplarmente, la lucha de los de abajo contra los de arriba, que su historia está llena de historias que son "como hachas de guerra" cuando las empuña con rabia e inteligencia la clase que las protagonizó.
La cuestión esencial que subyacía a la movilización contra la central de Valdecaballeros sigue abierta, como saben y ahora nos contarán los compañeros de la Plataforma Ciudadana Refinería No: ¿empleo industrial a cambio de la devastación del territorio y la destrucción de los modos tradicionales de vida? De esto hablaban en 1978 los autores de Extremadura saqueada, y eso se denuncia en 2008, treinta años después, en las manifestaciones de Refinería No y se debate en los plenos del Ayuntamiento de Villafranca. Por eso es movilizador y subversivo recordar hoy la gran marcha del 1 de septiembre de 1979 en Villanueva de La Serena, el extraordinario empeño intelectual y militante que impulsó Extremadura saqueada...
Devolver al corazón del debate político los hechos y las ideas de Extremadura saqueada nos ayuda a explorar, desde una perspectiva militante, la construcción histórica de esa Extremadura real que hoy permanece semioculta, bajo la gran lona publicitaria de Marca Extremadura que cubre casi por completo nuestro paisaje simbólico. Releer Extremadura saqueada nos ayuda a cuestionar consensos, a deshacer falacias, a acumular fuerzas, a armarnos de razón... La memoria de Extremadura saqueada es "como un hacha de guerra", porque un pueblo que se recuerda a sí mismo atravesando por millares los campos en torno a Villanueva de La Serena, sorteando los controles de la Guardia Civil para componer la multitud que dictó sentencia contra la central de Valdecaballeros, es un pueblo que se sabe capaz de impedir la instalación de la refinería en Tierra de Barros, de forzar el cierre de Almaraz, de imponer un cambio de timón a las políticas económicas neoliberales, de romper los consensos culturales, los silencios mediáticos y las estructuras clientelares. Recordar bien Extremadura saqueada es empuñarlo no como un simple libro, sino "como un hacha de guerra" de los de abajo frente al expolio de los de arriba.
Por eso, el mejor homenaje que podemos hacer a este libro extraordinario es hablar, reunidos en torno suyo y atentos a sus aportaciones, de las realidades y las luchas del presente extremeño. Por su persistencia, por su difusión geográfica y por su capacidad de movilización, la PCRN goza de un merecidísimo protagonismo en el mapa de las luchas sociales en la región. Pero no podemos olvidar desde movimientos medioambientalistas enormemente persistentes, como Cerrar Almaraz, a nuevas reediciones del tradicional movimiento vecinal, como la Comisión de Afectados del Centro Médico de Plaza de Salamanca, en Villanueva de la Serena, a nuevas realidades juveniles-asociativas como las que se dan en el Valle del Jerte, a nuevas presencias en la luchas socio-laborales, como la Asamblea de Parad@s y Precari@s de Mérida, al movimiento por la Memoria Histórica en toda la región, a los medios alternativos como KaosExtremadura y los numerosas blogs personales críticos... Pero, ¿en qué medida suponen todavía muchos de estos movimientos islotes aislados de resistencia, y en qué medida constituyen ya una esfera pública alternativa, una periferia estructurada, una opción diferenciada? ¿En qué punto nos hallamos en el tránsito desde las minorías organizadas a la configuración multitudinaria, en el trayecto desde la resistencia en los márgenes a la construcción efectiva de otra Extremadura posible?
La respuesta a esta pregunta es puramente política. Es una pregunta que debe responderse con un programa político, una organización política y una acción política. Su elaboración es necesariamente colectiva. Requiere establecer canales de comunicación, marcos de discusión, formas de codecisión, lineas de acción política que agavillen las disidencias, echen raíces en el territorio y se abran a la participación de la multitud... Estamos en ello, como siempre, con un pie en lo antiguo que permanece y otro en lo nuevo que emerge. Debates como este de hoy forman parte de ese proceso, y certezas éticas y políticas fundamentales, como las contenidas en Extremadura saqueada y El modelo extremeño, puede ayudarnos, y mucho, en la tarea.
Jónatham F. Moriche, Vegas Altas del Guadiana, Extremadura Sur, octubre de 2008
jfmoriche@gmail.com | http://jfmoriche.blogspot.com




